Mostrando entradas con la etiqueta Michael Uppendahl. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Uppendahl. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de noviembre de 2021

El dios loco


 

De casualidad, me topé hace un tiempo con que la Marvel (vertiente televisiva) había realizado una serie de tres temporadas acerca de uno de los personajes más fascinantes, inabordables y enigmáticos de todo su universo. Creado por dos mentes tan antagónicas, y al tiempo tan complementarias, como las de Chris Claremont y el gran Bill Sienkiewicz, David Haller es una anomalía, casi una brecha incontenible por la que se puede llegar a filtrar prácticamente cualquier cosa que se le pudiera ocurrir a un guionista con pretensiones de subvertir las reglas de un universo creativo, a menudo demasiado constreñido. LEGION presenta a este supermutante, supertelépata y super-cualquier cosa que ustedes puedan imaginar; hijo nada menos que de Charles Xavier (aunque éste es un punto de discusión cartesiana), y perteneciente por tanto al universo de los X-Men, podría decirse de él que es lo más cercano que un humano ha podido estar de ser un superhombre perfecto. Sólo hay un problema: David Haller está loco. O al menos ha sido diagnosticado de esquizofrenia. Y la serie se abre con este hombre internado en una especie de psiquiátrico, donde en realidad la intención es mantener a raya su psicopatía (que podría acabar incluso con el mundo conocido) y potenciar sus ilimitados poderes, hasta que sepa controlarlos. El motivo: la amenaza de otro supertelépata, que ha despertado de un largo letargo. Ahmed Farouk. El Rey Sombra.
Son tres temporadas, de un nivel técnico asombroso, con una trama lo suficientemente compleja como para dar cabida a multitud de barbaridades visuales. Las interpretaciones son perfectas, con un Dan Stevens que se va creciendo al mismo tiempo que su personaje, y termina parafraseándose en un híbrido entre Syd Barrett y el propio Xavier. No es casual, porque el personaje interpretado por Rachel Keller, una mutante que se trasplanta a los cuerpos que toca, se llama como el mítico fundador de Pink Floyd. Y podríamos seguir con las referencias a este grupo, primordialmente en la estética swinging London que predomina la serie, o el emocionante corte, ya en el último capítulo, en que Stevens/Haller interpreta el "Mother", escrito por Roger Waters, explicando muchos de los endiablados tropos de su argumento. Una serie compleja, probablemente un reto personal de Noah Hawley, y que a lo mejor se antoja un pelín larga en sus tres temporadas, pero que termina satisfaciendo tanto a versados como a neófitos, y tocando una de esas esquinas oscuras de Marvel, de las pocas que intentaban salir del mero entretenimiento y abordar los entresijos, por ejemplo, de una mente superpoderosa, pero enferma...
Se puede hacer un poco ardua de seguir, pero tiene algunos momentos genuinamente epatantes y de gran poderío visual.
Saludos.

miércoles, 27 de enero de 2021

Radiografía exterior


 

