Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Reygadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Reygadas. Mostrar todas las entradas
lunes, 19 de agosto de 2019
El extraño en su casa
NUESTRO TIEMPO es el último "monstruo" fílmico de Carlos Reygadas, una película que ronda las tres horas para apenas contar un asunto de cuernos consentidos, hipocresía conyugal, miedo a la libertad y niños manchados de barro. Puro Reygadas. En una entrevista al director leo que no le quedó más remedio que ser él el protagonista, tras la infertilidad del actor que había elegido y al que tuvo que despedir; por tanto, no extraña que, en plena fiebre masturbatoria, le surgiera la ocurrencia de que su mujer en la vida real coprotagonizara, y ya puestos, pues también sus tres hijos y hasta la chacha, que es la única que no sé si es también la de verdad. En fin, no hay mucho que contar, excepto que Reygadas es un maestro en lo de vulgarizar el arte, o al contrario, sublimar lo meramente ordinario. Hay conciertos para timbal, el muertho de Tijuana (maravilloso) tocando en el salón de casa, toros destripando caballos y una fotografía en formato panorámico más extensiva que nunca. Una telenovela culta, cool, ridícula cuando se pone seria y maravillosa cuando se desprenden momentos de comicidad involuntaria. Casi una terapia, o un exorcismo, o qué sé yo, pero al menos a Reygadas no le da miedo mostrarse como un machista disfrazado de liberal, en vez de lo contrario, y eso es mucho más valiente de lo que la mayoría de directores pueden decir ahora mismo.
No es ninguna obra maestra, nunca he visto ninguna película suya (las he visto todas) que lo sea, pero me gusta el marchamo de falsa humildad catequista, incluso cuando al protagonista le afloran las lágrimas a los pies de su amigo moribundo... sólo de pensar que un pinche gringo se está tirando a su esposa en modo swinger...
Saludos.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Algunas cosas que ya no vuelven
Con el motivo de los cien años de la revolución mexicana, varios productores decidieron realizar un largometraje dirigido por diez directores diferentes y que intentara captar la esencia de dicha revolución cien años después, cómo ha cambiado el país y qué consecuencias pueden aún rastrearse de lo que, más allá de lo simbólico, parece haber quedado en una especie de recuerdo ensoñado. Afortunadamente, no hay ni rastro de panfletos ni peroratas, y pese a su desigual recorrido, REVOLUCIÓN ha quedado como un inmejorable paso a nivel a una de las cinematografías más interesantes y florecientes de los últimos años.
Abre la función el oscuro lirismo de Fernando Eimbcke en "La bienvenida", donde un humilde lugareño, de un humilde poblado, con una humilde existencia, pasa toda una noche en vela ensayando con su tuba al raso la bienvenida a alguien que se supone honrará con su presencia a su pequeño pueblo. Sólo fataría que se presentase, claro...
Patricia Riggen afloja el discurso, aunque su mezcla de crítica social y humor negro, más que de revolución, habla de los lazos perdidos entre generaciones. "Lindo y querido" nos sitúa en L. A., donde una mujer asiste perpleja a una tradición que desconocía por completo a causa del fallecimiento de su abuelo, que supuestamente combatió junto a Zapata. Se supone que un mexicano de estirpe tiene que volver a su tierra para ser enterrado, pero siya es complicado traspasar una frontera estando vivo...
Menos afortunado aún está el actor Gael García Bernal, que en "Lucio" propone una visión maniquea y absurdamente rupturista alineando los preceptos de la revolución mexicana (y, de paso, glorificándola sin querer) con la rebeldía juvenil de un chaval que esconde un crucifijo bajo la cama, porque no cree en iconos...
Por su parte, Amat Escalante, uno de los "nuevos" directores mexicanos con más proyección y personalidad, acomete en "El cura Nicolás colgado" un fantasmagórico ensayo propulsado por el surrealismo de Buñuel y con un discurso crudo y elocuente. Unos niños encuentran a uncura colgado de un árbol, aún vivo; su burro y su monaguillo han sido literalmente quemados. Tras ayudarlo y caminar varios días por el desierto, el film parece transfigurarse de aquel pasado revolucionario y brutal a otro aún más terrorífico, que es la jungla de coches y restaurantes de comida rápida al otro lado de la autopista...
