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jueves, 1 de mayo de 2025

Dilo dos veces


 

Yo preguntaría primero si era estrictamente necesario hacer BEETLEJUICE BEETLEJUICE, nada menos que 36 añazos después. Probablemente no, pero luego empiezas a repasar el pozo sin fondo en el que se ha convertido la filmografía reciente (no tan reciente, de hecho) de Tim Burton, para verse disfrutando de una comedieta tontuela, un autohomenaje o simplemente un divertimento por puro amor a todo lo que la original significa. Con la sombra de un cierre definitivo dentro de poco, hay muy poco original en este film autoindulgente y ligerísimo, donde de nuevo Michael Keaton es relegado a la cuasi anécdota, mientras Winona Ryder no se desprende de la cara de asco, Justin Theroux parece un émulo de Steven Seagal, los jóvenes aportan poco o nada, hay un pequeño cameo de Danny DeVito y, claro, Burton, tan agradecido él, le reserva un hueco a su nueva pareja, una Monica Bellucci haciéndose pasar por... ¿Lisa Marie?... Retorcido, aunque no tanto como la solución de guion para incluir al personaje de Jeffrey Jones, canceladísimo por los motivos que todos ustedes saben y conocen: su personaje ha fallecido engullido por un tiburón, que le ha arrancado la parte superior del cuerpo. Yo digo que si la Warner no hubiese estado tan obsesionada con abarcar a todas las edades, de aquí hubiese salido un experimente bizarro y cochambroso, aunque Burton tampoco ha sido muy de esas cosas...
Se puede ver sin problemas, pero no le llega a la primera a la altura de los talones.
Saludos.

miércoles, 30 de abril de 2025

Dilo una vez


 

En esto, resulta que me acuerdo de que ¡todavía! no había hablado por aquí de BEETLEJUICE, cosa extraña por cuanto fue una de las películas que más me impactaron en su estreno, aunque es cierto que la tenía un poco olvidada, con algo de resquemor por cómo habría envejecido. Prueba superada. BEETLEJUICE sigue siendo una de las mejores películas de Tim Burton, que aquí se explaya a gusto con una imaginativa mezcla de comedia, terror soft y ese toque distintivo que va de lo entrañable a lo reivindicativo. En una hora y media que pasa en un suspiro, Burton nos introduce en su particular mundo de fetiches y obsesiones, donde los muertos no siempre son los más malos, ni los raros tan raros. He ahí la quintaesencia de su cine, repleto de inadaptados, repudiados, en constante lucha con un mundo "normalizado" que no les quiere comprender. Es una lástima que su cine, curiosamente, se haya normativizado tanto desde entonces, y que se haya olvidado de este irreverente "fantasma a domicilio", deslenguado y con un apetito sexual que trasciende el más allá. No olvidemos que Michael Keaton aparece apenas quince minutos, pero que el resto de intérpretes están magníficos, desde el descubrimiento de Winona Ryder a la pareja formada por Alec Baldwin y Geena Davis, o la inclusión (pedida explícitamente por el propio Burton) de la legendaria Sylvia Sidney. Estupenda la partitura de Danny Elfman, o la constatación de que unos efectos especiales hechos a mano perduran en el tiempo e incluso son objeto de homenaje en plena era digital. Ya saben, si dicen su nombre tres veces vendrá comiendo cucarachas, escupiendo y cogiéndole el culo a la primera que pille... Avisados están.
Me ha encantado comprobar que no sólo no ha envejecido, sino que la he disfrutado aún más si cabe.
Saludos.

miércoles, 22 de enero de 2025

Hasta que la vida nos separe


 

