Mostrando entradas con la etiqueta Estonia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estonia. Mostrar todas las entradas
sábado, 21 de julio de 2018
Brujería
NOVEMBER es una anomalía, una película salida de la fría y atípica Estonia, cuyas potentes imágenes en Blanco y Negro, al menos a mí, me recordaron dignamente a dos maestros como Bela Tarr y Aleksey German, y más concretamente a sus dos póstumas obras maestras. En un tono más comedido, incluso relajado si se quiere, Rainer Sarnet, cuya ignota obra abarca ya un par de décadas, nos introduce en un tiempo pretérito, repleto de supersticiones, conjuros y una lucha fundamental entre el ancestral paganismo y el pujante cristianismo. El film no explica, no subraya, sino que va directamente al grano, escupiendo imágenes impactantes o decididamente sin un sentido lógico. Todo se consigue mediante la brujería, o en último término, cuando todo lo demás ha fallado, pactando con el diablo, aunque el precio a pagar es sumamente elevado. El amor, la protección, las venganzas e incluso el mismo sustento, son proporcionados mediante sortilegios explícitamente orgánicos, sin mayores efectos especiales; y en este sentido, es necesario resaltar a unos seres simplemente antológicos, los Kratt, que en esencia son cosas inanimadas que de repente cobran vida y cuya función única es servir en todo a su invocador. NOVEMBER es una película extraña como poco, de una belleza que se transfigura por completo en fealdad, y dotada de un saludable sentido del humor, precisamente cuandopone de manifiesto las mentiras de la Iglesia frente a unos brujos y brujas que sólo se dedican a resolver los problemas de su comunidad.
Si son de los que gustan de exquisitas excentricidades, esta es su película para el verano.
Saludos.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Porque yo lo valgo
FREE RANGE es una película que se pudo ver el año pasado en el SEFF. La película que Estonia eligió el año anterior para los oscar. Y... hombre, teniendo en cuenta de dónde viene la cuota de exotismo queda asegurada, no así sus logros cinematográficos, que son, como poco, discutibles. Desde el primer fotograma, el director Veiko Ounpuu deja muy claras sus intenciones; sin dejar caer el bolígrafo al suelo, y con una fotografía quemada, todo parece remitir a Mayo del 68, y mientras un par de jovencitos con trenca "juegan" a quemar un libro, de fondo suena Nick Drake... El resto llega solo, y aunque la idea de partida me hizo troncharme luego va llegando la rutina del director que ha visto demasiado Godard. Pero esto es bueno, porque el protagonista es un holgazán, enchufado y borrachuzo que dice que es escritor, y además de los buenos, así que escribe una crítica de cine en el periódico donde trabaja, gracias a que se beneficia a la hija del director, sobre... ¡EL ÁRBOL DE LA VIDA!... ¡La de Malick!... Apenas un par de líneas, atentos: "Es un Malick marica. Todo marica. Estamos rodeados de maricas que hacen cosas para maricas"... Yo le hubiese dado el Pulitzer al chaval, pero estos malkditos ignorantes van y lo despiden. Lo que sigue es ya más aburrido. El tipo se pega la gran juerga cada día, a lo bestia, pero resulta que ha dejado embarazada a la hija del director, así que se propone buscar un trabajo decente, que podría ser carretillero, pero como es un inútil que no le ha pegado un palo al agua todo se va al carajo. Y borrachera va y viene, y luego presenta un manuscrito con una novela pretenciosa, y pretende que el director que le ha echado se la publique... para cubrir los gastos de paternidad, vaya...
Es decir, que esto en manos de Judd Apatow habría sido un peliculón para partirse la caja durante hora y media, pero al director estonio (el de la película) se le suben los humos, como a su protagonista, y pretende hacer pasar una cosa normalita como una genialidad atemporal. Y tampoco es eso, oiga, pero es agradable de ver y tiene una banda sonora de piezas indie bastante graciosa.
Saludos.
sábado, 21 de febrero de 2015
Una suma de opuestos
La última película que optará al oscar de habla no inglesa es, quizá, la más inesperada, pero no por ello la menos lograda. MANDARIINID (MANDARINAS) viene un poco a contrapelo, si es que sólo atendemos a su trasfondo político y lo comparamos con las otras propuestas, ya que son pocos los que se acuerdan actualmente del conflicto entre georgianos y chechenos por la provincia de Abkhazia, un lugar transfronterizo que acogía varias culturas diferentes hasta que a alguien se le ocurrió que los pasteles llenan más cuando no se comparten. Ahora bien, si nos olvidamos de todo esto (aunque es cierto que se debe tener presente para no perder el sentido histórico), MANDARIINID se revela como una pequeña gran lección de humanismo y tolerancia. Partiendo del espacio único de una granja de la que todos han huido menos un carpintero y su amigo, que espera recoger su cosecha de mandarinas, ambos de origen estonio, el director Zaza Urushadze construye un relato en torno a dos soldados heridos, enemigos entre sí, que son salvados y curados por el carpintero, que no permitirá ninguna clase de conflicto bajo su techo, aunque, a medida que los soldados van recuperándose, el ambiente va tornándose cada vez más tenso e insostenible. La lección del film establece cómo dos opuestos pueden incluso llegar a sumar, si tienen un elemento neutro que actúe como canalizador, sin tomar partido por ninguno en particular. Más floja dramáticamente, no creo que sea la ganadora, porque sería una gran sorpresa, pero se trata de un film modesto y generoso, cuyos ecos reverberan con fuerza tras su visionado, y cuya premisa filosófica trasciende la época en la que se desarrolla (principios de los noventa) y estalla en este presente que vivimos, en el que nadie parece dispuesto a esforzarse por entenderse.
Y, bueno, aquí va mi quiniela para estos oscar de habla no inglesa, que, insisto, este año me parece el apartado más interesante: no le doy ninguna posibilidad a MANDARIINID, cuya sola presencia en el certamen ya es un triunfo; tampoco creo que vaya a ganar RELATOS SALVAJES, aunque siempre sería un agrado tener a nuestro idioma en lo más alto del imperio hollywoodense; me parece que las dos grandes favoritas son IDA y LEVIATHAN, y si me preguntan yo se lo daría a esta última (y no es por llevar la contraria, maño) por la complejidad de su discurso; ahora bien, me encantaría que lo ganara TIMBUKTU, un film que desde ya se ha hecho un hueco grande en mi corazón por su mezcla de honestidad social y poesía visual.
Luego digan que no me mojo...
Saludos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!