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miércoles, 30 de octubre de 2024

El laberinto humano


 

Uno de los mayores quebraderos de cabeza que podríamos tener para no subestimarnos como espectadores pacientes, de bagaje, con las alertas siempre dispuestas al noble arte de inmiscuirnos en los entresijos de un film del que creemos saberlo todo incluso antes de empezar a verlo, consiste en negarnos la posibilidad de trasladarnos al momento preciso de su producción. Antes de quecaigamos en un círculo de pedantería, les propongo el contenido en CIRCLE OF DANGER, de Jacques Tourneur, donde no ya es que nada sea lo que parece, sino que el único sentido apalabrado en esta joya oculta de 1951 es ese equívoco continuo, en un desarrollo extrañísimo, como si clasicismo y posmodernismo maridaran sin esfuerzo, lo que habla una vez más de la maestría del cineasta parisino a la hora de desorientar al espectador más "equipado", por así decirlo. O en otras palabras: Ray Milland interpreta a un estadounidense que viaja hasta tierras británicas para esclarecer la extraña muerte de su hermano, única baja en una misión aparentemente anodina en la WWII, donde se alistó en las filas inglesas. Una vez allí, diversas pistas lo llevan desde Londres a Gales o Escocia, donde también conoce a una joven de la que queda prendado. Nada es lo que parece, ni en la historia, ni mucho menos en la estructura del film, que se va convirtiendo en una tribulación constante, donde importan tanto las sospechas en las investigaciones, llegar tarde a una cita para una cena romántica, la alergia al brezo o la inconveniencia de comprar un coche con tal de avanzar sobre una pista tan vaga como críptica. Todos los elementos parecen a contrapelo, y no se sostendrían en este audiovisual neoplástico, tan mascadito y tan temeroso de suspenderse en el vacío. Tourneur nos propuso, hace ya más de setenta años, un antithriller metamorfoseado en comedia romántica, estudio costumbrista, y finalmente observación minuciosa de las imperfecciones y desatinos de los seres humanos. Sin dar nada por sentado, sin sentar cátedra, y sólo rodando como si nos estuvieran esperando para tomar el té...
Uno se queda pensando en cómo algo tan complejo se puede hacer de manera tan sencilla.
Saludos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

El demonio antes del día 28



En 1957, la Columbia produjo un pequeño film de serie B que pretendía poner la primera piedra de lo que ni siquiera se sospechaba como lo que después sería folk horror. En una dudosa Inglaterra repleta de transparencias y lugareños con acento de Kentucky, la idea era adaptar un relato de principios de siglo, "Casting of the runes", de Montague R. James, que ponía en duda muchas de las supersticiones clásicas, fundamentalmente el demonio y variantes, confrontando a un extraño ilusionista que afirma ser capaz de invocar al diablo cuando le plazca, tras haber traducido unas antiquísimas runas, y un psicólogo norteamericano que, escudado en su total escepticismo, viaja a este peculiar Londres para desenmascararlo y, de paso, ayudar a una joven a esclarecer la inexplicable desaparición de su tío tras visitar al supuesto charlatán. NIGHT OF THE DEMON es uno de esos oscuros clásicos que se ven con jovial frescura y desenfado, por su estupendo guion, sus solventes actores y unos efectos especiales que, sin ser nada de otro mundo, proyectan a la perfección la idea de ese demonio que no sabemos a ciencia cierta si en verdad existe o es producto de la autosugestión. La dirección del gran Jacques Tourneur, no hace falta decirlo, es dinámica y congruente, un modelo de precisión e imaginación que tanto se echa en falta en producciones de mayor presupuesto en las que se pierde la mitad del metraje en explicaciones innecesarias, además de aportar un estupendo sentido del humor que la hace en todo momento accesible. Una joya a reivindicar, descubrir e incluso reinterpretar ahora que tan de moda están estos temas.
Saludos.

martes, 23 de abril de 2013

El economizador



Ésta va a ser una reseña escueta por empatía, solidaridad y admiración. Además, me va a servir para desmontar la idea, bastante primaria, de que todos los westerns son iguales; que sí, que hay gente así en este planeta. Fíjense si no: ayer, un tochaco de cuatro horas; hoy, la mínima expresión acerca de plantear una historia, dibujar un puñado de personajes y resolver el asunto con claridad meridiana en apenas una hora. Y es que el director de origen francés Jacques Tourneur fue uno de los indiscutibles reyes de la serie "B" bien entendida; con rigor y buen hacer, y limitando sólo las cuestiones presupuestarias a la eliminación de todo lo accesorio que suele lastrar una producción de tipo medio. Puede que STRANGER ON HORSEBACK no sea uno de sus westerns más recordados, y tiene varios, pero sí que mantiene impoluto ese clima de extrañeza que Tourneur era capaz de insuflar a cualquier guion que cayera en sus manos; en otras, este típico film sobre un justiciero de una sola pieza hubiese corrido el riesgo de despeñarse por laderas tópicas y manoseadas. En cambio, aquí hay una película que se ve en dos pestañeos y, sin ocultar sus limitaciones, extrae cada gramo de virtud con eficiencia casi obstinada. Ya desde la llegada de ese hombre-montaña que siempre fue Joel McCrea (con un atuendo que repetiría en muchas ocasiones), observando extrañado el destartalado entierro a las afueras del pueblo al que llega sin hacer ruido, todo lo que ocurre lo hace por un motivo concreto. John Carradine bebe whisky, pero es avisado y cambia el gesto; el juez acaba de llegar. El juez mira a su alrededor, todos los carteles comparten el mismo nombre: Bannerman. Perfecto, sabemos que el pueblo le pertenece; luego nos enteraremos de que este juez ha venido nada menos que a detener al hijo del poderoso Josiah Bannerman y juzgarlo. Los secundarios (aquí menos por la falta de tiempo) están estupendos; el legendario John McIntire como un feroz cacique, la bellísima Miroslava interpretando a una salvaje y manipuladora Amy Lee Bannerman, y hasta el añorado Kevin McCarthy poniendo el dato curioso, puesto que con cuarenta años debía pasar por el hijo veinteañero que va a ser juzgado (contaba sólo once menos que McIntire...). Mención aparte merece el sistema de color empleado por la productora Goldstein, el ANSCO; un tipo de color que a muchos iconoclastas les parece soberbio y a mí me da dolor de cabeza... Incluso con eso era capaz de salir airoso el señor Tourneur... Y ya ven, pensaba que podría haber hecho una reseña cortita; para que vean lo difícil que es atenerse a un presupuesto limitado...
Saludos extraños.


... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!