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viernes, 6 de octubre de 2023

Películas para desengancharse #121


 

En PRIZZI'S HONOR, John Huston dio su penúltima lección de cine, aunando con maestría varios géneros, maridándolos con perfección hasta obtener un objeto tan curioso como inimitable. Es una típica película de gangsters, que luego vira hacia una típica comedia romántica, para seguidamente quedarse en comedia disparatada, ensombrecer su discurso con un escalofriante thriller o escarbar en la doble moral de los códigos del hampa, contra los que es imposible luchar. La química entre Jack Nicholson y Kathleen Turner es antológica, componiendo una pareja tan improbable como irresistible, y secundados por una gran Anjelica Huston, en un rol complejo y desagradecido. El guion elaborado por Richard Condon, que adaptaba su propia novela, permite a Huston lucirse en algunas escenas de fascinante virtuosismo técnico, gracias también a la fotografía de Andrzej Bartkowiak y una memorable música de Alex North. No ha perdido un ápice de su fuerza, y sigue siendo, ya decimos, una lección sobre cómo inventar desde lo establecido, o usar los cánones para encontrar caminos de libertad creativa, estableciendo eso tan difícil del "clasicismo intemporal".
Maravillosa película.
Saludos.

sábado, 17 de agosto de 2019

Hijos de Sísifo



Me parece fuera de toda duda que la película de ayer, de venir de algún lado, viene de un inmenso film rodado setenta años antes. THE TREASURE OF THE SIERRA MADRE es uno de esos escasos milagros a los que uno asiste recordando por qué es cinéfilo, tan sólo para constatar que lo más alto y lo más bajo de la condición humana caben en dos horas de cine puro, rocoso y rugoso como un leño. Si quieren héroes no los encontraran aquí; si buscan grandes gestas vayan olvidándolo. Lo que enseña John Huston (en modo maestro) es la verdad de la miseria y la paradoja del destino cuando no se puede evitar. Desde el antológico arranque, con un pordiosero Humphrey Bogart pidiendo limosna, borracho y acabando a golpes en cualquier taberna, el film nos traza a la perfección una semblanza, pero no nos advierte de la evolución del personaje, evolución lógica, humana, pero que escasas veces se dispone en el cine, tan dado a los arquetipos. Bogart dista eones de ser un héroe, antes es un tipo cascado, incapaz de fiarse ya de nadie, y menos cuando ve la gloria al alcance de los dedos en forma del oro molido que extrae junto a sus dos improvisados compañeros, interpretados por Tim Holt y un magistral Walter Huston, que ganó ese año un merecidísimo oscar, que agradeció emotivamente a su hijo. Insisto, no busquen aquí aventuras, aunque las hay a raudales; ni épica, pues sólo hay intereses, avaricia y distorsión en la percepción de una realidad que muta constantemente, del sueño dorado de la veta casi mítica a la pesadilla pensar que todo el mundo es el enemigo.
Lección de cine y lección de vida. Actores en estado de gracia, un guion (Huston hizo doblete) que ha hecho historia, y por si fuera poco una banda sonora inolvidable de Max Steiner. Una de esas películas que me permito decirles que es imperdonable que no hayan visto aún.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El fin del idealismo



Una de las mejores películas que uno puede ver ahora, con el fin de desembarazarse de cualquier sobredosis de filamentos digitales, es THE MAN WHO WOULD BE KING; y bien harían las productoras en ir tomando nota antes de que se les acabe la gallina, los huevos y otras cosas... Aquí está todo, todo lo que el cine de aventuras debe ofrecer. Hay acción, humor, dinamismo, diálogos inteligentes, una fotografía y música espectaculares, una historia bien contada, personajes de carne y hueso, y una gran crítica al inmovilismo sedentario que escuchimiza al ser humano hasta dejarlo en pantomima de su propia causa. Es cierto que la obra original de Kipling ya contenía una sustancia de lo más estimulante, pero John Huston eleva a la máxima potencia este espectáculo visual, sin el cual resulta imposible entender, por ejemplo, a cierto aventurero con látigo y sombrero. La película, no obstante, prescinde de cualquier resto de autocomplacencia y no evita detalles escabrosos y crueles; desde su magistral arranque, con la visita de un misterioso personaje al propio Rudyard Kipling, se nos pone sobre la pista de Danny Dravot y Peachy Carnehan, cuya camaradería sólo puede ser superada por dos cosas: su ambición y ansias de aventuras. Ambos inician un viaje que sólo un loco emprendería hacia un país del que ni siquiera podrían asegurar su existencia, con la idea fija de convertirse en los hombres más ricos del planeta. Y reconozco que el ritmo, las interpretaciones (soberbios, inmensos, Sean Connery y Michael Caine) y todas las peripecias que integran dicho viaje son la médula espinal del film, pero aún Huston (y Gladys Hill) le aporta ese regusto desencantado proveniente (aunque parezca descabellado) del cine negro; los personajes viven ese momento de gloria con fruición, embelesados, pero con un pie en el alféizar de la realidad, conscientes de que el precio a pagar por la gloria es demasiado caro. Esto es, en último término, lo único capaz de separar los destinos de dos hombres que eran inseparables... aunque sólo uno pudiera reinar...
Una de las películas más hermosas de todos los tiempos.
Saludos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Películas para desengancharse #7



