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miércoles, 20 de mayo de 2026

Más cine, por favor


 

Nos dejó Nathalie Baye, actriz inmensa, también discreta. La antítesis de Bardot, a la que recoge el legado con todo merecimiento ¿Por dónde empezar? Por el cine, sin más. Por LA NUIT AMÉRICAINE, donde Truffaut diseccionaba el cine, el oficio de hacer películas, filmaba el filmar, el actuar, el dirigir, hacer el guion, buscar la financiación, lidiar con las neuras, los egos, las inseguridades. El cine visto desde atrás, donde la magia se ha conjurado previamente, en un asombroso trabajo de montaje a cargo de Martine Barraque, sobre todo en los encadenados bajo la soberbia música de Delerue, que aún hoy te dejan con la boca abierta. Es una película mágica, cuando en realidad se está encargando de enseñar el truco, y eso es lo que la hace única en su especie. En mi opinión, el mejor ejemplo de eso tan difícil de hacer bien que es el "cine dentro del cine". Y Baye está magnífica como la script que es el brazo alargado del propio Truffaut, interpretándose ¿a sí mismo?, pero el reparto, fabuloso, incluía a Jacqueline Bisset, Jean-Pierre Léaud o una increíble Valentina Cortese. Una delicia para ver, rebobinar, volver a ver, perderse dentro de sus imágenes y pedir que el cine no se acabe nunca...
Obra maestra absoluta.
Saludos

sábado, 16 de mayo de 2026

Entresijos de la imbecilidad


 

En 1983, el recién electo presidente de Francia, François Mitterrand, convocó un ambicioso concurso de arquitectura, para elevar a definitiva la belleza de La Défense. Inesperadamente, el ganador fue Otto von Spreckelsen, un desconocido docente danés, dedicado a enseñar arquitectura, y que sólo había construido tres iglesias y su propia casa. Digamos que el mayor valor de L'INCONNU DE LA GRANDE ARCHE, último (y mejor) film de Stéphane Demoustier, consiste en "arquitectar" el colosal proyecto en el que se vio envuelto un hombre en absoluto acostumbrado a lidiar con los problemas derivados de un presupuesto público, pese a que Mitterrand creía ciegamente en su ambiciosa visión, apoyándolo incondicionalmente hasta que perdió las elecciones. Por un lado tenemos a Spreckelsen, obsesivo, ajeno a cualquier distracción que interfiera con su trabajo, aceptando a regañadientes a los arquitectos colaboradores, a los que considera unos funcionarios arribistas. Es la historia de muchas cosas, de una construcción imposible que sólo pudo acabarse en 1989, pero que tenía poco que ver con la idea de su creador, que falleció antes de terminarse tras su renuncia, víctima de un cáncer a los 57 años. Tanbién del eterno dilema entre la obra artística y el objeto funcional, de la grandeza y pequeñez del ser humano ante lo que no puede controlar, y finalmente un preciso y afilado lamento por cómo interfieren los administradores sobre lo que no pueden ni quieren entender, y por tanto optan por controlar. 
La mejor película de su autor, sin duda alguna, y que puede suponer el disparadero de una visión cinematográfica interesantísima.
Saludos.

miércoles, 13 de mayo de 2026

El camino sigue abierto


 