Y, cómo no... Reygadas. "Este es mi reino" es una locura orgiástica en la que cabe de todo alrededor de un interminable banquete al aire libre que pretende, como todo el cine de su controvertido autor, conciliar a lo bestia los dos Méxicos, el que "gringuea" y el que no lo hace porque no lo dejan. Hay coches incendiados, locas del putiferio, ancianos pajilleros, máscaras del ring, poetas sin discurso, perros, camisetas del Chelsea, polos de Lacoste, pulque en vasos de plástico pringoso, niños huidizos, alcohol... más alcohol... Hogueras...
Mariana Chenillo también patina con "La tienda de raya", donde no da con el tono justo y parece olvidar el trasfondo que demanda el film en el que está inscrito. Una empleada de supermercado tiene una cita con un tímido encargado, pero debe resolver el dilema dental que la aflige antes del Viernes... La verdad, no sé qué pensar...
Más difícil es el caso de Gerardo Naranjo, que en "R-100" efectúa un ejercicio de vaciado que raya un absurdo lo suficientemente bien organizado para que, más allá de la lectura que podamos hacerle, y pese a que se trata de una historia llena de tensión y misterio, la sensación es la de que estamos ante un estupendo preámbulo o in troducción a un film que no existe, pero que se presume más grande y elaborado. Un hombre lleva a otro, moribundo, a cuestas por el desierto (esos desiertos...), llega a una autopista e intenta parar un coche, sin éxito, así que tendrá que usar métodos... menos "formales"...
Sin embargo, mi segmento favorito es "30-30", en alusión a los fusiles utilizados en la revolución. Rodrigo Plá, director uruguayo radicado en México y autor de la estupenda LA DEMORA, acompaña a la pesada figura del nieto de Pancho Villa, mostrándolo como un hombre sencillo que se plancha sus camisas y que, tembloroso, espera su turno para ofrecer un pequeño discurso que apenas si es capaz de memorizar. Es una fiesta conmemorativa, pero a nadie le interesa ya escuchar qué pasó realmente, siempre es más edificante bailar un narcocorrido o disfrazar a un puñado de modelos como si fuesen revolucionarias del Playboy...
A Diego Luna, en "Pacífico" le pasa también que se queda a medio camino de la poesía visual, el relato trascendente y la búsqueda "reygadiana". No sé exactamente qué es lo que intenta contar, excepto que un tipo tiene una discusión con su pareja y luego se va a dar machetazos a un terreno que pretende vender... ¿?...
Menos justificable es, sin embargo, el cierre, a cargo del estomagante Rodrigo García. No porque se trate de un cineasta colombiano, que no seré yo quien le dé importancia a tamaña fruslería, sino porque se gusta tanto, se relame tanto, se perfuma e inviste tanto, que parece una tontería no engañotarlo a él, igual que a tantos, como autor de videoclips. "La 7th street y Alvarado" es una sucesión de postales que parecen sacadas del National Geographic, rodadas a cámara ultralenta y que (ahí es nada) mezcla una calle californiana, repleta de gente en sus quehaceres diarios, con una tropa de revolucionarios que miran, eso sí, desafiantes a cámara. Me pregunto qué es la revolución, un relato filmado que se quiera presentar como revolucionario... Esto, desde luego, está en las antípodas...
Saludos.
Etiquetas:
Amat Escalante,
Carlos Reygadas,
Diego Luna,
Fernando Eimbcke,
Gael García Bernal,
Gerardo Naranjo,
Mariana Chenillo,
México,
Patricia Riggen,
Rodrigo García,
Rodrigo Plá
viernes, 19 de septiembre de 2014
De Quijotes ordenados
Y, por tanto, terminamos (de momento, claro está) esta aventura a la inversa de introducirnos en el peliagudo universo cinematográfico del mexicano Carlos Reygadas. JAPÓN es el escueto y misterioso título de su primer largometraje; no sé por qué, si todo transcurre en una remota región montañosa de México... La historia presenta a un tipo que cojea y que se ha ido al culo del mundo a suicidarse... o a decir que se va a suicidar y luego no hacerlo, que suele ocurrir... o a hacer turismo outlet y ver si le llega la inspiración para pintar. Inspiración no le falta al bueno de Reygadas para endosarnos otro mamotreto de fotos fijas, a cual más molona, con indios borrachos, pajotes en soledad y recogimiento y música de Bach y Shostakovich. Y habrá quien siga diciendo que es lo más de lo más, y que la introspección de las mentes primitivas o que de nuevo se produce el choque entre contrarios que están más cerca de lo que parece. No sé. El tipo hojea un libro de pinturas mientras su impasible anfitriona, anciana, aislada, a punto del desahucio cruel, le habla del punto de cruz y los guisos de cabrito justo cuando una araña deja ver su testuz multiocular. Esto, inevitablemente, se la pone dura al rengo, así que le propone a la desdichada echar un primer y último polvo antes de que le derriben el troje para llevarse las piedritas. No será porque yo no haya visto una versión porno de Heidi, claro...
