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sábado, 22 de noviembre de 2025

Woke up, Netflix


 

Sí, mon amis, he visto la segunda (y por lo visto definitiva) temporada de THE SANDMAN, tan sólo por constatar un par de cosas. Primero, siempre en contra de la cancelación; si alguien tiene algo que objetarme, que lea algo sobre un tal Jafar Panahi. Segundo, Netflix es incapaz de incumplir el contrato que tenía ya firmado y estrena la temporada, no fuese a llevársela otra plataforma, porque al fin y al cabo Netflix (como el resto de plataformas) no es más que un ente corporativo que te quiere hacer creer que es una especie de productora, pero no lo es. Después, como un niño que no sabe si lo han pillado robando un dulce, dan cero promoción a una de las series que deberían ser santo y seña, pero ya sabemos que el catálogo de Netflix parece un bol familiar de palomitas, y de las malas. Más, esta T2 es una chapuza muy bien hecha. Me explico y acabo: como tienes que oscurecer a Neil Gaiman, pero eres tan torpe que ni sabes hacerlo, dispersas los episodios sin ton ni son, abandonas el descomunal primer episodio (véase imagen) sin razón aparente, das protagonismo a personajes que no le interesan a nadie, y cuando no te lo habían pedido (es un spoilerazo, pero me la suda), te cargas a Morfeo de la manera más gilipollesca que se te puede ocurrir, sacándote de la manga una especie de reencarnación que no va a ninguna parte, y rematándolo todo con un último episodio que no pinta nada en el cuerpo de la serie. En serio, esto podría haber sido muy grande, un acontecimiento, pero vivimos en un mundo dominado por mongólicos a los que John Ford les daría una colleja pero bien gorda.
Mi recomendación es que vean el primer capítulo y se olviden del resto.
Saludos.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Y los sueños, sueños son


 

Soy de los privilegiados que puede jactarse, orgullosamente, de poseer la colección completa del Sandman escrito por Neil Gaiman desde hace 30 años; en mi opinión, uno de los comics más importantes de todos los tiempos, y por varias razones. Es comprensible, por tanto, la súbita excitación al saber que se preparaba al fin una versión de dicha colección en pantalla. Se ha elegido el formato serie, y aunque bien podría haber sido autoconclusiva, se sabe ya que THE SANDMAN tendrá una esperadísima continuación en próximas fechas, dado el excelente recibimiento obtenido. A mí me ha encantado, sobre todo la cuidadísima fidelidad al cómic, alentada por la indispensable supervisión del propio Gaiman, que ha logrado que no se escapase un solo detalle de las viñetas que imaginó junto a Mike Dringenberg y Sam Kieth (habría que hacer un aparte para las magistrales portadas de Dave McKean). Está todo, desde la cautividad de Morfeo a cargo del nigromante llamado Roderick Burgess a la epopeya de éste para recuperar su yelmo (construído con una espina dorsal), su bolsa de arena y el rubí que contiene todo su poder, que le llevará hasta el mismísimo infierno (creo que el único capítulo ligeramente desaprovechado). A partir de ahí, Sandman comienza a reconstruir su reino tras un siglo de ausencia, y es donde Gaiman distribuye las "interzonas", minihistorias de gran valor literario, y que trazan el semblante de su protagonista y Los Eternos, formados por él mismo y sus herman@s, Muerte, Deseo, Desesperación, Delirio y Destino. Está el espeluznante capítulo (con un David Thewlis tenebroso) en el que John Dee "utiliza" el rubí en una cafetería. El poético viaje a través del tiempo, en el que Morfeo comprende al fin el cometido de su hermana Muerte, otorgando la inmortalidad a un hombre, con el que se encontrará cada cien años en el mismo lugar. O la coda final, con el temible Corintio rebelándose ante su amo y creador, y que desemboca en una inenarrable convención de asesinos en serie. Una auténtica gozada, con el sorprendente Tom Sturridge haciendo suyo un personaje francamente difícil de abordar, y que debería formar parte desde ya de lo mejor de la ficción televisiva, tanto para los que llevamos años amando la obra cumbre de Gaiman, como para los que se acerquen a ella por primera vez. 
Y me gustaría acabar con un inciso, porque yo mismo he recelado infinidad de veces de lo absurdo de doblegar una obra ante los designios de la inclusividad, pero es que Gaiman escribió The Sandman a finales de los ochenta, y lo realmente novedoso era descubrir que, más allá de la heteronormalidad imperante en los comics de superhéroes, aquí la raza o el género era algo totalmente accesorio y simbionte. Lo digo porque lo sé de primera mano.
En definitiva, no es una obra maestra porque no se sale ni un milímetro del original, pero ello la dota de un encanto muy especial.
Véanla.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!