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domingo, 5 de enero de 2025

Rincón del freak #629: Las piedades


 

De entre las rarezas más inesperadas que me he encontrado últimamente, destaco THE JUNIPER TREE, o la película que hizo Björk antes de ser conocida, y que evidentemente no conoce nadie. Ya la historia de su accidentada producción nos da una idea de por qué es, a casi cuarenta años de su realización, una joya olvidada en fondos de catálogo. Se comenzó a rodar en 1987, pero no estuvo terminada hasta dos años después, y su estreno formal se pospuso hasta 1990, aunque pasó sin pena ni gloria tras unas alabanzas críticas que sirvieron de más bien poco. Su directora, la estadounidense Nietzchka Keene, apenas rodó un par de cortos más, y tampoco pudo ver estrenada su obra póstuma, al fallecer de cáncer con sólo 52 años en 2004. Centrándonos en la historia, nos trasladamos a un lugar indeterminado en plena Edad Media, donde dos hermanas intentan subsistir tras la muerte de su madre, acusada de brujería, estableciéndose con un hombre que vive junto a su hijo pequeño, habiendo perdido también a su esposa. De ritmo pausado, casi contemplativo, es sorprendente la economía de recursos de la directora, usando un espacio único para revelar este drama intimista, donde pesan más los odios y rencores que el elemento sobrenatural, aunque éste es recurrente en las visiones de la joven Margit, que no sabe interpretar su naturaleza. Film extraño, de formas modernas, que necesita paciencia en su visionado, pero que esconde un mensaje que es bello y terrible, y que podríamos entroncar con el velado alegato feminista de Robert Eggers y "su bruja".
Todo un descubrimiento.
Saludos.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Los climas


 

Acabaremos por odiar el 4:3, pero no será por películas tan magras como GODLAND, una especie de díptico introductorio a las imponentes fuerzas de la naturaleza de Islandia, coronado por una amarga reflexión acerca de las urgencias de según qué evangelizaciones, si no es que éstas suelen llegar acompañadas de sorda (y sórdida) violencia. La fotografía de Maria von Hausswolff se aprovecha del emprendido por Timo Salminen, hace ya una década, en JAUJA, de Lisandro Alonso; una fotografía, digamos, minimalista y exuberante al mismo tiempo, y que favorece planos paisajísticos tanto como primeros más cerrados. Técnicamente es una virguería, los actores dan lo que se les pide, que es poco más que expresiones calladas, mientras la narración pugna por no embotellarse en un complicado vuelco de intenciones. Se nos advierte del carácter salvaje e ignoto de Islandia aún en el siglo XIX, adonde llega un joven sacerdote danés con una doble y descabellada misión: asentar una iglesia en un punto de difícil acceso, y hacerlo por tierra, con tal de conformar una historia fotográfica de un lugar del que no se tenían documentos gráficos. Así, la primera parte relata el tortuoso camino de la partida, comandada por un hosco nativo, mientras que la segunda se centra enotro camino aún menos transitable, el de la pérdida de la fe, que puede llevar a actos terribles. GODLAND es una película importante, apabullante en según qué segmentos; un fresco de una extraña violencia contenida, no apta para espectadores impacientes, pero que alberga sus mejores recompensas en sus tramos menos evidentes.
Saludos.

viernes, 24 de diciembre de 2021

¿Feliz?


 

