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viernes, 24 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #9



Gracias a la forma en la que nos comunicamos los seres humanos, nos bastan un par de señales de advertencia para no caer en la incongruencia abandonada del afiche emocional. Así, un rápido vistazo a nuestra memoria más ortodoxa nos indica que hubo una película llamada GHOST que era un pastelazo y que hacía llorar más que la cebolla. Sí, memoria engañosa, pero no tanto si revisitamos este título 24 años después. GHOST era un producto absolutamente autoconsciente y teledirigido a según qué público; la típica película que uno va a ver con su novia, pero nunca solo (su antítesis sería... ¿RAMBO?). Sea como fuere, hay dos o tres cosas que aún no entiendo de esta película fantástica... que no fantástica película, sobre una alfarera ronca, un yuppie albañilista, un navajero con la cara de Diego Costa y una negra haciendo de Marujita Díaz con el pelo lacio. No entiendo cómo puede estropearse una de las mejores canciones de todos los tiempos con dos de los peores actores de todos los tiempos en una de las escenas más ridículas de todos los tiempos. No entiendo la supuesta superioridad moral del protagonista, cuando la paupérrima trama no es más que otro "¿quién se queda con el botín?". No entiendo por qué el gran Maurice Jarre accedió a empañar su impresionante currículum. No entiendo qué tipo de enajenación sufrió Jerry Zucker para perder su tronchante sentido del humor. No entiendo el oscar de Whoopi Goldberg. No entiendo la cara de estreñido de Patrick Swayze ni la de narcolépsica alelada de Demi Moore. Pero sobre todo no entiendo por qué nadie hace una película de fantasmas en la que, ya que estamos, si lo traspasan todo... también traspasen el suelo; así, en una caída universal e infinita, nos libraríamos y/o desengancharíamos de aberraciones como ésta.
Saludos.

viernes, 18 de julio de 2014

Los años locos



Los años locos son los años en los que todo es posible, los años que sólo tienen que transcurrir a su lentísima cadencia, pasar para bien, o no pasar. Esos años hay que aprovecharlos para no convertirse uno en un carca, tener su miaja de radiance aborotada y poder llegar a la cuarentena con el cutis terso y en cerebro intacto. Hay películas que ayudan cómo no; una es TOP SECRET, que vista hoy uno se da cuenta de lo cutre que es y del jartón de ganar dinero que se pegarían los Zucker y el Abrahams a base de echarle careto al asunto. Porque de cemento hay que tenerlo para inventarse una "trama" acerca de una estrella de Rock, Nick Rivers (un pipiolísimo Val Kilmer pre-botox), que no se sabe muy bien por qué termina viajando a una desquiciada Alemania Oriental, donde lo mismo hay nazis, castillos o hamburgueserías cincuenteras... El hecho es que intentar buscarle alguna coherencia a esta absoluta locura es pa ná; lo que importa es la cascada de sketches, la poca vergüenza para hilvanarlos por la puñetera cara y, sobre todo, la imposibilidad de un espectador medio para mantenerse completamente serio mientras la ve. Habrá momentos francamente malos y casi de vergüenza ajena, pero no me resisto a invocar aquí la telúrica representación de "El lago de los cisnes", la inolvidable cuadrilla de la resistencia francesa ("Letrine", "Olalá", "Café au lait"...) o ese espía interpretado por Omar Sharif y que seguro era del Atlético de Madrid... Aunque el momento más surrealista y descacharrante lo protagonizaba Peter Cushing en una librería sueca... Si no saben de qué les hablo ya tardan en verla...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!