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martes, 27 de febrero de 2024

Inclusos


 

Parecía inevitable, y sólo habría que esperar el momento para asistir a la inevitable transformación de Pixar en Disney. Si tengo que explicar esto vamos mal encaminados, o hemos visto poco cine, o no hemos entendido nada. ELEMENTAL es a Pixar lo que Pixar era a Disney. Se parecía, pero en el fondo es otra cosa. O explicado con una pequeña metáfora: el agua y el fuego no pueden tocarse, pero sí contribuir a crear otra cosa diferente, un bonito adorno de cristal por ejemplo. Disney puede refinar hasta lo hiperbólico el trazo, la animación, la cáscara; a la hora de ensayar el milagro emocional, existe el riesgo de que "un elemento devore al otro", y la tentación de un estándar de altos vuelos recaudatorios es demasiado fuerte como para cometer la torpeza de "querer crear". Estamos ante un remedo híper blanco de algunos de los títulos más famosos de la factoría del flexo, con un marco tan previsible como el de los amores entre diferentes, irreconciliables al principio e inclusivos finalmente, por lo que todos quedan contentos. Los recaudadores, los trazadores, los devoradores de maíz y hasta Thomas Newman haciendo como que innova partituras que casi rozan la intrascendencia. Por decir algo positivo, se me ocurre que no hace daño ni molesta, y se ve con la abulia de un puente de tres días.
No puede ganar, sería descabellado.
Saludos.

lunes, 17 de julio de 2023

La era del pollino


 

No es de extrañar, cuando la ventana principal a la "realidad" consiste en algoritmos tendenciosos, historiales binarios o noticieros de sucesos altamente amarillistas. No, no lo es, porque no se crea una corriente de pensamiento, sino un caldo de cultivo, un repugnante bazofio de pseudopensamientos con alto grado de autoestima. Así las cosas, se da cancha a burriciegos con retraso cognitivo profundo, pero el nudo de la corbata impecable o la laca obturando alveolos; se les anima, sin más, a que dispongan la primera imbecilidad que se les ocurra desde su opinión-pithecus. En LIGHTYEAR, hay una escenita que viene a durar minuto y medio, en el que la compañera del protagonista le informa de su próximo compromiso sentimental, con la "extraordinaria particularidad" de que será con una persona de su mismo sexo. Una anécdota en mitad de una película, por otra parte, tibia y rutinaria, como un desganado e ineficaz puente entre varios de los títulos mayores de Pixar, y que aporta poco más allá de una buena factura técnica (algo que ya se da por supuesto) y un entretenimiento con mínimos chispacillos de ingenio. El problema es que se habla de lo otro, de políticos vetando, censurando, enarbolando una superioridad moral que no sé quién carajo se la ha dado.
Yo, humildemente, y dejando claro que he estado ligeramente por encima del aburrimiento, me cago en todos sus muertos, a ver si les doy un motivo para ofenderse de verdad...
Saludos.

sábado, 2 de abril de 2022

Coming-of-age


 

Es difícil entrar en una película como TURNING RED, y más tras el visionado de los "grandes títulos" de Pixar, como si esta aproximación a la llegada de la madurez en la adolescencia fuese tema menor, y no lo es. Sin embargo, es una lástima que el derroche de ideas de este guion no logre revalorizarse, por culpa precisamente del empecinamiento disneyano de abordarlo todo desde el espectáculo visual, que está muy bien, pero vulgariza los puntos fuertes del discurso que pretende discurrir por terrenos menos trillados. Hasta ese momento (no mejor por esperado), el film logra su propósito de empatizar con la joven Mei, justo hasta el temido día en que llega la menstruación, abordada desde un simpático punto de vista que le quite hierro al asunto. Mei se convierte en un panda rojo gigante, o al menos esa es la metáfora desde la que trabajar la subjetividad, y cada acción suya pasa por enfrentarla al miedo comprensible a dejar atrás la niñez para siempre, lo que supuestamente la convierte en un monstruito delante de todos. Esa búsqueda de aceptación es un gran punto a favor para dotar de sentido al resto de personajes, fundamentalmente a la madre, de una sobreprotección exagerada, y el grupo de amigas, que intentan animar a la pobre Mei proponiéndole una escapada para ver el concierto de su boy-band preferida. Desgraciadamente, ese tramo final se desparrama por el ruido y el colorín afectado, y desentona con esa espléndida idea de partida, más brillante cuanto más metafórico lo entendemos.
Es un Pixar menor, sí, pero también puede ser un Disney mayor, que no es poco.
Saludos.

martes, 29 de junio de 2021

¿Carne o pescado?...


