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sábado, 12 de febrero de 2022

Flamencos y pelícanos


 

Y entonces, Werner Herzog y David Lynch decidieron que debían cruzar sus caminos. Y se juntaron. Y de esa improbable, marciana y loquísima colaboración, salió una película titulada MY SON, MY SON, WHAT HAVE YE DONE ¿Que qué es esto?... No estoy muy seguro, pero semeja ser una especie de explicación sobre el desmoronamiento de una personalidad, más concretamente la de un tipo ya raro de por sí, que tras matar a su madre se atrinchera en su casa y lanza soflamas apocalípticas. Sería algo muy visto, pero el arte de la deconstrucción tiene difíciles caminos, y Herzog opta por el más arduo de todos, el de la locura filmada de frente. Y le sale regular, porque apenas podemos ver a un tipo haciendo cosas sin sentido, lo que no termina por explicar nada; aunque eso sí, tenemos las habituales postales "around the world" del cineasta alemán, y esos momentos de surrealismo congelado, proveniente del último Lynch. La película, no sé, ni es para tirar cohetes ni para defenestrarla, y hay tanto de un cineasta como de otro, y Michael Shannon consigue transmitir un estado mental fiero y alterado casi sin gesticular. Y las casas californianas tienen ese encanto hortera que gusta y repele al mismo tiempo. Y salen flamencos y avestruces, pero pelícanos no, para qué nos vamos a engañar...
Saludos.

martes, 9 de febrero de 2021

El cristal y la sangre


 

Poco reivindicada, la obra de Werner Herzog contiene la cualidad de traspasarnos (y trasvasarnos) a un momento pretérito, sin que tengamos la noción de asistir a ningún relato histórico. Verdadero valedor de tantos y tantos cineastas posteriores a él, el director alemán es poseedor de esa mirada insobornable, recia, única, que da a sus películas un grano y marchamo únicos. Y uno de sus títulos más enterrados (entre otros de mayor reconocimiento) es HERZ AUS GLAS (CORAZÓN DE CRISTAL), tenebrosa puesta en escena de la transición de un mundo en descomposición, el feudal, al tiempo que se van desvelando, lenta pero implacablemente, las claves del nuevo mundo industrializado. Herzog nos coloca justo ahí, en ese tiempo de nadie, a principios del XVIII, parabolizando un hecho menor para ilustrar un mapa general. Una pequeña villa bávara entra en decadencia, puesto que el maestro cristalero ha muerto sin desvelar el secreto para la confección del "cristal de rubí", que compone el único sostén económico, lo que desata una serie de actos a cual más funesto. El "señor" de la fábrica de vidrio se desespera, mientras busca la fórmula, llegando a confiar en las dotes de un profeta ermitaño. Sin embargo, éste no sólo le reconviene en su empeño, sino que le augura la destrucción de la aldea de continuarlo. Así, Herzog construye esta extraña fábula, a medio camino de la fatalidad y la esperanza de los nuevos tiempos, poniendo el punto sobre la inutilidad de los métodos arcanos para resolver problemas en realidad mundanos. Críptica y de ritmo complicado, se disfruta más en algunos largos momentos contemplativos de gran belleza, fotografiados por Jörg Schmidt-Reitwein y envueltos en la soberbia música de Popol Vuh.
Saludos.

miércoles, 11 de julio de 2018

Desierto blanco



Yo siempre suelo remitir a Werner Herzog cuando alguien me pregunta, no sin su poquito de mala baba, que le recomiende cine extraño, cine arriesgado e inclasificable. El cine del alemán, con una carrera ya de casi cincuenta años, sigue siendo insobornable y muy personal, pero no sólo en los aciertos, también en los errores. Y yo se lo perdono casi todo a Herzog, pero es difícil empatizar ni un tanto con un film como SALT AND FIRE, tan hosco en la forma como finalmente incomprensible en el fondo. La historia es extrañísima, y narra la estrambótica deriva de unos científicos que son secuestrados en Bolivia y retenidos para... No, no sé para qué, por muchas explicaciones que dé el guion. Porque Herzog mezcla muchas cosas para terminar contando una chorrada; habla de ciencia, de tecnología, ecología, geopolítica, arte, terrorismo, valores humanos y cómo éstos quedan sujetos a la ambición personal ¿Lo que yo vi? Un puñado de estupendos actores al borde del ridículo, con un fondo de música machacona y un metraje que no parece acabarse nunca, como el desierto de sal en el que transcurre la, insisto, incomprnsible parte final de este decepcionante film, cuyo culmen consiste en una botella de champán en una silla de ruedas... ¿?... Y eso no lo salva ni Michael Shannon, que de vez en cuando debería hablar con su agente...
Saludos.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Red de redes



