A la espera de la decimosegunda temporada (confirmada para este año), al fin he completado, en titánica tarea, CURB YOUR ENTHUSIASM, la serie que va sobre todo lo que no iba SEINFELD, o lo que quizá su creador no pudo decir en aquélla, porque la única forma era diciéndolas él mismo. El protagonista es Larry David haciendo de Larry David, aunque sospecho que en realidad se trata de Larry David fingiendo que hace de Larry David. David (el personaje, digamos) es un judío neoyorquino, trasplantado a una California en la que parece un marciano, un lugar donde guardar las apariencias es más respetado que decir la verdad, y la cotidianidad se debate entre lo estrafalario y lo directamente invasivo. De alguna manera, es una comedia que te pone de mala leche, obligándote a tomar partido constantemente, en una sucesión de afrentas a cual más absurda, donde esos "problemas de ricos" acaban por integrar un guion que, según su creador, siempre ha sido un work in progress, en el que los actores (a destacar el interminable carrusel de cameos) tenían la mínima información, confiando más en su capacidad de improvisación. David es rico, pero no sabe ser rico, ni hacer cosas de ricos, ni vivir en un barrio de ricos. Conduce un Hyundai, siempre viste casual y sólo tiene un amigo de verdad, Jeff, su representante, quizá por ser tan "desgraciado" como él. Hay un subtexto muy mordaz y muy jodido tras la apariencia de comedia, que nos indica cómo la réplica se explicita en gestos clasistas de burgueses aburridos, horteras que no saben en qué emplear tanto tiempo libre. No es fácil sostener una serie así durante tantos años (prácticamente 25) sin caer en la repetición, y CURB... también adolece de ello en sus peores tramos, como copiándose a sí misma, pero estamos ante un hito de la incorrección política, orquestada por un tipo que sólo sabe ser irreverente y que quema puentes, hace caer máscaras y no deja prisioneros en esta celebración del "hombre idiotizado del cambio de milenio" ¿Tienes que ser inteligente para apreciarla? Probablemente, y también aceptar que tú también eres así de gilipollas muchas veces...
Imprescindible.
Saludos.