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viernes, 11 de julio de 2025

Distintas lecturas, mismas víctimas


 

Encomiable, de generoso esfuerzo, mirada lúcida, valiente, necesaria. Sorprende que tenga que venir una venerable veterana como Anieszka Holland a abrir la herida de la inmigración en una Europa cada vez más deshumanizada, hurgar en ella, exponer la infección, que repugne a este milenio que, lejos de erradicar la barbarie, la enmascara con festivales de música y políticas medievales. Hasta ahí el valor (no es poco) de esta película por momentos estremecedora, casi insoportable por su crudeza formal, pero a la que le puede el ímpetu desarrollado en su primera mitad (de un total de dos horas y media), descompensando su potente mensaje. GREEN BORDER habla de una cosa exponiendo aquello de lo que no se habla, en un punch directo que se va convirtiendo en una denuncia un poquito ingenua y finalizar en una coda deliberadamente acusadora. En un blanco y negro de infinitos matices, Holland comienza, sin ahorrarse referencias explícitas, registrando el infierno en el que cae una familia siria, que supuestamente viaja a Suecia, pero se ve atrapada en una "tierra de nadie", comprendida en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, donde la política autoritaria de Lukashenko, sumada a la dejadez de los militares polacos, convierten a todos estos migrantes en un incesante pinball humano, con la intención de ir arrebatándoles todas sus posesiones en interminables idas y venidas por esta "frontera verde". Seguidamente, la historia deriva hasta una mujer polaca, psicóloga de profesión, que vive en una apartada casa junto a la frontera, y que se convierte en activista tras un traumático (muy traumático) encuentro, que la lleva hasta un grupo radical que ayuda a quienes nadie ayuda. Es esta ruptura de foco la que lastra ligeramente a un film, por otra parte, magnífico, imprescindible para airear los cuartos de una Europa mohosa y con olor a rancio. La parte final, como decía, es la de la derrota, pero también la de la esperanza, aunque sea en ínfimas dosis. De nuevo sin medias tintas, vemos, tras el horror inhumano, otras migraciones, extrañamente más amables. Como dicen algunos bots fascistas: busquen las diferencias, sólo ucranianos blancos y rubicundos... Tssss...
Saludos.

domingo, 9 de febrero de 2025

Rincón del freak #634: La era del aburrimiento ya está aquí


 

La valentía de filmografías como la polaca (y de Europa del Este en general), siempre ha sido abordar los temas más espinosos y trascendentales desde la convicción de no dejarse nada en el zurrón, independientemente de los medios con los que contara, casi siempre escasos. La ciencia ficción, por ejemplo, nos ha dejado joyas originalísimas, de las que luego han bebido otros más afamados, cuyas fuentes, sorprendentes, nos dan la medida de la sugestión de los métodos de producción. Film de culto por excelencia, O-BI, O-BA: KONIEC CYWILIZACJI aprovecha hasta las heces el espacio único de una gigantesca cueva en el interior de una montaña, donde el último reducto de la humanidad se ha refugiado tras el apocalipsis de una guerra nuclear, que ha arrasado con absolutamente todo. Allí, deambulando como seres sin propósito, esperan la llegada del "Arca", que vendrá a recogerles y llevarle hasta un lugar paradisíaco. El protagonista, un hombre que oscila entre la creencia y el desapego, sobrevive gracias a la cubertería que ha reservado, y que los "alquimistas" se encargan de convertir en moneda de cambio, ya que está prohibido acuñar. La película nos "muestra sin mostrar", siendo lo más interesante asistir a esa sociedad artificial y zombificada, que prácticamente se deja morir de apatía, mientras repite el mantra de esa "llegada cuasidivina", con la sospecha de que se trata de un mito, y que sólo un cambio de actitud podría salvar de la extinción a esos últimos supervivientes. Un puñado de habitaciones arrasadas, cuevas iluminadas por tubos fluorescentes, y una fotografía depresiva y apagada, son suficientes argumentos para acercarse a esta mítica cinta de 1985, en el que el fin de la especie no era otro que anclarse a una creencia falsa pero inmanente... y no lo veo tan descabellado.
Saludos.

jueves, 6 de junio de 2024

Un verano sin papá


 