Respecto al film de Eggers, lo primero que se me vino a la cabeza fue CORPSE BRIDE, donde Tim Burton encontraba el vehículo ideal para plasmar sus obsesiones fílmicas, y aquí están un buen puñado de las mismas. Claeo que con un trasfondo menos sombrío, pues estamos ante una genuina comedia romántica, con guiños a Lubitsch en lo argumental, o a Hawks en la fisicidad de su desarrollo. Apenas hora y cuarto bastan para viajar desde el mundo de los vivos al de los muertos, cuando Victor Van Dort, prometido con su novia, Victoria Everglot, pero tras un ensayo particularmente desastroso, Victor confunde una raíz con lo que termina siendo el dedo de un cadáver muy particular: una joven que murió con el deseo de casarse, y que al tener ese anillo de bodas reconoce a Victor como su promertido. 
Con un uso del stop motion absolutamente impresionante, Burton se encuentra como pez en el agua en esta historia para todos los públicos y edades, evocando los mejores títulos del cineasta, con esa encantadora mezcla de lirismo y elogio hacia "lo diferente", que compone el leit motiv de una película que gana enteros con el paso de los años. Veinte hace ya desde su estreno, y entre las curiosidades que lo envolvieron, una de las más significativas es la competición que tuvo como mejor film de animación en los oscar. Recuerden que por allí estaba EL CASTILLO AMBULANTE, pero recayó en otro infaltablede las figuras animadas, como eran Wallace & Gromit; o que sucumbió en aquel Sitges ante HARD CANDY, cuando era favorita en todas las apuestas.
No pasa el tiempo por ella.
Saludos.

miércoles, 3 de abril de 2019

¿Vuela la imaginación?



DUMBO. O quizá DUMBO 2.0... Y se me hace difícil hablar de la conversión a imagen real (aunque el protagonista no lo sea) de una película intocable, uno de esos clásicos inmortales por derecho propio. El si este DUMBO es o no necesaria no es tan importante, porque se trata de una película más de Disney, de "este Disney" que no da ni frío ni calor, sino que apenas garantiza evasión enlatada. No, el debate está en qué diablos le ha pasado a Tim Burton aparte de engordar su cuenta bancaria, porque ahora sí que puedo afirmar que no he visto por ninguna parte al autor de maravillas como ED WOOD o MARS ATTACKS! Y por supuesto que no esperaba nada a esa altura, pero sí al menos algún guiño al respetable, como esos compuestos industriales que por arte de magia albergan la capacidad de transportarnos a tiempos pretéritos y casi siempre mejores. No, a no ser (cosa que dudo) que Burton esté reculando para lograr cancha y finanzas y repuntar de alguna forma lo que ya parece irrecuperable. Burton está aburguesado desde hace tiempo, y tampoco parece importarle, porque su marca sigue cotizando en el mercado de valores ¿Y saben cuál es la única razón por la que DUMBO no es un despropósito indefendible? Es evidente: casi 80 años después, algo sigue recorriendo la espina dorsal cuando ese adorable elefantito bate las orejas y sale disparado... ¿O no?...
Saludos.

sábado, 16 de marzo de 2019

El hombre murciélago #6



Tres años después, Tim Burton cogió de nuevo las riendas de un proyecto con el hombre murciélago, aunque esta vez tuvo mayor libertad creativa, dado el enorme éxito obtenido; y si bien hoy día BATMAN RETURNS ha recuperado mucho del crédito que nunca tuvo, en aquel 1992 fue una película bastante incomprendida, y que terminó por alejar definitivamente a Burton de la franquicia y a dejar de nuevo al personaje en un prolongado suspenso. Y se trata de una película sumamente curiosa, pues no me atrevería a afirmar que el protagonista fuese el superhéroe, sino los dos villanos contra lo que lucha. El Pingüino, encarnado por un brutal Danny DeVito, capaz de transmitir el carácter repugnante e insano de este archienemigo de Batman, mostrando de nuevo su origen, en este caso realmente demoledor. Pero quien sobresale es Michelle Pfeiffer como Catwoman, un personaje sumamente ambiguo y arrebatador, capaz de embelesar a un frío Michael Keaton y hacerle perder hasta la máscara. Una película, ya digo, aún más oscura que su predecesora y que necesita un par de visionados para ser comprendida como una obra genuinamente reconocible de su autor, y no como un producto comercialmente teledirigido, que hubiese sido lo normal para hacer taquilla.
Saludos.

