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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Síganme los buenos


 

Bueno, y aparcamos a Howard Hawks por un tiempo, después de este megarrepaso por la obra de uno de los grandes de verdad; la próxima vez que lo retomemos prometo que será para completar su gigantesca filmografía. Y me resulta sintomático hacerlo con EL DORADO, un western, el penúltimo que rodó Hawks, que siempre me ha parecido emblema de eso del "crepuscular", porque lo es, aunque muy raro. Un western que termina con un grupo formado por un tipo con una bala alojada junto a la columna, que de tanto en tanto le paraliza la mano con la que dispara; un sheriff alcoholizado y dependiente de una muleta; un lanzador de cuchillos que no sabe disparar y un señor mayor que toca la corneta para avisar que ha llegado. Es así, y la escena final es insólita, con John Wayne y Robert Mitchum paseando en muletas tras deshacerse de los malos usando toda clase de artimañas. Porque esta es una película que no trata bien a los héroes, y tan poco lo hace que no es descabellado pensar que pueda ser una versión alternativa de RIO BRAVO: cambiamos a Dean Martin por Mitchum, Ricky Nelson por James Caan y a Walter Brennan por Arthur Hunnicutt, y lo que obtenemos es otro tratado de camaradería masculina, mucho más importante que una trama guadianesca, que en su momento culminante parece un cómic de Hanna-Barbera, con los protagonistas deambulando frente a escaparates reiterados (los famosos Dry Goods), sin que se explicite qué diablos buscan, mientras en el Saloon siempre hay música y jolgorio, porque los malos, en lugar de atacarles, se esparcen entre copichuelas y pianolas desafinadas. Es una película a la que le coges cariño, como esos bares cutres a los que no puedes dejar de ir, como esas variaciones de Hong Sang-soo, cambiando un jarrón de sitio para implicar tristeza en personajes y situaciones clónicos. Aquí hay hasta una muleta cambiada de pierna, pero no voy a ser yo quien critique un "capricho" de un viejo maestro, al que le quedaba nada para despedirse con la misma discreción que ostentaban sus héroes...
Volveremos.
Saludos.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Motores con taquicardia


 

Me juego un penique a que Kosinski algo ha visto de RED LINE 7000, aquella película que Howard Hawks hizo casi como favor personal, implicándose lo justo en un guion demencial, que tiene un buen arranque metiéndonos en el mundo de las carreras de resistencia (concretamente en Daytona), donde un trágico accidente acaba con la vida del piloto estrella. Digo que la habrá visto para saber dónde cortar todo el rollo sentimentaloide, que aquí se apodera irremisiblemente de una historia que no sabe hacia dónde ir. Con más de comedia romántica sofisticada (incluso surfista) que de drama automovilístico, uno acaba mareado de tanto ligoteo, ruptura y vuelta a empezar, convirtiendo la residencia de pilotos en el hotel de los líos. No es casual, porque Hawks ya daba los últimos coletazos, lo que se traduce en que se ocupó de las escenas "tranquilitas", mientras que las carreras no son más que insertos de archivo y primeros planos de los pilotos con indisimuladas transparencias. Por allí encontramos a un desconocido James Caan en un rol curiosamente antipático, y los pétreos James Ward y John Robert Crawford, además de las habituales Laura Devon, Gail Hire y Charlene Holt, en un vano intento por integrar los vaivenes románticos en un marco de acción y aventuras.
Floja, sólo para completistas.
Saludos.

miércoles, 22 de octubre de 2025

La pesca de la trucha en América


 

