Mostrando entradas con la etiqueta Jacques Doillon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jacques Doillon. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de noviembre de 2015

Amar por la fuerza



Este año, diversos avatares (casi todos conscientes) me impiden asistir al SEFF. Resolvámoslo recordando algunas cintas que se han visto en dicho festival. Por ejemplo, MES SÉANCES DE LUTTE, del veterano Jacques Doillon, un director al que me encantaría entender mejor, o que me fuese más cercana su astrosa poética del desconcierto. De momento, las películas suyas que he podido ver me han hastiado por acumulación o me han distraído enormemente del motivo principal, a veces incluso hasta hacerlo desaparecer, algo que parece difícil con su arranque fresco, directo, con imágenes bucólicas y casi en Súper 8, mecidas con notas del Debussy más juguetón (...el Cake-Walk...). Nada de eso, porque en poco tiempo las intenciones quedan claras, y no se trata de un alarde dialéctico de poros brillantes en un verano agotado. No es Rohmer. MIS SESIONES DE LUCHA se regocija en la incomodidad de sus esquinas, hasta convertir cada encuadre en un amasijo de músculos, jadeos, ropa rota, miradas animales y un único motivo argumental que los enlaza: si dos personas no pueden amarse amablemente, puede que lo logren brutalmente. Creo, sin embargo, que Doillon lo podría haber resuelto mejor, aun concediéndole la dificultad de la empresa, pero al tercer hostiazo, revolcón o llave de judo... Efectivamente, se repite. De todas formas los actores, Forestier y Thiérrée, están encomiables en su esfuerzo, y su lucha es en contra de la desnaturalización del gesto forzado, o forzoso; la película les pertenece por entero a ellos, por la ausencia de argumento (yo no lo vi) y por la química que desprenden pese a lo desagradable de algunos momentos, sobre todo en su extático desenlace.
¿Es original? Es original ¿Es aburridilla? Es aburridilla... Así que estamos de acuerdo, no hay necesidad de pelear...
Saludos.

lunes, 16 de septiembre de 2013

De verdad... Jean Rouch #16



Por increíble que hoy nos pudiera parecer, hace exactamente cuarenta años, tres de los más importantes directores de cine franceses se embarcaron en un proyecto tan descabellado y contestatario que uno, en plena crisis conformista (término que me parece más adecuado que el ya manido "económica") no puede hacer más que maravillarse ante algo que hoy se descalificaría como ingenuo e inocente. Nada de eso. Lo que pone en imágenes L'AN 01 es nada menos que una desobediencia civil a escala mundial, y a los que eso les suene a chino por pasar demasiado tiempo poniendo el culo les vendría bien una mirada al "posible" mundo de las utopías, donde el ser humano intenta (fíjate tú qué crimen) vivir dignamente y sin patrocinar opresores. La gente se levanta un día y dice "¿Por qué coño voy a seguir dejándome la salud para que unos hijos de puta vivan en la opulencia y a mí no me alcance para comprarle unos zapatos a mi hijo?". Sí, la gente se queda en la cama junto a la gente a la que quiere de verdad, las fábricas se paran y las personas no son diferenciadas por ningún motivo... ni siquiera por un ridículo uniforme. En clave ensayística lo que Doillon, Resnais y Rouch proponen es una honda reflexión sobre la infelicidad reinante en el mundo moderno, en si no sería beneficioso un cambio más o menos radical y en la preponderancia del respeto a los demás por encima de clasismos o intrusismos pseudomorales y ortopedias nacionalistas. Un excitante "estado de las cosas alternativo" articulado por varios continentes y con un montón de ideas interesantes que perfectamente podrían aplicarse en esta época tan sosa y adormilada que nos ha tocado padecer. Y qué mejor título que éste para cerrar el tiempo y el espacio que en este blog hemos venido dedicando a un excepcional cineasta, un hombre que siempre estuvo un paso por delante de su propio tiempo, pero al lado de quienes consideraba no otra cosa que sus hermanos naturales... los hombres, naturalmente.
Saludos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Postales desde el filo



Debe haber algo más en ponerle una cámara delante a una niña de cuatro años para que interprete a una niña de cuatro años que ha perdido a su madre. Eso fue lo que intentó Jacques Doillon en PONETTE, polémica cinta a la que uno no sabe muy bien cómo enfrentarse, si con la mezcla de escepticismo y curiosidad del principio o la progresiva rutina en la que se va convirtiendo lo que (y no puede ser de otra manera) finalmente queda como un batiburrillo arrinconado por la imposibilidad de esclarecer un discurso mínimamente articulado en torno, no ya de la tragedia, sino de sus devastadoras consecuencias. Lo normal, porque lo hemos visto muchas veces, hubiese sido un acto de presencia, una infiltración a lo sumo, aprovechar una cierta indagación detrás de los diálogos "conscientes", con o sin divagación. Así, el mérito es reconocerle a Doillon ensayar el salto mortal sin red, desplazar a los adultos, en este caso casi meros figurantes, y dejar que por un momento pueda ocurrir el milagro, que aparezca ese momento de naturalidad insultante y que la cámara no ruede, sino que registre. Desgraciadamente, PONETTE no ensarta el filete cuando ya lo tiene hecho, y de una posible experiencia extrasensorial (la insólita no-interpretación de la pequeña Victoire Thivisol, que la llevó a ganar nada menos que la Copa Volpi), es poco menos que curioso que los niños se preocupen de cualquier cosa que de la premisa inicial de la desaparición; y esto no debería extrañarnos... ¡así creo que sucede en realidad!...
Saludos inocentes.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!