Mostrando entradas con la etiqueta Mamoru Hosoda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mamoru Hosoda. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de octubre de 2023

Fantasía oriental


 

Los ecos de Miyazaki, del Studio Ghibli, son ineludibles, también inalcanzables, y apenas se puede aspirar a recoger la influencia con admiración, valentía y gratitud. En este sentido, es probable que el mejor discípulo sea Mamoru Hosoda, por la calidad y riesgo de sus propuestas, que crecen cada vez con entidad propia. Poseedor de una mirada tan humanista como la de su maestro, Hosoda se sirve de un simbolismo rico en referencias, para conformar historias que, por mucho artificio que tengan, no son más que un canto de esperanza en un mundo deshumanizado. BAKEMONO NO KO (EL NIÑO Y LA BESTIA) es un ejemplo perfecto, por su apariencia de gran fantasía de desbordante imaginación visual, que esconde en su interior una enternecedora lección vital. La dualidad del mundo de los humanos y el de las bestias, ilustra el acceso a la madurez de un chaval que se escapó de casa, y ahora tiene un improbable maestro, el mejor luchador del país de las bestias, pero tan cabezota como indisciplinado, por lo que nunca ha tenido un solo alumno... hasta ahora. Así, tenemos presente el desarraigo y la desconfianza innata a quien nos tiende una mano sin explicación aparente, lo que dará paso al momento crucial en el que logramos comprender por qué hacen lo que hacen quienes nos enseñan. Luego está el apartado técnico, absolutamente delicioso, con un pie en la animación clásica nipona y otro en la búsqueda de una entidad autonómica e irrepetible.
Aun siendo una gran película, las tiene mejores; mejor facturadas y con un discurso más pleno y consciente.
Saludos.

lunes, 15 de noviembre de 2021

El medio que justifica el fin


 

También la animación ha tenido este año cabida en Sitges, aunque hablar sólo de animación en el caso de Mamoru Hosoda sería quedarnos muy cortos, y muy especialmente en el fastuoso espectáculo visual desplegado en BELLE, su último film. Normalmente hablamos de cómo una idea puede ser lo suficientemente buena como para que pasemos por alto decisiones más o menos discutibles; aquí nos encontramos con todo lo contrario, porque tras dos horas alucinantes, prácticamente te da igual que te hayan contado una chorradita. Y tampoco seríamos justos. Hosoda no es tan evocador como Miyazaki, ni tan avasallador como Otomo, pero su estilo narrativo implica un gusto reconocible por prestar atención a los dilemas de sus personajes, que siempre parecen buscar un alineamiento con el espectador. Aquí, el tema de las redes sociales, y la trampa emocional que suponen, es el eje principal mediante el que desplegar un detonante visual simplemente impresionante. Por un lado, se nos habla de "U", el gran fenómeno mediante el que uno puede convertirse en un avatar idealizado, para llevar a cabo sus mayores fantasías, y en el que brilla con luz propia Belle, una hipnótica cantante, capaz de congregar a millones de seguidores, que se preguntan quien está realmente tras esa apariencia esquiva y angelical. Por el otro, seguimos a Suzu, una tímida estudiante, incapaz de salir de su anodina vida, excepto cuando ingresa a "U". Puede parecer que la fantasía fagocite por entero el argumento, pero Hosoda enfatiza el guion, introduciendo multitud de elementos novedosos, como la misteriosa bestia que encarna al no sometimiento a unas leyes virtuales que a todos nos suenan, y que desmitifican el concepto de "mundo ideal". En esa dualidad entre el mundo que nos gustaría que fuera, y el que realmente es, se va hilvanando un hermoso relato de compasión, lealtad y firmeza ante las injusticias. Una historia con más chicha de la que podríamos suponer, pero que además se ve acompañada de algunas de las imágenes animadas más demencialmente perfectas de los últimos tiempos. Con cosas así, parece complicado atisbar dónde puede estar el límite de unos señores que ponen a prueba nuestra misma percepción sensorial.
Saludos.