SZTUCZKI (TRUCOS) es uno de esos títulos hundidos en la memoria, que parecía iniciar una fructífera carrera cinematográfica (optó al oscar por Polonia en 2007), aunque de su autor sólo hemos tenido constancia de otros dos trabajos desde entonces. Con un cierto aire a LOS 400 GOLPES, pero con la mirada agridulce de un De Sica, la historia transcurre en un tórrido verano, donde el pequeño Stefek cree haber identificado al fin a su padre, del que nunca ha sabido nada, ante los reproches de su hermana, que sueña con trabajar en una importante empresa italiana, donde es rechazada en cada prueba. La película es uno de esos retablos urbanos, donde también aparece el costumbrismo de Mike Leigh, con cabida para algunas concesiones a las ensoñaciones de este inquieto chaval, sumido en un mundo que no comprende y que no le comprende a él. En general muy bien rodada, con algunas escenas que se quedan en la retina, y algo superior a la miríada de cintas similares, comedias un poco tristes que nos trasladan a uno de aquellos veranos que no podrían volver de ninguna manera.
Saludos.

sábado, 11 de noviembre de 2023

El principio de posesión demoníaca


 

Por arreglar un poco la cosa, también hay buen cine sobre posesiones, muy bueno incluso, aunque encontrarlo nos lleve nada menos que hasta 1961, año en el que se realizó MATKA JOANNA OD ANIOLÓW (MADRE JUANA DE LOS ÁNGELES). Estamos en el siglo XVII, y un sacerdote es enviado hasta un convento de clausura en una remota región rural, donde supuestamente ha ocurrido un extraño caso de posesión demoníaca, al ser una posesión colectiva. Con rigor quirúrgico, Jerzy Kawalerowicz detalla cada personaje, otorgándoles su importancia en esta compleja historia. El sacerdote, intachable pero lleno de dudas; la madre superiora, en continua lucha por sus obligaciones desatendidas y un deseo de libertad que quizá se pueda confundir con la blasfemia. La puesta en escena, brillante, combina el dominio del espacio abierto con unas coreografías magnéticas y enigmáticas. En contraposición, las escenas de contrición son brutales, llegando a mostrar una flagelación real, y siempre en entornos oscuros y opresivos. La taberna, en cambio, es ese lugar impío, donde el sacerdote jamás encuentra la bienvenida, sino la chanza de los borrachos y la tentación de la mesonera. La resolución, que me abstengo de desvelar, es tan inesperada como reveladora, y supone una inteligente lección contra la ceguera de los fanatismos, provengan de donde provengan.
Si están hartos de maquillaje y CGI cutre, he aquí una de las mejores pruebas de que se puede prescindir de la parafernalia y construir una gran película sobre qué puede significar eso del demonio...
Saludos.

sábado, 11 de marzo de 2023

El detective y los monjes


 

Me encuentro con una curiosidad en Netflix, una especie de cruce entre exorcismos, relato detectivesco, excusa lovecraftiana y monjes de costumbres chungas. Todo batido en una modesta aunque cuidada producción polaca, que atiende al título de OSTATNIA WIECZERZA (algo así como el agujero del infierno), que en apenas hora y media tiene mucha más chicha que la mayoría de similares, componentes ignotos de un fondo de catálogo inacabable. En resumen, tenemos un monasterio perdido que da un mal rollo tremendo, y allí llega Marek, con la intención de ingresar a la orden. Pero Marek en realidad es un policía infiltrado, que sólo así puede infiltrarse en el hermético claustro, con la intención de investigar la desaparición de varias mujeres. El film oscila entre el terror canónico y una sorna casi burlona, sometiendo a su cada vez más apabullado protagonista a una puesta a prueba de sus convicciones, hasta desembocar en un acto final que contiene un giro que me ha parecido fantástico, y que sería impensable en un film hollywoodense. Más que dar mucho miedo, se disfruta la atmósfera malsana, el no saber qué pasará en la siguiente escena, así como unos recursos visuales que no por modestos son menos efectivos.
A veces hasta Netflix acierta...
Saludos.