Concluimos (de momento) el extenso periplo que nos ha llevado a lo largo y ancho de un festival de Sitges, que en general ha cumplido las expectativas, y ha sido capaz de marcar una especie de deriva hacia la que podría decantarse el cine de género en los próximos años. Y lo hacemos con la ganadora, LAMB; debut del islandés Valdimar Jóhansson, y perfecto compendio de muchas de las obsesiones que han sobrevolado el festival. LAMB es una película que exige paciencia, pese a que su trama es sencilla, pero sus ritmos pausados, casi contemplativos (de hecho, produce Béla Tarr), y la morosidad de su planteamiento, puede llegar a resultar exasperante para un espectador que espere emociones más fuertes. Es un film eminentemente reflexivo, que prefiere sugerir a mostrar, aunque cuando decide ser explícito lo es sin medias tintas, y no duda en mostrar frontalmente lo que casi parece una broma de montaje. De su argumento es mejor no desvelar casi nada, y acaso señalar que estamos en una remota granja islandesa, donde un matrimonio atiende los quehaceres diarios, especialmente su rebaño de cabras, al que cuidan con devoción. Sin embargo, un extraño acontecimiento hace que sus inalterables vidas se tambaleen, replanteándose sus convicciones íntimas, y llevándolos hacia un desenlace inesperado. Sin ser un film especialmente solemne, e incluso con furtivos ramalazos de humor, lo único que se le puede achacar a esta estupenda ópera prima es que, aun con esa carga de sorpresa, se le ve venir el leit motiv a poco que uno esté mínimamente atento. Reconozco que la película es efectiva, nada aburrida, y bastante más osada que otras más evidentes, pero me mosqueó un poco lo que acabo de señalar; primero, sucumbir a la tentación de jugar a desvelar su desenlace, sólo para, increíblemente, sonreír ante el pleno... Osadía por encima de la inventiva, puede ser.
Saludos.

domingo, 13 de junio de 2021

Rincón del freak #460: La única película que yo podría hacer


 

LAST AND FIRST MEN es una película extraordinaria, o debería haberlo sido. Su autor, el músico islandés Jóhann Jóhannsson, falleció repentinamente a los 48 años en 2018, dos años antes de que esta extrañísima epopeya galáctica pudiese ser finalmente estrenada, gracias al impulso de sus colaboradores, y del cineasta Jacques Villeneuve, con quien había trabajado anteriormente. 
La película, no se hagan ilusiones, no ofrece batallas interestelares, ni monstruos del espacio, sino que nos sumerge en un futuro remotísimo, 2000 millones de años en los que la humanidad, tal y como la conocemos, ya hace demasiado tiempo que ha dejado de existir, y ha ido dejando paso a un ente colectivo, mentalmente conectado y dedicado en exclusiva a la meditación durante siglos y la comprensión del universo. Una raza aparentemente inmortal, que sin embargo está a punto de llegar a su fin, ya que han descubierto una anomalía en el sol, que hará inhabitable todo el sistema solar, aunque cabría la mínima posibilidad de Neptuno, el último planeta. Narrada por la actriz Tilda Swinton, la película combina orgiásticamente imágenes especulares de campos baldíos, cielos vaciados y estructuras que podrían remitirnos a tribus pretéritas, tanto como a civilizaciones del futuro, y que he descubierto que pertenecían a la antigua Yugoslavia del dictador Tito, lo que ha aumentado mi asombro. Más allá dela profecía apocalíptica, el film parece más bien un mensaje de conciliación, de conocimiento, una enseñanza de esos "últimos hombres" hacia los primeros, nosotros, con la esperanza de que no nos destruyamos antes. 
Les advierto. Pese a durar escasos 70 minutos, es una experiencia intimidante, y sólo recomendable a cierto cine contemplativo, incluso llevado éste a su máxima expresión. Sin actores, las esculturas y edificios brutalistas se tornan en nuestros únicos guías. Aún sigo dándole vueltas sobre si he visto una obra maestra o una estafa, así de rara es.
Saludos.

