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martes, 9 de agosto de 2022

Leni. El triunfo de la estética #6


 

Para saber de lo que estamos hablando, deberíamos señalar que Leni Riefenstahl ya no volvería a presentar una película hasta 2002, justo cuando cumplía nada menos que 100 años (fallecería al año siguiente). Eso si realmente consideramos IMPRESSIONEN UNTER WASSER como una película en puridad, ya que habrá quien la confunda con un simple documental marino, de esos tan simpáticos que nos ponen a la hora de la siesta. Es sabido que Riefenstahl, entre sus muchas aficiones, fue una gran buceadora, práctica que ejerció hasta el final de sus días; y este documento, de apenas 45 minutos, recoge una pequeña parte de sus miles de inmersiones en las aguas de Papúa Nueva Guinea. Con una sugerente música a cargo de Giorgio Moroder, asistimos a un preciosista y colorido paseo por el reino submarino, con una nitidez de imagen impresionante, y dejando siempre que ese fascinante entorno hable por sí solo, ya que la directora tan sólo realiza una pequeña introducción al principio, con un discurso ecologista muy vigente. 
Aquí terminó la breve pero intensa filmografía de Leni Riefenstahl, una directora que me parece esencial para entender el avance del cine como arte fundamentalmente moderno, y a la que creo que se ha tratado con una injusticia que no conoce parangón en la historia del séptimo arte. Nos perdimos a una grandísima cineasta por ello, y ya nunca sabremos de qué podría haber sido capaz si hubiese podido construir una carrera medianamente normal. Por ello me parecía de justicia traerla durante estas seis semanas al Indéfilo. Aunque, francamente, creo que sus films hablan por sí solos...
Nosotros volveremos con otro monográfico a la vuelta de las vacaciones, y éste sí que me da un poco de vértigo, porque creo que es el más difícil que he enfrentado...
Saludos.

martes, 2 de agosto de 2022

Leni. El triunfo de la estética #5


 

TIEFLAND es la película maldita de una cineasta maldita. Un proyecto que tardó dos décadas en ver la luz, y que a su manera resume la extrañísima trayectoria de Leni Riefenstahl, principalmente todo lo que nos hemos perdido los cinéfilos en materia de avances cinematográficos. A mediados de los 30, la entonces joven directora se entusiasmó con "Terra Baixa", obra del escritor catalán Angel Guimerà, y que es considerada como una de las obras capitales en lengua catalana de todos los tiempos. La historia la conocen: Riefenstahl es requerida por el jefe de propaganda nazi, y el proyecto queda truncado. En 1940, un año antes de la WWII, pide a Hitler viajar a España, para buscar la localización exacta de la novela en los Pirineos, pero es desaconsejada por la precaria situación tras la Guerra Civil. Finalmente, logra rodar en Alemania, pero la guerra estalla y el film queda como queda, como un batiburrillo difícil de poner en pie con las partes rodadas. Leni retoma el proyecto una década después, realizando un trabajo de montaje que le lleva varios años, y que sólo pudo ver la luz en un tardío 1954, y para entonces el cine andaba ya en parámetros estéticos muy distintos, por lo que el fracaso fue inevitable y disuadió a la directora alemana de seguir haciendo cine. 
Vista hoy día, TIEFLAND tiene momentos brillantes, otros bastante ridículos, y un aura de historia siempre a contracorriente, sin poder superar los muchos avatares que la componen. Como curiosidades, el "supuesto" baile español ejecutado por Riefenstahl, a la sazón protagonista, o el polémico "uso" de los prisioneros gitanos de los campos de concentración alemanes para contar con unos figurantes que encarnaran lo que entendían como "etnia hispana". El argumento nos habla de una mujer que se gana la vida bailando en tabernas, un humilde pastor y el cruel terrateniente que queda prendado de la gitana. Ella no puede ver al pastor ni en pintura, y el potentado, venido a menos, idea un diabólico plan para poseer a la bailarina y no arruinarse: ella se casará con el pastor para que no pueda huir, y él hará lo propio con una acaudalada viuda.
Yo la recomiendo sólo a espectadores pacientes, que sean capaces de comprender las difíciles tareas de producción y quedarse con el resultado del testamento fílmico de una cineasta irrepetible... Aunque no hemos dicho que esto se acabe aquí y hoy...
Saludos.