lunes, 15 de junio de 2020

Nunca seréis felices



En 2015, en Sitges, se proyectó una curiosa película polaca, una especie de vuelta a cierto cine europeo que, sin desdeñar el género, enarbola una visión de amplio espectro social, político y humano. Su director, aún joven, tenía pensado asistir al festival, donde finalmente se alzaría con el premio a la mejor fotografía, pero una nota llegó a la organización: Marcin Wrona se había suicidado en un hotel.
No soy mucho de este tipo de detalles escabrosos, pero me parecía justo elevar la figura de un cineasta que estaba llamado a ser uno de los nombres importantes de su país. Lo confirmaba DEMON, inclasificable historia, a medio camino del cine de terror, la denuncia histórica, la comedia negra y bastantes más salpicaduras, tomadas de aquí y allá, pero con multitud de virtudes y hallazgos. Wrona encuentra una voz propia para desdibujar el trazo sin perder el hilo, y nos adentra en una sola jornada, la que va a unir en matrimonio a dos jóvenes. Él ha vivido casi toda su vida en Londres, y ella es la hija de un adinerado constructor; la boda, organizada por todo lo alto, se celebrará en la casa que el padre ha dado como dote. Sin embargo, una inexplicable extrañeza se va apoderando del joven, ajeno a la cultura polaca, pero que no termina de estar cómodo con algunos detalles. De repente, en mitad del festejo, su actitud cambia, y en lugar de celebrar se sume en una especie de melancolía por algo que sólo él ha visto, desembocando en un suceso que amenazará incluso con cancelar el convite, ante la negativa de los suegros. Se enlazan así varios aspectos que no pueden pasarse por alto, como el oscuro pasado de la comunidad bajo la ocupación nazi, o la tendencia a mirar hacia otro lado cuando los problemas afloran. Todo con un sentido del ritmo buenísimo, una fotografía impecable y unos actores que no desentonan en un film, insisto, sorprendente y que ha quedado como epitafio de una carrera que no había hecho más que despegar.
Saludos.

sábado, 25 de abril de 2020

Contra la doctrina



La idea de la suplantación de personalidad, o mejor dicho la asunción de una personalidad nueva, ha sido una idea constantemente asumida en el cine, ya sea como subversión de los géneros o como una aliteración que refresca el relato, cuando éste tiene poco que ofrecer. En este sentido, títulos capitales del "ser otro", como TOOTSIE, UNA HISTORIA DE VIOLENCIA, o más recientemente la serie BANSHEE, que llevaba al extremo la historia de un exconvicto reconvertido en falso sheriff. En esa línea se mueve CORPUS CHRISTI, el film que representó a Polonia en los pasados oscar, y que aprovecharemos para iniciar el repaso a los tres que concurrieron en la categoría de "habla no inglesa", dado el histórico acaparamiento de PARASITES. La película se desarrolla con sorprendente coherencia y buen pulso, sin caer ni en la parodia innecesaria ni en la truculencia emocional, eso sí, desatada en un desenlace que no hace prisioneros, y que dota de sentido una historia siempre al borde de lo inverosímil. Daniel está en un reformatorio, donde es constantemente acechado por otros internos, por algún asunto pendiente que nunca es totalmente aclarado. Su esperanza para no volver es aprovechar salida de reinserción para ingresar en un seminario, pero no puede ser aceptado al tener antecedentes penales, por lo que es enviado a trabajar a un aserradero. Sin embargo, Daniel se va a la iglesia local, donde hace buenas migas haciéndose pasar por un recién ordenado cura, gracias al traje que ha robado antes de partir. El film, ya digo, arranca con muchas dudas, y no deja la opción al espectador de imaginar cómo saldrá todo, pero la cámara, pegada constantemente a su protagonista (un excepcional Bartosz Bielenia), permite ser testigo directo de su transformación, siempre a medio camino de la impostación ingenua o una dolorosa toma de conciencia y conocimiento interior. Parece que sólo quiere hablar de la aventura o la peripecia física y vital, pero termina ahondando en las complicaciones que a veces encontramos a la hora de ser valorados por una sociedad tendente a prejuzgar e incluso "precondenar".
Una muy grata sorpresa.
Saludos.

