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martes, 10 de mayo de 2022

El género en renovación constante


 

Nos gusta enfatizar la necesidad de la aparición de cineastas como el que ayer nos ocupaba, por una cuestión primordial para situarnos en un contexto que no nos haga perder la perspectiva. En apenas un par de décadas, hemos pasado de una plomiza deriva, en la que el giro rebuscado se imponía a la generación de atmósferas inquietantes, lo que nos privaba de un terror genuino, y nos dejaba en otro terreno, el de la intriga y el suspense. Un buen ejemplo es STIR OF ECHOES, la regularcilla adaptación que David Koepp (muy al rebufo del fenómeno Shyamalan) realizó de la famosa novela de Richard Matheson. Todo nos indica (nos pone en las narices, más bien) que estamos ante una historia de fantasmas canónica, con las apariciones, los sustos y demás parafernalia. Incómodo ante la perspectiva de tener que juguetear con el material original, Koepp decide hacer un ejercicio de suspense primigenio, accionando el dispositivo que lleva a su protagonista (un hipermotivado Kevin Bacon) hasta un tercio final más cercano a luminarias como el MYSTIC RIVER de Eastwood, que a EL SEXTO SENTIDO, de la que queda desmarcada muy pronto. Me parece una película correcta, bienintencionada, y que de alguna manera se enmarca en esa década, comprendida entre finales de los noventa y principios del milenio, donde las jóvenes generaciones iban tomando nota sobre cómo no confrontar el género de terror de ahí en adelante, básicamente por el peligro de llegar a caer en una autoparodia que el cine europeo ya venía señalando con agudeza.
Hay quien la sigue reivindicando.
Saludos.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Titulitos



Nunca hubo un título más elocuente. YOU SHOULD HAVE LEFT resume en su sentencia dónde debería haber acabado esta nadería, presuntamente terrorífica, en la que nada es como debería ser. David Koepp no es el tipo con más talento del mundo, pero tiene algo de oficio, y al menos consigue extraer un par de escenas de donde no se supone. La película es cortita, escueta, pero se eterniza en un montón de imágenes y situaciones más propias de una comedia del absurdo que de un film que debe aterrorizar. Nada de eso, porque lo único que merece la pena son un par de secuencias, casi sketches, extrañamente divertidas. En una, Kevin Bacon va a recoger a su mujer (Amanda Seyfried) al plató donde rueda una escena; al no dejarle pasar, oye desde fuera unos gemidos de placer, ante la mirada del guardia de sguridad. Luego, ambos se van de vacaciones con su hijita a una apartada casa en Gales (sí, Gales), y a partir de ahí la historia es aburrida y repetitiva, aunque antes Bacon va a comprar a una tienda, donde un taciturno tendero galés tarda horrores en despacharle un par de cosas, en un guiño, supongo que involuntario, al mismísimo Tati. Nada, se la pueden ahorrar y ya me lo agradecen otro día.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!