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jueves, 25 de septiembre de 2025

Desde el techo del infierno observamos las flores


 

La frase es de Matsuo Basho, un haiku. La película es NU ASTEPTA PREA MULTDE LA SFÂRSITUL LUMII (NO ESPERES DEMASIADO DEL FIN DEL MUNDO), que propongo desde ya como mejor título del año, aunque la película sea de 2023. La trama es sencillísima; la intención, maquiavélica. Angela es ayudante de producción en una productora de spots y documentales, lo que, eliminada toda tentación glamourosa, equivale a conducir de un lado a otro en interminables jornadas que pueden llegar a las veinte horas, lo que incluye buscar candidatos para un spot sobre seguridad laboral, pero también recoger las lentes de cámara, hacer de chófer y hasta ocuparse del cátering. Intentando no quedarse dormida al volante, su distracción es realizar una serie de videos de contenido satírico, que después comparte en las redes bajo un filtro que la convierte en un macarra reaccionario y machista. El trasiego, caótico, violento, agotador, por las calles de Bucarest, se intercalan con las imágenes de otro film rumano, el anticlásico ANGELA MERGE MAI DEPARTE, rodado en 1982 por Lucian Bratu, que narraba las andanzas de una mujer taxista en el Bucarest comunista, la correspondencia entre ambas mujeres estalla en el descomunal último plano secuencia, de aproximadamente unos veinte minutos, donde la actriz que interpretaba a aquella Angela lo hace ahora como la madre del seleccionado, que pasó un año en coma por un accidente laboral, perdiendo la movilidad de las piernas. De nuevo Jude nos restriega todas las miserias posibles en las narices, la deshumanización impune, perfectamente trasladable de un régimen autocrático hasta cualquier empresa. Aquí también el esclavo da las gracias por las migajas, y aún peor, termina con su supuesta denuncia recortada hasta uno de los finales más dolorosamente absurdos que he visto últimamente. Lo que se supone que es un spot para denunciar una injusticia es sistemáticamente censurado, para no "molestar" a quienes realmente han puesto la pasta, hasta el máximo, hasta sostener carteles verdes, imaginen para qué...
Brutal, valiente y corrosivamente mordaz. Magnífica.
Saludos.

jueves, 7 de julio de 2022

Fresco rancio


 

Una de las películas que más controversia ha levantado recientemente (sobre todo por su polémico triunfo en el pasado Festival de Berlín), es UN POLVO DESAFORTUNADO O PORNO LOCO, bajo cuyo estrambótico título encontramos una película y un director. Al director le conocíamos por desligarse del "nuevo cine rumano", y componer estrictos retratos pretéritos, a modo de historiador heterodoxo, con el fin de alumbrar la verdadera historia de un país, Rumanía, empeñado aún en glorificar a sus fantoches, por insensato que parezca hoy día. La película, aunque es una, parecen tres, y tiene sentido, o hay quien se lo encuentra. La primera es el "hecho en sí", la grabación (en secuencia explícita) de un video sexual casero, en tendencia que curiosamente nos sigue pareciendo censurable (tenemos un caso reciente aquí mismo), lo que da a la turba-pueblo-cuñado la oportunidad de, tea en mano, enarbolar una denuncia tan casposa como infantilista. Pero no nos adelantemos. Esta primera parte está estructurada como un largo (no estricto) plano secuencia, en el que la protagonista, maestra de secundaria, camina por una Bucarest que nos es mostrada como una Babel ruidosa y anárquica; los coches aparcan donde le parecen, los puestos ambulantes también, y la caminata siempre lleva a un interminable muestrario de carteles, leit-motivs de pasados inciertos o futuros inquietantes, de una ciudad que ya no puede ser. Abruptamente, se abre el segundo tercio, donde desaparecen los personajes y la acción misma, y Jude se inviste de emisario-filósofo, con un martilleo de imágenes impactantes que quieren corresponder a una sola palabra, y a una explicación que intenta salirse de la norma de los medios, consistente en ofrecer la información como una papilla ultraprocesada. El último tercio, el más berlanguiano de todo el cine reciente, nos sitúa en el juicio sumarísimo, donde la acusada ha de someterse no ya al arbitrio de padres y docentes, sino a un escarnio que, a estas alturas, nada tiene que ver con lo realista, y se va convirtiendo en una especie de guiñol hipertrofiado. 
Con estos mimbres, UN POLVO... acierta en su denuncia, acusando a los denunciantes, pero se muestra un poco tosca como "película en sí", al no decidirse por un tono más naturalista o, al contrario, grotesco. Es un film raro, complicado de digerir para un público no iniciado en manifiestos situacionistas, pero necesario en su naturaleza de palimpsesto post-Covid y/o "desenmascarador" de rábulas de coño seco.
Así.
Saludos.

