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jueves, 12 de septiembre de 2024

Correr o huir


 

Hay muy poco que reseñar sobre FERRARI, el supuesto biopic de Michael Mann sobre el mítico constructor, ni como documento histórico ni como el ejercicio de estilo que cabría esperar en un director que, al menos, puede ofrecer ese magma fílmico tan característico. Es una película aburrida, mal montada, desganada en los diálogos e incluso poco dada a la mitificación, que a priori parece la única vía para abordar un personaje tan enigmático y controvertido como el de Enzo Ferrari. Adam Driver hace lo que puede por no inventarse un personaje que no le pertenece, Penélope Cruz vuelve a tirar del catálogo "magnaniano", y el film discurre entre la soberbia puesta en escena de unos vehículos tan bellos como mortíferos, las pecuniarias tribulaciones de una empresa que se ahoga entre sus artículos de lujo, y la braguetil vida amorosa de este señor, que aparte de fabricar coches de carreras es más bien grisáceo y hasta antipático. Un resbalón no obstante esperable, por cuanto Mann siempre ha sido mejor director cuando menos ha contado, y ya no digo si encima pretende ser veraz y fidedigno, porque ahí se convierte en un cineasta abocado a una pedantería insufrible. FERRARI está entre lo peorcito suyo, y no tengo más que añadir.
Saludos.

martes, 16 de julio de 2024

Ejemplos anteriores


 

Llevaba muchos años, demasiados a lo mejor, queriendo ponerme con MANHUNTER, un film en mi opinión injustamente olvidado, eclipsado incluso por la conmoción que supuso (ojo, sólo cinco años después) EL SILENCIO DE LOS CORDEROS. Es cierto que, mirada con perspectiva, la exposición de la obra de Thomas Harris da la impresión, argumentalmente, de ser un extraño refrito de todo lo que hemos visto después (serie incluida), pero hay que hacer un aparte en el trabajo, en el más amplio sentido de la palabra, de Michael Mann, que efectúa aquí uno de sus films más depurados y anticipatorios. Filmada en 1986, casi todo lo que vemos es puramente "ochentero", sea eso lo que sea, pero la impresión final es la de encontrarnos, varios años antes, con una especie de protodigital, medio del que Mann ha sido defensor y visionario. Aun con todos sus problemas narrativos (inherente a su director), estamos ante un thriller fascinante, emisor de una oscuridad inquietantemente prístina, seguimos al investigador Will Graham (un contenido William Petersen), reclutado para seguir la pista del "Dragón Rojo", para lo que recurre nada menos que a Hannibal Lecter (Brian Cox, marcándole el camino a Mr. Hopkins), en un apasionante duelo de inteligencias superiores. Todo lo que crea Michael Mann, visual o argumentalmente, ha sido usado con posterioridad, y no estoy tan seguro de que mejor. Por todo ello, no es mala idea recuperarla, tanto si se es fan de esta sangrienta saga como si se es profano, y volver a darnos cuenta de lo escurridiza que es la palabra "original".
Saludos.

miércoles, 30 de junio de 2021

Películas para desengancharse #83


 

Summum del agotamiento por acumulación, sigo sin verle esa supuesta grandeza a HEAT, más allá de su absorbente colección de iconos, quizá la más obsesiva e indisimulada de la historia reciente. No pongo en duda que efectivamente sea la catedral sobre la que orbita el cine de Michael Mann, y uno puede resolver muchas dudas razonables acerca de esa inagotable búsqueda de la "imagen fuera del concepto". Es la dinámica al servicio de la técnica, y no al revés; es ver gente corriendo sólo para que se levante la chaqueta y la corbata; y también es el extraño deseo de autodestrucción, por el medio del único rival digno. A mí me parece que su trama es repetitiva e hinchada de esteroides, o que sus personajes no tienen nunca claro qué es lo próximo que van a hacer, aunque pongan cara de que sí lo tienen claro. Por otro lado, la vida le sonríe a quien saliva con estruendos, ataques de ira y exabruptos gratuitos; aunque ya sabemos que todos venían aquí para ver un contraplano (tampoco muy creativo) entre los dos protagonistas, unos Pacino y de Niro, siempre en riesgo de desaparecer entre tanta excusa desmesurada. Es entretenida, intensa, y su tono de tragedia clásica mantiene el interés aceptablemente, pero sigo defendiendo que su sinopsis no es para casi tres horas. 
¿Lo peor? Lo peor es su horda de defensores a ultranza, que son ya muy pesados... Y el peinado de Val Kilmer.
Saludos.

sábado, 17 de abril de 2021

En defensa del precursor


 