 

No es la mejor película de Pixar, ni de lejos. Pero hay que reconocer algo controvertido, que ver LUCA ahora mismo es un tonificante necesario. Una de esas películas que ni son relamidas, ni se ubican en posiciones preponderantes, ni eligen a sus espectadores. Al contrario, se trata de un bonito cuento de amistad y aceptación, en el que lo más importante termina siendo el disfrute, después de un año ponzoñoso, y que necesita de este tipo de propuestas, a ver si nos sirve para ir levantando cabeza de una puñetera vez. Luego, si quieren, les puedo comentar algo de la factura técnica. Es inútil. Pixar se muestra soberbia hasta en sus títulos menores, y éste lo es. Es menor porque la emoción es contenida, y el humor es poco sorpresivo; es un cuento de niños y para niños, pero a los adultos nos sirve para hacer las paces con muchas tonterías con las que convivimos sin darnos cuenta de que son más discriminatorias de lo que creíamos. A mí me ha gustado, más que nada porque lo raro viene siendo que no me guste algo salido de esta fantástica factoría. Luego, no puedo evitar cierto recelo, porque Disney fagocita, y a lo mejor, ya llegado el día, no nos vamos a dar ni cuenta...
Fresca, divertida y además me da la oportunidad de recomendarles la exquisita receta genovesa de Trenette al Pesto... cosa rica donde las haya...
Saludos.

sábado, 16 de enero de 2021

En cuerpo y alma


 

SOUL, la última propuesta de Pixar, parece (nunca mejor dicho) haber encontrado la nota correcta, la que armoniza todas las partes de un conjunto. La pena es que podría haber sido mucho mejor, porque la misión de SOUL no es otra que la de aplicar y refinar la misma fórmula que ya encontrábamos, por ejemplo, en INSIDE OUT, solo que con menos agudeza e ingenio. Éste se encuentra en sus maravillosos primeros veinte minutos, en los que Pete Docter nos traslada a la magia que hacía de UP una obra maestra del cine mudo, con el añadido de que el jazz será el hilo conductor de esta parábola sobre la conveniencia de perseguir nuestros sueños y propósitos, desde la perspectiva de quien ya no puede realizarlos... ¿o sí? SOUL tiene menos jazz del que debería, y acaba rindiéndose demasiado pronto a un convencionalismo que agrada y conforta, pero no tiene nada que ver con lo que habría podido ser de haberse quedado en un relato más terrenal, en lugar de orgasmar nuestras retinas con ese "más allá", a partir del cual se desata el carrusel de virguerías visuales. Tan sólo por eso merece la pena ver SOUL, que no llega al nivel de las verdaderamente grandes, pero no es un desastre ni mucho menos. Si acaso, una agradable velada de Jueves por la noche, aunque el jazz pugne por salir del standard...
Saludos.

viernes, 19 de junio de 2020

Revolución a la normalidad



ONWARD es la última creación de Pixar, no de las más memorables, pero aún manteniendo una gran maestría en la creación visual, al tiempo que vuelve a indagar en sus habituales motivaciones argumentales, en este caso cruzando el despertar a la madurez de un chico en un mundo mitológico, pero que hace tiempo que ha perdido la magia, sumiéndose en una rutina absolutamente "normalizadora". Efectivamente, todos los personajes de ONWARD son mitológicos; hadas, unicornios, dragones, mantícoras, grifos, centauros y elfos, especie a la que pertenece Ian, que sólo quiere pasar desapercibido a sus 16 años, pero al que le espera un gran giro, relacionado con la muerte de su padre, al que apenas pudo conocer. Dan Scanlon (que vuelve a la dirección tras MONSTERS UNIVERSITY) es la punta de lanza de un proyecto largamente acariciado por Pixar, y que precisamente por ello da la impresión de no poder alcanzar unas expectativas demasiado altas. Es un film modesto, simpático, con algunos chascarrillos bien construidos y una galería de personajes diseñados con muy buen gusto. Pero, me temo, va a engrosar rápidamente la lista de "bueno, bien, normal", que en otro caso sería una buena crítica, pero en el caso de Pixar nos suele dar la impresión de cierta dejadez argumental, y tampoco es eso. Es injusto, pero es lo que hay.
Saludos.