MAN'S FAVORITE SPORT? es de esas películas que no recomiendo, a menos que se sea un cinéfilo inagotable, se quiera disfrutar de una comedia romántica sin pretensión alguna o quieran ver a Rock Hudson clavando eso de la "falta de química" con Paula Prentiss, no muy difícil por motivos obvios. A mí me parece un refrito encubierto de esa subvertiente del profesor despistado, reconvertido aquí en un vendedor de equipos de pesca, cuya ordenada vida se ve abocada al caos por la intromisión de una fémina, cuyas aparentemente inocentes pretensiones ocultan un interés romántico obvio. Hawks explota la vertiente cómica de Hudson, patoso pero no demasiado, galán pero no demasiado, canalla pero tampoco demasiado, con la excusa de un prestigioso concurso de pesca de trucha, al que este supuesto experto, autor de libros de técnica de pesca... en realidad no ha pescado en su vida. Así, la publicista del evento, al descubrir su secreto se ofrece para prepararlo como el gran pescador que no es, derivando en una catarata de situaciones disparatadas, como un par de truchas haciendo de las suyas bajo los pantalones, un salvavidas que casi ahoga al improvisado pescador y hasta un oso montando en ciclomotor o Hudson y Prentiss río abajo en una cama, tal cual. Yo, ya digo, no soy un gran fan, porque de éstas Hawks las tenía mejores, pero es ideal para una tarde despresurizada.
Saludos.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Todo legal


A mí me parece que HATARI! debe ser una de las películas más extrañas e improbables que he visto en mi vida. Empezando por sus casi tres horas de duración, estiradas admirablemente por la capacidad de cooncisión de Hawks, que se vio literalmente desbordado por las exigencias de Paramount, empeñados en conciliar unas espectaculares escenas en las que los propios actores se ocupaban de dar caza a animales salvajes, con un romance cuanto menos incómodo, el de la sofisticada Elsa Martinelli y un ya maduro John Wayne, que prefería echar el lazo a los rinocerontes que a la actriz italiana. El resto, un montón de tiempos muertos en los que este improbable grupo de gente, que hoy estaría en la cárcel, se ponen de whisky hasta las cejas, empalman cigarrillos como posesos y bailan el watusi con los acordes de Henry Mancini, al que encargaron música de safaris y, cómo no, entregó una para coctels canallitas. La película tiene un nosequé que la hace extrañamente irresistible, puede que porque todo luce anacrónico, como una tía a la que no deberías haberte encontrado cambiándose. Y así, con el estipendio de unos furtivos que se sabían amparados porque "así eran las cosas entonces", uno no sabe si abandonarse a esas increíbles persecuciones en jeeps tuneados (ay, George Miller), reírse con lo de los elefantitos, enternecerse con la pobre Michèle Girardon (que 13 años después se quitó la vida por el amor no correspondido de José Luis de Vilallonga) o pensar que, al fin y al cabo, jamás volverá a rodarse una película igual. Exactamente igual, desde luego que no.
Saludos.

miércoles, 8 de octubre de 2025

El mundo es un pañuelo


 

No puede abarcarse todo, pero ya me parecía raro no haber comentado hasta ahora RIO BRAVO, título capital del western, lección de cine tan generosa como elocuente, y una de las mejores y más emotivas historias sobre eso tan silenciado que es la amistad entre hombres. Y eso que no es de mis westerns favoritos, y la coloco como una obra maestra con matices, casi todos derivados de esa sensación de alargamiento innecesario hasta unas casi dos horas y media excesivas para una historia en modo alguno épica; Hawks invocaba aquí las mejores claves del cine mudo (su secuencia inicial es un portento de narrativa, demorando las primeras palabras de Wayne nada menos que cuatro minutos), ofreciendo un retrato repleto de naturalidad, donde cada figura obtiene su tiempo y su sitio. Me gusta pensarla como una pieza de cámara, y realmente lo es, el pueblo como no-lugar mítico, el bar-hotel donde se explican los movimientos y motivaciones de cada personaje, incluso los que no están presentes, o la cárcel convertida en improvisada vivienda del sheriff y sus colaboradores. Y un aparte aquí para dimensionar los personajes de Dean Martin y Walter Brennan, fundamentales para apuntalar una narración siempre al borde del punto de fuga. El primero es un taciturno alcohólico, cuyos demonios interiores ponen a pruba su amistad y lealtad hacia un Wayne que ejerce de hermano mayor, mientras el otro ofrece el alivio cómico, necesario, un viejo cascarrabias que necesita la aprobación continua, pero cuya voluntad jamás flaquea. El "malo", curiosamente, es más una entidad, casi siempre fuera de campo, como una amenaza abstracta que también sirve para enmarcar lo que más importa aquí, ese improbable dibujo de una familia que no es, pero se comporta como tal. Es en esas melancólicas aguas donde RIO BRAVO obtiene sus cartas de solemnidad, y lo que la ha hecho perdurar durante tanto tiempo, si bien no como una obra maestra absoluta, sí como el magistral trazo de un maestro en su plenitud creativa.
Inmortal.
Saludos.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Más estrellas


