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viernes, 24 de enero de 2025

Películas para desengancharse #128


 

El lumínico de una diapositiva se tiñe con una gota de sangre, que se extiende borrando la imagen original. Un niño con un impermeable rojo cae a un estanque y se ahoga. Él, ella, ambos, que se muestran despreocupados, luego desgarrados, más tarde intentando recomponer los pedazos, finalmente buscándose sin encontrarse en una Venecia mohosa, de lutos otras seriedades menos justificadas. La tarea de Nicolas Roeg en DON'T LOOK NOW, lo que la ha elevado a un culto que ofrece nulas respuestas, es deconstruir el relato de Daphne Du Maurier, o sumergir todas las explicaciones en una visión subjetiva que audazmente transmuta de un personaje a otro, dejando al espectador con la responsabilidad de ejercer como demiurgo improvisado, y que se ve expuesto a las incertidumbres que pueblan este film de género indetectable. Es por ello que se mantiene, más de cincuenta años después, en el lugar que pertenece a las obras singulares, fuera de cualquier dogmatismo acomodaticio. Y es curioso, pues la crítica entusiasta no duda en señalar la masiva influencia de un film que no se parece a ninguno, pero extiende lazos por géneros tan dispares como el cine de terror, el drama psicológico o los experimentos cromáticos de Powell y Pressburger, que me parece el marco más definitorio para este descenso a los recovecos más torturados de la mente. Y desde luego, una de esas películas citadas miles de veces, probablemente por descolocar sin esfuerzo a los críticos de mesa camilla y lente sin revisión óptica.
Clásico absolutamente circundado de modernidad.
Saludos.

jueves, 21 de marzo de 2024

Perdidos y encontrados


 

Hay un período realmente interesante en la cinematografía australiana, y que podríamos comprender entre principios de los setenta y mediados de los ochenta, y que vendría a trazar un libérrimo itinerario de la deriva del país oceánico en clave de un fantaterror tan renovador como estimulante, y que ha dado un puñado de títulos fundamentales para comprender y disfrutar un cine, sí, de género, pero poseedor de un carácter único y, en ocasiones, inclasificable. Y se me ocurre, como piedra angular de todo esto, WALKABOUT, de 1971, en la que el británico Nicolas Roeg elevaba una denuncia tan sutil como poderosa, basando ésta en la deriva de dos hermanos perdidos en el desierto australiano, y que logran sobrevivir gracias a un joven aborigen, que casualmente vaga solo para "ganarse" su mayoría de edad. Roeg, aquí más aplacado que contenido, no puede evitar expandirse en un puñado de postales de compleja sintonía entre humanidad y naturaleza, en uno de sus más inspirados trabajos como responsable de fotografía, repleto de una crudeza que llega a lo insoportable, poniendo a prueba la resistencia del "ojo acomodado". Nada aquí es evidente, desde el surrealista desencadenante del destino de los hermanos, pasando por la impasible y hermosa intervención de un salvaje finalmente más civilizado que quienes supuestamente llegaron con ese fin. WALKABOUT es un film bello, confortante incluso, pero para nada acomodado en el buenismo de un ecologismo que peca tanto de falso como de ingenuo, y se erige como una fábula de aprendizaje, para lo que es necesario "desaprender" muchas de las convenciones que tomamos como inamovibles. 
Magnífica película y magnífica banda sonora del gran John Barry. Imprescindible.
Saludos.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Soltar riendas


 

Efectivamente, THE WITCHES conoció su primera adaptación hace exactamente 30 años, curiosamente el mismo en que murió Roald Dahl, del que no estoy muy seguro de su aprobación. Sea como fuere, esta versión, auspiciada entre otros por Jim Henson, resultaba ligeramente más perversa, menos infantilizada, a lo que contribuye decisivamente el trabajo de marionetas y máscaras de Henson, que crea un clima más cercano al cine de terror que al infantil. THE WITCHES obtuvo cierta repercusión en aquel 1990, y su mezcla de talentos se benefició del delirio visual de Nicolas Roeg o la extraordinaria recreación de Anjelica Huston, perfecta en un papel que necesita tanta distinción como sorna. Yo recomiendo el visionado conjunto de ambas películas, con lo que se puede comprobar que ésta no ha envejecido nada mal, mientras que la recién estrenada aporta apenas los adelantos en animación visual. La falta de innovación se ve claramente, por ejemplo, en la elaborada escena del congreso de brujas, que es absolutamente calcada ¿Homenaje? Puede ser, pero habrá quien lo llame con menos amabilidad...
Saludos.