viernes, 8 de noviembre de 2019

La vida en un cuarto de juguetes #4



Puede que no sea tan rompedora como la primera, tan perfeccionista como la segunda o tan emocionalmente bella como la tercera. Puede que TOY STORY 4 te deje la sensación de que quizá se la podían haber ahorrado, como si se tratara de un relleno evidente, destinado a volver a reinar en las taquillas de medio mundo y que la rueda de Pixar no se detenga. Puede ser, pero Andrew Stanton lo vuelve a hacer, y se nota muchísimo su asombrosa capacidad para meterse bajo tu piel como los grandes guionistas saben hacerlo: forjando la normalidad en lo inesperado. TOY STORY 4 tenía el difícil reto de hacer olvidar el final de esa obra maestra absoluta que fue la tercera parte, que aspiraba a ser un broche insuperable para una trilogía simplemente perfecta; en lugar de ello, la película se apoya en una estructura similar a la de sus antecesoras, pero introduce un elemento muy interesante. Los juguetes toman conciencia de su autonomía, toda vez que se saben definitivamente despojados de la atención de su antiguo dueño, ya convertido en un típico padre de familia. La hija pequeña de Andy, Bonnie, es la que los hace ver su nueva condición, en un inteligente deus ex machina en la saga más deus ex machina que existe. Bonnie no se pirra por esos muñecos ingeniosos, con sus colores brillantes y formas sugerentes; su juguete favorito no es más que un simple tenedor de plástico, tan sólo porque ha sido ella quien le ha otorgado la calidad de juguete a lo que en un principio no lo es. Forky, aludiendo al mito de Prometeo, no sabe que ahora es un juguete, y se tira de cabeza al cubo de basura del que vino... Aunque sólo sea por reflexiones tan agudas como ésta, efectivamente, TOY STORY 4 es una gran gran película. De nuevo...
Saludos.

viernes, 9 de marzo de 2018

Memorial formal



Me pregunto qué sería de COCO sin su apabullante despliegue de registros técnicos, porque todo lo concerniente a su estructura y escritura, a sus resortes emocionales y distribución de momentos álgidos, ya lo hemos visto en otros títulos de Pixar, y mejor, debería añadir. Creo que se está empezando a notar demasiado la mano de Disney, y que al estudio creado por John Lasseter le cuesta cada vez más desarrollar puntos intermedios y argumentaciones originales. Ahora bien, quizá COCO deba ser separada de obras mayores como WALL·E, la trilogía TOY STORY o UP, y abanderar otro apartado en el desigual binomio Pixar/Disney. Es conocida la afición de la todopoderosa factoría a indagar en distintos aspectos culturales del mundo para incrementar su alcance mediático, aunque dichos aspectos a menudo no sean más que una excusa que queda soterrada bajo una potencia visual incontestable, aunque a veces desmesurada. COCO habla sobre el paso del tiempo, los lazos famliares y la persistencia de la memoria; los otros tres títulos que he citado también, pero ninguno necesitaba el soporte de pertenecer a una cultura determinada. Esto no tendría por qué jugar en su contra, y no lo hace, excepto cuando las referencias se hacen excesivamente obvias, con el día de los muertos y toda su parafernalia al frente, un submundo de tonos fluorescentes en el que desparecen los motivos lúgubres y se evoca la fiesta que comienza tras el último aliento. COCO es una espléndida película de animación, y podría sonar insoportablemente pedante despedazar un trabajo tan complejo y rico en matices, y no seré yo quien lo haga, desde luego, pero esperaré una nueva obra maestra de Pixar, aunque no le vayan a dar el oscar...
Saludos.

