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viernes, 26 de noviembre de 2021

La escopeta de la feria


Aquí, en mi ciudad, tenemos un dicho que alude a la supuestamente cuestionable honradez de los regentes de puestos en la calle del Infierno, sita en el Real de la Feria. Más concretamente en ese callejón, estridente como pocos, donde se arraciman los desafíos de habilidad. Remolques de contrachapado, con un fondo inenarrable de peluches, y un señor que escupe mantras persuasivos para que ganemos el que no cabe en el coche, a base de tirarle a finísimos mondadientes con unas escopetas de aire comprimido, cuyo eje direccional se diría levemente desorbitado. Hecho éste, que unido a las copas de más que uno siempre lleva en dicho lugar y fecha, hace que los jurdeles nunca basten, acaso para un llaverín, que además nos suele tocar del otro equipo de la ciudad, lo que desemboca finalmente en la búsqueda del churro y/o buñuelito con su cacao hirviente esperando a derramarse por los castigados esófagos. Se usa la frase para designar a ese creído de su propia pompita, que no llega a petimetre de tertulia barata, y cuyos parlamentos son tan erráticos y desatinados, que sólo merecen comparación con las carabinas esas. Bien, pues Neill Blomkamp ha ostentado el dudoso honor de presentar el film más desastroso en Sitges; una cosa llamada DEMONIC, que parece hecha con los recortes de varias teleseries, y que en su empanada mental incluye (ojo): posesiones demoníacas, asesinas en serie en coma, treintañeras que con su primer trabajo tienen un palacete, cuarentonas que nos quieren hacer pasar por adolescentes, exorcistas con el síndrome de Mortadelo, ciudades donde no vive nadie (o al menos no salen a la calle), monstruos hechos con lo que sobró del carnaval. Y atención: simulaciones virtuales a lo The Sims, que no logré atisbar para qué servían, pero que pretendían ser la quintaesencia del adelanto tecnológico ¿Que por qué no es un desastre total, e incluso puede y debe tener su público? Porque, en su torpeza, Blomkamp al menos es honesto y no se las quiere dar de autor, sino de admirador de series B que no disimulan su carencia de medios, que aquí son muchos. Esta película es cutre, lo sabemos, pero el año que viene volveremos a intentar tumbar ese palillo, y fallaremos...
Saludos.

viernes, 25 de abril de 2014

Correr o pensar



En DISTRICT 9, su anterior film, el sudafricano Neill Blomkamp se saltaba una de las máximas imperantes en el cine de acción hollywoodense; su protagonista tenía poco de héroe y mucho de víctima involuntaria de un marco desolador e inabarcable. Sudáfrica era retratada poco menos que como un estercolero en el que un alienígena equivalía a un desahuciado, y la deriva de la película no era precisamente heroica, sino trágica y un poco amoral. Lo que ELYSIUM propone en materia puramente argumental no difiere mucho de aquélla, pero sí el sustento físico de su protagonista, puesto que no deja de ser curioso que quien entonces protagonizaba ahora sea el villano, y que un musculizado Matt Damon reparta los mamporros por una causa elevada, ayudado, eso sí, por un artefacto que convierte su cuerpo en una especie de arma mortal. Profundizando, diríamos que lo que hacía interesante a DISTRICT 9 desaparece completamente en ELYSIUM; y eso, en dos películas que prácticamente vienen a contar lo mismo, no es una buena noticia
¿Si no hubiese existido el precedente? Pues a lo mejor hablábamos de una cinta de ciencia-ficción y aventuras con un poco más de frescura que la media, pero yo al menos le hubiese pedido algo más de riesgo a Blomkamp...
Saludos.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sobrevolando

DISTRICT 9 es una de las más agradables sorpresas de esta convulsa temporada cinematográfica. Lo diré claro: de las tres a seis propuestas más importantes del año, ésta va ganando por goleada ¿Su secreto?: una más que saludable falta de prejuicios y un inteligente uso de lo que a la mayoría de directores sólo les supone estorbos, que no es más que ser consecuente con la época en la que se enclava la trama, con todos sus avances tecnológicos; sobre todo sin ocultar que ya pocas cosas pueden ocultarse a la mirada fría e inquisitoria de una cámara anónima. Pero DISTRICT 9 es también un verdadero prodigio de montaje, donde el tiempo real, en este caso una frenética cuenta atrás, deja al espectador literalmente sin resuello, y donde lo de menos son sus efectos especiales, que son espectaculares y muy bien dosificados. Una especie de serie B de lujo, con mucho de aquel viejo espíritu de Roger Corman y Robert Wise que nos advierte de varias cosas, por ejemplo de que nadie es el bueno cuando se trata de sobrevivir y que el hecho de que estemos informados 24 horas al día no significa necesariamente que estemos siendo bien informados. DISTRICT 9, casi sin quererlo, es un brutal alegato anti racista (y no digo colores), pero lo mejor es que es muy muy entretenida y nunca podemos imaginar qué pasará en el siguiente fotograma. Esperemos que suponga un cierto camino a seguir en el sci-fi moderno.
Saludos de gamba.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!