sábado, 25 de mayo de 2019

Como pez fuera del agua



Mientras le aguantan la falta de prejuicios, la inventiva visual y los deslumbrantes montajes musicales, THE LURE es una maravillosa rareza proveniente del frío y que ya están tardando en adaptar/dulcificar en Hollywood, cosa que no me preocupa en absoluto. La premisa es el descubrimiento de dos enigmáticas y bellas sirenas por parte de un trío musical que actúa cada noche en un local. Las sirenas son incorporadas inmediatamente a su repertorio, pero su naturaleza salvaje las hace incontrolables y, en un momento dado, letales. Esta es la propuesta de la directora Agnieszka Smoczynska, un espectacular videoclip en su primera mitad, con una cámara que no para de moverse entre números musicales increíbles (esas adaptaciones de clásicos...) y unos diálogos que a mí me recordaban al primer Godard, por su frescura e irreverencia. Luego, es verdad, la película se toma algo más en serio, incorpora una absurda excusa sentimental y se torna previsiblemente aburrida. Aun así, tiene algunos momentos francamente gozosos y demuestra que no todo está dicho en el género fantástico y que la interterritorialidad ha dejado de ser un exotismo propio de festivales.
Muy muy curiosa.
Saludos.

lunes, 11 de marzo de 2019

La música que somos



Aunque en el fondo me da igual, me jode un poco que se obvie o menosprecie a una película cuando de lo que estamos hablando es de un acontecimiento. Esto viene a colación del baboseo a un film estupendo pero sospechosamente preprogramado, con todas sus constantes conscientemente funcionales, como es ROMA, mientras se nos ha diluido una película que es un acontecimiento, en mi opinión la mejor del año pasado, y a mucha diferencia de cualquier otra cosa que se les ocurra. ZIMNA WOJNA (traducida, GUERRA FRÍA) es una obra maestra absoluta, pero de los absolutos que hacen daño. Y a uno le dan ganas de cerrar el chiringuito tras ver una cosa tan hermosa y, por tanto, tan incomprendida, porque no sé si me quedan muchas más cosas por decir después de asistir con el corazón en un puño a esta pequeña historia de amor que es más grande que cualquier subnormalidad grandilocuente que Hollywood pueda ofrecer. En menos de hora y media (y esto ya es la repanocha), Pawel Pawlikowski sobrevuela un arco temporal de 15 años, centrados en las idas y venidas de dos enamorados condenados a no estar juntos; diferentes como la noche y el día, y sin tener nada claro, excepto que se quieren. Hay exilio, pero no importa. Y hay telón de acero, pero tampoco importa. Sólo importan esas miradas, que sólo se dedican los enamorados, y que aún cobran más importancia cuando sabemos lo poco que van a durar, únicamente para aguardar otros cuantos años, hasta el próximo encuentro.
No me puedo andar con medias tintas con maravillas como ésta, y tampoco merece la pena mayor extensión argumental. Todo está ahí, en la hora y media más sublime y desgarrada del cine de los últimos... yo qué sé, pero véanla aunque sea lo último que hagan.
Obra maestra absoluta.

viernes, 22 de febrero de 2019

El nacimiento del Tercer Mundo



Ya al final de ANOTHER DAY OF LIFE, la película de animación rotoscópica que relata la agitada estancia de Ryszard Kapuscinski en una Angola que se desangraba buscando su independencia, encontramos la frase más reveladora de esta extraña e irregular película, a la que le cuesta encontrar el tono justo entre épica y crónica, documento y ficción. Fue la ganadora (no había un solo rival de entidad) del Goya a la mejor película de animación, y representa la actual tendencia a las coproducciones exóticas y de complicada ubicación, pero que en este caso cobra bastante sentido. Dirigida por el documentalista español Raúl de la Fuente (autor de la extraordinaria Nömadak Tx) y el especialista en animación Damian Nenow, recoge la figura de aquel irrepetible reportero, de la estirpe ya extinta del periodista-escritor, comprometido por añadidura con la causa de los más desfavorecidos, en contraposición del periodista especulador y oportunista, que sólo piensa en sacar tajada de las desgracias. La película mezcla una animación de bastante calidad con imágenes reales de archivo y entrevistas con algunos de los supervivientes que conocieron por entonces a Kapuscinski y hablan de su determinante aportación a la visibilidad de un conflicto que, paradójicamente, no sólo no se resolvió con la independencia, sino que convirtió a Angola en un territorio aún más  anárquico y despiadado. La frase, sobre la que bascula el auténtico sentido de esta película, es la que encabeza esta reseña, porque, como decía su protagonista, "la pobreza no tiene voz, y por eso estoy aquí".
Saludos.

