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miércoles, 4 de marzo de 2026

Ser bueno es malo


 

90 años separan la maravillosa película de Alfred Hitchcock de la más que estimable revisitación que Kleber Mendonça Filho ha realizado sobre el género canónico de espías. O AGENTE SECRETO no oculta dos cosas a lo largo de sus apasionantes casi tres horas: su naturaleza mutante, desglosada en un mestizaje de tonos que la llevan de la comedia surrealista al thriller físico o el drama social; pero también el respeto que el director portugués le tiene (y nosotros que lo celebramos) a un montaje que jamás responde a impulsos aleatorios, para conectar con eficacia esta hitchcockiana epifanía que aúna la magia del carnaval, la fascinación del cinematógrafo, los malos muy malos porque nunca pagan sus fechorías y un antihéroe, Marcelo, que, al mismo tiempo, sabe cuál es su cometido pero no comprende por qué le ha tocado. Lo que le ha tocado es huir tras ser señalado por un especulador sin escrúpulos, que lo sentencia al no doblegarse como director de investigación de una universidad, a cederle los derechos de explotación. Mendonça Filho, responsable de la maravillosa DOÑA CLARA, vuelve a regalarnos una película confortable y angulosa, inabarcable e intimista; un vistazo a la carroña de la dictadura, sus monstruos y supervivientes, donde caben ritos de purificación, piernas encontradas en el estómago de un tiburón o cadáveres abandonados en gasolineras que nadie reclama. En esa esperpéntica dualidad, el film igual invoca al maestro británico, los hermanos Coen o al mismísimo Pasolini, con la esperanza de abarcar una amplia bocanada de un país y un momento, que por aberrante no deja de tener vigencia. Me parece sorprendente (e incluso excesivo) la doble nominación a los oscar (mejor película y película internacional), porque no apostaría a que gane ninguna de ellas, pero atención a Wagner Moura...
Saludos.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Rincón del freak #668: Pepito el Caja quería ser guitarrista


 

Imperdonable no haber abordado hasta hoy la figura de José Mojica Marins, uno de esos casos extraordinarios en los que el amor al cine lleva a alguien, sin conocimientos ni recursos, a levantar una obra contra todo pronóstico. Marins, hijo de emigrantes españoles, es, a menos que alguien lo desmienta, el primer cineasta en hacer terror en Brasil. A lomos de un personaje tan estrambótico como deudor de los primeros clásicos, Zé do Caixâo, un enterrador nihilista, logró filmar al menos seis largos desde los años sesenta, aunque se calcula que dejó inéditas una veintena de proyectos. En este sentido, INFERNO CARNAL, de 1977, supuso un aparte, puesto que Marins interpretaba al Doctor Medeiros, un obsesivo científico, que es traicionado por su esposa, desfigurado con ácido y quemado en el incendio provocado por el amante de ella, presentado como supuesto amigo, y que luego se pega la gran vida con el patrimonio de Medeiros, que urde un diabólico plan para vengarse. Con unas características uñas larguísimas, que se dejó crecer durante varias décadas, Marins introdujo un cine trash casi de guerrilla, con costes ínfimos, que a mí me parece una adorable mezcla del giallo italiano y los clásicos de la Universal, con un trasfondo moralista de telepredicador y un diseño de producción de teletienda. Vaya, una gozada para quien nade habitualmente en las periferias del género más marginal.
Saludos.

sábado, 22 de marzo de 2025

Sonrían, por favor


 