viernes, 4 de marzo de 2016

Una historia desde el corazón



No entiendo cómo, a menos que se trate de un simple caso de cuota, los de la Academia de Hollywood se dejaron olvidada a THE GOOD DINOSAUR, que sin embargo sí estuvo en los Globos de Oro. Lo digo por una cuestión bien sencilla, y es que EL VIAJE DE ARLO (desafortunada traducción al español) es una de las mejores películas de animación del año. Y no sólo porque su técnica sea deslumbrante, que es lo de menos, sino porque tiene un guion maravilloso, de puro cine clásico, como aquellos westerns iniciáticos en los que, tras el entretenimiento, se escondía una inolvidable lección de vida. Y eso que la premisa no puede ser más delirante, pues nos invita a imaginar qué hubiera pasado en nuestro planeta si cierto asteroide hubiese pasado un par de kilómetros más alejado... y los dinosaurios no se hubiesen extinguido. Ésta es una fábula, no olvidemos, y puede chocar que de entrada sean los dinosaurios los que hablan y son civilizados, mientras que los humanos apenas ostentan el papel de "mascotas", pues sólo emiten gruñidos y se guían por el olfato. Arlo es un dinosaurio cobardica y buenazo, que las pasa canutas para demostrarle a su padre que puede estar a la altura de sus hermanos, y que se encuentra casualmente con un niño, con el que se ve obligado a transitar por un terreno desconocido tras el desbordamiento de un río que le separa de su familia. Por supuesto que hay un montón de lugares comunes, y bien parece que este tipo de producciones van trasvasándose muchas de sus situaciones, como si habláramos de un género en sí mismo, pero hay dos o tres momentos de gran altura emocional en este "modesto" film, y todos pertenecen a la hermosa relación de amistad que se va forjando entre el dinosaurio y el niño; cómo éste es capaz de explicar sin palabras cómo murió toda su familia, o el cierre de la película, que me niego a desvelar aquí y que pone un sincero nudo en la garganta a cualquiera. Eso, a mi entender y sin prejuicios, es buen cine...
Saludos.

sábado, 5 de diciembre de 2015

La vida es bella



Empiezo reivindicando que no nos engañen más. Pixar es Pixar, y Disney es Disney; y a cada uno le gustará lo que le guste, pero no tienen nada que ver.
Pero por favor, no quiero empañar la obra maestra absoluta que voy a intentar comentar, aunque me va a costar salirme de cánones puramente emocionales, lo reconozco. INSIDE OUT es una película increíble, perfecta, lo tiene todo; es WALL·E, y también UP... y TOY STORY... Todo eso es, insisto: puro Pixar. Pero además, Pete Docter avanza un paso más en su osadía narrativa, y si el arranque de UP es antológico, el de INSIDE OUT es simplemente insuperable. Cómo si no empezar una película datando cómo, qué y por qué somos lo que somos, como personas, como seres únicos e insustituibles; no hay magia divina aquí sino un afán pedagógico que engancha desde que nos presentan a unos inolvidables seres: Alegría, Tristeza, Asco, Ira y Miedo... ¿qué otra cosa si no? Eso somos, y eso es lo que se nos cuenta, el porqué de nuestros actos, pero no desde el punto de vista dogmático de la narración infantilista (no confundir con "infantil") que domina este tipo de producciones, sino como experiencia vital en sí; como un BOYHOOD mucho más visual y explícito, asistimos a cómo se desenvuelve el cuerpo de Riley por dentro, es una niña, y en sus actos predomina ese entusiasmo que tan poquito nos suele durar, pero algo está cambiando, hay súbitos cambios de humor, enfados, ataques de melancolía... Riley se acaba de mudar con sus padres a otra ciudad, y todos sabemos que esos cambios afectan más a los niños. Así que en este complejísimo (en su sencillez) entramado de emociones, Docter imagina un mundo interior, basado en reglas estrictas y en el que todo funciona por el equilibrio entre las distintas facciones ¿Por qué entonces el cambio que se está operando en Riley? ¿Es que alguien no está haciendo su trabajo ahí dentro?...
... ¿o quizá es que tan sólo alguien está creciendo?...
Con un nudo en la garganta, véanla, por dios santo...
Saludos.