sábado, 9 de marzo de 2019

El hombre murciélago #5



El BATMAN de Tim Burton cumple por estos días nada menos que treinta años, una celebración que cobra más sentido ahora que entonces, cuando se la compara con el cariz sombrío que el personaje ha ido tomando y no son pocos los que no dudan en señalar esta versión como la que conectaba (evidentemente sin saberlo) con el espíritu de Bob Kane y lo preparaba para el de Frank Miller. Aquello fue un verdadero acontecimiento que viví en primera persona, la fiebre por el hombre murciélago excedió todas las expectativas y lo puso en primera línea del panorama superheróico, mucho antes de que éstos tuvieran su actual explosión mediática. BATMAN es un film controvertido, para nada perfecto, con un protagonista que dejó a todo el mundo con una ceja arqueada (¿en serio? ¿Michael Keaton como Bruce Wayne?) y una puesta en escena deliberadamente grotesca y repleta de decorados, aunque esto era esperable viniendo de Tim Burton. El punto fuerte, sin embargo, fue la elección de Jack Nicholson para interpretar a un Joker que le viene como anillo al dedo a su habitual histrionismo, un villano complejo y que supone, si no su mejor versión, desde luego una especie de modelo a seguir. Aquello fue un hype en toda regla, se cumplían las bodas de oro del personaje y la Warner necesitaba un pelotazo para reflotar su imagen, deteriorada por diversos fracasos en taquilla; el resultado fue un compendio no siempre afortunado de talentos ¿Que Prince estaba en lo más alto? Pues lo metemos en la banda sonora (por cierto, todo un clásico la composición de Danny Elfman). El resto es historia, y también Kim Basinger más florero que nunca, pegando grititos sin sentido (¿se acuerdan de aquellos gritos femeninos en el cine?) o Keaton con cara de no saber muy bien cómo hacer de tipo hipermusculado, aunque para eso se inventaron las prótesis. Lo mejor de su irregular metraje es lo que Burton se apropió de esa obra maestra del cómic llamada "The Killing Joke", publicada sólo un año antes, pero eso, amigos, son ya palabras mayores...
Saludos.

jueves, 25 de enero de 2018

El gótico remozado



He vuelto a ver SLEEPY HOLLOW, llevado quizá por la insatisfacción de los últimos títulos perpetrados por Tim Burton o el deseo de constatar que este director conoció tiempos mejores, que no ha sido una alucinación colectiva. La traslación que Andrew Kevin Walker realizó del célebre relato de Washington Irving, además de venirle como anillo al dedo a Burton, le permite centrarse en el dsarrollo de la historia, en vez de desparramarse por recursos estilísticos, que aportan poco y distraen mucho. La historia del jinete sin cabeza, un diabólico fantasma que aterroriza a una aldea, y a la que llega un escéptico investigador (Johnny Depp en su salsa), contiene todos los elementos del gótico clásico, con la particularidad de que Burton capta inteligentemente la socarronería y crítica social de la que Irving siempre hizo gala, y que dotaba a su prosa de ese sabor especial que la hacía única. Hay de todo: brujas, fantasmas, decapitaciones, lentes de aumento... El reparto es acertadísimo, con Depp al frente (asomando tics, pero aún comedido), una joven Christina Ricci, Christopher Walken, Miranda Richardson, Michael Gambon... Un film que ha envejecido menos que las últimas entregas de su director pese a estar al borde de cumplir veinte años, y que es de todo punto recomendable para identificar, más o menos, en qué momento exacto se le fue esto de las manos al responsable, por otra parte, de maravillas como ED WOOD...
Saludos.

domingo, 20 de agosto de 2017

Rincón del freak #277: Interpreten el título



Que promociones una película hasta la saciedad, poniendo carteles con la (bella) efigie de Eva Green, para comprobar luego que estará una media hora (de un total de más de 120 minutos), fumando en pipa, mientras intenta no parecer sexy (sin conseguirlo) mientras se dirige como la institutriz que nunca será a unos niños con poderes bastante repelentes (los niños y los poderes), constata que Tim Burton hace tiempo que ha dejado de tener el control de sus películas y que lo que vemos cada temporada es un pálido reflejo comercial de un tipo que solía ser un genio. Burton no es ya un director de cine, es una factoría similar a la Disney, solo que sus maneras parecen querer indicar otra cosa, que aún se puede esperar un penúltimo destello de verdadero artista, que no se discute eso, sino que su metamorfosis se perciba como conscientemente trazada, y no como una (larga) crisis creativa.
Y MISS PEREGRINE'S HOME FOR PECULIAR CHILDREN ilustra esto a la perfección. Una película rutinaria, un banco de pruebas para nuevos efectos digitales y unos personajes que podrían ser una versión estrafalaria y ñoña de los X-men de Charles Xavier, que aunque va en silla de ruedas no saldría por peteneras como esta "peregrina" señora, nunca mejor dicho.
Saludos.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Cuadros y afiches