No sé si es posible encontrar belleza en el horror, pero mis respetos a quien lo logra, porque ahí se definen los contornos, suaves y perfectos, de la dignidad. Con Walter Salles siempre tengo el mismo problema, porque me parece un superdotado que tiende a relamerse en su propios hallazgos, lo que no resta nada de sus méritos, que no son pocos. Y tiendo a describir los muchos ánimos que me han traspasado a medida que veía AINDA ESTOU AQUI, que pasa desde ya por ser el film que más me ha sacudido de los comparecientes al oscar. Basada en la novela de Marcelo Rubens Paiva, relata la detención y desaparición de su padre, el arquitecto Rubens Paiva, en la cruenta dictadura que por entonces regentaba Garrastazu Médici. Pero no es hasta que el foco se centra en la figura de la madre, Eunice, que la historia encuentra el sentido y el equilibrio, gracias a la descomunal interpretación de Fernanda Torres, sentando cátedra sobre cómo una actriz es capaz de llenar la pantalla viniendo desde la más absoluta discreción. No se comprende la película sin Torres, su capacidad de encarnar el fuera de campo con apenas un gesto, una mirada, en esas maravillas que compendian el "siempre estuvo ahí". Ganadora del oscar a mejor película internacional, creo que muy merecidamente, tenemos el emotivo, elaboradísimo retrato sentimental y familiar, con un arco de más de cuarenta años; y por otra parte la denuncia, angustiosa, donde se siente la impotencia, la impunidad de los criminales; para culminar con esa "explosión de dignidad", muy necesaria para evitar el olvido, sobre todo en estos tiempos en los que parece que está de moda ensalzar a los que no son más que pobres hijos de puta. Hay que decirlo claro, y esta película lo dice muy alto y muy claro, pero, como su protagonista, sin renunciar a sonreír en la foto, porque hay cosas que nunca te pueden arrebatar...
Dura, hermosa, necesaria.
Saludos.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Madres amantes


 

AS BOAS MANEIRAS, además de una propuesta singular como pocas en el panorama fantástico, es una película que, precisamente en su irregularidad, encuentra caminos tangenciales para extraer su valía como relato de sororidad femenina, justo antes de implosionar hacia terrenos más propios del terror canónico. Clara es una mujer que intenta abrirse camino desesperadamente, hasta que llega a la casa de Ana, que busca una ayudante a tiempo completo hasta que tenga al bebé que espera. Ese primer tramo está espléndidamente construido, apoyado en dos magníficas actrices, que transitan por una improbable camaradería, dado lo opuesto de su extracción social, pero que nunca chirría merced a un guion sin estridencias, y que introduce el elemento sobrenatural con suave cadencia, la que da paso a una amistad hermosa pero imposible. Me resisto a contar mucho más, puesto que el film se va hasta más allá de las dos horas, con un giro que no por esperado es más chocante. Me hubiese gustado ver qué deriva tomarían los directores de haber exprimido más esa ejemplar historia entre dos mujeres golpeadas, que encuentran el sosiego la una en la otra. Aun así, estamos ante dos creadores con el suficiente criterio como para esperar futuros proyectos, ya que éste fue su última colaboración y data de 2017.
Esperaremos.
Saludos.

jueves, 17 de marzo de 2022

Escenas desde la celda


 

Y el galardón lo consiguió William Hurt con uno de esos papeles que para un actor son un puro regalo. KISS OF THE SPIDER WOMAN, vista hoy, acumula tantas deficiencias (de ritmo, ubicación, incluso de tono), como estampas que quedan indelebles, y todas tienen de fondo el colosal trabajo de Hurt, que no se queda en el retrato de lo que vemos, un homosexual encarcelado en un régimen dictatorial, sino que a través suyo, de sus gestos, decisiones, relatos y omisiones, comprendemos ese "otro mundo" que queda siempre fuera de campo. El film se desarrolla casi por entero en esa celda infecta, compartida con un activista, un preso político, interpretado con igual intensidad por Raul Julia. El choque de esos dos caracteres tan opuestos desborda el drama carcelario, y se encamina hacia los terrenos de una solidaridad imposible, extrañamente dual, sobre todo cuando en un momento dado conocemos el papel real de ese prisionero, que puntualmente recibe regalos de "mamá". Todo esto está mejor narrado en la novela del argentino Manuel Puig, y las evasiones en forma de relatos se imbrican con el insoportable día a día de estos dos hombres, que se nos presentan como dos absolutos extraños, para terminar conformando una hermosa historia de amistad y amor, en la que ambos son perdedores aunque no lo sepan. Es un film que se hace un pelín largo, pero aún estremece ver a un extraordinario actor convenciéndonos de que su imponente físico llega a esconder una frágil feminidad.
Imprescindible.
Saludos.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Hombres y vacas