sábado, 26 de octubre de 2013

La vida en un cuarto de juguetes #3



En 2010, Pixar decidió dar por finiquitada (o eso creemos) su franquicia más famosa y emblemática, y no se nos ocurre una manera mejor de hacerlo que dándole la vuelta al típico concepto americano de "película comercial de éxito" con un guion tremendamente ingenioso, obra de Michael Arndt, que cuatro años antes había ganado el oscar con LITTLE MISS SUNSHINE.
Andy se ha hecho mayor; se va a la universidad y debe decidir qué hacer con todos los cachivaches que inundan su cuarto, y por supuesto sus juguetes irán al ático... o a la basura. La primera vuelta de tuerca la encontramos en la accidentada huida de los juguetes, que terminarán en una "idílica" guardería llamada Sunnyside, donde un oso bonachón les dará la bienvenida al lugar de sus sueños, donde los niños no pararán jamás de jugar con ellos. Sólo Woody recelará del asunto y se marchará, descubriendo después que las intenciones de los juguetes que ya estaban en la guardería son muy diferentes. A partir de aquí, hay un despliegue de analogías asombroso: la guardería como supuesto retiro y convertido en infierno; la disciplina militar impuesta por un Buzz Lightyear "reseteado"; el divertidísimo (y muy mordaz) affaire entre Barbie y Ken (la aparición de éste en su mansión es uno de los grandes momentos de la película) y el nada infantil episodio narrado por un payaso que ha perdido la sonrisa después de haber sido abandonado por su pequeña dueña. Por supuesto que hay acción trepidante y las técnicas de animación alcanzan un punto de perfección (qué complicado es recrear una recreación y hacerla realista) que no se había visto anteriormente. Además, todo lo que en cualquier película resulta trillado y muy visto (las situaciones límite; los malos con piel de cordero), brilla y sorprende en este episodio final que se ve en un suspiro con cara y ojos de niño (como debe ser) y cuyo tramo final te deja un nudo en la garganta difícil de superar. Uno, a esas alturas, se ha enamorado profundamente de Slinky, el señor y la señora Potato, Bo Peep, el adorable Rex, Hamm el cerdito, los aliens del Planeta Pizza, el pobre pingüino Whezzy, la impulsiva Jessie y su caballo Bullseye, los soldaditos de plástico (dios, cómo me gustaban de pequeño...), Barbie y, cómo no, una pareja que forma ya parte de la Historia del Cine (con mayúsculas), Buzz Lightyear y Woody. Su peripecia, sus palabras, sus acciones, conllevan mucha más humanidad que la de la mayoría de películas con actores "reales" que vemos; y esto nos lleva a replantearnos muchas cosas que dábamos por sentadas... como, por ejemplo, si nuestra niñez no nos mira de reojo cada vez que hacemos el gilipollas.
Y lo digo ahora para que nadie me lo pida: una trilogía magistral.
Saludos.

viernes, 25 de octubre de 2013

La vida en un cuarto de juguetes #2



Cuatro años después de poner la industria patas arriba, John Lasseter unió fuerzas y talento junto a Ash Brannon y Lee Unkrich, que asistiría igualmente a Pete Docter para su estupenda MONSTERS, INC. y a Andrew Stanton en FINDING NEMO, y justo antes de hacerse con las riendas de la tercera entrega de estos inolvidables juguetes parlantes... Pero ésa es otra historia, que además les contaremos mañana. TOY STORY 2, sin aportar nada que no estuviese en la primera, es otra de esas películas que puedes ver una y otra vez sin cansarte. La introducción de los personajes de Jesse y Pete "el apestoso", recordándole a Woody cómo fue una leyenda con su propio show de televisión, aporta un dato novedoso que en la tercera parte sería incluso más desarrollado: la toma de conciencia de los juguetes de su naturaleza transitoria, estrechamente ligada al crecimiento de sus dueños, que les olvidarán y abandonarán. Asimismo, el episodio del malvado Zurg (impagable el arranque de la película y el guiño a Star Wars), el personaje de Al (a mitad de camino entre un freak coleccionista y un perdedor sin remedio) o esa alucinante fiesta de Barbies, como si de repente estuviésemos en una película "surfera" de Frankie Avalon, no dan tregua a quien esperaba una secuela trepidante y coherente. En mi opinión, a TOY STORY 2 le falta una milésima de esplendor y frescura, la que rebosaba en su glorioso episodio inicial, pero esto no debería restarle el mérito de conjugar todos los valores que realmente importan en la saga (amistad, lealtad, el sacrificio por los amigos que lo merecen...) y usarlos para, eso es innegable, mostrar unos agigantados avances técnicos, los que han convertido a Pixar (y a Lasseter como su verdadero ideólogo) en el gran espejo en el que se han mirado tantas otras producciones (y productoras). Otra película para gozar sin límites. Garantizado... ¿Alguien da más?...
Saludos.

