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martes, 19 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #8


 

WIENER-DOG, que cuenta ya con cinco años, es el último trabajo hasta la fecha de Todd Solondz, aunque se está ultimando su nueva y esperada película, muy probablemente para finales de este mismo año. Se trata de una especie de "fin de ciclo" (aunque sea ésta casi una constante), o un compendio-homenaje- explicación a prácticamente toda su filmografía anterior. Un simpático perro salchicha oficia de nexo inesperado entre un grupo de personajes (algunos ya conocidos), mientras pasa de mano en mano, de un niño que ha superado un cáncer a una crecida Dawn, que trabaja como veterinaria; la novia de un estrafalario artista conceptual llamado Fantasy, o un director de cine frustrado y amargado, que se gana la vida dando clases, mientras espera eternamente que le acepten un guion. Probablemente sea su película más compleja, y no es fácil entender sus claves "en seco", por lo que me parece imprescindible una revisión a la obra anterior antes de ponerse con ésta. Fragmentada en una serie de episodios, sin mayor conexión que este perro, protagonista mudo e impasible, pero nuevamente muestra la faceta más amarga y desencantada de su autor. Solondz comprende lo destructivo que es el campo de minas de las emociones, y ofrece un ramillete de personajes sombríos, derrotados, incapaces de dotar de un sentido sus heladas vidas. Desembocando en una de sus mejores reflexiones, una estupenda Ellen Burstyn descubre sus ojos mientras mira, no el final de su vida, sino algo mucho peor: todas las posibles vidas que podría haber tenido, y que han venido tan sólo para decirle adiós para siempre...
No la vean si han tenido un mal día.
Saludos.

martes, 12 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #7


 

Al contrario de la negativa recepción que obtuvo por gran parte de la crítica, DARK HORSE no me parece tan terrible. De hecho, hay un interesante giro a la hora de confrontar los problemas derivados de esa querencia por aposentar una obra en base a sus "variaciones". En esta ocasión, Todd Solondz se centra casi exclusivamente en la figura de Abe, cercano a los cuarenta, que aún vive con sus padres, trabaja en el negocio familiar, conduce un Hummer amarillo, viste de Ralph Lauren y colecciona muñequitos del Toys'r'us. Lo que denominaríamos un cruce entre hijo de papá, nerd ignorante y, aquí en España, cateto de ciudad. Abe conoce a una chica en una fiesta judía, pero ella no comparte su entusiasmo y padece una depresión crónica agravada por una hepatitis. Aun así, las ensoñaciones sobre esa posible vida futura junto a la mujer de sus sueños van apoderándose del relato, y llevándolo a un desenlace realmente nihilista. Los personajes en el cine de Solondz nunca son sólo personajes, sino que sirven como instrumentos para datar un estado de las cosas, o realizar un diagnóstico de sociedades enfermas; sin juzgar necesariamente, pero sin evitar tocar la herida donde más duele. Y es posible que DARK HORSE no haya sido bien entendida, precisamente por suponer un cambio sustancial en la narrativa de su autor, más preocupado aquí de alambicar deseos y frustraciones del hombre sin atributos, que de provocar al espectador de mente ordenada. Para ese desempeño, no es casual la elección de Jordan Gelber para el papel principal, un conocido actor de musicales, al que le va como anillo al dedo la difícil tarea de hacernos accesible un personaje tan ingrato como, a veces, incluso desagradable e indefendible.
Muy interesante giro en una cinematografía compleja de adscribirse a posibles experimentos formales.
Saludos.

martes, 5 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #6


 

La premisa de LIFE DURING WARTIME es clara. En esta ocasión, Todd Solondz se limita a observar cómo ha pasado el tiempo sobre los personajes de HAPPINESS, y el resultado no puede ser más desolador. Lejos ya de sus puntos de vista sarcásticos, la amargura se impone, mostrando a unas personas en búsqueda constante de la felicidad, pero con todas sus convicciones y asideros seriamente dañados. No hay un solo vencedor, únicamente gente recogiendo escombros, como esa constante alusión a los ataques terroristas, y de la imposibilidad de perdonar a quien nos ha destrozado la vida. Una película circunspecta, llena de fantasmas, con diálogos que queman de tan corrosivos, y con el único defecto de una falta de homogeneidad en el relato, que a mí me suscita la reflexión de un Solondz más preocupado en captar la expresión justa, la que nos revela esa retahíla de conciencias castigadas, más que de realizar una narrativa congruente. Quizá no se pueda ir más allá, y ni siquiera se deba.
Saludos.

lunes, 27 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #5


 