Saludos.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Cabeza de viejo, cuerpo de joven...
Reygadas. Pasos para atrás... para atrás... hacia atrás...
A ver, porque luego, los que me atizan, que dicen que me pongo insoportablemente y bressonianamente descriptivo, con un olor a cloroformo y látex aséptico que tira para atrás... para atrás... hacia atrás. Pero no sé de qué otra forma iniciar un comentario sobre BATALLA EN EL CIELO; igual, supongo, que le pasaría al pobre Reygadas para empezar su película. Sí, porque ¿de qué mejor manera ilustraríamos el subconsciente masculino que con una felación? Y no una cualquiera: la de una bella joven, de níveas curvas y jocosas rastas, a un tipo (y si me pongo más descriptivo la lío) simplemente feo. Que, oye, a lo mejor esto es una metáfora fitzcarraldera sobre los molestos prejuicios sociales puestos en boca y vista de un artista machote pero desprejuiciado. Está bien, pero si no va a haber clase media, señor presidente, al menos que exista conflicto, que esto no es política, sino cine. Y no lo hay. BATALLA EN EL CIELO, aun teniendo (otra vez) un puñado de imágenes maravillosas para un stand en el MOMA, aburre a cualquier cacereña insomne y es otra prueba flagrante de que Carlitos necesita un guionista como JJV una hostia despertadora. Al grano... y descriptivamente. Esta película cuenta el buen rollo entre una niña pija y rica que se prostituye ¿? y un tipo no sólo gordo y feo, sino alelado, que es su chófer, que arría la bandera nacional en la Plaza Mayor y que, por si faltara algo, se le ha ocurrido junto a su gorda, fea y alelada señora secuestrar a un niño para pedir rescate... ¿Que todavía no hace falta un guionista que ponga orden? Vale, pues sigo. El tipo pierde las gafas en el metro, pero su rostro no varía; su mujer vende gilipolleces en el metro, pero su rostro no varía. La meretriz voluntaria le calienta con insinuaciones que uno no sabe a cuento de qué, pero su rostro no varía; su mujer le dice que el infante retenido ha sufrido un percance y se ha muerto, pero su rostro no varía. Además, teniendo en cuenta que Pumas ha ganado el campeonato nacional de fútbol, lo celebra con un pajote en el salón de su casa, mientras su familia lo espera para ir de excursión, pero su rostro no varía. Finalmente, ya que su rostro no varía, se lo tapa con una capucha para hacer penitencia... total...
Yo, reconozco que la vi con una mezcla de estupor, regocijo y rendimiento renal... y tampoco se me movió una sola ceja...
Saludos.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Abducidos por el espanto
Curso nuevo... Reygadas... El horror...
LUZ SILENCIOSA es un espanto. Les encantará LUZ SILENCIOSA.
LUZ SILENCIOSA es un plagio de autor. No sé si tal cosa existe en realidad, pero si Carlos Reygadas puede plagiar a su tocayo Dreyer, entonces cualquier cosa vale. LUZ SILENCIOSA va de una mujer que se muere y luego resucita, pero para llegar a ello es necesario interponer más de dos horas de intimidad menonita en Chihuahua... Que ya...
La mujer no es la protagonista. La mujer no importa, pero Reygadas no es un machista, es un autor capaz de trasplantar el gnosticismo chiflado del buen Johannes a su propio país de charros y mariachis ¿Cómo? Prescindiendo del español y las teces curtidas y yendo a un ignoto cúmulo de granjeros rubicundos y escasos de juerguismo. Y es allí, no importa. Tenemos un granjero que bendice la mesa y embaraza a su mujer por sistema divino (una y otra vez, claro), pero que decide que más valen los polvos negligentes que los lodos maritales. Y si no fuera por los petos vaqueros y los árboles de madrugá... hombre, pues a lo mejor alguien dice que se aburre y se duerme. No es así. En un último arrebato de asco misántropo, al amigo ya no le aguanta más su gran salvador, Alexis Zabé, y nulifica la posibilidad de un giro final sustantivo. No, Reygadas termina en Dreyer. Y eso duele como una piedra en carne viva. Porque para quien no haya flagelado su carne con postales innecesarias, esto es un plagio, de autor, así que disfrútenlo mientras les quede bazo.
