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jueves, 5 de septiembre de 2024

El médico


 

Recuerdo ver THE EGYPTIAN hace eones, presumiblemente en casa de mis abuelos, con barquitos de pero, queso fresco y membrillo, el regaliz que se llamaba como una tienda de ropa y un ventilador que no desentonaría para Chandler. Me juego que en un Sábado Cine. Kilómetros de felicidad en base a ropajes y peinados extraños, esos señores que se colaban en tu comedor declamando en falsete, mientras miraban sin pestañear un punto de inconcreción al lado del señor que imprimió aquello de "Tócala otra vez, Sam". Cuarenta veranos después, me sorprendo pasándolo igual de bien, con moderación pero ninguna culpabilidad; y descubriendo que el protagonista no era Victor Mature, sino Edmund Purdom, que tenía una voz portentosa pero era un actor mediocre, y también podría ser el padre de James Franco, lo juro. Otro verano (el pasado, creo) terminé la tortura de leer el texto de Mika Waltari, que se asfixiaba en descripciones pueriles para terminar contando lo que Curtiz hace con algo más de ligereza. Sinuhé era un cuñado insoportable ("consejos vendo..."), y todo lo que le pasa le pasa por borracho, putero y bocachancla, lo que le convierte en el primer antihéroe del Hollywood clásico. No me extraña que terminara triunfando Horemheb, que sólo era un chupaculos medrador de manual. En fin, una película con un ritmo rarísimo para una gran producción de la época, y que supuso un revés económico del tamaño de Tebas para el mamoncete de Zanuck, aunque se agenció como querida con pisito a la pobre Bella Darvi, cuya biografía haría sollozar a cualquier persona con buen corazón. Esto le daba un punto por encima de dos estrellas como Gene Tierney y Jean Simmons, relegadas a roles de peso relativo ¿Si hay que revisarla? Comparemos épocas, si habemus magdalena proustiana no debe haber dudas...
Saludos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Vidas privadas #1



Esta semana, los films a comentar tendrán un hilo conductor, que como siempre puede derivar en lo subjetivo y/o caprichoso. Serán películas que, de uno u otro modo, intentaron un cierto acercamiento a la cotidianidad de personajes a los que el cine siempre ha otorgado un aura mítica. Son esas "vidas privadas", las que sabemos que todo el mindo tiene y que moriríamos por conocer. Y el primero es un film sumamente curioso, THE PRIVATE LIVES OF ELIZABETH AND ESSEX, dirigido en aquel gran año para la historia del cine que fue 1939, y que narraba los entresijos, intimidades y escandaleras de la corte británica a finales del siglo XVI, cuando el trono lo comandaba con mano de hierro la hermética Isabel I, de los Tudor, una regente tan firme en sus resoluciones de estado como insegura en sus asuntos íntimos. Y es aquí donde entra el conde de Essex, joven, intrépido y ambicioso, vencedor en las batallas contra los españoles y amante en secreto de la madura reina, que se debate entre entregarse a ese hombre, poniendo en riesgo la estabilidad del reino, o mantenerlo como un anhelo imposible. Curtiz (que aquel año filmó nada menos que cinco títulos, incluyendo la esplendorosa DODGE CITY) no lo tuvo fácil para contentar a los magnates de la Warner, que babeaban con el poder mediático de Errol Flynn, al que buscaban incesantemente papeles a su medida. No es Flynn lo mejor precisamente del film, rígido en un continuo tour de force teatral, y con la misión imposible de replicar a Bette Davis, que con apenas 30 años fue capaz de encarnar a una reina madura, avejentada y atormentada. La interpretación de Davis es antológica, y seguramente hubiera merecido el oscar aquel año... de no ser porque ya lo ganó por la maravillosa AMARGA VICTORIA, claro. Otro punto particularmente interesante es el titánico esfuerzo de Norman Reilly Raine y Aeneas MacKenzie por trasladar la obra original de Maxwell Anderson, que es una lección de fastuosidad íntima, o cómo maridar por igual placeres ocultos, intrigas de estado y honores que se superponen incluso a la misma conciencia. No es una obra maestra, y Curtiz tiene un buen puñado de ellas, pero merece la pena echarle un vistazo, aunque sólo sea por asistir a la clase magistral de interpretación de Bette Davis.
Saludos.

martes, 14 de diciembre de 2010

The Sherwood tales #2



Y Robin Hood cobró color. Y es que, en uno de sus años más fructíferos (filmó ANGELS WITH DIRTY FACES y FOUR DAUGHTERS) en la Warner, el gran Michael Curtiz dotó a la leyenda del arquero de Sherwood de un nuevo y espectacular empaque visual, quizá el más reconocible hasta nuestros días. THE ADVENTURES OF ROBIN HOOD dejaba bien a las claras que no habría en adelante atisbo alguno de oscuridad sobre este personaje, encarnado aquí con mucho oficio por Errol Flynn, puede que el mejor Robin Hood de todos los tiempos como personaje en sí. Hay mucha acrobacia, buenos vestuarios, castillos de cartón piedra, bosques de estudio, torneos de cinco minutos, el inefable concurso de arqueros con la flecha partida en dos y todos los personajes clásicos con una particularidad, y es que aquí sí que había grandes actores. Junto a Flynn, Olivia de Havilland hacía de una excesivamente doliente Lady Marian, a la que se le hubiese echado en falta algo de más ardor...; el gran Claude Rains como el príncipe Juan; un estupendo Basil Rathbone como Guy de Gisbourne; o grandes secundarios de la época como Patrick Knowles, Eugene Pallette, Alan Hale o la muy habitual del cine de John Ford, Una O'Connor. Así, THE ADVENTURES OF ROBIN HOOD es un largometraje al uso de la época, para toda la familia y con una desconcertante estética "camp", que la ha convertido en un icono casi casi pop, si nos ponemos estupendos con un film que, sin ser de las mejores adaptaciones del personaje sí que marca un antes y un después en la forma de entenderlo.
Y mañana más.
Saludos tensados.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Monumentos

¿Hay algo que no se haya dicho ya de CASABLANCA?
Sí: que es una película horrible...
Tranquilos, tranquilos, no voy a acelerar mi suicidio aún. Soy de ese 99'99% que piensa que Michael Curtiz halló la piedra filosofal hace sesenta y cinco años ¡cómo pasa el tiempo para la humanidad! ¡qué demostración de inmortalidad!
Habrá dos o tres monumentos cinematográficos, no más. Entiendo por monumentos esas películas que ya no se pueden comentar, que no deben ser entendidas según los términos humanos, sino reverenciadas como exquisito lugar de peregrinaje y emoción.
Como en una experiencia mística, somos incapaces de entender qué mueve a esos personajes a la deriva, expectantes en la ratonera, alzando un último cuchillo de dignidad. Pero aquel tiempo marcó un antes y un después en las relaciones humanas. Las chicas miraban a los ojos a los (anti) héroes y los héroes fumaban, igual que ahora los malos. Y las cosas que se decían se escapaban como un torrente incontenible, como si esos personajes entre el miedo y el orgullo temiesen llegar demasiado pronto al final. a ese the end, mítico y sincopado, que deja abierto el campo de los sueños, justo donde ya el cine es consciente de haber cumplido su función.
Ya da igual si vemos CASABLANCA con nostalgia, devoción, curiosidad o avidez de nuevas interpretaciones. Da lo mismo, porque se trata de un monumento inalterable, que quedará ahí, observándonos a nosotros, los espectadores, mucho después de que todos hayamos desaparecido.
Y creo que me he quedado vacío... Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!