Debe ser PALINDROMES la película que menos me gusta de Todd Solondz. Puede que por lo mucho que se va por las ramas, lo que tarda en soltar una auténtica provocación (en un diálogo, ya prácticamente al final), o por lo regular que está explicada la relación con sus obras anteriores. Presentada como una hipertrofiada metáfora sobre la carencia de amor, que lleva a una niña a desear ser madre a toda costa, son varios los aspectos que descolocan a cada momento, y a los que veo poca justificación. No sé por qué la protagonista cambia constantemente de intérprete (de niñas blancas a una mujer negra con sobrepeso, un chico con aspecto andrógino, y hasta Jennifer Jason Leigh con 42 años), como tampoco pillo el hilo de la casa de acogida, más allá de la oportunidad de ensamblar la "parada de los monstruos" particular de Solondz. Y, ya digo, los guiños a ...DOLLHOUSE o HAPPINESS parecen más por falta de creatividad que por el uso ingenioso del retruécano semántico. Por supuesto escandalizará a los profanos, o confortará a los incondicionales. Yo, que no soy ni una cosa ni otra, me quedo tan sólo con ese diálogo al que aludía al principio, donde un personaje que ya estaba en HAPPINESS intenta consolar a la pobre Aviva, que no puede cumplir su sueño de ser madre aunque se haya dejado violar varias veces. Lo que él dice, más o menos, es que no merece la pena afiligirse, porque todos estamos condenados nada más nacer; ni siquiera su padre, encarcelado por pederastia, debería estar triste. Entonces, un niño pequeño corre y se abraza a sus piernas, lo que provoca la ira de la madre. Y Aviva lo consuela ahora a él: "Tranquilo. Sé que no eres un pedófilo, porque los pedófilos aman a los niños"... Y esa sí que es la controversia de Solondz en estado puro, aunque aquí llega tarde.
Saludos.

martes, 21 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #4


 

Con una estructura francamente curiosa, STORYTELLING se revela casi como una especie de tratado sobre la relación entre la hipocresía moral y la supuesta superioridad de la obra artística, en tanto que garante exclusivo de eso tan escurridizo que damos en llamar "verdad". Dividida en dos segmentos de duración desigual, aunque finalmente complementarios, se abre con "Fiction", que hiende el bisturí en lo más infeccioso de esa herida abierta, la corrección política. Por un lado, un joven con parálisis cerebral presenta sus escritos en una clase de escritura creativa, obteniendo los parabienes de sus compañeros, pero es vilipendiado por el implacable profesor, que obvia la circunstancia personal. La novia del chico se encuentra con el profesor, que ejerce sobre ella una discutible atracción, que desemboca en un controvertido encuentro sexual, que sirve a Solondz para poner a prueba, aún más si cabe, nuestro sentido lo que se puede o no decir en según qué circunstancias.
Tras este breve relato, el grueso del film lo compone "Nonfiction", mucho más elaborado, y que cruza las vidas de una familia media norteamericana y un aspirante a documentalista, que les ofrece la oportunidad de ser los protagonistas de su "ambiciosa" ópera prima, un día a día de su normalidad, que oculta una sátira sobre los podridos cimientos de la sociedad norteamericana más conservadora. 
Siempre he pensado que esta película daba para algo mucho mayor, menos esbozado y, finalmente, retraído. Y lo mantengo, pese a que Solondz es capaz de algunos momentos de una poesía estremecedora, cruda en su despectiva mirada a unos seres humanos simplemente incapaces de desembarazarse de su propia crueldad, entroncada aquí con una miserable y ridícula, por falsa, posición de superioridad.
No es tan demoledora como su predecesora, pero muestra a un Todd Solondz más lóbrego y calculador.
Saludos.

martes, 14 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #3


 

HAPPINESS no es sólo la mejor película de Todd Solondz, esa piedra angular que explica y da forma a todas las obsesiones del director norteamericano. También es una de las más lúcidas, terribles y descarnadas visiones del ser humano que se pueden ver en una pantalla. Y duele. Y Solondz no puede evitar hacer un chiste en el momento más inoportuno, porque sabe que todos los momentos lo son. HAPPINESS vendría a ser el SHORT CUTS que Altman no se atrevería a rodar, y que incluso necesita de la exageración para hacer más soportable lo que, en algunos momentos, casi te obliga a decir "basta, no puedo seguir viendo esto". Y hay de todo, desde obsesos sexuales, acosadores telefónicos, pederastas, asesinas descuartizadoras a mujeres insatisfechas, cínicas, o directamente hipócritas. Nadie, en ningún estado, se salva de la devastadora mirada de este director, un misántropo con alma de niño, un pervertido vestido de santo. Su dictamen es que todo está podrido, que sólo nos podemos soportar mediante las apariencias, y que ser absolutamente sinceros nos puede llevar a mirar cara a cara a ese terrorífico abismo, que nunca parece ser lo bastante profundo. La vi en su estreno y quedé noqueado, sobre todo por la insólita franqueza con la que abordaba cuestiones espinosas, terribles; la sensación, casi un cuarto de siglo después, es aún devastadora. Hay muy pocas películas como HAPPINESS, muy pocos directores como Solondz, y muy pocos espectadores o críticos que sepan explicar qué diablos acaban de ver, tan sólo porque por una vez les han derribado la pared que salvaguarda sus nobles conciencias.
Saludos.