Vayamos con la tercera temporada de FARGO, que por motivos puramente agendísticos se me ha demorado más de tres años, aunque nunca es tarde... Y tengo sentimientos encontrados respecto a esta temporada, que en su tarea descriptiva es memorable, pero deja la sensación de no saber atar tantísimos cabos sueltos; o lo que es peor: pecar de exceso de confianza en que, de una forma u otra, esa "conspicuidad" inherente a la franquicia le sacará de cuanto apuro surja. Y algo así tiñe cada decisión tomada por Noah Hawley para esta T3, conformando el tejido mismo de un relato que, incomprensiblemente, parece desdeñar la excelencia, a la que roza durante gran parte de sus primeros episodios. Esta temporada es endiabladamente, conscientemente compleja, comenzando por una apertura cuyo único nexo es puramente "espiritual", abrazando un derribo de la cuarta pared en clave beatífica, o permitiéndose el lujo de un cierre que más que quedar en el aire se adivina tan etéreo como su principal protagonista. Lo que aprovecho para romper una lanza en favor de un reparto arriesgado y controvertido, pero nunca casual. Ewan McGregor trenza un trabajo colosal y muy matizado, al interpretar a dos hermanos gemelos aparentemente diferentes, pero que terminan revelándose con más puntos en común de lo que creían. Carrie Coon es el elemento más reconocible respecto a ese probable "universo Fargo", aunque su mujer policía es menos ingenua y más analítica. Mary Elizabeth Winstead comienza en los márgenes y termina prácticamente acaparando gran parte del protagonismo. Y Michael Stuhlbarg (otro ilustre "coeniano") se luce como el muy sufrido mano derecha del "hermano ganador" (¿he dicho que el otro es un perdedor?). Aunque deberíamos hacer un punto y aparte sobre el trabajo del británico David Thewlis, porque V. M. Varga queda en la retina mucho tiempo después de acabar la serie, suscitando infinidad de preguntas y apenas otorgando vagas certezas. Casi más un fantasma que una persona, Varga es un destructor de personalidades débiles, un embaucador y un contador de historias, que no deja de analizar a su alrededor mientras hipnotiza a la víctima con su anestésico relato. Así, el empeño de Hawley es inalcanzable, y posiblemente hubiese necesitado tres temporadas para sólo ésta, y la sensación, insisto, es la de que las ideas estaban ahí, van surgiendo poco a poco, todo va encajando a la perfección, pero el remate parece precipitado y demasiado convencional para lo prometido en diez episodios trufados de multitud de referencias. Hay una presentación con "Pedro y el lobo", una historia deudora de WALL·E, e incluso guiños a los Coen (esa bolera...), por lo que hubiesen faltado más historias de Varga y menos tiros. Y aun así, puede que estemos ante gran temporada... o no...
Saludos.

sábado, 14 de enero de 2017

Una sensación extraña



Me decidí recientemente a ver la segunda temporada de FARGO, la variante ideada por Noah Hawley para la cadena FX a partir de la película original de los hermanos Coen. Primero porque la primera temporada me sorprendió gratamente, teniendo en cuenta que no se trata de una de mis favoritas de sus autores, pero también porque todo lo que leía sobre esta continuación eran alabanzas unánimes. Mi opinión es que esta segunda temporada alterna psicóticamente momentos brillantísimos de altura cinematográfica con algunas licencias y referencias que, sin estar mal del todo, reverberan en el subconsciente medianamente entrenado y se convierten en insertos, que en una serie de diez capítulos le resta credibilidad y coherencia. Los que la hayan visto sabrán que me refiero al extrañísimo desenlace, contenido en el los dos últimos episodios, y que no desvelaré ni un ápice. El resto está bastante bien, todo muy Tarantino, con una nueva pareja de polis bonachones y hogareños (Patrick Wilson y un recuperado para la causa Ted Danson) y un extenso corolario de malhechores, fundamentalmente los miembros de la familia Gerhardt y sus acreedores de otro estado, que envían a su sicario más mortífero (y deslenguado), un negro llamado Milligan (excepcional Bokeem Woodbine) para acabar de una vez con el clan mafioso. Aunque la reacción en cadena parte de un hecho accidental, el atropello del benjamín de los Gerhardt cuando trataba de asesinar a una juez y la estrambótica ocultación del cuerpo en la casa del carnicero local y su mujer (una absolutamente memorable Kirsten Dunst). La serie, ya digo, pese a su marciano arranque, transita con facilidad pasmosa los terrenos del thriller sofisticado y lenguaraz, y tiene algunos momentos de brillantez que efectivamente faltaban en la primera entrega, pero le puede su dispersión, como si no se pudiese dar cabida y minutos de calidad a un elenco tan extenso, lo que termina dando un conjunto de bloques autónomos que funcionan muy bien por separado, pero que se enfría en el encadenado, repleto de flashbacks y elipsis que no siempre son bien entendidos. Aunque para "marciano" su final, ya saben...
Lo bueno: que dura diez capítulos y no se hace pesada. Lo malo: que hay momentos en los que no se sabe dónde hay que prestar atención...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!