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domingo, 7 de septiembre de 2025

Rincón del freak #659: Los Derby motorettas vs. el veterinario intrépido y casquivano


 

MOTORPSYCHO, de 1965, es la película que inicia el período mítico de Russ Meyer, abducido entre las pechugas de señoritas que van por el campo y/o desierto con un traje de noche escotado y tacones de aguja, por lo que sea. El quilombo se inicia con tres tipos muy macarras que se encaminan a Las Vegas en sendos scooters, porque se ve que Meyer también economizó en los transportes. En su fetichista fijación por los desequilibrios conyugales, la pandilla, compuesta por un tronado del Vietnam, un bailongo con chupa de cuero y un autista que escucha constantemente un transistor, se topa con una explosiva joven en bikini y su marido, un pescador cincuentón al que dejan fuera de combate para beneficiarse a la muchacha. Seguidamente (esto no llega a los 75 minutos), se encuentran con el veterinario local, que mientras se morrea con una clienta en mono integral, aprovechan para vejar sin medias tintas en su propio domicilio, y hasta poner una conferencia a New Jersey. Luego entra en acción nada menos que Haji, la gran diosa de la serie Z, que ya lo rompe al viajar con un señor que podría ser su abuelo, y que tampoco se libra del asalto correspondiente. Dada por muerta, es rescatada por el veterinario vengativo, conformando una alianza para derrocar a los temerarios punks. La película es lo más decente que se puede hacer con un presupuesto indecentemente irrisorio, pero por aquí amamos los "por la puta cara" de Meyer, que jamás dejaba pasar la oportunidad de llevar el escote hasta la misma linde del pezón. La escena mítica es aquélla en la que el veterinario es mordido por una serpiente, y para no morirse inútilmente le pide a Haji que muerda la pierna y chupe el veneno antes de que sea demasiado tarde. Sí, el diálogo es ¡Chupa más fuerte!... hasta que ella ha de escupirlo, claro...
No sé qué haríamos sin estas películas.
Saludos.

domingo, 24 de marzo de 2019

Rincón del freak #348: Los amores de una joven ingenua



Lo prometido es deuda, y por eso recae aquí y hoy un director tan reverenciado como vilipendiado, maestro para unos y mero pornógrafo sin talento para otros. El cine de Russ Meyer ha levantado ampollas (y otras cosas) entre una sociedad estadounidense que probablemente nunca estuvo preparada para su personalísima visión de la vida. Pero como me he dado cuenta de que Meyer todavía no había aparecido en este blog, y me he propuesto ir frecuentándolo adecuadamente, inauguraremos su casillero con una de las malas y menos conocidas, que no sé si lo uno es consecuencia de lo otro. FANNY HILL, rodada en 1964, adaptaba el célebre texto de John Cleland, acerca de las desventuras de la inocente y pulcra chica de pueblo que se encuentra rebotando, tras la muerte de sus padres, por las infames calles del Londres del XVIII, donde una joven sin oficio ni beneficio apenas tiene la alternativa de servir o ir de cabeza a "una de esas casas a las que acuden los hombres". La película no comienza mal, con ese tono satírico y exagerado de Meyer y una ambientación más que aceptable para el presupuesto que se traía entre manos, pero ésta es una de las que no pudo saltarse las normas de guion, así que el montante se alarga innecesariamente, entre carreritas a cámara rápida y unas actrices con poco talento recitando unos textos demasiado largos. Ni siquiera tiene un tono verdaderamente subido, y su protagonista, la actriz italiana Leticia Román, no pasará a la historia como un acierto de casting. Yo apenas la recomendaría para los muy fanáticos...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!