jueves, 24 de octubre de 2013

La vida en un cuarto de juguetes #1



TOY STORY es, ustedes lo saben, yo lo sé, una obra maestra del cine contemporáneo; toda la saga, compuesta por tres películas, lo es. TOY STORY, la primera, tiene casi veinte años, y desde entonces se ha hecho muchísimo cine de animación, y muy bueno, y con un grado de perfección técnica cada vez mayor, pero pocas películas hemos visto cuyo grado de comunión entre lo que cuenta y cómo lo cuenta alcance nuestros corazones de la misma forma en que podría hacerlo una película con actores reales ¿Pero es que no es absolutamente creíble esa pareja, ya inmortal, formada por el vaquero Woody y el aventurero espacial Buzz Lightyear? ¿No es su encuentro una amistad surgida de la colaboración en favor de no perder un estatus, el de ser los juguetes favoritos de Andy? Y lo que es más importante ¿No es sintomático que John Lasseter inaugurara esa fábrica de sueños que es Pixar augurando el fin del "entretenimiento físico" y el advenimiento de la revolución digital, precisamente con un film que cambió por completo nuestro concepto de "cine de animación"? Bajo una apariencia frívola, que luego no es tal, TOY STORY contiene algunos momentos de emoción desatada. Están los chistes, las infinitas referencias, algunos momentos delirantes ("... el gancho... el gancho...") y unas escenas de acción simplemente apabullantes; pero mi debilidad está en esa humanidad latente y muy bien distribuida a lo largo de un preciso (y precioso) guion escrito por Alec Sokolow, Joel Cohen, Andrew Stanton y Joss Whedon, que adaptaron una idea original del tándem Stanton/Lasseter y Pete Docter. Nombres que han pasado a engrosar las listas de los mejores cineastas de las dos últimas décadas no sólo por reinventar el cine de animación, sino por dignificarlo y elevarlo hasta poder competir (de esto no tengo ninguna duda) con un cine comercial al que cada vez le cuesta más reinventarse a sí mismo.
Y al final, la prueba del algodón. Vi TOY STORY hace un mogollón de años y me pareció simpática y entretenida, una buena película; la volví a ver cuando estrenaron la segunda parte y de mis labios salió la frase "Obra maestra". Recientemente, la he vuelto a ver con mi hija de cinco años sin poder pegar los labios (ella... ¡y yo!)... Ahí, amigos, no hay dudas que valgan... ¡Maravillosa!
Saludos.