 

Uno de los datos más estremecedores de la astronomía nos dice que, con toda certeza, hay más estrellas en el universo que granos de arena en nuestro planeta. Intenten hacer un cálculo, pero no se puede. Lo que sí se puede hacer es reflexionar en base a estos términos inconcebibles, porque donde los seres humanos que hacen honor a su especie se quedan en un humilde acto de contrición, los ufanos, ensimismados con un ombligo frecuentemente habitado de pelusilla, llevarán su escaso magín, como en un hipervínculo, hasta el último video de TikTok. Esta contradicción es también una verdad incontrovertible, y al menos a quien esto escribe contra viento y marea le sirve para construir el umbral de LAND OF THE PHARAOHS, aquella superproducción que literalmente obligaron a rodar a Howard Hawks, que después observó el inevitable batacazo en taquilla sin inmutarse. Básicamente porque hizo una de las mejores películas que Hollywood ha entregado sobre faraones, pirámides y arena, mucha arena. Un film aparentemente gigantesco, pero en el que cobraban mayor importancia los interiores, las intrigas en el reinado del megalómano Keops, obsesionado con acumular riquezas incalculables que le acompañaran en la tumba. Para ello, sólo un obstáculo: construir el descomunal panteón, para lo que emplea a un arquitecto judío, a condición de liberar poco a poco a su pueblo cautivo. Pero la irrupción de la insolente princesa chipriota Nellifer, cegada de ambición, la lleva a elaborar un maquiavélico plan, con el que pretende acabar con Keops ganándose su corazón, y así reinar Egipto en solitario. Sin grandes estrellas (ni siquiera una por entonces desconocida Joan Collins), Hawks concita un eficaz alegato humanista, en esplendoroso Cinemascope y "Warnercolor", y apoyado en la tremenda banda sonora de Dimitri Tiomkin, cuya partitura influyó decisivamente a Philip Glass en la composición de su ópera Akenathon. 
Te arregla una tarde tonta sin aparente esfuerzo.
Saludos.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Los mejores amigos de una chica


 

GENTLEMEN PREFER BLONDES es una película tontísima... o puede que no. Es lo que es, pero hablemos de lo que cada cosa es en el fondo y nos llevaremos una sorpresa. Aquí Marilyn Monroe interpreta a una rubia más ingenua que frívola, pero que en un momento dado nos mira por encima del antifaz y nos guiña un ojo, un poco como fue su vida real, tratada como un objeto, sirviéndose de su físico, incomprendida al final. A su lado, Jane Russell es la mujer escéptica, igualmente ambiciosa, pero con un punto descreído que le hace tener, a su pesar, los pies en la tierra. No se equivoquen, ésta es una película que puede llevar al equívoco de observarla como un viejo adinerado miraría a una chica, sin importarle si su vestido está descosido o le duelen los pies mientras mantienen una sonrisa perfectamente ensayada. Ni musical, ni comedia, ni drama romántico, esta película es la manera en la que las mujeres llevan toda la historia de la humanidad soportándonos. No es de extrañar que "ellas" prefieran amigos más brillantes...
Saludos.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Una fórmula perfecta


 

El profesor Barnaby Fulton es un genio de la química que trabaja para encontrar el remedio definitivo contra el envejecimiento. Un genio que no ve tres en un burro, nunca encuentra las llaves de casa aunque las pone siempre en el mismo bolsillo, y vive literalmente en las nubes. Sin embargo, vive enamorado de Edwina, su esposa, que le adora igualmente. Barnaby no encuentra la fórmula, pero uno de los chimpancés con los que experimenta empieza a mezclar ingredientes a lo loco... Y ya se sabe que a lo loco se vive mejor. Mejor no desvelar mucho más sobre MONKEY BUSINESS, esa maravillosa película en la que Cary Grant hace de profesor chiflado con culos de vaso, está casado con la abnegada Ginger Rogers, se lleva a Marylin Monroe a dar un voltio en un descapotable y termina disfrazado de indio y cortándole la cabellera a su mejor amigo. Bueno, dije que no desvelaría nada más, pero a quién diablos le importa... 
Es mejor que el 95% de las comedias que se hacen hoy día, y creo que me quedo corto. Desde luego es la "mejor película con monos" que he visto recientemente...
Divertidísima.
Saludos.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