jueves, 11 de mayo de 2017

Asesinar la imagen



No sé exactamente por qué, PERFORMANCE siempre me ha parecido una antecesora directa de cada una de las películas que han intentado buscar su camino hacia la "modernidad" a través de la subversión de la imagen. El debut en la dirección del polémico Nicolas Roeg, en realidad fue más un trabajo de fotografía (excepcional para la época, eso sí), mientras que el peso del proyecto recayó en Donald Cammell, director maldito, inconformista y adelantado a su tiempo, que tuvo la insólita oportunidad de elaborar un film con absoluta libertad de movimientos y con la pareja del momento (los detalles escabrosos se los ahorro), Mick Jagger y Anita Pallenberg. Aunque el protagonista era el estupendo James Fox, que interpretaba a un sanguinario y sofisticado gangster, una especie de gentleman mortal e implacable, que usaba la extorsión y la tortura como un puro ejercicio artístico. En la segunda parte del film, las setas toman el control (literalmente) y el film se convierte en un psicotrópico viaje a las profundidades de la razón, mientras asistimos a la fascinación mutua que sienten el gangster y un aspirante a estrella del rock, que en realidad es un traficante y vividor; oportunidad perfecta para que Roeg se luzca fotografiando a Jagger y Pallenberg en bolas y a Fox prácticamente travestido, lo que no deja de ser francamente perturbador.
En mi opinión, PERFORMANCE, aun admitiéndole sus muchas ingenuidades, conserva, casi medio siglo después, un aire suicida que la hace encantadora e irresistible, una locura de yonkis para yonkis, y una oportunidad para observar sus hallazgos reflejados en tantos títulos que apenas rozan eso tan caro de la modernidad...
Saludos.

martes, 16 de marzo de 2010

La ininteligibilidad

Debe ser a posta, impostado o peripatético, pero ¿vieron ustedes PUFFBALL?... Sí, la que hizo Nicolas Roeg hace dos o tres años; sí, el mismo que hizo la de Bowie descendiendo de las estrellas... ¿Han leído el título del post? Intentaré explicarlo de alguna manera.
Una arquitecta guapa y joven se va a vivir al campo y se construye una bonita casa rural que no tiene nada de rural pero está en el campo. Sus vecinos son las de la foto... inquietantes ¿eh? Pues resulta que la señora mayor, aparte de no tener estilista, es una bruja de esas que hay por Irlanda campando a sus anchas; la de la derecha es su hija y la de arriba no me acuerdo... La arquitecta echa un apasionado (aunque fugaz) polvete con su novio encima de una piedra de esas que dicen que son mágicas, la señora bruja coge el condón pringado sin pedir permiso y produce un brebaje mágico para dejar preñada a su hija, que no puede porque es mayor pero sí quiere... en fin... La cosa es que el yerno bebe del brebaje, la arquitecta bebe del brebaje, la cosa se embrolla y los dos se enrollan, con el fatal desenlace de que es la arquitecta la que se queda preñada, aunque no quiere porque es muy urbanita e independiente aunque se haya ido a vivir al campo...
Luego hay un tira y afloja muy rarete, con conjuros, gente que va al médico a hacerse ecografías y efectos especiales chungos estilo "Hammer". La arquitecta decide tener el bebé, pero le hace creer a su santo que el rorro será suyo... En estas que llega Donald Sutherland... Sí, sí, no me pregunten que diantres hace ahí, porque su papel se reduce a siete minutos de observaciones arquitectónicas de lo más bizarras...
Vale, luego todos se ponen de acuerdo, se dicen las verdades a la cara y terminan en un happy end que parece "El diario de Patricia Irish version".
Luego no me digan que no les advierto...
Saludofff... coff... coff...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!