No es difícil trazar la trayectoria de Brigitte Bardot, desde su temprana eclosión como sex-symbol, sus películas deliberadamente procaces, su imagen tendente a la ingenuidad mancillada, siempre con objeto de alcanzar objetivos normalmente vedados a las mujeres. Lo que sí me parece más interesante, desafiante, es entender de alguna manera si aquella actriz se retiró tempranamente porque su mejor arma interpretativa, su cuerpo, ya no le acompañaría, o realmente estamos ante una mujer que comprendió la falsedad del star-system y encauzó su vida hacia un opuesto de activismo, que nunca fue bien entendido. De todo esto habla BARDOT, el documental estrenado pocos meses antes de su muerte, como si alguien hubiese tenido la lucidez desprendida de ajustar cuentas con una estrella que nunca se apagó, sino que cambió de constelación. Se dicen cosas muy reveladoras, como la hijoputez de sus padres, unos burgueses que la trataban con desprecio; su temprano matrimonio con Roger Vadim, con el que logró la emancipación, pero también descubrió que en la variedad estaba el gusto; los encontronazos (no es casualidad) con Godard y Clouzot, de los que no hablaba muy bien... aunque tampoco ellos de sus limitaciones interpretativas. Todo ello desembocando en su retirada a los 38 años a una villa de Saint Tropez, aguantando el acoso de los paparazzis; y cómo no, su lucha por los derechos de los animales, que asimismo alimentó la deformación hacia su figura, tachada como una vieja loca a la que no le importaba alinearse con Chirac, Sarkozy, Macron o LePen, creyendo (en una ingenuidad supuestamente inagotable) que la ayudarían con su causa. Todo eso fue Brigitte Bardot, mucho más de lo que muchos seremos jamás; por ello la recordaremos, no por este documental plano y rutinario, sino por los muchos caminos que se atrevió a abrir en un mundo pacato y desagradecido.
Saludos.

miércoles, 6 de mayo de 2026

La noche de las estrellas


 

En 2020, en plena pandemia, el prestigioso documentalista bielorruso Sergei Loznitsa presentaba un corto de poco más de veinte minutos titulado UNE NUIT À L'OPÉRA, donde rescataba diversas imágenes de la prestigiosa Ópera de París, para establecer toda la pompa y artificiosidad que se reunía en cada evento en los 50 y 60, más propio de cualquier desfile de estado. El desfile incluía a las más notorias figuras de los más diversos ámbitos. Desde el general De Gaulle a Jean Cocteau, el actor Charles Vanel, Chaplin, Grace Kelly, o la mismísima reina de Inglaterra. Por allí asomaba también Brigitte Bardot, lo que dotaba a las estiradas damas de un punto de indignación y envidia. La función se remataba con la Divina, con Maria Callas en un fragmento significativo del "Barbero de Sevilla". No es casual, y en esos veinte minutos Loznitsa condensa la futilidad, la vanidad, el oropel rivalizando con lo único que importa: el arte.
Saludos.

sábado, 2 de mayo de 2026

Coherencia e incoherencia


 

Es de esperar, en ficciones más o menos realistas, que la coherencia narrativa florezca desde ocurrencias que la distingan de la aburrida y previsible realidad. Incluso en los films más sobrios, existe esa tendencia a la dispersión y fragmentación, que algunos llamamos montaje, como el cazador desesperado por trincar la medalla de oro. A Stéphane Demoustier le gustaría brincar de Audiard a Ozon, sin peajes, sin ser menos comprometido o menos diletante, y esto es complicado para sacar un proyecto interesante de la medianía. BORGO es el nombre que se le daba a una antigua cárcel en la isla de Córcega, donde transcurre este ¿thriller? ¿policíaco? ¿drama familiar?, en el que una funcionaria de prisiones aterriza en la susodicha isla, huyendo de la presión parisina, a una prisión masculina de régimen abierto, junto a su marido y sus dos hijos pequeños. Sin guardarse un solo detalle, la protagonista deambula por las celdas, traba confianza con unos presos francamente intimidantes, les consigue artículos. Hasta el punto de encontrarse con un joven, al que tiene especial aprecio, en una apartada playa, donde una supuesta barbacoa entre amigos desemboca en una exhibición de tiro con armas pesadas de contrabando. Ahí entra la consecuencia, "lo plausible", cuando entendemos que a Melissa (a la que llaman "Ibiza") quieren reclutarla como "conseguidora" desde su puesto en la prisión. Es decir, que tenemos un juego peligroso, pero la actriz Hafsia Herzi nunca parece excesivamente preocupada, más bien excitada por jugar a los delincuentes ocultos, mientras su familia se aburre sin sospechar nada. Una lástima tanta indefinición, aunque peor me parece emplear dos horas eternamente repetitivas, para despachar un desenlace, además inconcluso, en quince minutos.
Fallida.
Saludos.

