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viernes, 2 de febrero de 2024

Perspectivas


 

El debut de Spike Lee nos recuerda, casi 40 años después, la vigencia de las producciones independientes, comparada con la fugacidad de la maquinaria que hoy día domina un sistema de producción que, paradójicamente, nos retrotrae a los albores del cine, donde en un estudio cualquiera se rodaban 100 películas diarias. Cierto que el director neoyorquino ha sabido disfrazar su adaptación posterior al sistema que siempre ha vituperado, pero eso no impide disfrutar de hallazgos como SHE'S GOTTA HAVE IT. Con una frescura urgente, rugosa, improvisada, Lee sorprende por su elección de un personaje central femenino, una joven (Nola Darling) de incontenible apetito sexual y nula capacidad para decir no a ninguno de sus tres amantes, tan diferentes entre ellos como incompatibles con una mujer que apenas está descubriendo el desgaste de la libertad absoluta. Desde el yuppie narcisista al poeta bohemio, pasando por un estrafalario seguidor de los Knicks, Nola no sabe si elegir uno de ellos, quedarse con los tres o con ninguno. Con continuos parlamentos a cámara, escenas directamente rodadas en la calle o planos generales, que ya entonces descubrían el talento visual de su autor, sigue conservando ese pellizco de lo inusual, lo que sale de las tripas y se abre paso a codazos, hurtando su lugar otros que, menos dotados, tuvieron más oportunidades. Ellos cayeron en el olvido, pero entonces todos "los que sabían" hablaban de un negro desgarbado que aludía al cine de un judío desgarbado, o que implementaba las cosas de negros con la naturalidad y desfachatez que parecían cosa exclusiva de blancos.
Redescubrirla es un deber y un gozo, como compartir mesa con otros dos amantes y caer en la cuenta de que ahí todos somos torpes.
Saludos.

domingo, 18 de junio de 2023

Rincón del freak #553: Sangre espesa


 

Sé que la pregunta es recurrente, incluso cansina. Pero ¿hacía falta una película como DA SWEET BLOOD OF JESUS? Spike Lee pensó que sí, y se puso manos a la obra para terminar elaborando un juguete caro, demasiado para lo que finalmente ofrece, que no es más que un extraño "remasterizado" sin apenas una sola idea original que aportar. Y no es una mala película, porque Lee siempre ha sido un cineasta con un talento para la composición extraordinario, pero es imposible que este film se desprenda un milímetro de su rendido y ensimismado homenaje. Es demasiado larga, demasiado lenta, demasiado recatada, y demuestra un par de cosas, como que ser distinto es un riesgo que muy pocos asumen, o que la originalidad se basa en auspiciar dicho riesgo como rasgo inequívoco e identitario. 
Casi nadie la vio hace una década, y aún es uno de los títulos más desconocidos de su director.
Saludos.

martes, 1 de febrero de 2022

La furia del desalmado


 

CLOCKERS, de 1995, es una película que se menciona poco en la filmografía de Spike Lee; y una vez vista, no se entiende, porque es uno de sus mejores trabajos. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo enfoca y envuelve una trama sumamente compleja, que se nutre de unos personajes igualmente poliédricos y alejados de cualquier tentación simplificadora. En esencia, nos habla de un asesinato que no debería revestir mayor importancia: un traficante aparece muerto en la misma puerta del establecimiento que encubre su "verdadero negocio". Unos policías que se interesan demasiado en el caso, cuando normalmente se mofan de los negros que mueren por este tipo de rivalidades. O el otro gran traficante, rival del asesinado, que podría ser el principal sospechoso. En realidad, el subtexto nos habla de otra cosa, y ello sirve para introducir a multitud de personajes, pero sobre todo a Strike, que pasa los días en el mismo sitio, haciendo de pequeño vendedor, mientras sueña con establecerse por su cuenta y no aguantar las mofas de la policía. El dilema racial es, cómo no, capital, pero no lo es menos la total ausencia de escrúpulos, códigos éticos o simple comprensión humana, en un entorno de perpetuo salvajismo, en el que nadie se libra de ser alcanzado por una dentellada inesperada. Lee realiza, prácticamente, un soberbio piloto que hubiese encajado como un guante en maravillas como "The Wire", mientras da una lección de brío compositivo y nervio narrativo. Denuncia sin pedantería, aunque en su diabólico crisol no quede absolutamente nadie impune.
Magnífica, dura, absorbente.
Saludos.