A menudo nos quejamos de la poca inventiva del cine comercial, tanto como del desdén por la narrativa del considerado "alternativo". En el difícil equilibrio está la virtud, en encontrar ese punto justo que nos deje pegados a la pantalla por lo que se nos cuenta, tanto como por cómo nos es contado. No es el caso de BOI NEON, una película brasileña que no encuentra su forma, sino que la impone al prescindir de un motivo principal que haga confluir y atraiga la dispersión de dichas formas. Gabriel Mascaro, notable documentalista, se topa con la siempre fastidiosa tarea de imponer a sus personajes que hagan algo, que digan algo; y lo que en el documental surge naturalmente, aquí se ve forzado, con la indecisión de abandonarse a la estética en perjuicio del argumento. Éste gira en torno al día a día de un grupo de personas que trabaja en una vaquería en el Norte de Brasil. El "protagonista" sueña con diseñar vestidos, y pasa las noches cosiendo los que se pone su amiga, que actúa como bauilarina exótica. Vemos las modestas inquietudes del grupo, sus quehaceres rutinarios y sus escasos momentos de dispersión; todo con un estilo naturalista, nada estridente, pero que afloja las expectativas a medida que el metraje se va consumiendo y nos damos cuenta de que, efectivamente, no hay nada más que contar. Es, en mi opinión, uno de esos films que te encuentras en un festival y te pone de mala leche porque la tuviste que elegir de segundo plato. A su director, como tantas y tantas veces digo, a su interesantísimo empaque visual, le vendría de perlas un buen guionista, y si es con un buen guion, mejor que mejor...
Saludos.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Los cimientos



AQUARIUS es el nombre de la película, también es el nombre del edificio donde vive Doña Clara. Esto es importante, y ésta es una película que habla de las cosas importantes. DOÑA CLARA también es el nombre de la película, y es la mujer que habita el edificio Aquarius, su única inquilina. Las cosas importantes, por las que merece la pena vivir, son sencillas; rodearte de los tuyos y poner tus discos con una copa de vino en la mano, a las seis de la tarde, con fotografías que se convierten en recuerdos, pero que no se sienten como momentos perdidos, sino remembranzas que sirven para repuntar el presente, hacerlo más sólido. A Doña Clara, que ya vive sola, con la única compañía de la sensación de haber sido todo lo feliz que uno puede ser, la quieren echar del edificio; y los especuladores no poseen esa ralentización, ese fuego lento de los verbos y ese paladeo de las notas de Jobim, porque han mutado inhumanamente, de personas a insectos, y sólo conciben el beneficio rápido y a cualquier coste. Si AQUARIUS fuese una película más, todos habríamos llorado con el injusto y terrible acoso al que es sometida Doña Clara, pero Kleber Mendonça Filho realiza un estimable ejercicio proustiano y se coloca en primera persona para que seamos testigos directos de la vida de una mujer y podamos entender con precisión su negativa a abandonar su casa. En estos tiempos de prisa y beneficio inmediato, es difícil encontrar historias pacientes, dignas, que requieren nuestra atención; pero este es el motivo principal del film, que su ritmo, su calmado pulso signifique su verdad oculta, porque no hace falta contar nada en una reunión para comprender la felicidad que se desprende de las miradas, las confidencias, los recuerdos y los suspiros. Por todo eso, AQUARIUS es un film excepcional, que también nos interpela directamente y nos pregunta si para nosotros también ha merecido la pena todo esto...
Saludos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Rincón del freak #251: Datos insignificantes sobre la realidad disminuida



Día de Navidad tras los excesos y desmesuras propios de una celebración religiosa... Me permito desaconsejarles que en días así les dé por ver una película como ZOOM, una amalgama descabezada de imágenes de rotoscopio y fetichismo despendolado que, como era de esperar, ha hecho las delicias de una horda de nuevos cinéfilos capaces de ver originalidad en cosas que se han hecho ya miles de veces. Lo que yo vi fue una mala praxis a partir de Linklater, con personajes mal dibujados (no es un chiste) y una especie de trama ininteligible con espías, latin lovers y tetas de silicona, justo donde Hal Hartley empezó a desmoronarse como guionista, justo donde el término "pedante" cobra más sentido que nunca. Ni siquiera es divertida, ni siquiera provoca por muchos consoladores XXL que agiten en nuestras narices, y ni siquiera es "rara", "excéntrica", no. Es, simplemente, aburrida como el demonio...
Saludos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Rosa que esconde negro



