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jueves, 14 de mayo de 2026

La cura del malestar


 

Los mejores efectos especiales en Sitges fueron a recaer en HONEY BUNCH, interminable película canadiense del dúo Sims-Fewer y Mancinelli, que vuelven a caer, e incluso empeorar, los mismos fallos que en VIOLATION, que también presentaron en el certamen hace unos cuatro años. Esto es, tirar por la borda cuanto hallazgo visual, de guion o interpretativo, cayendo en un ensimismamiento que sólo se perdona en autorías más fiables y respetadas. Es una especie de refrito de muchas cosas, desde la mencionada de Verbinski a la propia LA SUSTANCIA, sin llegar a concretar sus ramificaciones y, lo peor, sin justificar dos horas que se hacen eternas. Lo más interesante, la enfermiza relación de la pareja protagonista, Grace Glowicki y Ben Petrie (que lo son en la vida real), constantemente obsesionados por el amor eterno e incondicional que se profesan, que después se torna en una pesadilla cuando llegan a la remota clínica donde ella va a tratarse las secuelas de un accidente, donde salvó la vida de milagro. Es como si a los directores les avergonzara cada vez que llegan a un punto o dilema interesante para desarrollar, lo desecharan por miedo o incapacidad, y optaran por el camino más obvio y frustrante. 
No es que sea un horror, y de hecho visualmente tiene sus cositas, pero no recomiendo verla si no se está bien descansado.
Saludos.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El fragmento interesado


 

Si hay una película que ha dividido la opinión este año en Sitges, ha sido VIOLATION, ópera prima de los canadienses Dusty Mancinelli y Madeleine Sims-Fewer, ésta última también protagonista, y probablemente el objeto principal de la polémica. Sea tanto desde su argumento, como por su resolución, y muy concretamente algunas decisiones formales, es complicado alinearse con un film que ejerce una especie de "filosofía a martillazos", más desconcertante cuando se imbrica lo zafio con lo bello. Y es que tendríamos que definir el porqué de ciertas alusiones estéticas, cuando éstas aportan poco a la comprensión de una historia que va triturando a su paso la narrativa misma, en pos de lo único que le interesa: justificar un estado mental discutible en base a un acto indiscernible. Este acto es "reflejado" (por decir algo) en una escena escamoteada en lo visual, por lo que resulta estomagantemente tramposa, cuando no directamente cómplice de lo que me parece puro hooliganismo. Y lo es porque luego hay dos películas más, la que se recrea en planos de la naturaleza, supongo que para enjundiar su raquítico guion; pero también la descaradamente exhibicionista, plasmada en escenas de violencia explícita, tanto que su efecto no es el esperado, y en lugar de escandalizar deja a las claras que cualquier intento de justificación no tiene validez alguna. En los tiempos del #MeToo, es curioso comprobar cómo los balazos a quemarropa de un Scorsese, o incluso los métodos del slasher más infantilista, le hacen menos daño a la lucha feminista que esta incomprensible ceremonia del ojo por ojo, que ni siquiera tiene el valor de exponer un ojo por ojo justo, sino que deja en la conciencia de cada uno que forzosamente exista un posicionamiento. Una lástima, porque hay algunos momentos de cine francamente interesantes, pero que quedan sepultados bajo ese, insisto, indefendible exhibicionismo.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!