domingo, 12 de octubre de 2025
Rincón del freak #664: Lovecraft y buzukis
domingo, 8 de enero de 2023
Rincón del freak #536: Ο Ιησούς Φράνκο είσαι στον ουρανό
martes, 29 de septiembre de 2020
No es vida
Hay películas que uno cree que deberían ser hechas, por encima de cualquier otra consideración, y otras que quizá hubiese sido mejor no hacer, aunque sea por razones tan peregrinas como las que se me ocurren tras un visionado que no me aclara si tras un impacto tan grande late un propósito necesario o algún tipo de exhibicionismo gratuito. Y puede que MISS VIOLENCE tenga tanto de lo uno como de lo otro, y es paradójico que sea la integración, algo forzada, en las siglas del "último cine griego", lo que le reste la verosimilitud que sí encuentra cuando enarbola su propio relato, solipsista, turbio, ennegrecido, pero propio al fin y al cabo. La película arranca soberbia, con una de esas escenas que quedan en la mente para todo el resto del metraje, por impactante y por lo bien rodada que está; después, reconozco lo complicado de seguir narrando sobre un vaciado que no siempre se entiende como se debería, y que se desinfla cuando decide retomar el impacto visual inicial en otro par de escenas tremendas, pero ya un poco reiterativas. Tomando algo del CANINO de Lanthimos, también es ésta una familia desestructurada y extrañísima, con sus integrantes asfixiados por unos rituales cotidianos bastante marcianos. Todos menos, como en aquélla, el padre (un excepcionalmente diabólico Themis Panou), cuya encarnación del lobo con piel de cordero alcanza tal grado de deformación, que llega a rozar lo surreal, si no fuera tan deleznable lo que le rodea, y que sólo iremos comprendiendo siendo cómplices en la mirada, otra decisión ética cuanto menos discutible. Película no apta para paladares sensibles, creo que su juicio fnal depende en exceso de quién la vea, y así puede resultar tan hermosa como repulsiva, por extraño que esto parezca.
Saludos.
sábado, 15 de agosto de 2020
Una vida en quinta
A BLAST fue una película griega que obtuvo cierta repercusión en el festival de Locarno'14, un poco a rebufo de la excelente salud del cine heleno por entonces, aunque fuese a costa de relatar las miserias de una sociedad que poco a poco iba a pique. Es el tema recurrente en dicha cinematografía, y no por casualidad, ahora bien, lo que parecería una fuente ideal de recursos narrativos también puede volverse en contra si no se domina el tiempo, los tiempos, y lo que se pretende un drama social de alta intensidad puede tornarse una comedia involuntaria, o peor, un experimento de montaje. Eso parece este film, capaz de eternizarse en apenas 80 minutos, porque hasta sus últimos quince es complicado reparar la intención de fragmentar la historia en segmentos temporales. Tzoumerkas, de notable recorrido documental, integra demasiadas cosas en poco espacio, y el resultado es un batiburrillo en el que los personajes pasan de una euforia desmedida a una fúnebre quietud, de la amoralidad hedonista a la denuncia social. O aún más insólito, de una fe telúrica a un cinismo de saloncito de té. No sé, se puede ver porque su protagonista femenina logra resultar medianamente creíble, pero se echan en falta algunas líneas más de guion, y mejor integradas, por supuesto.
Saludos.