Aún más claro me parece el caso de THIEF, el flamante debut en la dirección de Michael Mann (pese a su larga trayectoria televisiva), que a día de hoy, aun pasando 40 años, sigue siendo un film incomprendido, pero al que deberíamos mirar con suma atención. Lo que hace Mann, literalmente, es abrir una puerta a un estilo (por mucho que él mismo odie esa palabra), entonces involuntariamente, pero sobre el que pivotaría el discurso de directores menos dotados para la creación genuina. Títulos como DRIVE o THE GUEST, que invocaban una especie de adoración por un tiempo (los 80), un espacio (las calles nocturnas y solitarias), y un protagonista lacónico pero con un férreo propósito, que no puede hacer más que perder. En este caso se trata de un ladrón, experto en abrir cajas fuertes de todo tipo, que, tras pasar 11 años en la cárcel, se plantea un último gran golpe y retirarse definitivamente. Nada que no hayamos visto antes, cierto, pero Mann transgrede el entramado clásico y ofrece una obra extraña, prácticamente posmoderna. Porque las nuevas generaciones han babeado mientras veían a Ryan Gosling desplazarse lentamente por las notas de Cliff Martinez; aquí, hay hallazgos visuales como la espectacular destrucción de una caja a más de 3000º, mientras Tangerine Dream desafía los scores tradicionales con su entramado de sintetizadores. Es un western, es cine negro, es un vistazo a la psicología del delincuente, y por supuesto es una película que nos da la razón a los que tantas veces hemos dicho eso de "ya se había hecho antes". 
Mucho más apreciada en Europa que en América, llegó a estar nominada a la Palma de Oro (que no está mal para un debutante), e iniciaba el particular universo de su creador, quizá no tan original, pero luego mil veces imitado.
Saludos.

viernes, 16 de abril de 2021

En defensa del verdadero riesgo


 

Hoy, y mañana, este espacio va a estar dedicado a algo que ni siquiera yo sé explicarme muy bien, pero que me parece congruente con el estilo "siempre a la contra" de este blog. Primeramente, porque nunca he sido un gran admirador del cine de Michael Mann, aunque aprecio bastantes películas suyas; mi crítica hacia su cine ha sido, al mismo tiempo, una defensa, ya que le veo cosas magníficas cuando se ciñe a ellas, y mediocres cuando pretende hacerse pasar por un tipo de cineasta que nunca ha sido. El cine de Mann es un cine de sensaciones, de golpetazos, olores, sabores, como recuerdos que nos son ofrecidos en tiempo presente. Un cine, creo, que gana en la indefinición, y se vuelve disperso en una concreción que le convierte apenas en un narrador artesanal con oficio. Y puede que sus primeras películas no sean las más defendibles, pero me la voy a jugar con las dos primeras, y por distintos motivos. Vaya por delante que THE KEEP no me parece una gran película ni de lejos, pero tampoco me parece un horror. Porque lo que de verdad creo es que Mann se lió a la hora de adaptar la novela de F. Paul Wilson, iniciadora de una exitosa serie de seis tomos, que aunaba horror cósmico y fuerzas armadas, en mitad de la WWII. De hecho, cada vez que se intenta explicar el porqué de la fuerza maligna, atrapada en esa extrañísima fortaleza en un recóndito paso montañoso en los Cárpatos, el film se vuelve más ridículo. Sin embargo, cuando el narrador pasa a ser Alex Thomson (recuerden, director de fotografía en EXCALIBUR), la película adopta un estadio diferente de percepción, invocando una historia que nos lleva desde Ctulhu hasta Alien, por poner dos ejemplos contrapuestos, o no. Otro error es el casting, porque no hacía falta hacer pasar por ese trago a actores de la talla de Scott Glenn, Gabriel Byrne o Ian McKellen, cuyas intervenciones parecen (siendo benévolos) insertos shakesperianos en una serie Z de monstruos de goma. Una película ciertamente extraña, casi inclasificable, rozando tanto la experiencia sensorial como la comedia involuntaria; con un montaje criminal, una fotografía, insisto, maravillosa, o una banda sonora a cargo de Tangerine Dream, que los seguidores del grupo identificamos fácilmente como un collage de obras suyas... que ya ni eso.
En definitiva, un título muy olvidado de su autor, pero del que hoy día se pueden extraer lecturas interesantes si se sabe mirar con paciencia... y mucha indulgencia, claro.
Hoy ha sido la segunda, y mañana la primera ¿Por qué?... No lo sé, la verdad.
Saludos.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Películas para desengancharse #45