miércoles, 29 de abril de 2026

Propietarias a la fuerza


 

La película que supuso prácticamente la retirada de Brigitte Bardot (aún haría tres más) fue LES PÉTROLEUSES, compartiendo protagonismo con la también recientemente fallecida Claudia Cardinale, amén de otros tantos como Michael J. Pollard, Teresa Gimpera, Emma Cohen o Manolo Zarzo, que para eso era una coproducción rodada en Almería. Incluso hay una breve aparición del maestro López Vázquez, cuyo perfumista "afeminado" da la medida del producto ante el que estamos, una comedia en clave de western, que en ningún momento se toma en serio a sí misma, y que contaba las andanzas de dos heroínas, una (BB) que comanda un grupo de asltantes de trenes, todas mujeres, mientras que la otra es el carácter indomable que regenta un rancho con sus cuatro hermanos, que sin ella son un desastre. Resulta que uno de los maletines sustraídos contiene un mapa que señala un rancho conteniendo petróleo, pero al llegar las ladronas se encuentran con la compra por parte de la ranchera, lo que inicia una disputa sin fin por hacerse con el dichoso terreno. Una película para ver con cero pretensiones, con un doblaje en español que incluye a un chino cantando por Manolo Escobar, mientras que el pueblo resulta ser un reducto donde se habla francés y el único angloparlante es el sheriff, que parece un guiro en Magaluf... Christian-Jaque, mítico realizador que inició su andadura allá a principios de los años 30, se diluyó en sus últimos trabajos, evidentemente alimenticios.
Saludos.

jueves, 23 de abril de 2026

Evocando los buenos tiempos


 

Avalada por su flamante nominación a los oscar, la multipremiada ARCO optaba aganar en Sitges, cosa que no hizo, aunque era claramente de las favoritas. La sensación que deja la película de Ugo Bienvenu en su primer largometraje, tras multitud de cortos (siempre en terreno de animación) y alguna que otra miniserie, es la de un enamorado de la animación retro, capaz de aunar técnicas tan diferentes como el detallismo japonés, el arrojo creativo de René Laloux o el canon del cómic de superhéroes. Hasta ahí, estamos ante un trabajo realmente interesante, inconformista en la técnica, pero que lamentablemente adolece de un guion plano y previsible, una nueva vuelta de tuerca al E.T, de Spielberg, en el que un niño, Arco, que porta un traje que le proporciona extraordinarias habilidades, llega hasta el año 2075, "precisamente" aterrizando en el patio trasero de una niña que casualmente se llama Iris, y cuyos padres por lo que sea pues no están. No quiero decir con esto que la película sea desdeñable, pues me parece un producto más que digno y disfrutable, pero le hubiese venido de perlas un guion menos encorsetado y ensimismado con cosas que se han hecho antes, y un poco mejor.
Saludos.

miércoles, 22 de abril de 2026

Ave María Purísima



 En 1970, una Brigitte Bardot que ya estaba bastante hastiada de ser un objeto sexual, rodó bajo un contrato leonino LES NOVICES, una comedia fácil y tontorrona, que podría haber sido otra cosa si la hubiesen dejado enteramente en manos de Claude Chabrol, al que llamaron de urgencia para que arreglara el estropicio de Guy Casaril, del que dudo que supiese las reglas básicas de la dirección. Lo que queda es una película de batalla, para hacer caja gracias al reclamo de BB, haciendo de una monja descarriada que se marcha a París, donde conoce a una prostituta (Annie Girardot), que pretende "hacer carrera" de la ingenua religiosa, que ha vivido casi toda su vida en un convento. Una pena que Chabrol y el gran guionista Paul Gégauff se limitaran a poner el piloto automático y cobrar el cheque, porque había una buena historia aquí, más teniendo a Girardot en su habitual tono tragicómico. Es lo que es, una tontería para ver a la Bardot con poca ropa, acosada por señores sudorosos con puro e intentando parecer sexy, lo que en su caso no era cosa de ensayo. Algo así como lo de ayer, pero sin ínfulas. Aún hizo alguna que otra cosa, pero su repentina retirada era inminente.
Saludos.