La novia era él


 

No lo suelo hacer, pero hoy titulamos la reseña con el título de la película en cuestión... Básicamente porque tampoco es el título original, aunque no estaba mal tirado respecto a I WAS A MALE WAR BRIDE, que bien pareciera un film de Corman más que de Hawks, para que vean que el cine clásico también tiene estas cosas. No es de las comedias más inspiradas suyas, adquiriendo un tono más ligero, teniendo en cuenta la estrambótica peripecia de su protagonista, un Cary Grant que es lo mejor con mucha diferencia. Aun así, la historia fue real, y perteneció al mayor belga Roger Henri Charlier, quien tuvo un accidente de coche y conoció en el hospital militar a la enfermera norteamericana Cathy Gates, con la que contraería matrimonio. Este film cuenta el tortuoso periplo de ambos para lograr embarcar en dirección a Estados Unidos, hasta el punto de tener que recurrir al travestismo (incluyendo una cola de caballo como peluca), lo que ya sabemos que no era tan inusual en la filmografía de Grant. Su compañera era Ann Sheridan, que no tenía una vis cómica tan acusada, lo que se nota una barbaridad en una película que transita de gag en gag sin solución de continuidad. Curioso, por cuanto se impone la comedia física a los diálogos mordaces, y eso es extraño en una película de Hawks.
Se puede ver, sin más.
Saludos.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Rapsodia del fuselaje


 

Título tremendamente olvidado, AIR FORCE es uno de los mejores panfletos de propaganda jamás filmados por Hollywood en plena WWII. Panfleto, sí, y sin ocultar su vocación, primero porque es imposible, y después porque la verdad es que da igual, tal es la calidad que destilan sus imágenes, escudadas tras un excepcional guion de Dudley Nichols, aunque el gran baluarte es propuesto por el genial montaje de George Amy, que se alzó con el oscar el año que ganó, por decir algo, CASABLANCA. Aquel fue un año repleto de títulos similares, el reto era poner en pie un film mínimamente decente, en realidad una proeza técnica para narrar las tensiones y dilemas entre los integrantes de un bombardero B-17, camino de Pearl Harbour. Una apuesta segura, por supuesto, pero que revela la exquisita profesionalidad de Hawks, que hace del interior del avión un personaje más. A destacar también un reparto repleto de ilustres secundarios, como John Garfield, Gig Young o John Ridgely, que suplen a la perfección la falta de una gran estrella. 
Uno de esos títulos sólidos e impecables, y para quien se inicie en el montaje cinematográfico una verdadera joya.
Saludos.

miércoles, 27 de agosto de 2025

La soberbia del sobreentendido


 