martes, 11 de diciembre de 2018
Un verano infernal
Soy de los que opinan que el milagro del cine griego es (junto, posiblemente, al rumano) lo mejor que le ha pasado al cine europeo en lo que llevamos de siglo. Igualmente, ya venía demandando algún cambio de registro significativo que operara el doble salto mortal de reinventar lo ya inventado. Y puede que el camino a seguir se encuentre, como suele suceder, en un título menor (vaya el adjetivo entrecomillado), porque en lo inesperado habita la sorpresa. SUNTAN (BRONCEADO, en español) arranca como muchas películas griegas lo hacen, impregnándonos de esas atmósferas de silencios y miradas, mostrando lo íntimo del campo abierto o con mínimos diálogos, puntuados por graves sentencias. Pero no va por ahí la cosa, ya que la intención de Argyris Papadimitropoulos (tras un lejano debut poco prometedor) consiste en la sobreexposición a varios niveles de su protagonista, un taciturno y apocado médico (excelente Makis Papadimitriou) que es destinado a una pequeña isla en pleno invierno, cuando ésta se encuentra casi deshabitada y sometida a la rutina más intrascendente. Sin embargo, la llegada del verano la convierte en un desatado hervidero de turistas, en su mayoría jóvenes, que buscan lo que la isla ofrece, desenfreno sin restricciones. Así, este hombre entabla amistad casual con un grupo de jóvenes de diversa procedencia, y su gris vida da un giro radical. Sin ser consciente de la insalvable distancia que le separa de ellos, se convierte casi en una mascota, un tipo excéntrico que imita un comportamiento que en nada le pertenece, pero que terminará por absorberlo destructivamente, mientras experimenta una obsesión enfermiza por una de ellos, que, como no podía ser de otra manera, no puede acabar bien. Es ahí donde el director remonta con brío el film, desenfocándolo de toda luminosidad y volviéndolo a incrustar en una vorágine final que roza el nihilismo, y que eleva un tono general que siempre tiende a la irregularidad.
En mi opinión, una sorpresa y la constatación de que el cine griego sigue gozando de una estupenda salud.
Saludos.
miércoles, 27 de septiembre de 2017
¡Buenos días, capitán!
Catalogada en esta reciente e interesantísima última oleada de cine proveniente de Grecia, y de la que sería máximo representante Yorgos Lanthimos, CHEVALIER se desmarca en fondo, y sobre todo en forma, articulando una inquietante disyuntiva, de la que salen mal paradas muchas cosas, por encima de todo la masculinidad, lo masculino, entendido como discurso de poder indiscutible, que sin embargo se derrumba ante la más nimia contrariedad. Sin disimular su mirada femenina, la directora Athina Rachel Tsangari (quien produjo en su momento la fundamental CANINO), en su tercer film, presenta a un grupo de hombres que pasa varios días de vacaciones a bordo de un yate, propiedad de uno de ellos y médico de profesión. Allí hacen pesca submarina, conversan sobre sus aficiones, trabajo, familia; comen, duermen, se comunican a distancia con sus esposas y, puntualmente, juegan. El juego, como competición absoluta, es el artefacto explosivo que hace saltar por los aires la concordia, educación, valores y transforma la convivencia en un campo de minas, donde la desconfianza toma el control y los individuos quedan reducidos a una única obsesión: ser el mejor en todo. En todo, o en cualquier cosa, sean aptitudes físicas, mentales, destreza o incluso, cómo no, una esperada medición de pollas enhiestas, auténtico motor ideológico del macho empoderado como soberano dominador todoterreno. Menos truculenta que otros títulos de la reseñada camada, CHEVALIER parece no decantarse entre el humor surrealista de un Buñuel o el tenso juego psicológico de ciertos iconos nórdicos, y esta indecisión le resta empaque y la deja como una elaborada y precisa reflexión, pero que no llega a un, por otra parte esperado, hiperclímax, más allá de dos o tres escenas que impactan por su insólita filiación extraterrestre.
Curiosa, pero deberíamos exigirle más a esta prometedora directora en futuros trabajos.
Saludos.
martes, 7 de marzo de 2017
Amor animal
Sorprendió ver incrustada en la nominación a mejor guion original en los oscar de este año a THE LOBSTER, última bizarrada del griego Yorgos Lanthimos. Una pesadilla distópica que presenta una sociedad que no admite a las personas solas, y de hecho las obliga a encontrar una pareja en un determinado tiempo, por lo que deben pasar una estancia en un hotel junto a otros "solitarios" bajo unas reglas tan estrictas como extravagantes. Desde el principio son informados de que disponen de 45 días para ello, aunque pueden ampliar el margen si atrapan a otros solitarios en unas partidas de caza en las que se usan dardos tranquilizantes. Pasado el tiempo, si alguien no se ha emparejado, será despojado de su humanidad y convertido en el animal que previamente haya elegido.