martes, 17 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #46



Y, bueno, alguna vez tenía que ser. El final de este kilométrico,absorbente, apasionante monográfico, llega con la última obra filmada por Andrzej Wajda, con 90 años y poco antes de su muerte. AFTERIMAGE es una dolorosa y delicada denuncia cargada de rabia y dignidad. A través de la figura del pintor vanguardista Wladyslaw Strzeminski, Wajda configura un severo retrato de la Polonia de los años 40 y 50, con un régimen comunista cada vez más asfixiante y restrictivo, que contrasta con este hombre, incapaz de comprender el porqué de tanta miseria moral. Strzeminski, erguido sobre su única pierna y su único brazo, se enfrenta a todo y a todos, y es sistemáticamente rechazado, reducido hasta ser menos que un animal sólo por sus ideas. El prestigioso artista y profesor de arte es dspojado de todos sus títulos, sus obras son destruidas y ni siquiera puede permitirse un plato de comida; apenas defendido por sus alumnos, los únicos que creen en sus ideales, su humanidad se ve cruelmente socavada, sobre todo en un tramo final desolador, que culmina en uno de los planos finales más desoladores de una filmografía rebosante de imágenes para la eternidad. La emocionante y contenida interpretación de Boguslaw Linda, es antológica, y deja para la posteridad la imprescindible reflexión sobre las referencias entre artistas análogos. Linda es a Strzeminski lo que éste es a Wajda, y este film póstumo bien puede ser considerado como un epitafio compartido, que resuena como una letanía sorda, mientras en artista, cojeando y con tuberculosis, porta unas flores azules hasta un cementerio cubierto por la nieve...
Para mí ha sido un honor.
Saludos.

martes, 10 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #45



Con 88 años, Andrzej Wajda "redondeó" su inabarcable obra cinematográfica acercándose a una de las últimas grandes figuras de la historia de Polonia, el carismático líder del sindicato "Solidaridad", la controvertida agrupación obrero-católica que, a finales de los años ochenta, finiquitó el férreo sistema comunista polaco y ganó las elecciones democráticas en 1990. Lech Walesa ganó el Nobel de la paz, fue entrevistado por Oriana Fallaci y apuntalaba un sindicato multitudinario desde un modesto piso, curiosamente otorgado por el gobierno al que se oponía. Desde allí, con su abnegada esposa y sus seis hijos, Walesa era constantemente detenido, interrogado y sobornado, todo para lograr que parase unas huelgas masivas que paralizaron al país y lo sumieron en una situación económica insostenible. Esa es la Historia, con mayúsculas, pero era imposible que Wajda dejase pasar por alto el introito de vertiente católica del líder sindical, aunque fuese un poco de puntillas y casi testimonialmente, por las diferencias que el director tenía con un personaje simplemente inclasificable, una de esas personas destinadas a mover el eje del mundo unos centímetros casi más por convicción que por poder real. WALESA. CZLOWIEK Z NADZIEI (WALESA. HOMBRE DE ESPERANZA) denota, como obra, cierto natural cansancio, lógico por otra parte, y aunque pretenda cerrar el círculo de los "Hombres", el de mármol y el de hierro, quedó más como la constaración de que el maestro no tenía intención de retirarse, o que al menos sólo lo haría mientras seguía trabajando.
Saludos.

martes, 3 de julio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #44



MAKBET fue una de las últimas producciones que Andrzej Wajda realizó para televisión. Una sugerente versión del drama shakespeareano, que tantas adaptaciones ha conocido, y que el veterano director transfiguró en un sombrío silogismo con la WWII, y más concretamente la esquizofrénica situación polaca. Este Macbeth, sin salirse del libreto original, aporta tanto en lo visual como en lo conceptual; con una puesta en escena rompedora, contiene largos pasajes de desnudez dramática, mientras el tormentoso dilema del rey coronado a la fuerza vira hacia los espantos de la guerra, cuando es impuesta por fuerzas que ni el propio monarca es capaz de controlar. Todo Shakespeare está aquí, pero también todo Wajda, uno de los directores que mejor han entendido las múltiples posibilidades que se abren tras unos clásicos que son cualquier cosa menos inamovibles.
Saludos.