martes, 26 de julio de 2022

Leni. El triunfo de la estética #4


 

Grecia. Las ruinas evocan un pasado remoto, del que se rescata un insólito lazo para la hermandad entre humanos, tan dados a separarse y destruirse. Las estatuas ejemplifican un ideal estético, el del equilibrio de las formas. Un fuego comienza, una danza comienza. Hombres y mujeres alrededor del fuego, sus cuerpos se mueven con agilidad. Es la belleza del ser humano en movimiento y armonía. Lo siguente que vemos es un estadio olímpico: Berlín, 1936. No puede haber una dicotomía más extrema. Hermandad u horror. La competición pocos años antes de la carnicería. El dictador disfrutando un espectáculo único, quizá convenciéndose de que aquello de la raza aria era una pamplina sin fundamento alguno. Adolf Hitler se negó a darle la mano a Jesse Owens, que fue uno de los pocos dioses de carne y hueso que pulularon por el mastodóntico estadio diseñado por Albert Speer. La narración enfatiza en huesudo alemán: "el negro aquél... el otro negro de más allá"... tampoco ha cambiado mucho la historia. OLYMPIA es una obra maestra absoluta, una barbaridad de belleza y técnica inconcebibles, que se extiende hasta las cuatro horas, y que revelaba el talento de la joven directora con una magnitud para la que me faltan palabras. Para la historia, una lección sobre cómo se filma un evento deportivo, y de aquí se sacó cómo y dónde se debe poner una cámara para ello, vigente hasta nuestros días. Un espectáculo brutal, maravilloso, donde los contingentes no se mataban, sino que se daban la mano al terminar la competición. Sí, arios felicitando a negros, oficiales nazis tomando el tiempo a corredores americanos. Mucho brazo en alto, eso sí, pero la lectura que queda es otra más esperanzadora. Ojalá...
Bueno, eso y el festín de torsos sudados, pollas y coños que Leni se marcaba en las dos aperturas, que en mi humilde opinión es otra maravilla, por supuesto...
No hay palabras, excepto "insuperable".
Saludos.

martes, 19 de julio de 2022

Leni. El triunfo de la estética #3


 

No es pertinente seguir incidiendo en el tema ideológico al enfrentarnos a TRIUMPH DES WILLENS, uno de los mayores catálogos de iniciación a esa cosa tan compleja de dirigir películas. Sobre todo si el formato es documental, y sobre todo si lo que se busca es un impacto inmediato y duradero. Todo aquí es difícil, lo es tanto apartar la mirada como resistirse a hacerlo, porque lo que Leni Riefenstahl logra con el mastodóntico congreso de Nüremberg es moldear la imagen del ideario nacionalsocialista, y de paso convertir a Hitler en algo más que un líder, un icono. Puede que se les atragante tanta ostentación; los desfiles interminables, las masas entregadas, los kilométricos estandartes presidiendo terrenos pesadillescos. Pero me pregunto de dónde salen directores como Kubrick, Lean, Scott o Villeneuve, y cómo han sabido adaptar lo que en 1935 una mujer (no es baladí recordarlo) se atrevió a imaginar, imaginar que podía hacerlo, hacerlo y dar un vuelco a todo el cine que se había hecho hasta entonces. 
No es necesario que tomen parte del ardor guerrero, las consignas, populistas y facilonas, leídas en papel, pero eficaces para su propósito. Ustedes son más inteligentes que todo eso, no hace falta que laman las botas de un fantoche, aunque les convenza de que son más altos y más guapos. Sólo abstráiganse y disfruten de una lección de cinematografía como pocas veces se ha visto. Ni antes ni después.
Saludos.