Existen diversos desenganches fílmicos, y el más agradecido es el que te permite, como espectador, desembarazarte de los tópicos más típicos de esta odisea que es ver cine y añadirle algo de criterio. THE LAST OF THE MOHICANS cumple por estos años la nada desdeñable cantidad de 25, y podríamos aseverar, sin temor a equivocarnos, que es uno de esos films "intocables", un tótem al que el espectador más esporádico y guadianesco vuelve una y otra vez como referencia ineludible y casi traumática (un buen trauma, claro), con lo que, estando ya en otras cosas, no es raro ese incómodo parlamento en el que se nos obliga una y otra vez a rescatar a Daniel Day-Lewis corriendo con la melena al viento, sostenido por la algo reiterativa banda sonora de Trevor Jones. EL ÚLTIMO MOHICANO ha sido de esas películas que han destruido gran parte de la afición al cine, una enmienda a la totalidad que aspiraba a no dejar resquicios ni dudas tras sus rotundos planteamientos, lo cual no tiene nada que ver con su calidad intrínseca, que es incuestionable e incluso parece incrementarse a cada nuevo visionado (el Director's cut que ha salido por su 25 aniversario es impresionante). No, el problema de esta gran aventura, de formas y tiempos clásicos, no es otro que esa contribución histérica a formar "incinéfilos" (y permítanme la brutalidad léxica), o aún peor, resolver, mediante sus poderosos iconos, que ya podríamos morir tranquilamente de confort.
Saludos.

jueves, 9 de junio de 2016

Cuadrilátero



Esta semana pasada murió Muhammad Ali, Cassius Clay. Un mito. Un boxeador.
No soy amante del boxeo, pero me maravilla volver a ver TORO SALVAJE, y me entusiasma toda la mitología creada alrededor de la interminable saga de ROCKY. Películas sobre boxeo las hay, muchas, y muy buenas, pero se sabía desde el mismo momento de su concepción que no iba a ser sencillo afrontar la figura de Ali, un tipo contradictorio, indomable, quizá demasiado humano, o como dijo alguien, demasiado imbécil como para creer que podía perder... Está, por tanto, el hombre, el mito, la leyenda que fue un punto y aparte en los pesos pesados, que demostró que la ingravidez haría hincar la rodilla a los golpes de ariete; la técnica contra la potencia, en una forma de boxear que, dicen los entendidos, ya no ha vuelto a verse. Pero ALI es una película, y hubiese necesitado algo más de colaboración entre todos sus elementos; no es que Will Smith esté mal, y puede que sea su mejor interpretación, pero su carisma acaparador no encuentra acomodo en el teleobjetivo de Michael Mann, que a lo largo de su dilatada carrera parece haberse impuesto la complicada tarea de lidiar con los actores de mayor fama. Llevarlos a su terreno ya es otra cosa, y es el gran problema que le veo a este film pretendidamente "grande", "mayor", que parece saltar a trompicones de un lugar a otro cuándo para su exceso de verborrea, justificado en el caso del protagonista, pero finalmente cansino por acumulación. Y no digo que no fuese, o sea, un buen homenaje fílmico a uno de los deportistas más importantes de todos los tiempos, como tampoco puedo afirmar que Mann no sea valiente e intente mostrar sus rincones más oscuros, en especial los referidos a su supuesto antiamericanismo. No, es otra cosa lo que le falla, algo que se interpone entre su engranaje interno y la percepción final que nos llega y nos deja un poco fríos. En su favor diré que no concibo de qué forma podría mejorarse... Ah, sí. Sin las prótesis de Jon Voight...
Saludos.

viernes, 15 de mayo de 2015

Mens sana...



En su última película, Michael Mann se la juega al intentar conciliar elementos alejados entre sí, no tanto en lo conceptual, aunque sí en lo meramente formal. La crítica así lo ha percibido y tampoco se pone de acuerdo. Concebida como un thriller posmoderno, BLACKHAT le ha gustado más a los defensores de la vanguardia cinéfila, y menos a los "reminiscentes ortodoxos"; y es raro, porque su enredadera argumental, en torno a superhackers terroristas, minas de estaño y caos conspiranoico, palidece en comparación a las mejores escenas del film, que son las de las hostias y los tiros... A mí ya me dejó frío aquello del "Enemigo Público", porque no conseguí apresar lo que Mann quería contar realmente; BLACKHAT me gusta un poco más, porque la veo menos ingenua, con más peso específico y con una puesta en escena soberbia, difícil de realizar por la delirante itinerancia de la acción. Y reconozco que Chris Hemsworth no está mal, que es un buen actor al que el físico no le ayuda, pero que tiene recursos interesantes y que parece tomarse su trabajo muy en serio. Resulta difícil de creer, pero también, en pleno Siglo XXI ¿qué otro actor podría metamorfosearse de experto en computadoras a máquina de matar? BLACKHAT es una suma de profesionales, muy correctos, muy dignos y muy concentrados; y puede que al conjunto le termine por faltar algo más de aire. pero como artefacto de su tiempo, creo que su director e ideólogo ha encontrado una fórmula más que aceptable para facturar cine de aventuras sin caer en clichés de salón. Los mismos en los que una y otra vez caen los críticos...
Saludos.