miércoles, 2 de junio de 2021

Los verdugos


 

NO ME IMPORTA QUE PASEMOS A LA HISTORIA COMO UNOS BÁRBAROS. La frase, entonada con toda la intención con la que un impotente se apropia de sus quince minutos de gloria en la historia de la humanidad, es también el título de la extraordinaria película de Radu Jude. La frase, ninguna tontería, la esculpió a sangre y fuego el infame almirante Ion Antonescu, mientras exterminaba a medio millón de personas en su propio país, a un ritmo que llegó a preocupar incluso a sus aliados (amos, sería más correcto) alemanes. La película, que da una vuelta de tuerca más a la coralidad desbordante del último cine rumano, con un pie en Berlanga y otro en Fellini, es, ante todo, un retrato incómodo, el de un país que, aún hoy, se resiste a restañar unas heridas tan profundas que sin perspectiva parecen otra cosa, el motivo de orgullo de una sociedad sin capacidad de juicio crítico, narcotizada por décadas de zarandeos políticos. La protagonista, Mariana (fabulosa Ioana Iacob), que comparte nombre con una famosa poetisa, es un bulldozer intelectual, una arrolladora artista conceptual que no se detendrá ante nada para poner en pie una gigantesca performance audiovisual que no omita ni un solo detalle del escabroso papel de Rumanía en la locura iniciada por Hitler. Es por ello, una película que muestra, pero que también pregunta, que escruta nuestros rostros tranquilos que no han conocido ninguna gran guerra, mientras aplaudimos las "soluciones" de esos falsos profetas que, de un tiempo a esta parte, han proliferado al amparo de una precariedad casi unánimemente aceptada. Salvapatrias del tres al cuarto, que vociferan como cántaros vacíos y pasan la mano por el lomo del indolente. Al final, sólo es una obra, una representación, pero que nos pregunta cómo queremos pasar a la historia, mientras nos arrastran a un patíbulo de cuerpos ajenos...
Extraordinaria.
Saludos.

miércoles, 24 de enero de 2018

La historia en progresión



AFERIM! es la constatación de la magnífica salud que sigue teniendo el cine rumano, capaz de reinventarse, de no sucumbir a la fórmula fácil y apostar por caminos poco transitados; en este caso, se trata de un estimulante cruce entre el western y la road movie al más puro estilo americano. Esto no sería nada tan extraño de no ser que el film está rodado en blanco y negro, situado a principios de XIX y sus dos protagonistas, dos alguaciles, padre e hijo, no paran de dialogar entre sí mientras emprenden la búsqueda de un esclavo gitano desaparecido de la hacienda del boyardo que les ha mandado buscarle. Así, el film funciona en varios planos narrativos, que permiten al espectador descubrir la particular personalidad de los alguaciles, pero también recibir una impagable lección de historia, y todo en un país arrasado por la miseria y en el que confluyen decenas de culturas diferentes, sin que exista la más mínima empatía entre ninguna de ellas. Un film que se ve de un tirón, como un gran plano secuencia, con el que Jude recibió el premio a mejor director en Berlín y le confirmó como una de las voces más inquietas y renovadoras del cine rumano actual.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!