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viernes, 31 de mayo de 2019
... otro preámbulo
CAPTAIN MARVEL tiene un cometido muy claro, el mismo que han ido teniendo la mayoría de películas de la factoría Marvel dedicadas a un solo personaje, y que no es otro que introducir a un nuevo integrante de Los Vengadores. Esto ha ocurrido puntualmente, por lo que los espectadores han conocido a dichos personajes antes de engrosar la franquicia. La diferencia, en este caso, es temporal, ya que los guionistas han decidido presentar a Carol Danvers a mitad de los años noventa, cuando su origen se remonta a finales de los sesenta, además de encontrarla cara a cara con un incipiente Nick Fury, lo que la integra de pleno en el universo oriundo de S.H.I.E.L.D. Sin embargo, el verdadero aliciente lo encontramos en la historia en sí, que supone un cambio radical y muy arriesgado, sobre todo para los buenos aficionados al cómic, y más concretamente para quienes estén familiarizados con la eterna enemistad entre los Kree, raza a la que pertenece la Capitana Marvel, y los Skrull, seres capaces de adoptar cualquier forma. Y aquí debo detenerme, ya que tiraría por tierra todo el elemento sorpresa; tan sólo añado que la película es razonablemente entretenida, muy en la línea Marvel, con un saludable sentido del humor y un casting francamente acertado, comenzando por una Brie Larson a la que el personajes le sienta como anillo al dedo y destacando especialmente al gran Ben Mendelsohn, irreconocible tras kilos de maquillaje, pero que realiza un trabajo portentoso.
Bien, no podríamos esperar otra cosa... Ah, y atención al gatito...
Saludos.
jueves, 9 de septiembre de 2010
La derrota nuestra de cada día
Siempre he considerado que la mejor manera de hacer una denuncia, al menos en el ámbito artístico, ha de ser con más sutileza que contundencia, sin abandonar el objetivo principal de dicha denuncia pero tanteando las claves y constantes de lo que de otra manera parecería accesorio y finalmente se revela como fundamental. Es ésta una loable conquista del cine europeo frente a los envites, mucho más correosos, menos circundantes, del americano, igualmente importante pero a cuestas con sus propios códigos éticos. Sin embargo, hay un cine estadounidense que a veces logra colarse en las esferas importantes a fuerza de aprovechar la fuerza de "los nombres", sin que esto merme su verdadera vocación, que no es otra que la anterior parrafada.
HALF NELSON estuvo ahí, aun con su ínfimo presupuesto y sus incómodas asperezas, se codeó con las grandes apuestas de un 2006 que al fin encumbró a Scorsese (y no con su mejor título) y que premió al excesivo Forest Whitaker, a cuyo oscar optaba sorpresivamente el protagonista (y prácticamente motor del film) de este oscuro tratado inmisericorde, que parece nadar en las trilladas aguas del drama escolar, con sus problemas raciales y demás, pero que va revelando poco a poco su auténtica intención: abordar el descarnado descenso en picado de un joven profesor hacia una terrible adicción a las drogas. Ryan Gosling, que empezó a despuntar con la dulzona THE NOTEBOOK, debió presentir el arenoso futuro de "medio sex symbol" del nuevo siglo que le esperaba, así que desde entonces ha cuidado un poco más sus papeles; y curiosamente, tuvo que ser en su título menos comercial donde se viera recompensada su pericia interpretativa con una merecida nominación al galardón por excelencia. Gosling es capaz de hacer que nos creamos (una vez más) la podredumbre detrás del sueño americano, con sus seres vulnerables, perdidos, incapaces de responder a las altas expectativas que los "hombres de provecho" han de soportar en su camino a la ciudadanía ejemplar. La hermosa e improbable historia de amistad del profesor yonqui, que sabe que todo irá a peor, y la huraña adolescente negra, cuya familia gira en torno al tráfico de drogas, elude muy acertadamente el tono sensiblero y dogmático que los americanos suelen infligir a estos temas. No hay ganadores en HALF NELSON, ni héroes; sólo algunas personas normales que son incapaces de ayudarse a sí mismos, y que por eso se hacen tanto daño, seguramente sin merecerlo.
Saludos con llave.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!