martes, 26 de junio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #43



En 2009, un octogenario Andrzej Wajda filmó TATARAK (EL JUNCO), un sorprendentemente fresco y subversivo relato acerca de una mujer de mediana edad, casada y con una vida estable, que pierde la cabeza por un joven con el que aparentemente apenas comparte algo más que una irreprimible atracción física. El libro de Jaroslaw Iwaszkiewicz, en el que está basado el film, tiene la cualidad de ofrecer mucho más de lo que aparenta, y Wajda capta a la perfección la incomprensión y soledad de esta mujer cuando decide asumir un papel que parece sólo reservado a los hombres, y lo condensa en menos de noventa minutos, en los que la gran Krystyna Janda reverbera mediante una compleja metaficción. Primero interpretando a la actriz que va a dar vida al personaje, es decir, a ella misma, para después compaginar la narración en idílico flashback con unos duros soliloquios, en los que no cesa de reflexionar sobre la necesidad de ir contra las normas, tanto como persona real, actriz, e incluso personaje ficticio, y confrontando unos escasos momentos de felicidad a un desenlace trágico e inesperado. TATARAK fue, sin duda, el último gran título de Wajda, una película que cualquier principiante firmaría con sangre poder dirigir, lo que da una idea de la enorme dimensión de su autor.
Saludos.

martes, 19 de junio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #42



ZEMSTA (LA VENGANZA) supone un interesante giro en una carrera tan longeva y variada como la de Andrzej Wajda. También filmada en 2002, y también para la televisión pública polaca, se trata de la ambiciosa adaptación de la obra de teatro homónima de Aleksander Fredro, un autor diametralmente alejado de la tradición de Europa del Este, y cuya sarcástica visión del mundo le emparentaba directamente con autores como Molière o el mismísimo Quevedo, con los que compartía un sentido del humor tan agudo como corrosivo. La historia narra la eterna enemistad entre un notario y un militar retirado, que llevan sus diferencias hasta lo exasperante, pero que de la noche a la mañana se ven sacudidos por el descubrimiento de que la hija de aquél y el hijo de éste están profundamente enamorados. Sin embargo, en lugar de reconciliarse, reforzarán su beligerancia hasta llegar a batirse en duelo. Lo que queda de manifiesto es la irracionalidad de las costumbres, o de cómo curiosamente el confort puede hallarse en la guerra perpetua, mientras que cualquier aparente motivo de tregua lo es también de desestabilización o flaqueza; una metáfora hiriente de un pueblo polaco acostumbrado a vivir en la controversia del enfrentamiento. Como nota curiosa, además de la aparición de la hoy famosa Agata Buzek, hay que destacar el papel protagonista de un Roman Polanski que se reencontraba con su maestro, y que ya por entonces acumulaba problemas con la justicia.
Muy interesante.
Saludos.

martes, 12 de junio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #41



LEKCJA POLSKIEGO KINA (LECCIÓN DE CINE POLACO) fue un pequeño documento (pequeño e incalculable) que Andrzej Wajda dejó filmado en 2002 casi como un legado. En él hablaba de la industria fílmica polaca, de sus films y de otros ajenos, los que él consideraba como fundamentales para comprender la importancia de la cinematografía de su país; incluso cuando sólo se podían hacer películas con el material cedido por los nazis, e incluso cuando un puñado de jóvenes directores (él incluido) adelantó los preceptos de la nouvelle vague varios años, cuando nadie había acuñado dicho concepto. Wajda habla sin tapujos, con sabiduría y generosidad, y sus palabras reflejan la coherencia de su cine, y del cine que él defendió durante más de cinco décadas de actividad; y este imperdible documental aporta un luz reveladora, tanto a teóricos como aficionados. Hoy, se volverá a hablar de cultura, y un poco menos de economía...
Saludos.

martes, 5 de junio de 2018

Wajda. Brillo y dominio #40



NOC CZERWCOWA (NOCHE DE JUNIO) es un pequeño mediometraje para la televisión polaca, casi un posible piloto para una serie inexistente o el proyecto fallido de una película de época mucho más grande. Partiendo de una historia original de Jaroslaw Iwaszkiewicz, contaba una historia de amor imposible entre una mujer madura y un joven militar de alta cuna. Interesante, sí, y con la solvencia habitual de Wajda (en un año, 2002, especialmente prolífico para él) para este tipo de historias, pero se nota rodado a toda prisa, conteniendo demasiada teatralidad y con poco aire para unos personajes y unos actores en exceso encorsetados. Es, además, prácticamente imposible de encontrar con subtítulos en inglés, lo que dificulta aún más su visionado y la deja prácticamente como una ínfima anécdota para completistas poco escrupulosos.
Saludos.