martes, 21 de agosto de 2012

Factorías produciendo



Aparte de suponer la primera experiencia en un cine con mi hija (4 añitos el mes que viene), BRAVE puede ser considerada como un punto y seguido o un punto y aparte. La primera consideración sería la benévola, y vendría a explicar que no todo el mundo puede alcanzar cotas de emoción tan altas como en WALL·E, TOY STORY o UP y encima entretener a un arco de edades de unos ochenta años; la segunda trataría de la nunca deseada "disneyzación" absoluta de Pixar, no sólo referida a lo meramente económico, sino también a ciertos pilares ideológicos, los que hasta ahora han sustentado las constantes más interesantes de la compañía originalmente fundada por Catmull y Ray Smith. O dicho de otra forma: mientras que lo de Judd Apatow se resiste a convertirse en una factoría en serie, Pixar jamás lo ha ocultado, teniendo en cuentra que no se trata de un solo elemento pensante, sino de una larga nómina en constantes evolución y crecimiento. Y así llegamos a BRAVE, que no es ni la mitad de buena que las tres antes mencionadas, pero que encuentra en su falta de pretensiones el aliento para crear hora y media de deslumbrante técnica al servicio de una historia que no por tópica deja de esconder un par de sorpresas que la hacen avanzar sin demasiados rechinamientos. A estas alturas, ustedes saben que es la historia de una muchacha en la Escocia Medieval, heredera del trono de los Grandes Clanes, para más señas; que es rebelde y nada ñoña, y que no va a permitir que su estirada madre la case a la fuerza. La chica se llama Merida (sí, ya lo sé...), monta a caballo a pelo... (sí, ya lo sé...), tira con arco como Robin Hood (sí, ya lo sé...) y luce una abundante cabellera roja, tan indomable como su espíritu aventurero (sí, ya lo sé...). A partir de ahí, hay guiños a Blancanieves, Pocahontas, Cenicienta, Peter Pan y la gran nómina de clásicos de Disney. E insisto: puede que no signifique nada, pero el encanto de Pixar siempre ha consistido en dictar sus propias líneas maestras, no en "continuar" la de otros... Por cierto, a mi hija, en un momento dado, se le hizo larga...
Saludos bravidos.





sábado, 17 de abril de 2010

Una rata en la cocina

Debo ser una de las poquísimas personas a las que RATATOUILLE no le emocionó lo más mínimo; no discuto la calidad de sus imágenes, ni el gran esfuerzo que supone levantar un proyecto de estas características; mi crítica (menos furibunda que en otras ocasiones, porque como mero divertimento funciona a la perfección) va dirigida exactamente al mismo punto del que obtienen sus grandes aciertos títulos similares como UP y, sobre todo, WALL·E. Y es que no veo la supuesta historia de "chaval, aunque seas un fracasado, tú puedes", no me conmueve el optimismo "quetodolopuede" ni el esfuerzo denodado contra cualquier adversidad, cuando, si nos fijamos bien, su secreto se sustenta en una frenética sucesión de acontecimientos que tienen más que ver con el azar que con otra cosa.
Brad Bird (y por extensión, la productora Pixar) tira de la ya bastante manoseada "fábula contemporánea" y busca antes la lagrimilla que la posible reflexión sobre lo que se está contando. No hay rastro pues de la amarga e irremediable soledad que desprendía WALL·E o el tenaz desencanto de la primera parte de UP; siendo ejemplos éstos de cómo puede usarse la imagen 100% digital para transmitir emociones que creíamos reservadas para actores de carne y hueso. Y es ciertamente extraño, pues, dentro de mis obvias limitaciones de edad, no me da la impresión de que el público que más ha disfrutado la que hoy nos ocupa haya sido precisamente el infantil, por lo que mi conclusión es que RATATOUILLE, aun reconociéndola cargada de buenísimas intenciones (en todo su mefistofélico sentido), termina quedando en una tierra de nadie que la relega (y esto es literalmente cierto) a ocupar un día familiar en la parrilla de la primera cadena, con todo lo que esto conlleva.
Por cierto, no soporto al ratón de marras corriendo para que no le den caza. Me da dolor de cabeza...
Saludos roedores.