viernes, 21 de agosto de 2020

Entendible a medias



Se puede entender que Spike Lee monte en cólera al ver su país presidido por un payaso naranja. Se puede comprender que la deriva de violencia racial le haya enardecido la glándula. Me creo que Lee es un tipo honesto en sus convicciones de negro con techo de cristal, lo que nos llevaría a una suculenta contradicción. Lo que ya no logro defender es que se repita en lo conceptual, tapando una pobreza de ideas genuinas con un amasijo de clichés sin nada nuevo que ofrecer, como si una máquina se dedicara a recordarnos diariamente lo malos que somos, pero sabemos que no lo piensa, sólo lo dice. Así las cosas, DA 5 BLOODS se carga los golpes de humor que aún tenía aquello del KKK, y en lugar de tener algo de inventiva se inviste de una pedantería que apenas se puede entender. Esto no se puede entender, porque son dos horas y media, porque el abuso de la cuestión racial termina por desgastar su mensaje, o porque aún sigo dándole vueltas a qué venía meter otra vez a Wagner en mitad de Vietnam...
No sé.
Saludos.

viernes, 5 de abril de 2019

Idiosincráticos al poder



Otra de las incógnitas de las nominaciones a mejor película en los oscar fue descifrar qué llevó hasta allí a BLACKkKLANSMAN, el hiperpanfleto de Spike Lee contra la administración Trump, y cuyo valor cinematográfico queda desgraciadamente a merced de posturas intransigentes y autoindulgentes. Yo, que prefiero alejarme de las ideologías y quedarme con el objeto artístico en sí, no veo inconveniente en quejarme del ostracismo al que la Academia siempre ha condenado a Lee, pero tampoco creo que sea éste su trabajo más inspirado. Incluso, por curioso que parezca, tampoco me parece el más provocador y radical. Porque esta película la esperábamos, solo que no sabíamos quién daría el paso adelante para hacerla. Trump da para esto y más, y todo queda despejado en el elocuente epílogo, con unas imágenes reales que aún permanecen dolorosamente en nuestro imaginario colectivo. Más bien pareciera que lo que realmente le interesa a Spike Lee sea la manera de entroncar dos horas de metraje en los años setenta con esos escasos minutos pertenecientes a nuestro tiempo, aunque no deja de ser una sensación absolutamente personal. Otra cosa es la dificultad que demuestra para decidirse por un tono narrativo, que transita impúdicamente de la comedia al cine negro, y de la parodia más gruesa al trallazo emocional. Una mezcla prácticamente imposible de conjugar sin tener que recurrir a la propia idiosincrasia, la que eleva a Lee de la gran mayoría de directores. Sus aciertos se encuentran en los pequeños e inapreciables detalles; sus mayores defectos, en un casting francamente mejorable...
Saludos.

domingo, 13 de abril de 2014

Rincón del freak #150: Favores, putadas, martillos y sequedad creativa



Edición 150 de las películas que no debería haber visto pero que debo exorcizar a toda costa. OLDBOY, de Spike Lee; una película que ya se había hecho antes, no entiendo por qué hacerla otra vez... y para hacerla peor.
El favor: el favor es que a su lado, la de Park Chan-wook parece una obra hecha por un intelectual. Esto ya ni parece un videojuego, sino una broma de mal gusto.
La putada: la putada es tener que soportar a dos buenos actores haciendo el ridículo (Josh Brolin y Elizabeth Olsen), mas dos regalitos que pasarán a la historia como dos de las peores interpretaciones de todos los tiempos (inenarrables Samuel L. Jackson y Sharlto Copley)...
El martillo: según el manual de alargamiento de escenas de Spike Lee, es muy bonito ver a un tipo con un martillo enfrentándose a 76 malos armados con... ¡tablones!... ¿acaso la pelea era en una carpintería?...
Sequedad creativa=Spike Lee... No hay mucho más que añadir.
Última reflexión: ¿Me dice alguien qué ha quedado de aquel rapper-punk negro que asombró a la crítica con HAZ LO QUE DEBAS?
Ahora, si quieren, la ven...
Saludos.

viernes, 14 de enero de 2011

Ahora esto... ahora lo otro...