Hombre, que el sustrato de la leyenda queda compuesto por un 95% de falacia y un 5 de ingenuidad, no seré yo quien lo niegue, pero es que imaginen lo siguiente en 2014 y díganme, falanges diastólicas mediante, qué les parecería esto: un film sobre unos prisioneros aliados que forman un equipo de fútbol en la guerra de... ¿Irak?... Me sirve. Con un capitán y entrenador, vieja estrella semiretirada, que podría ser Colin Firth... Por lo de ser inglés y... por lo de ser inglés. Luego necesitaríamos dos estrellas del momento, pero éstas del fútbol; no creo que nadie lo discuta: Cristiano y Messi... Y la guinda la pondría el portero, que no tiene ni pajolera idea del caballeroso juego del balompié, pero que está cachas y repele todo lo que le llega... Dwayne "The Rock" Johnson, es mi hombre. Y bien, el resto del equipo lo rellenaríamos con jugadores menos rutilantes, pero igualmente conocidos. Pónganme a Frank Lampard, Mats Hummels, Andrea Pirlo, Thiago Silva, Franck Ribery, Arjen Robben... Y por lo del tono surreal (y por poner algún defensa más, digo yo), Sergio Ramos... ¿A que sería una chulada de peli?... ¿Qué, que no? Pues el gran maestro John Huston no creyó lo mismo, y dirigió VICTORY, con Michael Caine, Pelé, Ardiles y Stallone en la portería, y un montón de gente fue a verla; y Max von Sydow hacía de nazi medio malo (porque estábamos en la WWII), así que ahora yo veo a Stellan Skarsgard. Y dirigiendo... ¿por qué me viene insistentemente Garci a la mente?...
... Efectivamente, hay que desengancharse de ella...
Saludos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Creer es cuestión de método



Uno puede imaginar sin problema alguno a dos entusiasmados hermanos llamados Joel y Ethan embobados ante una proyección de WISE BLOOD, la película "maldita" de John Huston. Y uno puede rastrear las huellas de este insólito y personalísimo film en gran parte de la filmografía de dos cineastas que han de pasar (a pesar de los pesares) por absolutamente originales. Es ese gorjeo casi imperceptible, luminoso y oscuro a partes iguales, ahondando en el detalle más alejado y alejándose asimismo de los lugares comunes y los mullidos abrazos visuales. Lo primero es la novela de Flannery O'Connor, su retrato de la locura antes que de la fe, o de cómo ambas se entrelazan y confunden en según qué ámbitos. Lo segundo es adaptar un texto escurridizo y malsano con la suficiente amplitud como para no acabar siendo sesgado y monótono; Huston filma a pie de acera a los predicadores callejeros como si en realidad fueran pistoleros quietos en su púlpito, francotiradores de la palabra en forma de anzuelo, del pensamiento inédito. Luego está quedarse con un aspecto por encima de los demás para que sirva de hilo conductor; verdad o mentira, creerse uno sus propias soflamas o sólo servirse de ellas como agitado medio de vida. Hazel Motes, que se coloca un enorme sombrero hongo y se guarda un viejo revólver, es el charlatán y el fanático, el imposible creador de la Iglesia sin Cristo capaz de disparar a quien rebata sus ideas; Asa Hawks, por el contrario, es el listo que se hace pasar por ciego para recaudar para él y su hija, Sabbath Lily. Lo que hace irresistible a WISE BLOOD es la imposibilidad de detectar dónde está la bondad y dónde la maldad, ni siquiera dónde están la verdad y la mentira; puede que se trate tan sólo de un lúcido y autodestructivo retrato sobre la desesperación y los desesperados reafirmando sus titubeantes puntales ante una ciudad que les es indiferente. Tan terrorífica como jocosa, WISE BLOOD se presta a ser redescubierta más de treinta años después de su inadvertida realización, quizá sirva para entender de dónde vienen ciertos "torrentes creativos".
Saludos en predicado.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Más allá del vaso