lunes, 22 de octubre de 2018

Un gol tardío



A veces nos preguntamos por qué los maestros son maestros ¿Por qué son sus obras, y no otras, las que son elevadas a obras maestras? La respuesta la encontramos en películas como THRESTIR (GORRIONES), otra muestra más del interesantísimo panorama fílmico que se lleva desarrollando en Islandia desde hace algunos años. THRESTIR es un film al que se le adivinan magníficas intenciones desde el principio, pero que es incapaz de asir con firmeza ni su relato ni sus personajes, en exceso dispersos entre el desolado paisaje islandés (bellísimamente fotografiado, eso sí) y una trama principal a veces indescifrable, que oscila ebriamente entre el ensueño onírico, una rebeldía adolescente demasiado tibia y la desidia de los padres, ocupados en olvidar su monótona existencia. La maestría consiste en la perfecta conjugación de todo lo anteriormente descrito, y que por añadidura no se note, sino que fluya con tanta naturalidad que nos olvidemos de que todo ha sido planificado y rodado. Rúnar Rúnarsson parece tener muy bien esamblado el film, pero le falla la ejecución, al menos en gran parte del mismo; sólo en el ultimísimo (y demoledor) tramo logra zafarse de sus incomprensibles y autoimpuestas cadenas y alzar el vuelo hacia el terreno más complicado, el que conjuga la ternura con el horror. Y como uno de esos goles que llegan ya en el descuento, apenas sirve para maquillar un film de todas maneras estimable (se llevó la Concha de Oro en 2015), pero de cuyo director cabe esperar bastante más riesgo y labor.
Saludos.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Una cárcel en libertad



El cine islandés, lo decíamos aquí no hace mucho, está dando una interesantísima cantera de nuevos valores, directores con cosas que contar y ganas de agitar un cine europeo demasiado ensimismado en descubrir lo que quizá ya está descubierto. Por ejemplo, el debut del joven director Guomundur Arnar Guomundsson, HJARTASTEINN (CORAZONES DE PIEDRA), es una descarnada inmersión en la dificultad de aceptar la identidad sexual cuando aún no sabes qué eres ni qué quieres en la vida. Quizá se confunda el panfleto gay con un hermoso canto a la amistad pura en mitad de una sociedad, la islandesa, que se presenta mucho más opresiva y cerrada de lo que muchos suelen describir. El film es notable, sobre todo en una enorme dirección de unos jovencísimos actores que transpiran veracidad y frescura, al tiempo que transmiten toda la confusión y la rabia de la que quizá es la etapa más complicada de un ser humano. Sin embargo, el film se enfrenta a dos retos que el director no acaba de solventar del todo, y que no deja que sea un debut sobresaliente. Uno es el excesivo metraje, ya que no parecen necesarios 130 minutos para una historia que no se detiene en detalles nimios, sino que prefiere avanzar con decisión. Otro es la dispersión del tono, que al final deja la sensación de que algunas escenas se han incluido sólo porque estaban bien rodadas, y no por aportar coherencia.
Es, de todas formas, una grata sorpresa y, más que nada, una bocanada de aire fresco con aroma a otros tiempos que fueron más sencillos.
Saludos.

lunes, 30 de abril de 2018

El absurdo trascendente



No sé si están más o menos familiarizados con la incipiente cinematografía islandesa, que vive uno de sus mejores momentos en cuanto a número de producciones y la calidad y variedad de las mismas. Tal y como se desarrollaron diversos "milagros", como el argentino, el rumano o el griego, se podría decir que la crisis económica contribuyó a reajustar diversos cánones y patrones, que desembocaron en producciones modestas, pero que apostaban decididamente por la calidad de sus guiones. Son muchos los títulos que han dspuntado en estos últimos años, pero uno de los que más me han llamado la atención es UNDIR TRÉNU (BAJO EL ÁRBOL), tercer trabajo del director Hafsteinn Gunnar Sigurosson, una especie de comedia negra de mordaz desarrollo y apariencia ligera, que esconde una cruda reflexión acerca de las siempre peligrosas relaciones sociales. Con el pretexto del árbol del título, testigo mudo de los ataques y acusaciones de dos parejas de vecinos (le oculta el sol al que no lo tiene en su jardín), se despliega una furibunda crítica hacia una sociedad, la islandesa, de la que no conocemos demasiado, pero bajo cuya apariencia de tranquilidad y bonhomía nórdica laten celos, rencores y envidias de difícil explicación, pero que conforman el verdadero subtexto deontológico de dicha sociedad, cuyos integrantes parecen calmadamente obligados a entenderse, aunque no quieran. Sigurosson demuestra una fina tenacidad en el tejido del guion, gran beneficiado de su escritura meticulosa y despiadada, e incluye diversas subtramas que siempre suman al montante, enriqueciendo su desolado retrato. Un film que sobrepasa lo exótico y revela a un estupendo y genuino narrador, un director al que se le atisba un brillante camino por delante y al que seguiremos los pasos sin duda.
Saludos.