Sí, es cierto que como guion original, lo que se dice original sí es, pero THE LOBSTER arrastra dos o tres lastres demasiado pesados y que bajan considerablemente su calidad total, dejándola en una especie de extravagancia sin mucha importancia. Es demasiado larga, y le sobra prácticamente una hora entera; la mayoría de personajes, pese a contar con un fabuloso reparto, carecen de peso y de repente desaparecen de la trama sin haber dejado apenas huella; y lo más preocupante es que la segunda parte, en lugar de concretar todos los apuntes de la primera, se dedica a divagar sobre algo que el director de CANINO y ALPS debe tener muy claro, pero que yo no tengo ni idea de qué diablos es. En definitiva, una película extrañamente fallida, donde brillan especialmente la límpida fotografía de Thimios Bakatakis y el uso de la música, que en la parte del hotel logra momentos de hilarante surrealismo. De todas formas, puede que a Lanthimos le haya pesado contar con un presupuesto más amplio, como si se hubiese visto obligado a contentar a demasiada gente. Habrá que esperar qué es capaz de ofrecer en su nuevo film, que está a punto de estrenarse y que además de repetir con Colin Farrell tiene como gran estrella nada menos que a Nicole Kidman.
Saludos.
miércoles, 10 de junio de 2015
El tiempo (des)congelado
A aquel Cannes de 1977 concurrieron dos cintas griegas, y muy diferentes entre sí. Al intenso drama histórico de Cacoyannis se oponía el elaboradisimo concepto de "cine total" de Theo Angelopoulos, uno de los mejores exponentes acerca de aquello que Godard denominaba "una cuestión moral": el travelling. OI KYNIGHOI (LOS CAZADORES) es un montante de dominio de los espacios abiertos, planos de complejidad infinita y una feroz crítica social a la hipocresía de su país a la hora de saldar cuentas con su pasado. Mientras la veía no podía dejar de pensar en dos nombres: Béla Tarr y Nuri Bilge Ceylan, o un compendio de ambos algunos años antes de que fuesen conocidos, lo que da una idea de la importancia del legado del director griego, más actual que nunca. Argumento y forma inseparables, formando un todo que estimula los sentidos al mismo tiempo que plantea un mapa extensamente terrorífico que interpela sobre unos personajes que ya no se reconocen, que creen poseer un pasado ensoñado o idealizado, que sólo se verá con claridad cuando topen con un cadáver en la nieve en una partida de caza. El cadáver, que pertenece a un miliciano y que se ha conservado durante 25 años por las nieves perpetuas del lugar, se convertirá en impasible testigo, desde la ubicación en el centro del salón de actos, de la realidad oculta, que enorgullece a los vencedores y obliga a callar a los vencidos. Angelopoulos propone un paseo interminable en el que pasado y presente se confunden a cada momento, los fantasmas del pasado dialogan con las conciencias (más fantasmales aún) de estos "cazadores", símbolo inequívoco de un país a la deriva, en manos de especuladores y besabanderas. Además de una gran lección de cine, de un cine incapaz de envejecer (curiosa metáfora), LOS CAZADORES supone una interesantísima zambullida en los últimos años del régimen que hirió de muerte a una sociedad que, a día de hoy, sigue pagando facturas.