martes, 29 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #39



Uno de los más estimulantes trabajos realizados por Andrzej Wajda para la televisión polaca se produjo en 2000, cuando adaptó la novela de Stanislaw Rembek WYROK NA FRANCISZKA KLOSA (LA CONDENA DE FRANCISZEK KLOS), un devastador recorrido por la intrigante y ambigua moralidad del hombre del título, uno de los muchos "simpatizantes" de la ocupación nazi, que prestaban incondicionalmente sus servicios a cambio de una inmunidad que solía ser más cara de lo que pensaban. Adelantando, por ejemplo, aunque sin llegar a sus cotas, a una obra maestra como EL HIJO DE SAÚL, Wajda realiza uno de sus primeros acercamientos al digital, logrando un realismo y cercanía que hoy día el audiovisual ya tiene perfectamente asumido. Por un lado, se muestra la controvertida personalidad de Klos, que intenta convencer sin éxito a su madre y su esposa de que lo que hace redundará en un beneficio que de otra manera jamás podrían obtener. Mientras, es obligado a delatar a quienes no hace tanto eran vecinos y amigos, condenados por este hombre sin justificación, que sin embargo se confiesa ante el cura local, en una angustiosa escena, suplicando por un último acto de redención, aunque deba ser terrenal. Un estupendo film, que iniciaba una inesperada (por tardía) etapa completamente renovadora en el cine de Wajda, pese a que muchas de sus obsesiones habituales están también implícitas en su metraje.
Saludos.

martes, 22 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #38



En 1999, Andrzej Wajda vuelve por sus fueros y adapta la colosal novela de Adam Mickiewicz PAN TADEUSZ, fresco decimonónico acerca de la dificultad histórica de Polonia (mucho antes de su definitivo establecimiento como país) para definir con exactitud su postura en el concierto europeo. Geográficamente inexistente en época de Napoleón, tenía en cambio un peso estratégico inmenso, que todos los grandes dirigentes pretendían dominar y controlar. La historia se centra en el territorio ahora conocido como Lituania, donde dos familias, históricamente enfrentadas, se ven en la obligación de dejar de lado sus diferencias y aliarse contra la inminente amenaza napoleónica. De pesado ritmo y largo metraje (120 minutos), es un film que apunta ya el gusto del septuagenario director por acercarse a los textos que más le habían marcado a lo largo de su vida y decantarse por desarrollos más moderados y una mayor atención a la puesta en escena, vestuarios, fotografía (excepcionales), pero adoleciendo de un conservadurismo narrativo no apto para quienes no hayan sido incondicionales de su filmografía. Se ve bien, con corrección plena, pero apenas perdura en la memoria.
Saludos.

martes, 15 de mayo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #37



PANNA NIKT (SEÑORITA NADIE) es, de la irregular deriva que el cine de Andrzej Wajda tomó en los años noventa, uno de sus títulos más sobresalientes y significativos. Basada en la novela de Tomasz Tryzna, es una de esas películas de "guion diabólico", que no permite en ningún momento que el espectador se tome la molestia de anticipar cual será el próximo paso a seguir. El film comienza con el éxodo obligado de una familia, desde su entorno rural a la gran ciudad, donde el choque de costumbres es más que patente. Sin embargo, la trama se fija en la compleja personalidad de la hija mayor, que sufre un proceso de madurez forzada tras conocer a una compañera de clase acomodada e inquietudes artísticas. Lejos de seguir las directrices del típico drama generacional, Wajda propone un juego de vampirización sistemática a cargo de la aparentemente inocente joven recién llegada a la ciudad, que poco a poco irá suplantando la personalidad de su amiga, hasta que ambas parecen poco más que las dos caras de una misma persona. Un film que me recordó muchísimo la ambigüedad de algunos de los mejores trabajos de Carlos Saura, como LA PRIMA ANGÉLICA, repleta de referencias emocionales y trampas que basculan del chantaje emocional hasta el puro desequilibrio mental. Una película que merece más atención de la que creo que ha recibido.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!