sábado, 20 de agosto de 2011

Tiempos nuevos, tiempos salvajes



COLLATERAL es una película que había empezado a ver unas cuantas veces sin llegar a verla entera; el oltro día cambió la cosa. Decidí entregarme al mundo de Michael Mann, al que no le importa lo más mínimo "hipotecar" su integridad intelectual con tal de que los parámetros de su cine se mantengan bien sujetos a ese mundo, en el que imperan los cambios de ritmo, la tensión creciente y el respeto a la verosimilitud de una trama que siempre flirtea con el desastre. Iconoclasta, lacónico y expresionista, Mann logra en este film sublimar lo que inició hace ya bastante tiempo con aquella barbaridad que atendía al nombre de Miami Vice, le pese a quien le pese, una de las series más acojonantes de todos los tiempos. Y sublimar es jugársela nada menos que con una pareja imposible, formada por un muy creíble Jamie Foxx y un Tom Cruise que se mueve como pez en el agua encarnando a un implacable asesino que ha de eliminar a una serie de testigos en una sola noche. Cruise parece entender por una vez que un buen actor no ha de dar la cara, sino dejar que su personaje lo haga por él; y este personaje, un caramelo, no habla, sentencia; y tiene un extraño sentido del humor y del honor; y es una máquina de matar, pero podemos leer entre líneas, en su aviesa mirada, que lo más difícil para él no es matar sino mantener intacto su estatus moral, en este caso rozando posturas nihilistas. Es por ello que puedo atisbar mucho del personaje de Cruise en el propio dilema de Mann, una vez postulado su discurso, por mantenerlo a flote, defenderlo en una industria cada vez más banal. COLLATERAL puede que sea su mejor película, la más redonda, la más entretenida, la más original y la que abrió ese nuevo género dentro de otro género, en el que ni los malos son tan malos, aunque sean malos, ni los buenos tienen cojones para ser malos, aunque les gustaría. Sé que la han visto, así que les ahorraré las monsergas y sólo les diré que para un sábado por la noche está de puta madre... Dicho queda.
Saludos a sangre fría.






miércoles, 16 de septiembre de 2009

Fuego cruzado

El principal problema de PUBLIC ENEMIES, porque tiene varios problemas la cinta de Michael Mann, es no saber uno muy bien a qué carta juega este hombre. Ligeramente, diría que la nueva revisión sobre el mito de John Dillinger, aderezado con la génesis del F.B.I. y sus costurones morales sobre el poli malo, el buen ladrón y el vive rápido, es otro tratado esteticista a la búsqueda incansable de la imagen más allá de la narración, confiando más en un granulado preciso que en un diálogo certero.
Muchas de las cosas que pasan aquí no se las cree ni Mann, ni nadie que no se haya dejado llevar por la hipnótica cadencia de sus personajes ejercitando su ballet de balas (un bullèt, si me permiten el palabro); muertos que sólo mueren tras la última y lapidaria frase; las escapadas a la remanguillé; los tiroteos que parecen sacados del equipo A o los personajes que aparecen y dcesaparecen allá y acullá sin embozo alguno. Es decir, que la peli está entretenida, pero no más que cualquier otro producto comercial nacido para el consumo y el olvido; lo que me chirría es el estatus que Mann, repitiendo la misma fórmula hasta la extenuación, ha logrado entre buena parte de la gente que nunca hubiesen pensado en aclamar Miami Vice (me refiero a la serie), auténtica piedra angular del cine de este hombre. Y es que la diferencia entre Mann y, por ejemplo, John Woo, favorece a este último en el sentido de que el hongkonés nunca pretendió deslumbrar al jurado de Cannes, algo que lleva buscando Mann desde hace demasiados años; una de las cosas que debería aprender, entre ráfaga y ráfaga, es a dirigir actores, otra sería tomar clases de guión con David Mamet o, en su defecto, no aparecer como integrante de un insólito tripartito.
De momento se confirma lo que dije no hace mucho: si éste es el nivel de los pesos pesados del año, nos esperan unos oscar el año que viene de agárrate y no te menees.
Saludos de un fugado.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!