Hacía tiempo que quería traer uno de los casos más inclasificables del western, y qué mejor momento que en el retorno a la actividad bloguera. Y quizá no debería haber incluido THE OUTLAW en el repaso que estamos dando a la filmografía de Howard Hawks, porque ni siquiera podría considerarse un film suyo, cuando en realidad se sabe que es el segundo largometraje dirigido por el magnate Howard Hughes, empecinado en demostrar que él también podía meterse a esas labores. El resultado es un desastre interminable (dos injustificadas horas), que apenas merece la pena por alguna escena de acción (la única, de hecho) y por descubrir a una jovencísima Jane Russell, igual de mal dirigida, y convertida en un evidentísimo objeto sexual. La historia nos cuenta que Hawks estuvo un par de semanas por el rodaje (de hecho, es el autor del guion junto a Jules Furthman), pero acabó hastiado de las caprichosas decisiones de Hughes, su incapacidad para dinamizar una puesta en escena teatral y vodevilesca, en un burdo intento por "volver" a un western primigenio, como si Griffith no hubiese indicado el camino, tres décadas antes, que luego siguieron los grandes del género. Duele ver a actores de la talla de Thomas Mitchell o Walter Huston reducidos a caricatos de tres al cuarto, emborronando a dos personajes tan potentes como Pat Garrett y Doc Holliday, pero aún más delegar la responsabilidad de dar vida (es un decir) a Billy the Kid a un actor terrible, como Jack Buetel. Increíble desaprovechar la fotografía de Gregg Toland, maniatado por ese histerismo del "momento suspendido", que no es más que la incapacidad de encontrar una imagen que perdure. De igual modo, parece una broma la partitura del gran Victor Young, reducido a nimias puntualizaciones a la avalancha de escenas cómicas, porque no hay aquí nada de ese sentido del humor, por ejemplo, de Ford, sino un subrayado mecánico y anticuado, incluso para 1943. Una película rarísima, sin orden en sus extraños preceptos, y que además es aburrida y hasta ridícula. Como ejemplo de esto último, el surrealista tiroteo en el que Holliday agujerea las orejas de Buetel, sin que este pestañee... aunque tampoco lo hace el resto de la película.
Hughes no volvería a dirigir, por suerte para la industria, y este terrible bodrio, de servir para algo, lo hace para colocar su figura, a menudo agrandada sin motivo, a su justa medida. También para corroborar que Hawks podría haber hecho un film bastante más digno.
Saludos.

miércoles, 16 de julio de 2025

The little bang theory


 

Como un tiro. Gary Cooper y los chicos, ratas de biblioteca que llevan tres años puliéndose la herencia de una rica solterona, porque se le mojan los pololos cuando Cooper le explica el uso de los adverbios. Como tienen que apurarse para que no parezca que están viviendo con la excusa de escribir "La Enciclopedia", deciden iniciar una investigación que les ponga al tanto de los términos, usos y costumbres que acontecen allende sus polvorientos libros. Cooper da con sus irresistibles huesos a un tugurio, donde Barbara Stanwyck le enseña el boogie y otras cosas que incluyen lentejuelas y contoneos. El problema es que ella es la prometida de un gangster pendiente de juicio, aunque sólo la quiere para que, como mujer suya, no testifique en contra. Aprovecando la coyuntura, todos creen que la Stanwyck tiene el escondite perfecto en la casa de los "siete sabios", lo que inicia un desmadre que tampoco venía en los libros. Y así, fíjate tú, Billy Wilder y Charles Brackett construyen una de las mejores comedias de todos los tiempos; no sólo porque la dirección de Hawks es de enseñar en las escuelas de cine, o porque tenga una de las dos o tres puestas en escena más perfectas que yo haya visto, sino porque BALL OF FIRE es lo que yo llamo "un arrebato", que ocurre rara vez y sólo cuando la noción de ficción se diluye ante una ficción que constituye una realidad por sí misma. Mucho más que un truco de ilusionista, está en esas escenas en las que los protagonistas se sinceran y sólo nosotros nos damos cuenta, o en la celebración de que, por una vez, los malos queden además como idiotas. Pero sobre todo porque llega el final y te sorprendes diciendo "¿Ya?"... Y notas un pellizquito en tu corazón de celuloide...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 9 de julio de 2025

Aterrizados


 

A menudo se considera ONLY ANGELS HAVE WINGS como un compendio de todas las obsesiones del cine de Howard Hawks. Una especie de tablero perfecto por el que se deslizan piezas imperfectas, quebradas pero fuertes, constantemente puestas a prueba su integridad y eso que ahora se llama resiliencia. Organizada en torno a una excéntrica base aérea, dedicada al transporte en el entorno extremo de los Andes, la película no da un respiro desde la llegada de la resuelta Bonnie (Jane Arthur), que no encuentra el paraíso que esperaba, pero sí al jefe de la estación, Geoff Carter (Cary Grant), motivo más que suficiente para que el viaje sea sólo de ida. Maravilloso ejemplo de cómo conciliar varios géneros, sin que ninguno llegue a predominar, Hawks concreta aquí una de sus mejores puestas en escena, saltando de la comedia al relato de aventuras, el romance apasionado o algunas perlas musicales, además de ser una de las primeras apariciones en pantalla de Rita Hayworth. Personalmente, siempre me ha parecido una de esas maravillas imperfectas, magnífica como ejemplo de las contradicciones del alma humana cuando es sometida a vaivenes que no puede controlar. Le faltaría una décima para ser una obra maestra absoluta, pero como me lo paso de puta madre cada vez que la veo... ¿a quién coño le importa?...
Saludos.