Bienvenidos de nuevo.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Colorear a Tarr
Como decía hace algunos días, vayamos con Carlos Reygadas. Con su última propuesta, más exactamente. POST TENEBRAS LUX se vio en Cannes, su director se llevó el galardón que le acreditaba como el mejor de entre todos y luego nadie entendió nada... o se entendió muy bien, o a lo mejor es que no hay nada que entender y la sinopsis se la escriben los críticos que sí entienden... Yo tengo algo bueno que decir, y es que no me aburrí viéndola pese a los dolores de retina, las ganas de reírme con cierta infografía o los muchos momentos de pasividad anímica de su "impuesto" (o impostado) guion. Resumirla se la puede resumir, por aquí hemos visto cosas aún más "postenebrosas" y luego nos hemos ido a un burguer; me parece que al director mexicano le pesa infinitamente cierto sentimiento de culpa burguesa, su constante deseo de colisión entre dos mundos coexistentes pero talmente contrapuestos le ocupa demasiados minutos. Demasiada claridad ahí. Por otro lado, Reygadas no es indulgente, ni con unos ni con otros: el diablo se cuela en casa de un niño pijo que se ha llevado a la familia a vivir al campo. Una desgracia. La desgracia proviene de quien no tiene la posibilidad de irse a vivir al campo, porque la miseria le obliga a vivir en el campo. Antes, como digo, el niño pijo disfruta de una mastodóntica fiesta familiar navideña que igual podría haberse desarrollado en Europa. Hablando de Europa, es discutible que el nexo entre ambos continentes deba ser un partido de rugby juvenil en Escocia, sin más explicación. Una vez vistas las intenciones de retrocolonialista de Reygadas, éste nos regala su habitual dosis de sexo jabberwockyano en una sauna francesa donde se estila el intercambio de parejas a garrafón.
Y hasta ahí el show Reygadas. El lugar común donde unos se ven confortables y otros tuercen el gesto.
Pero bueno, el film comienza con una larga y hermosa introducción, en la que se ve a la hija del propio director corriendo por un paisaje embarrado, rodeada de animales (caballos, perros y vacas), mientras el cielo va tornándose cada vez más hostil. Adivinaron. Como en EL CABALLO DE TURÍN, el apocalipsis será el advenimiento de la oscuridad absoluta. Al final, copiar a Tarr, colorear a Tarr, es, una vez más, lo mejor que le puede ocurrir a un director que jamás podrá llegar a su nivel.
Saludos.
lunes, 21 de julio de 2014
Bastardo #1
Hoy, mañana y pasado, quedarán resueltos por tres cortometrajes que iniciaron el devenir de tres de los directores que actualmente podríamos considerar "polémicos", por poco que me guste el término. Dos son mexicanos y uno francés, y ustedes los conocen igual que yo. El primero es Carlos Reygadas, un director poseedor de un talento visual que, ahora mismo, me parece insuperable, pero al que le pesa la carencia de un pulso narrativo más reconocible y asimilable. MAXHUMAIN fue un escueto corto (6 minutos) que Reygadas filmó en Bélgica tras reconocer que su futuro como jurista internacional no iba a llevarlo a ninguna parte. Allí encontró financiación, apoyo moral y, en fin, una justificación para convertirse en cineasta. MAXHUMAIN es, si acaso, un guiño a Buñuel, melancólico y turbador, con el ruido del oleaje en una playa de fondo y una sencilla conversación entre un niño y su madre. Buscando el punto de ruptura, de improviso, Reygadas, sin avisar, convierte al niño en joven y muestra el pecho semidesnudo de la madre; se logra así el efecto surreal u onírico del relato soñado o simplemente evocado. Con aún una carta más que mostrar, el corto se cierra con otro personaje (quizá sueño también) que asiste horrorizado al crecer de la marea sobre su cuerpo inmóvil y que luego Reygadas ha usado como imagen-icono recurrente. No es que sea un impacto bestial, y de hecho me parece un corto bastante normalito, pero es cierto (suele ocurrir) que pueden rastrearse constantes en su cine posterior.
Saludos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!