sábado, 18 de abril de 2026

Querer ver/Obligar a ver


 

Con la apariencia de un drama judicial canónico, donde lo importante es ser guiados con acierto por los retruécanos del caso, sus verdades y mentiras, donde nos posicionamos y nos hacemos suposiciones, todo con el fin de llegar a un veredicto infalible, seguir tranquilos con nuestras vidas, confiando en que se hará justicia. Y no. LA FILLE AU BRACELET se abrer con una magnífica secuencia, en la que observamos a la familia de la joven Lise disfrutando de un día de playa, hasta que se presenta la policía y Lise debe acompañarles. Han pasado dos años desde que su mejor amiga fue brutalmente asesinada, y todas las pruebas incriminan a Lise. El juicio ocupa la mayor parte del metraje, aunque igualmente importante son las escenas familiares, donde se nos dirige la mirada, interesados en saber qué oculta esta adolescente de mirada fría, frases cortantes y una actitud que parece disociada incluso de un arresto domiciliario. Curiosamente, la decisión de Stéphane Demoustier de explicitar las conductas sexuales y emocionales, nos dan un camino hacia el juicio paralelo (lo vimos hace una semana), preocupado por censurar las prácticas independientemente de si son delictivas. En esa ruptura el film decae, sin decidirse por un tono que cohesione la idea fundamental ¿Creer en la culpabilidad o la inocencia? Y en todo caso ¿se es inocente al ser expuesta una intimidad que se rechaza de inmediaro? Lamentablemente, Demoustier lo deja todo en el aire, y no creo que sea la mejor decisión.
Saludos.

miércoles, 15 de abril de 2026

El sexo es revolución


 

He pensado que tampoco era para tanto lo de VIVA MARIA!, donde dos polos tan opuestos como Jeanne Moreau y Brigitte Bardot confluían, en el papel de una cabaretera (Moreau) que recorre el salvaje México de principios de siglo (XX), a cuyo destino se une una joven terrorista irlandesa (Bardot), que ha huido tras la trágica muerte de su padre. Con este hardcore planteamiento, Louis Malle y Jean-Claude Carrière se servían del oscurecimiento proverbial de LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS, nada menos que para adelantar un mix de DOS HOMBRES Y UN DESTINO y GRUPO SALVAJE, sin tener mucho que ver, o sí. Es, desde luego, una película tan libre como sus protagonistas, mujeres que se van con quien quieren, vuelven cuando se les antoja y disfrutan de la vida una vez entienden el influjo que ejercen sobre los hombres, que aquí son ridiculizados e infantilizados. Es una especie de western con tintes de comedia romántica, con una fuerte carga sexual, que en su ingobernable tramo final parece un cómic de Tintín escrito por los ZAZ. Todo eso cabe en esta majadería de 1965, para desdecir a quienes, en su cortedad de miras y entendimiento, piensan que el cine sin prejuicios lo inventó Netflix...
Saludos.

miércoles, 8 de abril de 2026

Juicio amorísimo


 