miércoles, 2 de julio de 2025

Equilátero


 

No deja de resultarme curioso, tras ver THE ROAD TO GLORY, la equivalencia, casi milimétrica, entre la película que comentamos la semana pasada y ésta. Aun con tres años de diferencia, bien pareciera que el hecho de volver a contar en el guion con William Faulkner fuese la excusa perfecta para abundar en las mismas obsesiones. Esta vez los protagonistas son directamente franceses, integrantes del ejército que ha de luchar contra los alemanes en la WWI, pero será la única diferencia. De nuevo aparece un triángulo amoroso imposible, ahora compuesto por un oficial (Fredric March), su superior (Warner Baxter) y una joven enfermera (June Lang). A medida que el metraje avanza, las similitudes son claras, hasta un desenlace directamente copiado, y que en mi opinión le resta mucho valor, dejándola en un lugar bastante discreto. Completaba el reparto protagonista nada menos que Lionel Barrymore, en un papel también estrambótico, un señor mayor (en realidad el padre del capitán interpretado por Baxter) que parece poseer un talismán que lo protege de las balas. Apenas sobresalen algunas escenas de corte cómico, aunque debo resaltar a June Lang, no por su talento interpretativo (su carrera hollywoodense fue más bien corta), sino por poseer una de las bellezas más puras que yo haya visto en el cine de aquella época. Y si me apuro, no hay mucho más que decir sobre este nuevo cheque para el bueno de Faulkner, que al menos le sufragaría alguna curda de las suyas...
Saludos.

martes, 24 de junio de 2025

Isósceles


 

Tener nada menos que a William Faulkner en el guion de una película supuestamente bélica, pero cuyo descoordinado eje salta constantemente hacia un turbio triángulo amoroso, quizá pueda darte momentos tan "pre-code" como: una compungida chica que se sabe en la ruina (lo que equivale a alquilar el palacete victoriano) tras la muerte de su venerable progenitor en combate, por lo que se debe casar inmediatamente con el joven y potentado amigo de su hermano, cuyo amor fraternal incluye una catarata de cálidos abrazos y besos en los morros, aunque afortunadamente el súbito inquilino es Gary Cooper, por lo que a una jovencísima Joan Crawford se le queda cara de cambiar mucho de opinión romántica. De todas formas, Faulkner pensó que podía redoblar la apuesta, así que la escena más bizarra de TODAY WE LIVE es (oigan bien) el funeral de Wellington, una cucaracha que es adoptada por este "triángulo de amor bizarro", e incluso les oficia de mascota cuando van a combatir al nazismo, terminando acribillada en una escaramuza aérea. Todo esto en 1933, porque la rebelión de los escritores metidos a guionistas hace que películas como ésta sea mucho más actual, libérrima y desprejuiciada que muchas de las cosas que, noventa años después, nos devuelven una imagen mojigata por repetitiva.
Saludos.

miércoles, 18 de junio de 2025

Las segundas oportunidades


 

Abrumado por la extensión de la obra de Howard Hawks, tanto como por lo descuidada que la hemos tenido hasta ahora, vamos a iniciar un repaso por films quizá no tan conocidos, o sí, en tandas de a cuatro y por décadas. Es lo que tiene ser tan prolífico, y tan variado. Y tan bueno, porque la calidad está asegurada de antemano. Por ejemplo THE CRIMINAL CODE, de 1930, maravillosa precursora de tantos y tantos dramas carcelarios, en la que partimos de una redención que parece imposible, la de un joven que en una pelea mata accidentalmente a otro, lo que lo lleva a la cárcel por un período de diez años. Pero en un giro del destino, el fiscal que le encerró (Walter Huston) es nombrado alcaide en la prisión donde se encuentra, hecho que, unido al romance surgido entre el joven y la hija del nuevo alcaide, despierta una especie de cargo de conciencia, por lo que le nombra su chófer personal, con la esperanza de una sustancial rebaja de condena. Con una estructura de lo más simple, el guion de Fred Niblo y Seton Miller economiza admirablemente todos sus recursos, introduciendo a un atípico villano, interpretado por Boris Karloff, que termina siendo quizá el personaje con más humanidad de este relato cargado de lecciones morales, pero con el sello inconfundible de su autor, que es garantía de calidad.
Saludos.

