Mostrando entradas con la etiqueta Elia Kazan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elia Kazan. Mostrar todas las entradas
jueves, 5 de septiembre de 2019
Películas para desengancharse #55
James Dean, probablemente el "mejor peor actor" de todos los tiempos, uno de esos mitos que perduran y perdurarán más allá de lo tangible ¿pero por qué? Dean sólo rodó tres películas antes de morir como lo que era, un joven con poco seso. Pero qué tres películas, y qué tres personajes. Personalmente, yo, que suelo quedarme lejos de estos mitos tan caros al cine americano, reconozco la aportación de James Dean a la construcción de ese antihéroe tan atractivo como antipático, un ser esquivo y huidizo, pero que parece contener en su mirada, triste y rabiosa, una verdad que los virtuosos no deberían menospreciar, pues les podría estallar en las narices. EAST OF EDEN fue el primer aldabonazo por el que empezamos a fascinarnos con ese extraño actor, que no se peinaba ni se vestía como el resto, que no iba de "guay", sino que simplemente lo era, y que, efectivamente, simple mortal, es exactamente el tipo de hombre al que el sexo opuesto no considera resistirse. Pero el film, una de las más certeras adaptaciones que se han hecho de John Steinbeck, reitera el carácter chusco y desmitificador de éste, que profundiza en las heridas infectadas de una familia escudada en el beaterío de postal de su patriarca, dejando como una grave resonancia la inminente WWI. Sí, claro que hay un trasfondo pseudobíblico en todo esto, con los dos hermanos como antagonistas irreconciliables, hasta el punto de terminar separados por la misma mujer. Pero aún más interesante es el descubrimiento de la madre ausente y que los hijos creían muerta; ahí, en ese encuentro sin matices, hay mucha verdad sobre una realidad aposentada sobre un lecho de mentiras cómodas.
Maravillosa película, por mucho que no trague a Elia Kazan. Y tendrán que desengancharse de James Dean, aunque sea por sobredosis. Advertidos quedan...
Saludos.
jueves, 3 de septiembre de 2015
Comida caducada
Hay quien recuerda SPLENDOR IN THE GRASS, sobre todo, como una gran historia de amor. No voy a ser yo quien contradiga dicho examen, pero sí puedo afirmar taxativamente que no estoy de acuerdo. El magistral (magistral, con todas las letras) guion de William Inge (y que fue el único oscar del film) da cuenta, progresiva e inexorablemente, de cómo todo muta con el paso del tiempo, y aún más, de cómo todo (los personajes, pero también el propio guion, que se va tornando cada vez más oscuro) va tomando conciencia de su propia naturaleza, para acabar aceptándola. Es, por tanto, un "alegre cuento pesimista", que de haber sido hecha en Europa algunos hubiesen calificado de "epopeya existencialista", y además confronta el mundo de esos jóvenes alocados, repletos de pajaritos y hormonas, con la dura realidad de sus vidas, toda vez que ésta les pide que se decidan a intervenir en lugar de quedarse embobados con su propia hermosura. Elia Kazan modula a su antojo los tonos de esta tormentosa historia de amor (sí, de amor), en la que ella es consciente de que su única oportunidad para casarse con el joven potentado es convencerle de que su castidad sólo responde al respeto mutuo; mientras tanto, él, guapo, rico, admirado, deseado, llega a la única conclusión posible:... ¿esperar?... Ufff, largo me lo fiáis...
Él era Warren Beatty, igual de inexpresivo que con Botox; ella, Natalie Wood, esa chica a la que todos nos hemos imaginado con menos ropa de la que solía llevar. Ambos son el soporte fundamental para esta historia que sigue soportando bastante bien el paso de los años; una historia que mezcla amor, odio, locura, celos, pasión y un arranque tan brutal como su extrañísimo, antológico y anticlimático desenlace, que está entre uno de mis diez finales favoritos para que te llamen cinéfilo... y con razón.
... No, no pueden decirme que aún no la han visto...
Saludos.
martes, 6 de octubre de 2009
Agitado, no mezclado
Y un ejemplo claro de esto vendría a ser ON THE WATERFRONT, la cima de Elia Kazan, un tipo terriblemente contradictorio, tan sospechoso moralmente como digno de adoración en cuanto a su trabajo, donde ha sido uno de sus mejores representantes. Kazan denunció a no pocos compañeros de profesión durante aquellos biliosos momentos que se dieron a conocer como "caza de brujas" y que hicieron pasar a la posteridad a un bellaco tan minúsculo como el senador Joseph Raymond McCarthy. En un acto tan desesperado como difícil de entender, en busca de una redención que jamás llegaría, Elia Kazan filma a Marlon Brando, Lee J. Cobb y Karl Malden en un hermético canto al "método interpretativo". LA LEY DEL SILENCIO (me encanta esta traducción) es un indiscutible y poderoso drama con el trasfondo de los desmanes llevados a cabo por unos patrones erigidos en mafiosos que controlan las actividades en un muelle de carga y descarga. Un drama de corto recorrido que alcanza proporciones universales por varios motivos; primero por lo anteriormente referido, ya que no son pocas las referencias al escabroso asunto de la persecución comunista. Pero yo prefiero dejar todo eso aparte y hacer mención especial a la maestría de Kazan para colocar cada figura en su sitio exacto, sin que sobre ni falte nada; un ejercicio de estilo que no resulta teatral gracias a la vigorosa aportación de unos actores en plenas facultades. Brando haría aquí uno de sus papeles más memorables, el de un pelele demasiado orgulloso para ser víctima de una sumisión confortable, mientras los crímenes se siguen cometiendo impunemente. La escena final, con un Brando conmovedor y un Lee J. Cobb enorme, continúa, 55 años después, levantando al espectador de su asiento con un extraño sabor de revancha en el paladar. Un clásico pero de los buenos.
Saludos de uno que no se calla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!