Spike Lee es uno de esos directores a los que no les viene mal un buen guión, al menos un guión lo suficientemente bien construido como para velar un poquito su exacerbado ego y su preocupante falta de síntesis. El ejemplo perfecto de todo esto lo pudimos ver hace ya más de una década con una película francamente extraña y que por aquí tampoco tuvo mucha repercusión. SUMMER OF SAM quería hablar de muchas cosas para terminar sin contar apenas nada; fundamentalmente, Lee nos quiso contar una época y un lugar determinado, o más exactamente el final de una época, la reticencia a ingresar en otra completamente nueva. Para ello se sirvió de dos personajes completamente antagónicos pero unidos por una extraña amistad. John Leguizamo (lo mejor de largo del film, como pez en el agua en su personaje) encarna a un latino hedonista y mujeriego, que cual Tony Manero frecuenta el Studio 54 y que no oculta su educación machista y descaradamente hipócrita. Adrien Brody es el joven inquieto y rupturista que ama a los grupos ingleses (especialmente a The Who), que adopta una imagen punk (no muy acertada, la verdad; además no sé qué coño tienen que ver The Who y los Pistols...) y, pese a su exquisita educación, se convierte en un paria de un lugar y un tiempo que no le pertenecen, tan sólo apoyado por su amigo y pese a sus frecuentes peleas. Esto podría haber dado un drama generacional sólido y convincente, pero Spike Lee quiso ir más allá y meter por medio la mítica figura de un asesino en serie que sembró el terror en aquel verano de finales de los setenta. "El hijo de Sam", como le llamó la prensa sensacionalista, mataba sin ton ni son y jamás dejaba rastro. El problema es a qué diablos debemos prestar atención en este batiburrillo ¿a los convincentes actores principales y sus zarpazos de elocuencia? ¿al asesino, que aparece cuando menos te lo esperas? ¿a las brillantes secuencias del Studio 54? ¿a un verano que se nos cuenta que es el más caluroso de la historia en New York? Demasiadas cosas y demasiado diferentes; incluso Lee se permite parafrasear modestamente al maestro Scorsese e introduce a unos cuanto menos peculiares mafiosos que ofrecen una recompensa por la cabeza del asesino, pues no aceptan que les toquen el monopolio del crimen, claro. Desde luego, SUMMER OF SAM se ve hoy día con cierta estupefacción y un montón de caras raras; si no la vieron en su momento ¿a qué esperan para descubrir el film más extraño de su director?
Saludos estivales.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Malos tiempos para la lírica

El Rap es una forma de vida; distingue a los deslenguados provenientes de las clases humildes (no es que sea un movimiento precisamente humilde...) de los acomodados y conservadores. Esto podría ser un trazo grueso sobre uno de los fenómenos salido de las calles en los últimos 25 o 30 años.
Spike Lee es un irregular director de raza negra, orgulloso de serlo y que además ha retratado a lo largo de su, ya digo, irregular carrera el devenir de ese grano en el culo de norteamérica que son los negros. Los negros deslenguados, los que no ceden el asiento en el autobús, los que recitan los mantras del rap callejero sin temores, los que han elegido escribir su propia historia antes de que se la sigan "reescribiendo" esos blanquitos caraduras. Probablemente sea DO THE RIGHT THING la coctelera perfecta donde Spike Lee mejor haya combinado todos estos ingrdientes sin ceder a su habitual exageración en las formas y, sobre todo, sin que nadie salga más ofendido que otro, todos igual de ofendidos, diría yo. Pero se trata de una ofensa necesaria; Lee coloca en un espacio reducido (el mítico neighbourhood) a personajes de toda índole, marcados por un latente odio racista (el que más trabajo suele costar reconocer) y con la peligrosa sensación de no tener nada que perder. A ritmo de rap, un repartidor de pizzas (el mismo Spike Lee) tiene como mayor preocupación que no le manchen sus Air Jordan nuevas, inteligente metáfora del negro conformista más preocupado por las formas que por el fondo; su explotador es un italiano (de tercera generación, se entiende) interpretado magistralmente por Danny Aiello, que no duda en usar la violencia para mantener a salvo su reducto (la pizzería) de la creciente ola de odios a punto de desatarse en la calle. Todo ello magníficamente ambientado en un tórrido verano que hace "que las suelas de tus Air Jordan se peguen en el asfalto". Me gustó muchísimo esta singular visión tan poco autocomplaciente con el tema del racismo, donde todos sin excepción tienen su parte de culpa, y que, sin perder un entretenido tono casi de sit-com deja una interesante reflexión en el aire: Hay una máxima que nunca falla para mantener el poder: divide y vencerás.
Saludos desde el barrio.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!