viernes, 26 de mayo de 2023

Películas para desengancharse #104


 

Ustedes quizá me puedan resolver el puzzle. Un tipo apuesto, irresistible, pero que en realidad es un despistado paleontólogo, profesión improbable donde las haya. Una chica que le persigue, una loca del coño que diríamos hoy día, pero aunque no pegan ni con cola no van a despegarse ni un segundo. Un leopardo... ¿un leopardo?... Un leopardo. Un brontosaurio. Un perro que entierra el último hueso del brontosaurio. Una tía millonaria que se apellida Random. Y vestidos que se rasgan, caídas por terraplenes, un señor en salto de cama... La piedra angular de la comedia alocada, caótica, imprevisible, se tituló BRINGING UP BABY, y sigue siendo un prodigio de concisión, de dominio de los espacios en base a lo que dicta un guion tan simple que ofende lo maravillosamente bien que está construido. Un apunte: ahora lo sabemos, pero no deja de ser perverso que funcione como un metrónomo una pareja que en la vida real sería la más improbable que podamos imaginar. Todo ocurre a la velocidad del rayo, intercalando rápidos diálogos con la fisicidad del slapstick. Todo está construido en base a lo más complicado, que es el principio de destrucción. La metáfora, brillante, está en la última e inolvidable (todas lo son) escena: dos personas que no han parado de repelerse quedan unidas para siempre, mientras el minucioso trabajo de reconstrucción de un dinosaurio se derrumba...
No puede hacerse igual, apenas copiarse.
Obra maestra absoluta e intemporal...
Saludos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Un western experimental



Hace algún tiempo leí un curioso y encendido debate acerca de RED RIVER por parte de dos blogueros a los que tengo en alta estima y consideración. La cosa iba sobre la desmitificación del film como una sucesión de tramas que no iban a ninguna parte y que quedaban retratadas en el polémico, atípico y hasta anticlimático desenlace final. Esto estimuló mi curiosidad y me hizo volver a revisionar una película que tenía, quizá injustamente, anquilosada en un Olimpo cinéfilo del que es sano renegar de cuando en vez. Efectivamente, no he visto la misma película tras quince o veinte años, pero tampoco una película peor, sino un atrevido experimento a partir del cual se inicia una deconstrucción del western que luego multitud de directores, erróneamente repensados como menos conservadores que Howard Hawks (por decirlo suavemente), han ido refinando hasta nuestros días. Se me ocurren lazos intrínsecos con el DEAD MAN de Jarmusch o MEEK'S CUTOFF, obras de vaciado argumental que dispersan la figura del protagonista/héroe y sostienen un diálogo constante con las formas, sean naturales o no. Desde su mismo arranque, RED RIVER es la historia de un tipo que elige cavar en seco, despedir la promesa de una vida confortable junto a una mujer por ser el dueño de un puñado de tierra. A partir de ahí, el destino parece extraviado, sometido a circunstancias que jamás son dominadas por este hombre, que va perdiendo protagonismo hasta cederlo por completo a su natural sucesor, que al mismo tiempo también debe hacer una trascendental elección: la afectividad por quien le acogió como un padre, o la moral que reconoce sus actos como injustos e ilegítimos. En poco más de dos horas, Hawks aniquila al intocable gran héroe y lo reduce a un especulador sin escrúpulos capaz de matar por unas cabezas de ganado, pero más bien parece una historia circular, el ganado como vehículo para mostrar las razones y miserias de ese espacio mítico que se legislaba a golpe de revólver. Y para constatarlo, el final, en las antípodas de lo que podría ser un broche de oro, y que es una extraña y agridulce mezcla, de resignación, de un inevitable traspaso de poderes y con una marciana vis cómica que Ford, con toda seguridad, habría fundamentado en la naturaleza irlandesa, pero Hawks (y eso hay que reconocérselo también como conquista) prescinde de tintes folclóricos e inventa el western existencial para reordenar, casi setenta años después, un estado del mundo que expulsa al hombre del territorio.
Para mí es algo más que una obra maestra. Un film seminal.
Saludos.