La sensación que deja una película como LA VÉRITÉ es de desubicación continua, de esquinas iluminadas, repentinamente, tan sólo para dejar otras a oscuras. Es, parece ser, un típico drama judicial, donde se nos anuncia (en una imponente presentación) el juicio a la joven Dominique, acusada de asesinar a un joven y prometedor aspirante a director de orquesta. Podría ser, y es, pero también es mucho más. Es el escrutinio, delirantemente morboso, a la figura del objeto sexual, que hoy es motivo al menos de disputas, pero en 1960 podría ser poco menos que la excusa para ver a Brigitte Bardot retozando bajo las sábanas, porque eso sería quedarse en la superficie. Por un lado tenemos una afilada disección a aquella rive gauche parisina, como si el propio Clouzot mirara con sorna a los jóvenes y pujantes cahieristas; por el otro, la inocencia y defensa imposible de Dominique, juzgada por ser una mujer libre antes que por ser una asesina. Es, en todo caso, un sólido alegato contra hipocresías y embrutecimientos, que apuesta siempre por la humanidad de sus personajes y, además, le daba a la entonces efervescente BB su mejor papel. Incluso mejor que el que le dio Godard, lo que da que pensar.
No es una obra maestra, por lo disperso (por ambicioso) de su estructura, pero es un peliculón como la copa de un pino, como diría mi gran amigo y reciente cumpleañero Charly...
Saludos.

sábado, 4 de abril de 2026

Dadle la manita


 

Se cumplen ahora treinta años del controvertido estreno de PONETTE, en la que Jacques Doillon ponía a prueba las dotes interpretativas de una chiquilla de apenas seis años, en uno de los ejercicios más flagrantes y discutibles de los límites de la ficción y la pornografía emocional. En su segundo trabajo, ALLONS ENFANTS, un mediometraje de una hora, Stéphane Demoustier daba un paso más, aunque no tan polémico, al poner a sus dos hijos, Cléo y Paul, que no llegaban a los cinco años, como protagonistas de una odisea, la que organizan al perderse en el gigantesco parque de la Villette, cada uno por su lado. Conviene no hacer de "cristiano ofendido" y tomarse al pie de la letra esta pequeña fábula, que parece simplemente un divertimento con el que experimentar un rodaje desde el punto de vista de los pequeños. O es así, o se corre el riesgo de pasar una hora indignados ¿Dónde diablos están los padres? ¿A quién se le ocurriría ponerles como cuidadora a una pobre mujer con problemas severos de movilidad? ¿Por qué, de una multitud, la pobre Cléo tiene que encontrarse con la tía más siesa y antimaternal del parque? ¿Cómo es posible que la policía no les eche una mano porque están en alerta terrorista? ¿Cómo se puede estar en una alerta terrorista y permitir que el parque esté abarrotado sin control de acceso? Y sobre todo, señor Demoustier, que son sus propios hijos ¿Era necesaria esa breve escena en la que un tipo ultrasospechoso se lleve a la niña de la mano?... Estos franceses...
Podría haber ido más allá, pero casi mejor que no.
Saludos. 

miércoles, 1 de abril de 2026

Sobrevaloraciones


 

De algún lado hay que partir, y en el caso de Brigitte Bardot debía ser de la Juliette de ET DIEU CRÉA LA FEMME. Una película estúpida sobre la estupidez, indefendible, inenarrable, vacua y cuantos más adjetivos negativos queramos ponerle. No se sabe de qué va... bueno, sí, de una calientapollas a la que además le chiflan los hombres; una huerfanita en mitad de un Saint Tropez, donde se la disputan un chulo picaflor, su hermano, inseguro y apocado, y un ricachón que pretende comprarles a ambos un desvencijado astillero familiar, con intenciones más allá de lo retorcido. Ni siquiera merece la pena pararse en el raquítico guion firmado por Raoul Lévy y Roger Vadim, que debutaba en la dirección y también inauguraba un género, al menos para quien esto escribe, insólito: el cuckoldroman. Me ahorro la traducción, pero no he visto un juego de espejos más amoral que escribirle a tu joven esposa un papel en el que literalmente se pasa el día contoneándose delante de borrachos salidos, bailando con la falda abierta encima de una mesa o dándole mordiscos a su cuñado, por si se había quedado algo en el tintero. Despiadadamente kitsch, con decorados salidos de Blancanieves, es como una película porno que nos quiere dar lecciones de moral, o uno de esos slashers imaginarios en los que sólo yo imagino al asesino acojonado y escondido ante tanto crural desaprovechado...
Saludos.