Por un lado está el film de Tim Burton; por el otro la obra de Margaret Keane, obsesiva y serial. Por un lado está el fraude mogollónico ideado por Walter Keane, seductor, embaucador, un surfista de los negocios; por el otro la reclusión de Margaret, prácticamente convertida en esclava de una mentira, sin la que, a lo mejor, sus obras nunca hubiesen salido de su cuarto. Sus obras. Obsesivas y seriales. Hay un punto especialmente revelador más o menos a la mitad de BIG EYES, cuando Walter cierra un contrato con Unicef, un inmenso mural, bastante tétrico, repleto de niños de ojos inmensos, como una horda de muertos vivientes descendiendo por una gigantesca escalera; el redactor del Times lo desestima y, de alguna manera, lo pone en su sitio, y a nosotros de paso. Por un lado el (extraño) tono pastel que las películas de Tim Burton han ido adquiriendo poco a poco, y por el otro la inquietante fascinación por una obra, la de Margaret Keane, que no parece tampoco nada del otro mundo ¿De qué se nos habla entonces exactamente en BIG EYES? ¿De la obra? ¿Del fraude? ¿De la megalomanía del incapaz frente a la humildad del creador genuino? Burton no se pone de acuerdo consigo mismo, su apuesta es que nos enamoremos de los cuadros de Margaret Keane, pero olvida que quizá esto no tenga que pasar a toda costa. El resto es un biopic dulzón, tímido, con un estimable trabajo de contención por parte de Amy Adams y un disloque histriónico de Christoph Waltz, al que cada vez parece más difícil encontrarle un papel a su (ancha) medida. Es una película de Burton, tiene su público, pero no olvidemos que esta extraña pareja se enriqueció gracias a la venta de afiches. Ahí alguien menos complaciente hubiese tenido su propio filón.
Saludos.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La irreprimible memoria sentimental



A Tim Burton le dieron de lo lindo a cuenta del estreno el año pasado de DARK SHADOWS. En realidad, le llevan dando de lo lindo (inclúyanme) desde que decidió poner el piloto automático y apoltronarse en realizador de franquicias neutras, olvidando por completo sus otrora sorna y retorcimiento formal. Y aun así, esta puesta al día de la famosísima serie creada por Dan Curtis en los sesenta (que aquí, por cierto, nunca tuvo ninguna repercusión) tiene algo que, créanme, no sé si subyace bajo sus calculadas imágenes o, por el contrario, flota por encima de lo que vemos reflejado en pantalla. DARK SHADOWS siempre ha sido una cuestión de sensaciones, aromas y corazonadas; un batiburrillo pop en el que igual cabían el hit parade del momento, las puyas políticas o un descaro sexual magníficamente desprejuiciado. Pero no nos engañemos, la serie era para todos los públicos (público inteligente, a ser posible), así que muy poco margen iba a quedarle a Burton para integrar novedades, limitadas éstas a la divertidísima interpretación de Johnny Depp (y es que Barnabás Collins siempre fue un cachondo) y a la exquisita ambientación en ese delicioso pueblo pesquero, excéntrica mezcla de goticismo y avant garde decididamente cheesy (véase, si no, lo último de Soderbergh). Y entiendo perfectamente (maravillosa contradicción) que casi nadie lo haya entendido. DARK SHADOWS no es una gran película, ni lo pretende; es tan sólo (y MARS ATTACKS, y BIG FISH, y BATMAN) el imaginario sentimental eyaculado por un Peter Pan vestido de negro; y precisamente es viendo este film (aunque mejor sería echar un vistazo a la serie original) cuando se entienden los porqués de las constantes éticas y estéticas de todo el cine de Burton, que ha bajado sensiblemente de calidad, por supuesto, pero que aún mantiene su cuota de público medianamente intacta. Para terminar, y sabiendo que son ustedes unos mitómanos, merece la pena prestar atención a la selección musical, que tiene como colofón en los créditos de cierre aquella maravillosa canción de los Raspberries de Eric Carmen que era "Go all the way", que ni siquiera unos chapuceros como The Killers podían destrozar... Y es que el original siempre será infinitamente mejor...
Saludos en la tenebrosa oscuridad...