viernes, 15 de agosto de 2014

Para siempre es muy poco



Lauren Bacall era una de las pocas pistas vivientes que aún quedaban para corroborar la existencia de los dioses. Y yo tengo tan poco tiempo y tan poco espacio que lo único que puedo hacer es prometer volver sobrre ella tras el inminente parón que esta página sufrirá a partir de mañana. Pero ¿qué hacer, si no? Mudo, genuflexo y un paso más cerca de la vejez cinéfila, en la que desgraciadamente priman los recuerdos sobre los hallazgos. Pero permítanme que hable un tanto de THE BIG SLEEP, con algunos de los diálogos más fascinantes de esto del cine; con Philip Marlowe tocándose la oreja mientras es acosado por matones y mujeres (especialmente las últimas); con un guion tan bueno (¿lo he dicho ya?) que nadie, ni Rosenbaum, es capaz de notar que tiene un montón de fallos... porque no importa; con un ritmo que recuerda a una carrera de caballos con pérdidas irrecuperables; con una colección de personajes que tienen su tiempo justo (incluso Marlowe, que sale siempre); con una forma de enfrentar los problemas que yo no sabía que existía, hoy que sólo se hablan gilipolleces, con una sorna dialéctica que hace palidecer al mismo Molière; con Bogart y Bacall... con Bogart y Bacall... con Bogart y Bacall...; con cigarrillos y whisky y coches aparcados al lado de librerías y telefonistas que te piden 55 ç's y resacas hasta las dos de la tarde y paredes de papel que nunca se caen y más cine y más cine... y Bogart y Bacall... Y no podrán inventar algo que se parezca, porque los héroes de ahora son ridículos, dan saltitos y lanzan rayos por las manos; ¿qué nos esperará cuando la dignidad nos haya abandonado de una vez por todas? No se puede ser digno en mallas por muchas banderas que beses o por mu alto que enfoques tu mirada; la dignidad se encuentra entre canallas que juegan sucio, pero te miran a los ojos cuando les hablas... Bogart y Bacall... Nunca tan cerca de nosotros como ahora. Nunca...
Saludos.

lunes, 8 de abril de 2013

Un Oeste infinito



No fue Howard Hawks un director clásico de westerns; los pocos que hizo, aun enclavados por su tiempo en la maquinaria de los grandes estudios, siempre conservaban el deseo de su director por picotear de aquí y de allá cualquier elemento propicio para, finalmente, conformar una obra más compleja, y si se quiere, más matizada. Por eso cuesta tanto acordarse de un título como THE BIG SKY (aquí RÍO DE SANGRE), donde un exacerbado sentido de la aventura prácticamente permite flirteos impensables para otros directores; y se vienen a la mente dos ejemplos clarísimos: el cine de piratas y el de espadachines. El primero por cuanto casi toda la acción transcurre a lo largo de una accidentada travesía fluvial, la que llevará a dos intrépidos exploradores (Kirk Douglas y Dewey Martin) por el río Missouri para ayudar a establecer una ciudadela en territorio aún inexplorado; a bordo se encuentra una enigmática princesa india y una tripulación de lo más variopinta. Abundan las escenas de acción, haciendo hincapié en las múltiples penalidades para llevar a buen puerto la arriesgada misión; mientras, el estupendo guion de Dudley Nichols permite a Hawks desarrollar un trabajo de actores sólido y creíble, y sin caer en el maniqueismo. Douglas, solvente y demostrando el dominio que tenía haciendo casi cualquier cosa, es el timón de este western híbrido y lamentablemente relegado a un lugar secundario, aunque en otra filmografía tendríamos que hablar de obra mayor sin ninguna duda. Uno de esos films que no conocen la palabra aburrimiento y que para cualquier sesión doble es simplemente perfecto.
Saludos grandísimos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!