Que 1969 fue un año decisivo para que el cine fuese considerado como algo más que puro entretenimiento queda patente en multitud de obras que han abordado temas espinosos como las guerras, los abusos de poder o el racismo; y no fue hasta ese año que los actores y actrices negros dejaron de "figurar" como un exotismo más o menos solvente y reclamar su propio espacio en pantalla. Era un momento candente en todo el mundo, 1968 había abierto más heridas de las que había intentado cerrar y parecía inevitable que llegaríamos, poco a poco, a este trasunto de pacto social fatigoso y avejentado. Por entonces Brasil semejaba uno de los pocos destinos alejados del blanco y negro moral de una América incapaz de resolver sus miserias bélicas y una Europa cuya pasividad no podía provenir sólo del exceso de diplomacia. Brasil, como África, quizá en menos medida, lleva siglos siendo un país con dos caras; y para no extenderlo, entendamos que los blancos lo llenaron de negros, luego fueron para explotar a esos mismos negros, luego inventaron la democracia para que los negros, en mayoría, no se sublevaran y finalmente se aparearon e inventaron el apaciguador máximo: el mulato. Es curioso, pero no son muy abundantes las voces provenientes de este país que hagan referencia expresa al vergonzoso racismo, casi socialmente estructurado, que se ha sufrido desde que los tangas y el fútbol sustituyeron a las cadenas. Sin embargo, hay un film de 1969 que se atrevió a tocar directamente este tema, y lo más interesante es que no lo hace alabando las bondades de los negros, sino colocando a éstos en su propia encrucijada vital: al ser también inteligentes, serán conscientes de sus problemas, y por tanto, responsables. Su nombre fue EM COMPASSO DE ESPERA y fue el único acercamiento al cine de Antunes Filho, prestigioso director de escena teatral. Con un inicio muy próximo a los ecos y temblores de la nouvelle vague, el film gira en torno a Jorge, un negro que además de bello es inteligente. Jorge escribe poesía comprometida, y por eso es asimilado por los factores de izquierda progresista, pero es vilipendiado por la derecha. Sin embargo, Jorge disfruta de una cómoda posición gracias a que es mantenido por Ema, una mujer blanca obsesionada con él; posición que, por ejemplo, dista mucho de la mediana pobreza de su propia familia, que no ve con buenos ojos el doble juego en el que anda enfrascado y del que intentará salir tras conocer a Cristina, una joven blanca de familia acomodada. A partir de ahí, el film gana en complejidad y aspereza, y muestra un Brasil cada vez más desesperanzador y hostil, con un episodio brutal en la playa y un personaje central, Jorge, que no puede dejar de preguntarse quién es realmente y si sólo existe gracias a que hay "otros" que permiten que exista. Una película irregular, que no ha envejecido del todo bien, pero que más allá de la curiosidad que pueda suscitar contiene varias reflexiones no tan manidas como las que hoy día nos suelen meter por los ojos.
Saludos.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Las utopías inútiles



En 1997, el veterano director Bruno Barreto, responsable de algunos títulos por debajo del sonrojo a mayor gloria de aquella primeriza Sonia Braga, pareció tener un súbito ataque de arrepentimiento concienciado y filmó O QUE É ISSO COMPANHEIRO?, basado en un suceso real acaecido a finales de los convulsos años sesenta y que relataba la estrambótica peripecia de un secuestro, el del embajador norteamericano a cargo del Movimiento 8 de Octubre. Sinceramente, si están interesados en ahondar en dicho secuestro yo les remitiría a otra cosa, porque el film en sí no consigue aclarar casi nada, ni las motivaciones de los secuestradores (sí, la idea es la liberación de 15 activistas presos, pero al no mostrarse imágenes de los mismos queda como muy vago), ni la figura del embajador (Alan Arkin está correcto, pero pareciera cohibido), ni, finalmente, un posible desarrollo narrativo que confiera una tensión real a la trama. En resumidas cuentas: una curiosidad con momentos de alrmante calma chicha, una pobreza de medios que no queda solventada con habilidad de cineasta experimentado, y si tuviese que salvar algo, sería la traslación para el público europeo de un Brasil muy alejado de las habituales estampas coloristas; así de prometedor empieza el film, pero desgraciadamente terminamos sorprendentemente hastiados de interiores sombríos, tipos encapuchados y personajes paralelos (el grupo policial que intenta localizar a los secuestradores) que para lo que aportan se podían haber quedado en el esbozo extemporáneo y tampoco hubiese pasado nada. Sí, flojita más que exótica.
Saludos desde el zulo.