lunes, 28 de junio de 2010

El loco mundo de la Disney y su férreo molde de estilo

ALICE IN WONDERLAND es la razón definitiva de que mi opinión sobre Carlos Boyero, de profesión crítico de cine, se haya reforzado y casi paralizado para siempre; mi opinión sobre Carlos Boyero es que tiene una jeta de cemento, por mucho que a la mayoría de nosotros nos gustase vivir de lo mismo que él, que es de subir o bajar un pulgar a capricho. Yo, como no soy "crítico de cine" (necesitamos una definición para esto ya; a ser posible en el María Moliner), y es seguro que no lo seré jamás, me permito estas licencias a modo de eructo resentido contra el estado del cine, capaz de corromper a casi cualquiera que se asome a sus fétidas fauces de líquida felicidad. Y el último en caer ha sido Tim Burton, al que ya no espero más, porque bastante bien hablé de SWEENEY TODD, pero uno no puede adaptar a Carroll (partamos de la base de que Carroll es inadaptable) a base de coger los términos más excéntricos de la obra original y ponerlos ahí, delante de las narices, para que un chaval diga por dentro: "¡Qué inteligente, mira lo que ha dicho!". No, porque ALICE IN WONDERLAND versión Burton'10 es un telefilme de pacotilla, con un desarrollo tan lineal como vergonzante, con la peor partitura de Elfman en años, con dos o tres de las interpretaciones más sonrojantes de la historia del cine (Depp, Hathaway y Bonham-Carter están para... ¡que les corten la cabeza!). Pero lo peor de todo viene firmado por Burton, porque, curiosamente, Burton abre este desaguisado brillantemente, con la puesta en escena de una boda victoriana que me recordó por momentos a Ivory o Lean, y que pone el listón alto por el hábil empleo de los diálogos encadenados. Sin embargo todo es un espejismo. Burton se doblega a la servidumbre y entrega un pastelazo de dos horas que da dolor de cabeza y aburre, que emociona menos que un Eslovaquia-Nueva Zelanda y que termina en la consabida/inefable batallita estilo LORD OF THE RINGS que tanto se lleva ahora y que ya hace que te revuelvas en el sillón y resoples indignado.
Sí, señor Boyero, estamos ante una basura de consumo y olvido rápidos, un engranaje para hacer caja, así que a ver si dejamos de decir que qué bonito es el colorín ése que asoma por la esquina, que ya somos mayorcitos...
Saludos nada maravillosos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

#*}%$&!?=(...

Me parece que, enfrascados como estamos en esto de la tecnología y el cómo aplicarla, es, irónicamente, la ciencia ficción, el género que más se ha valido de la misma para retroalimentarse, el que más ha sufrido esa papanatización progresiva, que ha acabado por restar toda la dignidad acumulada, primero por la añorada serie B, luego por una necesaria busqueda de rigor científico. No sé si me explico con claridad, pero esta parrafada viene a colación del sopor que me vienen dando las invasiones extraterrestres en pantalla, menos bárbaras que otras y más cercanas al culebrón venezolano que a otra cosa.
Bien, como recientemente mostré mi sorpresa ante DISTRICT 9, me he acordado de un título que se ha convertido ya en toda una referencia del sci-fi moderno. Hablamos de la estupenda MARS ATTACKS!, de Tim Burton. Y es que Burton rizó el rizo de una manera harto sorprendente. Primero puso al día aquellas precarias producciones de finales de los cincuenta, en las que los marcianos eran más verdes que nunca, los platillos más redondos y las pistolas eran desintegradoras, las chicas gritaban y se desvanecían y los tipos eran duros y repartían guantazos que ni un extraterrestre podía soportar. Aparte, el sentido del humor es irónico y afilado (Jack Nicholson como presidente es toda una declaración de intenciones); los cameos son acertadísimos (Tom Jones está inolvidable) y, cómo no, los efectos especiales dejan de lado el bullicio habitual y recrean ese vintage que hizo tan popular al género durante tantos años. Si una peli es trepidante, está bien contada, te ríes un montón (los marcianos son irresistiblemente hilarantes) y además le cortan la cabeza al pesao de Pierce Brosnan... No lo duden: ¡Un clásico instantáneo!
Saludos con theremin.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Un discurso afilado