miércoles, 25 de marzo de 2026

El otro faro


 

Los miércoles, a partir de hoy, tendrán iniciales, que serán B.B. Porque queremos rendir un pequeño homenaje a Brigitte Bardot, que también se sumó al triste aluvión de desapariciones en el ámbito cinematográfico. Habrá, supongo, a quien le parezca demasiado homenaje para tan poca actriz, pero a mí la Bardot siempre me ha parecido una estrella, en el amplio sentido de la palabra; una de esas personalidades deslumbrantes, cuasidivinas, que nunca estuvo tan cómoda con su condición de sex-symbol, pero lo cierto es que la explotó como nadie, hasta que un día decidió que era hora de que la estrella se retirase. Es eso, por supuesto, pero tambien (lo digo siempre) la impagable oportunidad de pasear el blog por filmografías, películas que a lo mejor no estarían aquí de no ser por circunstancias como ésta. Por ejemplo, iniciamos con MANINA, LA FILLE SANS VOILES, que si no es la primera aparición de la Bardot en pantalla por ahí debe ir. De hecho, el principal reclamo (y casi el único) de esta discreta comedia romántica era esa explosiva chica en bikini (hablamos de 1952), que probablemente aún ni era mayor de edad y que de alguna manera venía a adelantar a la Harriet Andersson de UN VERANO CON MÓNICA, aunque no sería justo comparar ambas cintas. El film, muy estirado, comienza con un soñador estudiante de Historia, que ha calculado así a vuelapluma encontrar unas ánforas antiquísimas en una remota costa italiana. Allí está Manina, hija del farero, que primero tiene trece años, pero en el segundo viaje ya es lozana dieciochera, por lo que el aprendiz de arqueólogo cae fascinado. Es de reseñar la aparición del actor suizo Howard Vernon (EL SILENCIO DEL MAR) como el malo de la peli, mientras que a este lado de los Pirineos nadie podía sospechar que hubiese mujeres tan bellas... y con tan poca ropa. Una fruslería de apenas 80 minutos, que se ve sin muchos aspavientos y a otra cosa...
Saludos.

sábado, 21 de marzo de 2026

Doble falta


 

El reciente estreno de la última película de Stéphane Demoustier nos brinda la posibilidad de iniciar un repaso a su aún breve pero prometedora filmografía. Diversificando su mirada, y sin decidirse por un solo tono, su ópera prima, TERRE BATTUE de 2014, estaba producida nada menos que por los hermanos Dardenne, de cuyo fino bisturí social extrae lo mejor de una historia, en todo caso, dispersa y dubitativa. Demoustier parece querer contar demasiadas cosas en un escueto metraje, apoyado en la interpretación del actor belga Olivier Gourmet, que encarna a un directivo que acaba de perder su trabajo, pero cree que pasados los 50 es el momento de convertirse en emprendedor. Él piensa que va a deslumbrar a su mujer con su iniciativa, pero ella ya tiene decidido abandonarlo por un motivo ni siquiera aclarado. Paralelamente, su hijo, que toma clases de tenis, es preseleccionado para ingresar en las categorías iniciales de Roland Garros, aunque debe superar un duro torneo local. Y la verdad, son varios elementos que se hacen irreconciliables por un guion a brochazos, con algunas ideas interesantes, incluso un desenlace que vendría a ser un "Dardennes' light", pero que en conjunto se quedaba como un debut tirando a flojito.
Saludos.

sábado, 10 de enero de 2026

Nuestros pequeños desamores


 

