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martes, 19 de marzo de 2013

Acerca de profesionales especialmente sólidos



Me motiva bastante reivindicar la figura de Budd Boetticher, y, por extensión, la de esa larga nómina de directores a menudo maltratados por la pedantería de críticos miopes, aunque en la mayoría de ocasiones sean bien recibidos por el público. Boetticher es un gran olvidado, casi un perfeccionista de una sola obra y responsable de algunos de los mejores títulos del western más incuestionable. Con una cinematografía cimentada en las "variaciones" sobre desiertos, rocas, caballos, monturas, abrevaderos, Salones, botellas de whisky, jarrillos de café humeante... y ese coloso llamado Randolph Scott, el director nacido en Chicago parece buscar ese algo inaprensible oculto tras lo que, vulgar y erráticamente, damos en llamar "género". El western es el género por excelencia, y su valía suele desprenderse de su capacidad cromática para aglutinar lo que en otros films resultaría forzado o simplemente inadecuado. Se mevienen a la mente una miríada de títulos a cual más disfrutable, pero uno de los mejores es, sin duda, SEVEN MEN FROM NOW, en la que el eterno Scott da vida a un sheriff retirado y bastante golpeado por la vida que se encuentra en mitad de una peligrosa encrucijada. Por un lado, sin nada que perder, inicia una paciente y tortuosa búsqueda, la de los ladrones que en un asalto mataeron a su mujer; mientras, tendrá que vigilar de cerca a otro grupo de forajidos, entre los que sobresale un imponente Lee Marvin, que, aparentando estar de parte del sheriff, en realidad esperan que éste les lleve ni más ni menos que hasta el botín robado. Una maravilla de la concisión y la sobriedad, un film que en poco más de una hora es capaz no sólo de trazar con claridad a cada personaje, su pasado y su incierto y trágico destino, sino que además sirve como auténtica lección de cine clásico, casi ejerciendo de manual práctico para quien se atreva, y vive dios que no debe ser fácil, a dirigir un western, como si tal cosa...
Saludos reivindicativos.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Buddy, Randy y todos los demás...



Yo pondría casi todos los westerns de Budd Boetticher muy juntitos, casi en hilera, abigarrados como el infierno; y los pondría en los colegios, para que los futuros aprendices de gilipollas se dieran cuenta de lo que es ser un tipo duro de verdad, y sobre todo cuándo serlo; de tener honor y casta, y besar bien a las chicas y tener sentido de la lealtad. Como educativos, siempre he mantenido que los westerns clásicos le vienen de perlas a la generación Ni-Ni; no sólo qué ser en la vida, sino cómo serlo. Y así las cosas, ya me temía que me iba a costar dar mi opinión sobre un solo título de este gran director, que siempre estuvo de alguna manera a la sombra de los consagrados cuyos nombres todos nos sabemos de memoria. Por ejemplo, BUCHANAN RIDES ALONE, que además de narrar toda una epopeya de hermandades, honores mancillados y confluencias culturales, sirvió a Clint Eastwood como inspiración para su INFIERNO DE COBARDES. Como no podía ser de otra manera, el mítico Randolph Scott, actor fetiche del director, se metía en la curtida piel de Buchanan, una especie de pistolero a sueldo con oscuro pasado tras la frontera mexicana y cuyas verdaderas motivaciones nunca quedan del todo claras (como debe ser, leches...). El "casual" encontronazo de Buchanan en el simpático pueblo llamado Infierno con los Agry, una despótica dinastía de caciques, tras defender a un mexicano que acaba con la vida de un Agry, que supuestamente ha violado a su hermana. 78 minutos le bastan a Boetticher para desplegar una áspera historia de traiciones y venganzas envuelta en sudor y polvo bajo un sol implacable. Denostado en su tiempo, relegado a la serie B más oscura, el director nacido en Chicago ha resurgido con fuerza en los últimos años, lo que no deja de ser curioso. Yo me mantengo firme: recuperen sus westerns de los 50 y se darán cuenta de lo mal que se cuentan la mayoría de las películas actuales.
Saludos a galope tendido.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!