Saludos.
sábado, 30 de mayo de 2015
Cuna sin civilización
A partir de hoy, e impulsados por una misteriosa fuerza (no tanto, pero no la desvelaré aún), iremos intercalando las películas que concurrieron al Festival de Cannes de 1977... Dicho esto, comencemos con IPHIGENIA, de Michael Cacoyannis, una de las dos cintas griegas que participaron en la Sección Oficial de aquel año. Sin olvidar que, por ejemplo, dicho nombre es invocado al principio de la película de Aranda, se trata de una intensísima adaptación de la obra de Eurípides, en la que se narra el fatal destino de Ifigenia, la hija de Agamenón, que es sentenciada a muerte por el simple mandato de un oráculo, que de lo contrario no augura la victoria en la batalla de Troya. La película, algo larga, pesada en su arranque, toma impulso en su último tercio, en el que la interpretación de Irene Papas, en el papel de Clitemnestra, insufla vida a una puesta en escena que, sin ser del todo teatral, sí adolece una rigidez, seguramente por ser excesivamente fiel al texto original. La película llegó a luchar por el oscar de habla no inglesa y fue un pequeño gesto reivindicatorio de una cinematografía, la griega, que apenas era reconocida más allá de ciertos autores independientes; Cacoyannis, que osciló de un continente a otro, del melodrama clásico al teatro aún más clásico, demuestra cómo el texto es capaz de construir el "gran escenario", rebatiendo a los defensores, tan en boga hoy, de la superproducción digital, curiosamente afectada de anemia espiritual en tanto que conceptual.
Saludos.
martes, 27 de enero de 2015
Alpiste
Una de las cosas que más me fastidian de este blog es la dificultad, maniatado como me encuentro, de encontrar la forma de hablar de éste o aquél tema, saliéndome de lo estrictamente cinematográfico y sorteando además la concisión espartana que ya es seña de identidad del mismo. Cárcel o ejercicio, confieso que según qué cosa puede serme imposible saltármela, como así ha sido con las últimas y significativas elecciones griegas. Sin meterme mucho en harina, qué verdad es que el país heleno, cuna de la civilización occidental (y qué poca importancia le damos a ello), ha llegado prácticamente a un punto límite, y que sus ciudadanos (bella y denostada palabra) han hablado mediante las urnas, que es la mejor forma de hacerse oír. Aquí hemos dado cuenta de este "nuevo cine griego", rabioso, extraño y hermético, que parece construir involuntariamente un grito sordo contra la asfixia (económica, pero también moral) que sufren a manos de los guardianes de la solvencia primermundista. Sin embargo, el ejemplo más extraordinario de dicha secuencia lo he encontrado recientemente en un film que no pude ver en su momento en el SEFF y que obtuvo el Giraldillo de Plata y el premio (absolutamente merecido) a su protagonista. TO AGORI TROEI TO FAGITO TOU POULIOU (CHICO COMIÉNDOSE LA COMIDA DEL PÁJARO) no es sólo la desesperada (y desesperanzadora) desventura de un ser humano en una situación límite (el título es literal), porque siempre habrá quien le ponga alguna pega a "ese escuchimizado holgazán, que prefiere robar comida a ganársela". Porque en realidad, lo que Ektoras Lygizos nos pone frente a nuestras narices (quizá demasiado grandes para ver con claridad) es un síntoma de hartazgo, el de la dignidad frente a la arrogancia, pero por supuesto el de una sociedad que ha llegado a un límite al que nosotros, por ejemplo, parece que no vislumbramos nunca, paisanos de tragaderas infinitas. Ningún holgazán puso a ningún país en situación de bancarrota, ni ningún tecnócrata se conformará jamás con un poco de alpiste.
La película, impresionante, pero no apta para todos los paladares. Un consejo: intenten ver un poco más allá de lo meramente escabroso; la intención es otra.