No soy fanático de Tim Burton, ni de los musicales, ni de las puestas den escena teatrales, ni de los ambientes góticos. No, por muy atractivo que todo esto pueda ser. Y eempezaría por resaltar algo que puede sonar extraño, pero que se revela verdadero a poco que hagamos un ejercicio de memoria. Tim Burton, un director que se ha hecho famoso gracias a su retorcida visión del mundo, dotando a sus trabajos de cierto aspecto lúgubre, fúnebre, cadavérico casi, no ha sido más ni menos correcto que cualquier otro director de cine "convencional". Y es que Burton sólo suele quedarse en la pátina, el envoltorio, en ese brillo apagado que dota de macabra intensidad sus obras; más cercano entonces a cierto clasicismo, más interesado en sugerir que en mostrar, que a la contemporánea tendencia al exceso visual por explicitar cada detalle, por nimio que pueda ser. Pero Burton filmó SWEENEY TODD: THE DEMON BARBER OF FLEET STREET, la obra musicada de Stephen Sondheim, y, pese a que todos los elementos de su cine son fácilmente reconocibles, estamos, sin duda, ante la obra más terrorífica, sangrienta y maliciosa de este director.
SWEENEY TODD... alterna unos números musicales muy bien interpretados, con un dinámico sentido del ritmo que permite no perder en ningún momento una trama que va tornándose más oscura a medida que nos adentramos en los motivos que llevan a Todd (extraordinario Depp) a construir una demoníaca venganza contra el captor de su esposa, un juez corrupto al que da vida un excelente Alan Rickman. Entre medias, se aliará con una inquietante vendedora de empanadas cuyos ingredientes me cuidaré mucho de revelar aquí, una sorprendente y rompedora Helena Bonham-Carter. Y entre amenazadores números musicales (cantados, más que bailados) y una ambientación cuidada al detalle, SWEENEY TODD... es capaz de sorprender con varios elementos, como el ingenio mecánico mediante el que el barbero diabólico degüella a cientos de incautos sólo para calmar su inacabable sed de venganza, y que contiene los momentos más gore de toda la filmografía de Burton; amén del retorcido y muy logrado personaje al que da vida el polémico Sacha Baron Cohen. Una orgía de sangre que recuerda al mejor Poe y que personalmente (sólo pondría por encima la magistral ED WOOD) me parece su mejor trabajo hasta el momento.
Saludos afilando la navaja...

jueves, 14 de mayo de 2009

La cruda falsedad

Normalmente suelo dejar para otros con más paciencia y recorrido el basar gran parte del análisis de un film en el ingrato territorio de los detalles meramente recopilatorios; dícese de años, músicas, guiones, actuantes e interactuados. Labor, a mi juicio, más propicia para quien compila a modo de coleccionista; no digamos para quien "pasa por", sólo por poner una carátula, una fecha y otras wikimemeces. El propósito que claramente me marqué en este pequeño espacio fue otro muy distinto: subjetividad a mansalva, mala leche cuando proceda y una confianza ciega en los instintos embriagados por los perjúmenes del bendito celuloide.
Así, alguien tendría más valor que yo para comentar BIG FISH, la cual me da pena descalificar por varios motivos: su espléndido derroche visual; el magnífico trabajo de los actores; su ensoñadora banda sonora (Pearl Jam incluido)... y hasta un más que agradecible esfuerzo de un tipo tan subrepticiamente maniqueo como Tim Burton, primero por quitarse de encima el hedor de PLANET OF THE APES, una de las películas más absurdas de la historia, y luego por intentar su enésimo "No-Burton", es decir, un acabado reconocible aunque no explícitamente contiguo a sus obsesiones llenas de siniestros personajes y situaciones que acaban por revelarse más cotidianas de lo que parecían. Y mucho de ello hay en BIG FISH, quizás menos tenebrista, un poco más esperanzador, girando sobre la imposible recuperación del amor paternal. Una buena piedra de toque para desembarazarse de ciertos fantasmas, a no ser, claro, que se mantenga la tendencia a tropezar con la misma piedra; porque con tanta metáfora uno no sólo pierde la idea inicial, sino que termina por pensar que Burton sufre un curioso mal: la redención nunca satisfecha.
Les dejo, por tanto, a esos amigos de la cábala estadística el último examen acerca de un film que me resulta imposible decalificar, porque a veces me parece la obra de un visionario y otras un deslavazado collage sin pies ni cabeza.
Saludos sin usar cebo.