viernes, 1 de abril de 2011

Retroacústica invertida



No comparto el entusiasmo por CIDADE DE DEUS, lo he reiterado por activa y por pasiva; me gustan algunas cosas, sí. Por ejemplo que funcione tan bien su engranaje interno, aunque no vaya más allá de un blockbuster de gama alta, bonito de ver aun cuando el trasfondo de lo que se cuenta mantenga una negrura que no puede disfrazarse. Es ahí donde me pierdo, o puede que sea Meirelles el que desaproveche la magnífica oportunidad de hacer una denuncia en toda regla y no el enésimo film de aventuras con excusa de conciencia social. Aquí hay mucho de Tarantino, de Frankenheimer, de Scorsese y del planteamiento técnico de MATRIX; en las favelas pasa todo eso, claro, y mucho más, y puede que sea imposible que un equipo de rodaje pueda internarse en las entrañas de la bestia y describir toda la miseria y el horror convertido en cotidianidad. CIDADE DE DEUS hace un poco más soportable el proceso de desmoralización progresivo de un grupo de personajes desde su infancia hasta una madurez que no es tal, pues queda detenida a los veintitantos años. Entre las sucesivas oleadas de violencia, extorsión, tráfico de drogas y de armas, el personaje conductor de Buscapé resiste con dignidad y logra su sueño de convertirse en fotógrafo haciendo precisamente (y esto es un poco desalmado, ya lo sé) lo que el film no logra en ningún momento: siendo testigo de primera mano. No me malinterpreten, como película de entretenimiento es absolutamente recomendable, todo un descubrimiento de pulso visual que a su director le valió un billete de ida a Hollywood; sin embargo, yo no lanzaría las campanas al vuelo, CIDADE DE DEUS no es JUVENTUDE EM MARCHA, y es ahí donde deben ustedes buscar si pretenden que el cine les devuelva (y esto sólo ocurre muy de vez en cuando) un trozo de realidad en forma de bofetada. Esto es otra cosa, no lo duden.
Saludos deificados.

sábado, 4 de abril de 2009

Una metáfora demasiado evidente

La nueva película de Fernando Meirelles lo va a tener complicado para subsistir en el tiempo, lo que va a entristecerlo una barbaridad, seguro. El director brasileño lo ha dispuesto todo para trascender, al modo de Iñárritu con BABEL, queriendo abarcar demasiado. Y, sí, es cierto que BLINDNESS es una adaptación de la novela de José Saramago; en la forma lo es, incluso de manera mimética, pero en absoluto en lo más importante: el fondo.
Leí la novela hará un par de años y, dejando de lado el realismo sucio empleado por Saramago, entendí modestamente que el autor portugués pretendía, fundamentalmente, marcar una alegoría explícita sobre la sociedad moderna. La ceguera como acertada metáfora para explicar cómo no prestamos atención a lo que tenemos delante hasta que lo perdemos de vista. Por lo que la historia toma dos vertientes que conviene no separar para no caer en la parodia suave. Meirelles arrastra un gran lastre desde CIDADE DE DEUS, una cinta tan tramposa como sobrevalorada, y es que se ha marcado la imposible meta de ir más allá en cada trabajo, lo que no sólo es imposible sino hasta contraproducente. Por un lado, vemos una cuidada ambientación, con los mismos pasillos en progresiva degeneración, la abyección humana, los instintos desatados por la desesperación, la esperanza en forma de dignidad. Eso es lo que vemos. Lo que no vemos por ninguna parte es qué parte de enseñanza o aprendizaje corresponde a cada personaje, ni rastro de la aguda penetración psicológica del premio Nobel, por lo que el film vaga como un alma en pena, como esos zombis que transitan lentamente por las calles de la ciudad devastada. Una pena, porque el texto daba para mucho más, pero es el precio que hay que pagar por tener a Ruffalo, Moore, García Bernal y distribuirlos adecuadamente, que al final no sabemos hacia dónde dirigir la mirada.
Saludos que no ven...
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!