La aventura francesa de Jaime Rosales es MORLAIX, un pequeño y desigual retrato de la fugacidad de la juventud, de cómo siempre será demasiado tarde para todo y los discursos, por bonitos y rotundos que sean, acabarán sepultados por la necesidad de pagar una factura o comprar verduras. Con un pie en el Rohmer de "las rodillas" y otro en el Truffaut combativo, donde más quiere reflejarse es en Eustache reconvertido, pero, todo hay que decirlo, aniquilando el motor suicida del francés, conformándose con un inofensivo juego especular que, a mí al menos, no me funciona. En su última vertiente, Rosales ensaya un necesario (por insólito) fresco que abarque a la última generación, una generación denostada, olvidada a su suerte, a la que se ridiculiza como acomodaticia (y cuál no), quejumbrosa y, aún peor, frígida. El director catalán imagina unos jóvenes serenos, seguros, curiosos, solidarios, para seguidamente enfrentarlos a sus problemas generacionales; la incertidumbre social, la falta de asideros morales, la sensación de habitar un submundo del que desconocen las claves para acceder a ese otro mundo, que siempre verán a través de una pantalla. No hay aquí móviles, ni redes sociales, y sí una película que los jóvenes van a ver, y que en realidad es la película de sus vidas, las posibles, las reales, las prometidas, las imaginadas. Y en esa necesidad de verse para elegir qué hacer, qué decir, a lo mejor no hay más que un dejar pasar el tiempo, ver cómo se agota. La discordia es, sin revelar nada, elegir entre abandonar el entusiasmo o morir precisamente por él; puede parecer absurdo, pero las desesperaciones, en tanto que tranquilas y meditadas, son hermosas.
En mi interior, es una obra bienintencionada pero fallida de un cineasta, al menos, honesto consigo mismo.
Saludos.

martes, 16 de diciembre de 2025

Charcos como océanos


 

Una de las cosas que más aumentan mi curiosidad a la hora de decidir si enfrentar o no según qué película, suelen ser los consensos generalizados en torno a ella, y más concretamente para desafiar mi propia percepción respecto a dicha enumeración. Todo en torno a DRACULA: A LOVE TALE ha sido un constante ir y venir del elogio al exabrupto, en un desconcertante carrusel de frases hechas, lugares comunes y, me da la impresión, tocadas de oídas. Mi sensación tras verla ha sido igualmente descompensada. Por supuesto que Luc Besson se ha apropiado desvergonzadamente de otras obras, y no sólo del Drácula de Coppola, sino de ideas tan peregrinas como la de EL PERFUME, de Tom Tykwer, de la que llega a calcar un plano famosísimo. Hasta eso se le puede perdonar a Besson, que siempre ha sido más osado que original, pero lo cierto es que este DRACULA pierde fuelle en muchos momentos, incapaz de organizarse como ente compacto e indisoluble, que además arrastra la rémora de la historia requeteconocida. Caleb Landry Jones creo que está más que correcto, aunque su caracterización e histrionismo se acerque más al Nosferatu de Kinski que a Gary Oldman. De Christoph Waltz prefiero no decir nada, porque constato que a día de hoy es una caricatura de sí mismo. Y el resto del elenco no merece la pena ni mencionarlo. Si en lugar de ir por el lado narrativo, Besson hubiese desparramado el expresionismo que siempre ha albergado, probablemente estaríamos ante un film mucho más excitante, y por tanto defendible. Esto apenas asoma en contadas escenas, pocas para las expectativas que pudiesen tener sus seguidores de largo recorrido.
Dos horas que parecen cuatro.
Saludos.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Pro-tejer


 

