Mostrando entradas con la etiqueta Fred Zinnemann. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fred Zinnemann. Mostrar todas las entradas
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Comida a domicilio
A HATFUL OF RAIN, de 1957, fue una película que tuvo menos repercusión que la obra de teatro de Michael V. Gazzo a la que adaptaba, pero a la que se le nota (para bien) el toque de Alfred Hayes en el guion, pero sobre todo la solidez compositiva de ese Jeep Cherokee del séptimo arte que siempre será Don Fred Zinnemann. Y de nuevo hay que rascar en la superficie para encontrar caminos que pocas veces se transitan en el cine comercial actual, pero que ya entonces marcaba la notable diferencia entre un stage filmado y un cine mal llamado "de interiores", porque este no es el caso, y porque la premisa argumental (la adicción a la heroína) casi parece un vehículo formal para poder adentrarnos en un aspecto aún más oscuro y terrible: la desestructuración familiar bajo una apariencia normal. Esto está perfectamente narrado desde el magistral arranque, con la llegada del padre al hogar que comparten sus dos hijos y la mujer de uno de ellos. Nadie ha ido a recogerlo, uno porque trabaja repartiendo hostias en un puticlub disfrazado de bar, el otro porque siempre tiene una buena excusa para todo, y además es el favorito de su padre. Entre cervezas, asados y charlas insustanciales, el desmoronamiento de estas vidas va palpándose en las medias sonrisas, las ausencias constantes y una doble moral que les impide ver que se han idealizado a ellos mismos como una caricatura de lo que realmente son.
La película, ya digo, es realmente tremenda para la época, y además contaba con un elenco de máximas garantías. Don Murray, Lloyd Nolan, la maravillosa Eva Marie Saint y un Tony Franciosa que estuvo nominado a los oscar, en el que es su mejor papel, porque después todos sabemos a qué se dedicó. Si quieren dar un paseo por gigantescos bloques de apartamentos, garitos de jazz y cualquier cosa que huela a puerta trasera, esta es una oportunidad inmejorable.
Saludos.
sábado, 24 de noviembre de 2012
La soledad del asesino 5
Grandiosa, enorme adaptación del inmortal bestseller de Frederick Forsyth la que ideó Fred Zinnemann en su celebrada vuelta a la dirección y cuando muchos críticos de la época daban por hecha su retirada. THE DAY OF THE JACKAL es, exactamente igual que HIGH NOON, un estupendo tratado acerca del tiempo cinematográfico; no sólo del manejo del mismo por parte del director (cómo echamos esto de menos hoy día en el cine comercial), sino sobre cómo actúa esto en la percepción misma del espectador a la hora de conjugar lo que está viendo. Poco importa (no, no es spoiler; es respeto a la historia) que se sepa que Charles de Gaulle nunca fue asesinado, puesto que lo que Fred Zinnemann recoge del libro es la fascinante construcción de un personaje que eclipsa todo a su alrededor. El "Chacal" del título (inmenso, irrepetible Edward Fox en el papel de su vida) es un enigmático asesino contratado por la OAS (Organisation de l'Armée secrète) para acabar con la vida del presidente francés. Frío, despiadado y minucioso hasta lo exhaustivo, este personaje no sólo tendrá que idear un complicadísimo plan de despiste, cambiando constantemente de aspecto y pasaporte, sino que, llegado el momento, es consciente de que los servicios secretos británicos le sigue la pista, por lo que debe decidir (véase foto ilustrativa; es el momento crucial del film) si seguir adelante con el plan o abandonarlo definitivamente. Son casi dos horas y media que se pasan en un suspiro, que te dejan con ganas de más (pese a su rotunda y mítica resolución) y que supone uno de los más claros ejemplos de eficacia profesional en cuanto a adaptaciones literarias se refiere. Nada sobra, nada falta; la puesta en escena es referencial y el trabajo de los actores es espectacular. Al margen de Fox y su inacabable ramillete de registros, hay que destacar a un Michael Lonsdale no tan prolífico entonces como ahora, la turbadora Delphine Seyrig y un genial Cyril Cusack, que en una breve intervención logra uno de los mejores momentos de este descomunal film. Por cierto, lo volví a ver hace unos días y me quedé perplejo: cómo bebe Olivier Assayas de aquí para su excelente film CARLOS...
Saludos telescópicos.
sábado, 4 de octubre de 2008
El tiempo en sus manos
HIGH NOON vendría a significar "mediodía en punto", o algo así; toda una declaración de intenciones, pues el film es un tremendo embudo por el que Gary Cooper cae inexorablemente, sin remisión. Todo va siendo cuidadosamente preparado para que ese sheriff llegue a la fatídica cita, donde le espera la muerte. Al mismo tiempo, ese inquietante devenir temporal nos va mostrando un abanico de personajes impecablemente dibujados; rostros típicos de un lugar y una época rastreada hasta la extenuación por el séptimo arte, elevándolo a la categoría de mito. Son los rostros de la cobardía, la impotencia, los rostros del auténtico ser humano, tan alejado del engañoso arquetipo de héroe tan utilizado por Hollywood. No nos engañemos. Will Kane rezuma miedo por los cuatro costados, sólo su dignidad, la dignidad de la placa, hace que se enfrente solo a la muerte; y acepta el miedo de sus conciudadanos, incapaces de ayudarle en su cometido, embargados precisamente por ese miedo que llega incluso hasta el espectador; porque pocas veces se habrá visto en una pantalla de cine preparar tan minuciosamente una tragedia..., quizás Leone.
No sólo hablamos de un clásico, no sólo hablamos de la soberbia interpretación de Gary Cooper (aquel año [1952] sí hubo justicia), no sólo hablamos de la impresionante partutura de Dimitri Tiomkin, ni de que el elenco estaba formado, ni más ni menos, por un tal Thomas Mitchell, una tal Katy Jurado, otro tal Lloyd Bridges, Grace Kelly, Lon Chaney... secundarios, vamos. No, no sólo hablamos de todo eso, sino de lo más importante: a día de hoy se cuentan por miríadas los infructuosos intentos de volver a plasmar en la pantalla el absoluto dominio del tiempo narrativo por parte del director... A ver quién es el guapo que se pone a ello ¿no hay tanto geniecito suelto? El señor Zinnemann espera pacientemente...
Solitarios saludos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!