Que Werner Herzog posee una mirada única e insobornable, rozando el escapismo poético, a la hora de tratar los temas más mundanos, es una cuestión perfectamente corroborable a lo largo de sus casi cincuenta años de actividad. Su polisémica manera de entender el documental le ha granjeado tantos detractores, enemistados con sus "manías" de grand auteur, como rendidos entusiastas de una forma de narrar completamenten alejada de los engolfamientos del mainstream. Así, LO AND BEHOLD, REVERIES OF THE CONNECTED WORLD, supone un encontronazo tan polémico, bello e irritante, que uno no sabe de qué manera enfrentar esta "breve historia del nacimiento, auge, esplendor y omnipotencia de Internet", si no es con la adecuada distancia, que enfría expectativas e invita a la reflexión íntima. No es un documental de entrevistas puras, aunque hay muchas con los pesos pesados de la historia de esta ¿herramienta?... ¿sistema de comunicación?... De hecho, ya un modo de vida que nos aleja tanto como nos acerca, y Herzog parece insistir en la premisa de esta terrible paradoja: millones de personas, conectados a un toque de la yema de sus dedos, pero incapaces de mantener relaciones sociales en su vida. Aunque, pensándolo bien, también incluye grandes dosis de una teoría de la conspiración, según la cual estamos siendo observados y controlados por... bueno, no se sabe exactamente, pero es una excitante conjura. O... un momento, porque recuerdo que flotaba un subtexto que ponía bocabajo todas las ideas preconcebidas sobre quién creó realmente Internet, y de cómo se le desposeyó prácticamente a la fuerza, convirtiéndolo en un extraño mesías de ideas antisociales, aunque curiosamente sea el entrevistado con un trato más normal y humano...
Ya les advertí que esto no es un documental más, sino un documental de Werner Herzog.
Saludos.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cine en crisis #10



Hay películas que, por su especial condición, son capaces de superar incluso sus propias expectativas. El ejemplo más claro es FITZCARRALDO, la película maldita de Werner Herzog; la epopeya amazónica que a punto estuvo de sacarlo definitivamente del cine y´en el que, según cuenta la leyenda, Klaus Kinski terminó tan hastiado que intentó matarlo. Anécdotas aparte, FITZCARRALDO (el título proviene de la dificultad indígena para deletrear Fitzgerald, verdadero apellido del protagonista) es un film obsesivo, arduo y tenazmente convencido de cómo debe desarrollarse; y el tan temido tijeretazo, precisamente por estar casi autogestionada por el propio Herzog, es todo lo contrario, y su desmedido metraje (casi tres horas) se antoja excesivo y por momentos innecesario para desarrollar una trama que en sí no es tan complicada de entender. Este personaje, hecho a medida de Kinski, sueña con construir una ópera en un pequeño poblado a orillas del Amazonas, y bien pareciera que nada pueda detenerlo en su empeño. Para ello sólo necesita lograr liquidez, pero al estar arruinado decide invertir sus escasos ahorros en un destartalado barco con el que comerciar con caucho, con la particularidad de que hará el recorrido a la inversa de un famoso meandro bifurcado, ahorrando más tiempo que cualquier otra ruta. El único problema es que para pasar de un cauce a otro no le quedará más remedio que imaginar una tarea casi imposible: remolcar la nave y conducirla a través de la montaña. Nadie en su sano juicio hubiese apostado por la viabilidad de tamaña empresa, pero tampoco de la película en sí, y es cierto que pese a lograr premios tan prestigiosos como el de mejor director en Cannes, FITZCARRALDO ha quedado un poco relegada y casi como un objeto de culto, una rareza que aunaba el tono mesiánico de su argumento a un humanismo nada relamido ni autocomplaciente. Un film farragoso y lleno de imperfecciones que a  mí me costaría creer que se pudiese hacer hoy día.
Saludos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Respuestas sin preguntas



Werner Herzog es un tipo impredecible, un majara dentro de la industria y al margen de la industria, que es algo que muy pocos pueden permitirse y que puede dar lugar a artefactos tan sumamente extraños como el que hoy nos ocupa. Y es que THE WILD BLUE YONDER es algo más que un simple film; es la constatación de que una bufonada termina por ser más seria que un producto pretendidamente "serio", sobre todo porque Herzog, su desbocado e indómito talento, es capaz de poner en pie toda una saga galáctica sin más dinero que el de la cámara (en singular) y el sueldo de Brad Dourif, que tampoco debe cobrar como su tocayo Pitt... Así, uno siente una irreprimible curiosidad por saber, por "ver"; y, sí, claro que se ve, pero sobre todo se escucha, porque THE WILD BLUE YONDER es una suerte de cuento oral que nos es contado en primera persona. Dourif se presenta como un alienígena de edad incalculable y que se encuentra en la devastada Tierra solo y confinado, esperando pacientemente la muerte. El cuento habla de cómo un grupo de astronautas fue al planeta que da nombre a la película para colonizarlo y darle continuidad a la especie; para ello, Herzog utiliza material ya grabado hace tiempo, una especie de documental de la NASA y lo entronca con imágenes de buceo bajo gigantescas placas de hielo glacial. Así que el director alemán une un metatexto al que sólo tenemos acceso mediante nuestra propia imaginación, y luego lo altera "mostrando", sólo que no le interesa un despliegue de facultades técnicas, le basta y le sobra con imágenes reales de nuestro propio planeta, que puede resultar tan extraño y cautivador como el mundo más lejano que podamos concebir. La película es roma, áspera, no concede una sola oportunidad de regocijo, pero sobre todo es una demostración (aunque cuente ya con cinco años) de que ni siquiera la crisis económica puede frenar a la imaginación, quizá el único bien inalterable tras el apocalipsis. Como decíamos, Herzog desatado y Herzog en estado puro; búsquenla.
Saludos interplanetarios.

