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miércoles, 9 de diciembre de 2020

El espejo roto #15


 

"Crocodile" es una decepción muy bien hecha, lo que requiere una serie de explicaciones acerca de este episodio de BLACK MIRROR. Lo primero es que su argumento no tiene nada de original, y sigue el típico patrón de los thrillers criminales, en los que se pone de manifiesto el juego del gato y el ratón, en este caso tipificando la progresiva transformación de una mujer tras un suceso truculento, vivido quince años antes. Es curioso, porque se hace imprescindible no desvelar nada de su trama, pero al mismo tiempo me pone muy furioso que esté meridianamente claro lo que va a pasar con tres cuartas partes del episodio por delante. Hay un problema claro de guion, de traslación de ideas a la brillante imaginería visual del australiano John Hillcoat, creador de imágenes inquietantes, y apoyado en la aún más inquietante Andrea Riseborough, que aquí adelantaba mucho de su apoteósica interpretación de este mismo año en POSSESSOR. Un episodio, en fin, que roza lo gratuitamente desagradable, incluso amoral, y cuyo problema fundamental, aunque hablemos de ciencia ficción, es la verosimilitud, lastrada por un sentido del ritmo que no fluye, sino que brinca a hipidos.
Se puede ver, y, parafraseando a Brooker, también se puede olvidar.
Saludos.

lunes, 8 de febrero de 2010

Frío como un témpano

De nuevo una adaptación de Cormac McCarthy, que ha pasado de misántropo "fronterizo", casi borderline, a Pulitzer e inspirador involuntario de nuestros (nuevos) bajos instintos.
THE ROAD, a priori, tiene todas las papeletas para gustar, para avasallar al espectador, para unir a la crítica y para insuflar, muy paradójicamente, nuevas esperanzas al cine norteamericano ¿Qué ocurre entonces para que alguien (yo) se libere de prejuicios, se predisponga a disfrutar cuantos hallazgos sea capaz de ofrecer el film de John Hillcoat, y acabe deseando que todos y cada uno de los personajes, insufribles personajes de esta demencial oda a la total ausencia de sentido del humor se vayan a tomar viento de una vez? Porque si THE ROAD es una historia sobre la supervivencia, lo único que vemos es a dos homeless empujando un carrito por un páramo. Si THE ROAD es una historia sobre la desesperación, me uno a la causa. Y si, por el contrario, THE ROAD no es más que la última vuelta de tuerca al género inaugurado con MAD MAX, entonces no entiendo nada, porque hay pocas cosas en este inaudito film, pero lo que más se echa en falta es un cierto ritmo narrativo. Sí, ya sé que la Tierra está devastada y no hay nada de comer, y que se flirtea (ojo, se flirtea) con la cosa del canibalismo, pero ocurre con esta adaptación lo mismito que en la de los Coen (y recalco que no lo achaco tanto a la dirección como a la historia en sí); McCarthy plantea unas situaciones tan al límite que: 1) Sus personajes se asoman al peor de los ridículos, que es el ridículo sin humor. Y 2) Constantemente, uno ve la posibilidad del fallo de principiante, del raccord injustificado, del mal desenlace por exceso de dificultad en el planteamiento. Aquí, ya digo que la historia no es nada que no hayamos visto ya, pero planteo un par de cuestiones para quien la haya visto: Si no hay nada de comer... ¿qué diablos comen para poder andar un montón de kilómetros sin desfallecer? Y ¿para qué coño contratas a Robert Duvall y a Guy Pearce (lo de este chico es preocupante)?... ¿para que salgan diez minutos entre los dos?...
Bueno, y ahora viene mi recomendación: véanla aunque sólo sea por la fotografía de Aguirresarobe, de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Y si les gusta la pintura de Turner, sabrán de qué les hablo.
Saludos en vereda.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!