martes, 8 de mayo de 2012

Donde rugen los volcanes



Ya me habían hablado acerca de MÝRIN (LAS MARISMAS), lo cual debo decir que no aumentó demasiado el posible interés hacia esta curiosa producción islandesa. Mucho "esto no es MILLENNIUM" o "es un cruce entre DIRTY HARRY y David Lynch"... (esto no he llegado a entenderlo aún, la verdad); y cosas por el estilo. Afirmaciones no tanto contradictorias como un poco maniqueas (ahora mismo lo más maniqueo es precisamente lo que juega a no serlo), y que a mí me llevaron a una única conclusión, o mejor dos: que, efectivamente, es muy parecida a la serie de Stieg Larsson, y que un tipo que merienda cabezas de cabra sin quitarse el cinto con la pistola no tiene por qué remitirnos necesariamente a Don Siegel ni al autor de ERASERHEAD... digo yo. Y añado, que si lo que Kormákur quería subrayar era la frialdad intrínseca de una novela (que, dicho sea de paso, no he leído), quizá hubiese acertado añadiendo un poco más de sutilidad y menos "atmósfera", lo que aquí se traduce en espesos y lacónicos personajes y una iluminación a base de fluorescentes celofanados. Mención aparte merecería su "extraño" desarrollo, aunque a mí me pareció simplemente mal hilvanada, no sólo porque casi no tenemos noción de que se trata de una trama doble y sin aparente solución de continuidad, sino porque su exceso de desapego formal deviene imposibilidad de empaque, que sí me hubiese parecido necesario para que este título no se hubiese quedado en una curiosidad más proveniente del frío, sino en un posible referente; algo que parece inherente a una filmografía, la de Kormákur, que sigue facturando "tramas circunspectas en busca de la ausencia de fisuras", aunque poco estimulantes desde el punto de vista de su posible aportación artística. Resumiendo: sí pero no, o ni fú ni fa...
Saludos volcánicos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Trasplantes



Lucas es un joven vagabundo que no encuentra un motivo para vivir, así que intenta suicidarse por enésima vez; y por enésima vez terminará en la habitación de un hospital. En esa habitación está Jacques, un tipo de carácter imposible que ha sufrido un infarto por quinta vez. Jacques regenta un bar desde hace años y sabe que no le queda mucho tiempo de vida, a menos que llegue un trasplante milagroso; como no confía mucho en la providencia, decide trasplantar él mismo a Lucas a su bar, enseñarle a manejarlo y nombrarlo como único heredero. El problema es que Lucas es un tipo de una inmaculada bondad, confía en todo el mundo y carece de maldad, lo que choca frontalmente con la granítica personalidad de Jacques, que no soporta a casi ningún cliente, por lo que el bar luce prácticamente vacío. Por un lado tenemos la vis cómica de ambos en ese desquiciante periodo de aprendizaje; por otro, el carácter autodestructivo de Jacques, que dota de oscuridad una fábula de perdedores irredentos; y por último, la inesperada llegada de la joven April, que tampoco parece tener ningún motivo para vivir, así que se sumará a esta improbable tripulación.
El problema de THE GOOD HEART es conjuntar todo esto y no convertirlo todo en una sucesión de capítulos de teleserie, algo que el Islandés Dagur Kári logra sólo a medias, ayudado fundamentalmente por el excelente trabajo de Paul Dano y, sobre todo, un enorme Brian Cox, que podría haber sostenido él solito esta especie de "vuelta a Capra" amarga y desencantada. Una película que es más tímida de lo que debería y que en ningún momento logra traspasar las cuatro paredes de ese desvencijado bar en el que sus fieles clientes también cuentan sus miserias como si tal cosa y hasta un ganso campa a sus anchas por la barra ¿Acaso dudaban de que el trasplante terminaría llegando?
En otras manos (Jarmusch, Kaurismaki) podría haber llegado a ser mucho mejor, pero no está mal para reconciliarnos con nosotros mismos.
Un buen saludo.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!