viernes, 22 de enero de 2010

Llamad a cualquier puerta (pero no esperéis que os reciban)

BAD LIEUTENANT: PORT OF CALL NEW ORLEANS demuestra varias cosas, bastantes cosas. Demuestra que Werner Herzog le da diezmil vueltas a cualquier lampiño émulo yanqui del gran Abel Ferrara; demuestra que si el camino futuro de Herzog es éste, entonces Herzog está acabado, porque el director alemán tiene demasiado talento para malgastarlo en una película innecesaria. También demuestra que Eva Mendes es un florero con demasiadas oportunidades; que Val Kilmer no es ni la sombra de lo que fue y pudo ser; que Brad Dourif es un actor desaprovechadísimo; que Nicholas Cage, aparte de estar ya cartoniano perdido, es incapaz de rozar siquiera esa lección de interpretación que dio don Harvey Keitel en su momento. Sospecho que alguien que no viese la obra maestra de Ferrara habrá quedado sorprendido con un film que, dentro de unos parámetros, no nos volvamos locos, arriesga en su pretensión de enésimo descenso a los infiernos; lo malo es que BAD LIEUTENANT, la original, es una de mis películas de cabecera y ésta, como he dicho en alguna ocasión, me parece una bobadita con cierto estilo gracias a su director, poco más. Si atendemos solamente al film en sí, lo cierto es que tras un arranque lánguido, deslavazado y con poca chicha, Herzog remonta a partir de empezar a zarandear al monigote interpretado por Cage, aunque donde Keitel atemorizaba el antes mencionado da más pena que otra cosa. Sin embargo, incomprensiblemente, Herzog tira por tierra la posibilidad de redondear un entretenimiento bien facturado, se le va la olla y termina con Cage brindando con agua mineral junto a una embarazada Eva Mendes... Un final no sólo ridículo, sino impenitentemente irritante, porque todo lo malo que le ocurre a este nuevo Teniente Corrupto ni siquiera es novedoso, está demasiado trillado y hace de esta incongruencia el film más innecesario de los últimos tiempos. Pero si les entretienen las iguanas, los caimanes y las peceras gigantes, amén de los tabiques de platino... pues eso.
Saludos en corruptela.

viernes, 31 de octubre de 2008

Un espíritu devorador

Dos, para ser más exactos... O tres, si prefieren incluir al díscolo Lope de Aguirre en su mismidad ex-cinema.
Y ésa sería la clave del profundo caos que parece presidir el metraje de AGUIRRE DER ZORN GOTTES, de Werner Herzog. Y es que tanto el tan a menudo insoportable Klaus Kinski, como el propio Herzog, que tampoco le iba a la zaga en cuanto a lo del ego, chocaron frontalmente en esta visceral película, poseedora de una belleza primaria, casi pictórica.
Quien haya leído "La aventura equinoccial..." de Ramón J. Sender, se habrá dado cuenta de la irremediable imposibilidad de simpatizar con don Lope de Aguirre, un lunático (bueno, uno de tantos) que fue en busca de El Dorado en aquellos nada dorados tiempos en los que el centro del universo se desplazó de Roma a España. El bueno de Lope de Aguirre no sólo llevó a la muerte a todos cuantos le siguieron, con motines, disputas y ejecuciones por medio, sino que, tocando el fondo de su locura, se desposó con su propia hija para fundar un linaje nuevo y puro... en fin.
Volviendo al film, habrá quien lo encuentre excesivo y desproporcionado, pero teniendo en cuenta la excesiva y desproporcionada forma de filmar de Herzog y lo estrambótico de la biografía del personaje principal, a mí no se me ocurre ahora mismo una visión más adecuada. Son muchos los que la han comparado con APOCALYPSE NOW; no sé, me cuesta equiparar el europeísmo nada complaciente de Herzog con el estereotipo de Coppola (justificado, sí; pero estereotipado lo queramos o no) adaptando a Conrad. Lo cierto es que salvando la accidentada travesía por el río (todo el film es un inacabable viaje hacia ninguna parte) pocos argumentos más sostienen esa teoría. El cine de Werner Herzog (sobre todo el que contiene a Kinski, su otro yo en pantalla) nunca es tibio, contiene un motor ruidoso y grasiento que lo mantiene en marcha y su terrible ruido es capaz de espantar a los espectadores menos avisados. No se puede encontrar en sus sucias epopeyas ni rastro de gloria histórica, pues el director alemán parece complacerse más en revolcar a dichos personajes históricos en su propia miseria, sin apenas oportunidad de redención.
Para los que se dispongan a descubrirla: atención al primer y larguísimo plano inicial, donde apenas se ven diminutas formas humanas descendiendo por un abrupto paisaje montañoso, entre brumas y la envolvente música de Popol Vuh. Es lo que yo llamo arriesgar en cine.
Saludos desquiciados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!