martes, 1 de diciembre de 2009

El imparable ascenso del cine de animación

... Y quien no quiera reconocerlo, quien siga pensando que el cine de animación, tal y como compone una de las partes más interesantes de lo que se cuece en el panorama actual, es cosa de niños y jovenzuelos atolondrados, no tiene más que echar un vistazo a esta maravilla, que aúna a partes iguales un derroche visual apabullante como un enriquecedor testimonio sobre ese tiempo, el tiempo humano, que cambia a velocidad de vértigo y que queda plasmado perfectamente en sus maravillosos primeros minutos.
Y es que el arranque de UP es de lo mejor que se ha visto en este año que empieza a dar sus últimos coletazos. Luego es cierto que el tándem Docter/Peterson destapa el tarro de las licencias y desvía la atención a esas audiencias antes mencionadas, que al fin y al cabo son las que acuden masivamente a los multicines; también ocurría en WALL-E... hasta en CORALINE, si me apuran. Pero tampoco pasa nada, porque podemos relajarnos un poco y disfrutar de la riqueza de la animación o de su tierno sentido del humor (La pareja formada por el pequeño explorador y el anciano aventurero forma ya parte de la historia de parejas imposibles que funcionan a la perfección), ahí es donde UP se dispersa un poco y por lo que seguimos esperando la producción Pixar definitiva.
Ahora, hace tiempo que la vi y sigue coleando ese impresionante principio, que podría haber filmado Frank Capra, Spielberg y hasta Berlanga; un principio capaz de congelarnos la sonrisa que nos han provocado las bromas iniciales, dando cuenta de la soledad de este hombre que se ha hecho viejo en cuestión de segundos, que ya no tiene a nadie para compartir el final de su vida y al que quieren arrebatar su única posesión, su vieja casa, instalada en mitad de feroces construcciones modernas. La casa, verdadera protagonista del film, a la que Carl Fredricksen, que ha sido vendedor de globos, se lleva literalmente, en la escena más espectacular del film. Como decíamos, luego acaba el momento Pixar y empieza (no queda otra) el momento Disney; el momento en el que vemos a un anciano renqueante, que se ayuda de un andador, dar cabriolas sin problemas por el aire. Pero no importa, porque se trata de hora y media de gran entretenimiento, de un tipo de cine que debe seguir existiendo. Mientras tanto, sigamos esperando la gran obra Pixar, estoy seguro de que llegará.
Saludos desde las alturas.

sábado, 16 de mayo de 2009

La inmortalidad al alcance de la mano

En fin, hablemos hoy de la mejor película del año, que ya toca.
Por supuesto, WALL-E ganó el oscar a mejor película de animación, pero si ésta es inalcanzable en todos los sentidos ¿no debería ser considerada como una película más?
No sé, no lo entiendo; o es que yo soy muy revolucionario o muy tonto, o no sé. El caso es que hacía mucho tiempo que un film no me emocionaba tanto, desde EL VIAJE DE CHIHIRO, supongo (significativo ¿no?). Y no estoy de acuerdo en el absurdo empeño de separar la primera parte como magistral y la segunda como simple family entertainment. No ¿Acaso el bodrio que resultó premiado como mejor película guardaba un mensaje trascendente en su insufrible metraje? Porque yo no me enteré. Entretenimiento; dejen de tenerle miedo a esa palabra, porque WALL-E es, esencialmente, muy pero que muy entretenida, un aluvión de sensaciones que transportan al espectador de la sonrisa más franca al puro estremecimiento dramático; de la risa hilarante al terror apocalíptico. WALL-E es el perfecto trasunto de aquel Charlot enamorado y pazguato de THE KID o THE GOLD RUSH; y hay en su oblicua mirada, una mirada artificial, más significación y humanidad que en cualquier actorzuelo, con o sin método.
No exagero, hablamos (y permítamelo por esta vez, Mr. Eastwood) de uno de los films más importantes de los últimos tiempos, porque, acrobacias digitales aparte, WALL-E propone una honda reflexión desde sus nada ingenuas imágenes, en el invariable y monótono trabajo de un humilde robot basurero en un planeta donde ya no vive nadie, con una cucaracha como única compañía, con un curioso "síndrome de Diógenes" que le hace guardar cualquier objeto que atrae su atención. Y luego en el contraste de EVE, el pulcro robot enviado en busca de algún rastro de vida, limpio y mortífero. WALL-E es una película de aventuras, sí; y de animación, por si fuera poco. Está facturada a la sombra del gigante Disney y serán muy pocos los pequeños que no la hayan visto. Pero si me preguntan a qué me recuerda WALL-E la respuesta es invariable y automática: Sólo el maestro John Ford puede contar tanto y tan bien en tan poco tiempo. Y si no me creen vean HOW GREEN WAS MY VALLEY y déjense llevar por su propia imaginación. Por cierto, aquélla le arrebató el oscar nada más y nada menos que a CITIZEN KANE... ¡Cómo ha cambiado la cosa!
Saludos robotizados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!