domingo, 29 de junio de 2008

Sin entusiasmo no hay "acción"


El otro cine, el otro cine. Sí, chavalines y chavalinas, crecidos al amparo de los multisalas de plexiglás, envueltos en el pegajoso hedor de las palomitas, intentando pasar disimuladamente ese delator brazo por detrás de la nuca de alguien que nunca se da por enterado, hartitos de no entender nada porque a nadie se le ocurre que las cosas, si se explican, a lo mejor hasta se entienden.
Desolador panorama el que nos espera con semejantes terroristas del ostracismo ¿Deberíamos recomenzar con la revolución de los títeres? Piénsenlo, pero mientras tanto, hablemos de ED WOOD.
De repente, a Tim "hombresinpeine" Burton se le ocurrió que quizá, si se lo proponía, a base de levantarse temprano y aparcar los cómics depresivos por un momento, podría realizar otro tipo de cine, alejarse de sus tópicos y fantasmas, aunque sin perder su particular sello.
Los incondicionales del director de SLEEPY HOLLOW o la reciente SWEENEY TODD (se admiten las diferencias entre ambas) estarán prestos a saltar sobre mi cuello, lo sé. Pero seguro que he leído a Cortázar más que ellos y sé que la verdad está principalmente compuesta de pequeñas mentiras.
Contar la demencial (¿John Waters se subió al carro o viceversa?) aventura de un tipo que, con la única ayuda de su inquebrantable fe, logró poner en pie algunos de los productos más impensables para la amordazada culturilla yanqui.
¿Que era un director malísimo? Claro, ¿y a quién le importa a estas alturas y con las series de la FOX de por medio? En fin, por un lado me gustaría resaltar el hecho de que, por una maldita vez, Burton dejó de mirar dentro de Burton y se entregó totalmente a otra causa absolutamente diferente y muchísimo menos frívola de lo que a primera vista podría parecer: la justificadísima denuncia sobre el envilecimiento de una cultura (la americana) cochambrosa a más no poder y sustentada casi siempre en el desprecio a la diferencia, a la ARTESANÍA, lo que jamás podrá fabricarse en serie y que se llama IMAGINACIÓN. Ahí queda eso.
Luego, lo cierto es que Burton intenta (a su manera, claro) hacer una especie de pastiche no declarado de CINEMA PARADISO o (y esto sí que lo traigo por los pelos) 8 1/2 ¡glub!. Y no le sale del todo mal. Johnny Depp conforma enjundia y veracidad en la piel del inabordable director psicópata; la reconstrucción del miniverso de Wood es casi mimético, labor auténticamente tributaria de un fan agradecido por la inspiración prestada; y, sobre todo, la interpretación de un exquisito Martin Landau en la piel, nada más y nada menos, del mismísimo Bela Lugosi, "actor fetiche" de Wood. Sólo por ver la estremecedora recreación de Landau merece la pena revisar este punto y aparte en la carrera de un director con talento, sí, pero demasiado aferrado a sus propias convicciones de eremita. Lo raro es que siga teniendo éxito.
Regalito para la afición: un trocito de la "película" que rodó en ¡1975! el que es considerado el Ed Wood español, un tal J.C. Olaria. Para que luego digan los frikis que no les tengo cariño.
Saludos marcianos.


... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!