martes, 7 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #2


 

Seis años después de su frustrante debut, Todd Solondz consiguió la financiación y libertad que necesitaba para, esta vez sí, poner en imágenes un imaginario personal y que soltaba lastre con influencias innecesarias. WELCOME TO THE DOLLHOUSE afronta lo que Hollywood nunca ha tenido las pelotas de mirar de frente, el infierno de la adolescencia sin victimismos, sino desde la posición en primera persona de quien no encaja en ninguna parte. Solondz es tan retorcido, que apenas necesita falsear ninguna escena, ni salir de un guion aparentemente convencional, pero que deflagra un campo de minas en cada frase, mirada o decisión. Dawn tiene once años, vive con sus padres, su hermano mayor y su hermana pequeña, y es insultada y vejada cada día que va a la escuela. Ella es la "cara de salchicha", la única amiga de un maricón de 10 años, la pobre idiota que saca buenas notas porque no podría hacer otra cosa. Dawn asiste incrédula a un mundo que no entiende, pero nos equivocaríamos aquí si habláramos de frikis, porque esto va más allá; se trata de diagnosticar y mostrar un estado de las cosas que siempre permanece oculto, pero que es la clave para comprender por qué somos como somos cuando nos hacemos mayores. Es aquí donde Solondz cobra importancia como autor, al tener muchísima valentía visibilizando hace 25 años lo que hoy nos parece tan evidente en este mundo de autoestima dopada. Pero ojo, estamos hablando de un señor que va un paso más allá del pesimismo, y que siempre se reserva un regalo envenenado para sus personajes, no vayamos a pensar que todos los acosadores son unos hijos de puta, ni los acosados unos santos. Es una película absolutamente seminal, de una mala leche soterrada, y que ponía en órbita, ahora sí, a este cronista del hartazgo.
Magnífica.
Saludos.

martes, 31 de agosto de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #1


 

Comenzamos aquí y hoy un nuevo monográfico, y el elegido es un director inusual, aunque cualquier adjetivo, por extraño que sea, se le puede quedar corto a este satélite indescifrable, quizá no el único que se ha atrevido a mirar más allá de tabúes y moralidad, pero sí uno de los pocos capaces de, sin regodearse, haber estructurado toda una obra artística en torno a esos "rincones sin iluminar" de nuestra aburrida, miserable y, en ocasiones, abyecta existencia. Todd Solondz podría suponer una especie de puente intransitable entre John Waters y Woody Allen, pero ni resulta gratuito como el primero, ni se ha acomodado como el segundo. Y cuando parece que su discurso se basa en "decir la más gorda", siempre hay un deje de áspera melancolía, como un poema de Roger Wolfe, como un tema de Tom Waits... pero en clave cutre y desmitificadora. Y como todo tiene un principio, también lo tuvo la carrera cinematográfica de Solondz, allá por 1989 y obviando los cortos rodados semiprofesionalmente. Aunque es justo indicar que FEAR, ANXIETY & DEPRESSION es una película completamente repudiada por su director, debido a la vergüenza (en sus propia palabras) que le produce haber pergeñado un pálido remedo de ANNIE HALL, tanto como a la intromisión de los productores, lo que le llevó a replantearse seriamente si no estaría equivocando la ocupación. Es curioso, porque su protagonista, Ira (interpretado por él mismo), es un eterno aspirante a dramaturgo, debatiéndose entre el sempiterno e irritante dilema de "arte o éxito", y que cuando comprueba que la vida no es ni una cosa ni la otra, duda de todo y de todos. Suma de todos los tics del pagafantas genuino, Ira se enamora de cada mujer que ve, pero no soporta a su devota novia; y mientras tanto, malvive con las asignaciones paternales, que se terminan cuando los progenitores asisten a una obra autobiográfica de su hijo, en la que no salen muy bien parados. Es, sin duda, el film más flojo de su autor, como un bosquejo urgente (aunque Solondz contaba ya con 30 años), repleto de guiños a otras cosas antes mencionadas, cuando no directamente copiadas. Y aun así, pese a toda su imperfección, y tal y como será una constante en toda su obra, hay algo muy serio, y muy chungo, y muy jodido, latente tras esas frases en el margen contrario de la solemnidad, como si el tono cómico no lo fuera más que "presuntamente". Es entonces cuando Todd Solondz dispara cargas de profundidad, casi pidiendo perdón, pero dejando un reguero de cadáveres a su paso...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!