viernes, 28 de junio de 2019

Lecciones de vida



¿Qué hace que una historia, aparentemente banal, penetre hasta lo más profundo de nuestras emociones y sea capaz de reconducir lo que hasta entonces considerábamos inamovible? Es notorio el grado de madurez, el salto compositivo alcanzado por Mamoru Hosoda en MIRAI, su hasta ahora último trabajo, y de lejos el mejor suyo. Y todo empieza como en las grandes historias, con sencillez casi naif. Como si de un arranque de Linklater se tratara, Hosoda introduce el pequeño e incipiente universo de Kun, un niño de cuatro años, que espera en su casa, junto a su cuidadora, a que lleguen sus padres del hospital con su hermana recién nacida. Lo que sigue son los naturales celos, porque Kun no concibe que toda la atención se haya derivado hacia esa pequeña desconocida de mofletes sonrosados. Es ahí, con meritoria sutileza, donde el director y guionista hace aparecer el elemento fantástico, no como ruptura sino como continuación lógica y dramática. La imposibilidad de entrar en la mente de un niño obliga a adoptar otros cauces, y se establece entonces una intemporalidad desbocada, que transforma todo su entorno y lo adapta a esa nueva realidad que está inentando asimilar de golpe. Su madre es una niña de su misma edad, su bisabuelo un aventurero con la edad de su padre, su hermana una adolescente que lo trata (ay!) como el niño que es, y hasta su perro se encarna en un tipo que le da esas necesarias lecciones vitales. Así, lo que comienza como una historia convencional se torna la historia más importante, la historia de nuestras vidas, pero no como nosotros la construimos a conveniencia, sino como los otros nos perciben. Hay quien lo llama trascendentalismo.
Saludos.

sábado, 15 de junio de 2019

Todo lo bueno se acaba



Mamoru Hosoda es, desde hace algo más de una década, uno de esos nombres a seguir en la animación japonesa. Decidido a demostrar que hay vida más allá del Studio Ghibli, estuvo a punto de formar parte de la dirección de EL CASTILLO AMBULANTE, pero su carácter inconformista lo dejó fuera del proyecto, lo que le llevó directamente a la Mad House, probablemente la segunda productora de animación más importante de Japón. Y su primer título fue TOKI O KAKERU SHÔJO (LA CHICA QUE SALTABA A TRAVÉS DEL TIEMPO), una película que partía de la novela original de Yasutaka Tsutsui y cuyo funcionamiento argumental es mucho más complejo de lo que pudiera parecer a simple vista. Una adolescente está acabando su último curso de instituto, por lo que empieza a atisbar la cantidad de cambios que se le vendrán encima. Inesperadamente, entra en contacto con un extraño artefacto, que le otorga la capacidad de volver atrás en el tiempo y arreglar cuantos sucesos que ella toma como equivocados, aunque puede que hubiese sido mejor dejar las cosas tal como estaban. Es cierto que la acumulación de saltos temporales puede terminar resultando abrumadora, pero se trata de un film que encierra un mensaje muy interesante y maduro: podemos cambiar cuanto deseemos, lograr la casi perfección ante los demás, pero lo único que permanece es el afecto y amistad verdaderos, aunque de eso normalmente sólo nos damos cuenta cuando ya es demasiado tarde...
Saludos.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Padres e hijos



Esta entrada no va tanto sobre una película, sino más bien sobre las lecciones que a veces se encuentran implícitas en las mismas. Durante un tiempo he tenido mucha curiosidad por ver un film que me habían recomendado encarecidamente, y cuya apariencia me hacía dudar sobre qué iba a encontrarme exactamente. OOKAMI KODOMO NO AME TO YUKI (AME Y YUKI, LOS NIÑOS LOBO) parte de una premisa argumental tan disparatada que es prácticamente imposible tomarla en serio casi por principio. Luego la ves, y te encuentras ante un film sumamente complejo, repleto de referencias al tránsito hacia la madurez, la fuerza de la sangre y la abnegada fiereza por la que los padres son capaces de darlo todo por sus hijos. Una joven conoce al amor de su vida, un hombre callado y taciturno, pero que la ama con todo su ser; y de esa unión nacen dos niños, Yuki y Ame. Él es un hombre lobo, pero no concuerda nada con los mitos acerca de su especie, sino que se muestra como un ser culto y sensible, que sin embargo arrastra la soledad de su condición. El film, que dura dos horas, se parte en dos muy al principio, en una brutal escena cargada de dolor y tristeza, y que de no tratarse de un anime podríamos atribuir sin dudarlo a un Vittorio de Sica, por la franqueza y tacto para mostrar el desamparo de esa madre, que luego es la gran protagonista. Una madre más que coraje, que es capaz de criar a dos niños que han de convivir con lo que a veces es una bendición y otras todo lo contrario. Es, así a vuelapluma, una de las mejores películas de animación de los últimos tiempos, y, observada con atención, portadora de un mensaje que se me hace muy necesario y urgente, y que apenas habla de cómo deberíamos cuidarnos los unos de los otros.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!