martes, 12 de julio de 2022

Leni. El triunfo de la estética #2


 

Y tuvo que llegar. Y llegó. Y nadie lo esperó, porque nadie esperó que llegara. El aparato de propaganda nazi eligió a una mujer para que glosara la primera convención del Partido Nacionalsocialista. Fue en Nuremberg, en 1933, y Leni Riefenstahl filmó lo que entonces se conoció como DER SIEG DES GLAUBENS (LA VICTORIA DE LA FE). Lo tuvo todo en contra, porque en realidad no la querían, pero quién osaría desafiar al mismísimo Hitler, que no dudó en la elección. El resultado fue caótico, esplendoroso, gigantesco o grotesco; un desproporcionado número circense, pero sin bromas, o el sueño dorado de los amputados, tocando su miembro desaparecido. El film desapareció, en una recontrabroma del destino, en la que Goebbels se boicoteó a sí mismo, porque así de retorcida era su noción de control y propaganda. Pero mucho después, casi 70 años después, se supo que la propia Riefenstahl había realizado copias clandestinas en suelo inglés, en cuanto se enteró de la jugada. Cosas del destino, da que pensar (y es una nublada moral ésta) cómo los documentos sirvieron para tomar conciencia entonces, tanto como debieran servir a generaciones venideras para no repetir ser parte de una atrocidad así. Pero angustia la convicción, casi la buena fe de ese hombrecillo de brazo levantado, hipnotizando a un pueblo que venía ya sugestionado. Y asusta otra cosa: cómo se podrían superponer fotogramas de cualquier partido de hoy, y jugar a encontrar las siete similitudes...
Saludos.

martes, 5 de julio de 2022

Leni. El triunfo de la estética #1


 

Si ha habido una cineasta controvertida, desafiante, o imposible de desligar de sus cuestiones morales, toda vez que su cine siempre se reveló profundamente estético, no hay duda de que hablamos de Leni Riefenstahl. Pionera de un cine en busca de las formas, deudor del mudo expresionista, del primer Lang, de Murnau. Tuvo una larga vida (murió en 2003, a los 101 años), pero no una extensa filmografía, lo que compensó con su excelente trabajo fotográfico. Fue una artista incansable, inagotable, de un talento fuera de lo común y que jamás entendió de absurdos roles genéricos, aunque lo que ha pasado a la historia (no podía ser de otra forma), fue su estrecha colaboración con el régimen nazi, llegando a ser la directora oficial de la propaganda hitleriana. Incluso eso merece una (complicada) revisión aséptica, y enfocada al hecho cinematográfico, que nos ha legado monumentos de talla descomunal, pero también Riefenstahl tuvo un comienzo, y no menor. Con apenas 29 años, en 1932, realizó su ópera prima, DAS BLAUE LICHT (LA LUZ AZUL), que adaptaba la novela de Gustav Renker, en la que se hablaba del mito del Monte Christallo, en la frontera alpina italiana, a cuyos pies se encuentra un pueblito que sufre una extraña maldición: las noches de luna llena, un irresistible fulgor, proveniente del monte, obliga a los jóvenes a escalar sus escarpadas paredes, sin que ninguno logre sobrevivir. La causa es atribuida a la extravagante Junta, una joven que habita el monte y parece despreciar las convenciones del pueblo, cuyos habitantes creen que es una bruja, la única que puede escalar el monte. En realidad, el sugerente guion nos pone de manifiesto un punto de vista rompedoramente feminista, con la hostilidad que siempre despiertan las mujeres fuertes y autosuficientes, al tiempo que dibuja en esta un aura de pura y libérrima sexualidad no normativa, que sólo un recién llegado es capaz de apreciar sin velos morales. Una película simplemente sorprendente, por su madurez estilística, tanto como por su arriesgado discurso, y que abría la filmografía de una de las directoras (probablemente la que más) más fascinantes de todos los tiempos, y a la que echaremos un vistazo de aquí en adelante.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!