Aclaro el palabro de arriba: de la protección no como ente inamovible, sino una maraña que se va tejiendo con paciencia. Ahora sí, en los últimos años, vimos a una Claudia Cardinale que participaba en proyectos más o menos modestos, producciones a caballo de Italia y Francia, donde no era raro verla encarnando personajes reminiscentes de sus raíces tunecinas. Un film muy desconocido, pero que me complace rescatar hoy es LE FIL, que nos viene a recordar cómo nos hemos ido convirtiendo en unos carcas reaccionarios y apolillados casi sin darnos cuenta. He aquí la historia de una familia burguesa tunecina, donde madre e hijo se reencuentran tras la muerte del padre, después de que él haya terminado sus estudios de arquitectura en París. Se nos presenta un mundo muy desconocido, donde las tradiciones árabes se mezclan sin problema con costumbres más abiertas, provenientes de un caldo de cultivo rico en matices que, para nuestra vergüenza, ha sido erradicado hoy día de las "redes desinformativas". Ella ama a su hijo, y quiere pasar sus últimos años disfrutando su felicidad y auge profesional; él quiere mantener las apariencias, pero su única libertad provendría de ser abierto con su homosexualidad. Mehdi Ben Attia roza el buenismo aleccionador, entre otras cosas por la honestidad con la que nos muestra ese mundo tan desconocido, con choques culturales algo abruptos, pero en definitiva conformando un film entretenido, pequeño, pero que habla de esos grandes temas que nos suelen pasar por delante de las narices. 
Valiente.
Saludos.

viernes, 5 de diciembre de 2025

El camino sin retorno



En 1991, el cineasta y novelista de origen turco Henri Verneuil ponía en marcha la monumental tarea de adaptar a la gran pantalla la novela en la que narraba la odisea de su familia, a principios del siglo XX, huyendo del genocidio armenio, y su establecimento en Marsella. El resultado es MAYRIG, una impresionante epopeya familiar y social, con una mirada entre nostálgica y reivindicativa, en el que Verneuil nos cuenta las dificultades de la familia Zakarian para no perder la dignidad, sortear la miseria y encontrar un lugar en un mundo que no termina de aceptarlos del todo. En el amplio reparto, sobresalían dos grandes nombres, como el de Omar Sharif y Claudia Cardinale, que sostienen admirablemente esta inspirada película, no muy reconocida fuera de las fronteras francesas, pero que allí es un título reverenciado, y que cuenta con una segunda parte, que Verneuil logró rodar poco antes de fallecer.
Saludos.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Rincón del freak #669: El espectro del teletrabajo


 

No es tarea sencilla adaptar a Guy de Maupassant, un autor cuyos herméticos y enigmáticos textos se aferraban a la palabra escrita con convicción, en una economía narrativa que escondía una complejidad intertextual que habría de hilarse muy fino en pantalla con tal de no caer en el exhibicionismo burdo. Es el caso de LE HORLA, probablemente mi cuento favorito del escritor galo, que presenta el terrible dilema de una presencia maligna e indescriptible, que atormenta a su protagonista, pero sólo a él, lo que nos deja a merced de "creer" a este hombre o pensar que sufre algún deterioro psíquico. Esta versión, hecha para televisión, apenas roza la profundidad emocional y el espanto que sufre el protagonista con cada uno de estos encuentros, cayendo en una narrativa facilona, convencional, no tanto por trasladarnos al presente, sino por lo incomprensible de algunos comportamientos. Hay quien afirma que los franceses son, por así decirlo, complicados de manejar. Lo que encontramos aquí es a un tipo que se muda a una torre en las afueras junto a su mujer y su hija, pero hay ruiditos que no le permiten concentrarse en su nueva faceta de teletrabajador, lo que su jefe identifica con una tocada de huevos en toda regla. Además, alguien se bebe su botellita de agua por las noches ¿? Y, claro, nadie le cree. Como decíamos antes, quizá lo normal sería echarle una mano a quien lo necesita, pero por lo que sea este señor se ve sistemáticamente repudiado por todo cristo. 
Un telefilm en toda regla, pero con muy poco novedoso que ofrecer. Lean el relato, que es cortísimo y una maravilla de extrañeza literaria.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

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