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jueves, 24 de octubre de 2019
Películas para desengancharse #69
Evidentemente, GIANT tenía que aparecer por aquí. Para rematar el desenganche a la "trilogía Dean" y para dejar constancia de que es prácticamente imposible hacer algo similar hoy día. Desmesurada, machacona, ensimismada en la barbaridad de instantáneas de una América bicéfala, adoptada a golpe de sangres y escupitajos, podría ser el mejor piloto posible para una serie que nunca existió, o un encadenado agonista capaz de ejercer la desmitificación desde la grandilocuencia. Contradictoria postal del eje Norte/Sur, que aquí es una bestial Texas (595.000 acres en un desayuno), madre adoptiva de la damita de Maryland que acepta tragar polvo para torcerle ella sola el brazo a una sociedad tan racista, violenta y misógina, precisamente por no saber qué diablos significan esos términos, de tan aceptados. La película es una, sí, gigantesca danza sobre el volcán, donde unos caen, otros se queman, y algunos sobreviven para contarlo y hacerse millonarios. Y no es Dean el gran protagonista, porque ese honor queda para la pareja Hudson/Taylor, que puede que nunca llegasen a estar tan bien dirigidos; para Dean queda el trecho final, encarnando con sólo 24 años a un magnate casual con más de 50, acabado por la bebida y cegado por la envidia de haber accedido al lugar de los elegidos por un golpe de suerte. GIANT tiene esa extraña cualidad de las grandes películas, y que yo llamo "panorámica detallista". A mí me parece una película magistral, con una fotografía de William Mellor que sigue siendo objeto de estudio, una partitura antológica del maestro Tiomkin y, sobre todo, una dirección de actores sutilmente heterogénea.
Maravillosa, más que nada porque no puede volverse a hacer.
Saludos.
viernes, 26 de julio de 2013
Los pijos de antes y sus movidas
Por si ustedes no lo sabían, Whit Stillman se basó en una película de 1937 que, sin tener en realidad mucho que ver, sí es cierto que contiene el sustento ideológico mediante el que estructurar un mundo aparte, el de los señores y señoras sin agobios económicos y suspiros ante jarrones floreados... A DAMSEL IN DISTRESS es un film de los de entonces, una comedia romántica muy bien dirigida por George Stevens, que era un tipo al que le podían echar lo que fuese, y con un reparto que no sólo invitaba al solaz descansado, sino que además constituía el perfecto equilibrio entre diálogos chisporroteantes y algunos (no demasiados) números musicales con la siempre excelsa coreografía de Hermes Pan. Por allí estaba un pletórico Fred Astaire encarnando a un bailarín rompecorazones y soltero empedernido que por casualidad conoce a una joven aristócrata inglesa (Joan Fontaine, tan seria como de costumbre y sin mucha soltura en el asunto de la danza) en una gira por tierras británicas, lo que dará lugar a un idilio imposible, aprobado por su padre pero mal visto por su madre, que no permitirá que su díscola hija se case con un simple plebeyo. Muchos malentendidos y situaciones descacharrantes avaladas por el choque cultural entre el rígido costumbrismo de la aristocracia y la naturalidad (ojo, que estoy diciendo que Astaire luce como un tipo de lo más natural...) de unos yanquis recién llegados a la "corte". En el lado puramente cómico, como era frecuente en este tipo de producciones, completaban los carismáticos George Burns y Gracie Allen, que fueron pareja en la vida real y que junto a Astaire rubrican la historia con un vistoso número musical en un parque de atracciones. Una película sólo para incondicionales del musical almibarado y que no les pondrá precisamente de buen humor si tienen dificultades para llegar a fin de mes.
Saludos, o sea...
viernes, 29 de marzo de 2013
El camino recto
Un hombre llega montado a caballo, desde muy lejos; nadie sabe nada sobre él ni cuáles son sus intenciones. Una familia; padre, madre, hijo; una granja de dudosa rentabilidad. Un ganadero que quiere apoderarse de un terreno aparentemente baldío. Es la lucha por la propiedad, por mantener unos ideales contra cualquier adversidad ¿Pero quién es ese misterioso y solitario hombre del que sólo se sabe su escueto nombre? "Shane, no te vayas. Quédate con nosotros", dice el hijo. Pero Shane sabe perfectamente que sólo puede estar de paso, porque si se quedara "para siempre" terminaría por destruir esa hermosa familia. Mientras tanto, hay trabajo que hacer; hay que levantar la granja cueste lo que cueste, y los dos hombres unen sus fuerzas; ahora son más que socios, más que amigos. Son casi hermanos. Ambos erradican el último vestigio opresor: un enorme tocón de madera contra el que un hombre solo no puede más que causarle leves daños, pero que entre dos es arrancado de cuajo en una noche. Pero la amenaza continúa, el ganadero no va a darse por vencido por la llegada de un forastero; empleará todas sus artimañas para desesperar a los granjeros, que desistan y cedan; incluso contratará a un mortífero pistolero para que los mate si fuese necesario. Pero Shane, que esconde tanto tras esa mirada, una mirada que no es ni altanera ni soberbia, una mirada en la que confluyen el honor, la dignidad y el esfuerzo por hacer prevalecer la justicia, la mirada de un hombre valiente, aún tiene un par de cosas que hacer en aquel sitio al que llegó un día sin que nadie supiese por qué... antes de marcharse para siempre.
Obra maestra absoluta.
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!