Saludos.
lunes, 1 de octubre de 2012
Sustitutos
Al director griego Yorgos Lanthimos se le esperaba desde aquella pequeña conmoción que supuso KYNODONTAS; y, teniendo en cuenta su querencia por explorar los límites de la conducta humana, a casi nadie se le escapa que su siguiente paso iría en esa línea. Efectivamente, ALPS mantiene la misma frialdad formal y pone en manos de personas "robotizadas" un misterioso cuento de suplantaciones y distorsión de la realidad, cuyos méritos, que no son pocos, quedan a merced de ese "paso más allá", que por supuesto el espectador más avisado espera que sea siempre sin red. No es el caso. Pese a su apariencia suicida y anticonvencional, ALPS bebe de sus propias fuentes (pop indie, diseño nórdico, interpretaciones paródicamente "bressonianas") y las convierte, en un acto de gran habilidad, en su propio motivo de existencia. Se trata de cuatro personas, digamos que "raritas", que crean un grupo dedicado a la suplantación temporal de difuntos. Estudian las aficiones y conductas de los fallecidos y ofrecen "hacer de ellos" durante un tiempo, hasta que el dolor haya disminuido. Ya de entrada todo parece una broma, y el cine de Lanthimos lo remarca tanto que incluso sus dos o tres momentos de pétrea comicidad resultan más bien inquietantes (uno de los "Alps" le lanza una pelota de tenis a una moribunda; mientras, su padre baila con una mujer bastante más alta que él...), y uno queda definitivamente desorientado. Afortunadamente, en la recta final, Lanthimos decide centrarse en un solo personaje y desmenuzarlo; es ahí donde encontramos las escasa trazas de clarividencia, y entendemos. Entendemos por qué alguien se prestaría a "ser" otra persona que ya no existe: porque ella misma carece de una vida propia.
Véanla sin prejuicios, puede que les sorprenda.
Saludos suplantados.
sábado, 28 de enero de 2012
Un testamento inacabado
Nos cogió a contrapié el trágico fallecimiento de Theo Angelopoulos, el cineasta griego más importante sin que nadie pueda discutirlo con argumentos. Y qué mejor para rendir homenaje a su memoria que con una de sus mejores películas, la que debió ser la primera parte de una trilogía dedicada a la historia de Grecia a lo largo de todo el siglo XX. ELENI es una historia de amor trágico, incondicional, destructivo; la historia de Alexis y Eleni, quien fue adoptada por la familia del primero en la huida de la comunidad griega en Odessa tras la entrada del ejército ruso, a principios de los años veinte. El padre de Alexis quiere casarse con Eleni al fallecer su esposa, pero ésta huye con Alexis sin rumbo fijo, únicamente para escapar de un futuro no deseado. A partir de ahí, todo parece volverse en contra de la joven pareja, que es "adoptada" por la troupe de Nikos, que queda prendado de la habilidad de Alexis con el acordeón. Huir, esconderse, sobrevivir; ésas serán las únicas premisas de quienes quedan atrapados en mitad de un conflicto, y de ahí a la Segunda Guerra Mundial, con América en el horizonte y el viejo pueblo hundido bajo las aguas. En ELENI, Angelopoulos apela a nuestro poder de evocación y a cómo podemos percibir unas imágenes que podrían ser cualquier cosa, significar cualquier cosa, incluso lo que hemos tenido ante nuestros ojos; pero ELENI también funde esa tambaleante historia griega en la figura de una joven que pierde paulatinamente a sus padres naturales, al adoptivo que pretende ser esposo, al real que pasaba por hermano y, finalmente, a sus propios hijos, también enfrentados por la guerra. Es una de esas historias terribles y bellísimas, contadas con un pulso especial, sin agobios ni premuras, y, en mi opinión, incluso de metraje corto (170 minutos); una obra mayor de un director minoritario, laureado en festivales pero ninguneado por la crítica oficialista. Supongo que ahora se hablará un poco más de él... o no... Quién sabe. Vean su cine en cualquier caso, es un gran antídoto contra la burricie...
Saludos helenos.
jueves, 27 de mayo de 2010
El ser humano; manual de instrucciones
Saludos caninos.
¡Cuidao con mis primos!