La primera media hora de AKIRA es lo mejor que he visto en mi vida en cuanto a cine de animación ¿Por qué? Pues por dos razones sencillísimas pero muy complicadas de llevar a cabo. Primero: Vemos imágenes a toda hostia sin solución de continuidad. El espectador entra directamente en la historia, y eso que aún no se ha contado nada, se trata de una persecución en toda regla. Segundo: Nos olvidamos por completo de que se trata de una película de animación; y eso, señores míos, no se consigue a base de perfeccionar el trazo... SINO DE HACER CINE!!! Katsuhiro Otomo se vale de encuadres imposibles a lo John Ford para dotar de un realismo inusitado lo que otros ni siquiera han rozado. Luego, cuando el protagonista se quita el casco, ya es otra historia ¿Por qué? Pues porque al señor Otomo le toca explicarnos el quid de su megalomanía; y claro, resulta que no había historia, sólo fuegos de artificio. Muy bonitos y espectaculares, pero huecos por lo pretencioso y tramposos por la absurda acumulación de "sí, espera un poco que ahora te lo explico".
En definitiva, estimulante para un chaval de 16 pero exasperante para un desconfiado de 34.
¿Buena?, sí. ¿Mala?, también... Ustedes mismos.
Saludos trepidantes.