1984. John Huston está hasta los cojones de que le llamen "maestro" y le traten de venerable anciano. Hollywood reparte mal sus palmadas y comete el error de subestimar al viejo cascarrabias, el gran inconformista. Así que Huston le coloca la guadaña pertinazmente a Guy Gallo y le conmina a que extraiga todo lo legible de la gran obra imposible de Malcolm Lowry, porque piensa hablar sobre el alcohol como no se había hecho antes en el cine, y qué mejor obra que UNDER THE VOLCANO, más que una novela, un delirio tremendista y asfixiante acerca del punto más bajo de un alcohólico incapaz de dar marcha atrás. El cónsul Firmin, héroe inexplorado de sí mismo; una personalidad/caos tan desquiciada como mortalmente lúcida, y un hombre que es capaz de mantener su dignidad justo cuando la había perdido por completo. Y México... Con sus calaveritas y sus tequilas y cantinas desiertas; con un calor satánico y un perfumado ambiente a fiesta interminable. A sobacos sudados y chicharras exhaustas y faldas de mil volantes. Es en ese infierno paradisíaco donde Huston incrusta a un Albert Finney que pocas veces ha estado mejor, y lo maneja a lo largo de ese día inacabable repleto de botellas y reproches, de necedades y lúcidos y amargos pensamientos, que en realidad son las reflexiones de un hombre acabado que brinda por última vez por una cultura y una sociedad (las suyas) que le han decepcionado profundamente. Incapaz de asumir su propio fracaso, el cónsul Firmin decide que su último día estará repleto de sonrisas y de tiovivos; que ha de dejar a su bella y joven esposa en mejores manos que las suyas, temblonas y arrugadas. Y es ese acercarse la noche, imperceptiblemente, como un animal al acecho, ese coloquio con los que ya estuvieron en el infierno, lo que dota a UNDER THE VOLCANO de un aura irresistible, difícil si se quiere, pero tan necesaria en medio de toda esta mediocridad... De hecho, no me cabe duda de que a Lars von Trier le encantaría haber firmado una película con un sello autoral tan potente, no hay más que ver sus primeros trabajos y compararlos con esta tremenda adaptación literaria; más aún: reindagación de los códigos creativos de dicha obra. Véanla, y la de mañana también...
Saludos bajo el flexo...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Leviatán



Puede ser la monumental obra de Herman Melville uno de los acercamientos más lúcidos acerca de la infinita, titánica lucha del hombre contra la naturaleza. Han oído bien, he dicho lucha; porque queda bonito y amable el idílico panorama que pretenden dibujarnos y vendernos los ecologistas, que no digo yo que no tenga su utilidad, pero la historia del ser humano, desde que apareció sobre la faz de la tierra, está marcada por la sangre, el sufrimiento y la crueldad; y si no, nos habríamos quedado (como dice un anuncio) en unos monos mu simpáticos.
Pero hablando de MOBY DICK, que es lo que nos interesa, la dimensión mítica del monstruo sobrenatural contra la obsesión fanático-religiosa del capitán Ahab, su intermitente lucha en el inacabable territorio del océano, sus referencias culturales, morales y filosóficas, puede que se trate de la más perfecta piedra Rossetta para intentar entender cuál es el motor de este mundo. El odio, la venganza, la destrucción por la perpetuación y el sello (la lacra) de la divinidad incluso en las acciones más mundanas. Y mientras Melville desmenuzaba con precisión quirúrgica la inabordable mitología de la profesión ballenera, John Huston, otro irreductible, se centraba en el aspecto aventurero de la novela y en el inigualable mosaico de personajes que pueblan la cubierta del Pequod (otro espacio mítico) en busca de la gran ballena blanca. Y, aparte de constituir un vigoroso retrato de la época y regalar una interpretación a todas luces insuperable, la de un infernal Gregory Peck, MOBY DICK traspasa la pantalla más de cincuenta años después y nos traslada a una lucha sin cuartel que sólo puede resolverse con la mítica secuencia de Ahab atrapado por los mismos arpones que ha ido clavando en el lomo de la ballena y arrastrado para siempre a las profundidades. Y es que hablamos de un clásico en toda regla, un film que se ve igual por la tarde que por la noche; solo, acompañado de un sesudo cinéfilo o con los niños llenándolo todo de palomitas. Y eso, francamente, no tiene precio.
Saludos de un cetáceo de secano.

lunes, 24 de mayo de 2010

Cuando los guionistas dominaban la tierra

Hubo un tiempo en el que el énfasis, el entusiasmo por trasladar a una serie de espectadores el alma de una narración, comprendía la mayor parte de los esfuerzos de la industria cinematográfica. Eran los tiempos de los estudios, de las estrellas y los grandes secundarios, los tiempos de los directores apasionados y concienzudos y de los mejores guiones de la historia. Y ésta es la historia de cómo un joven llamado John Huston logró convencer nada menos que a la Warner para que le financiara su debut, nada menos que con una novela de Dashiell Hammett que en otras adaptaciones no había salido demasiado bien parada. La productora aceptó pero con varios condicionantes: Sam Spade sería interpretado por un incipiente Humphrey Bogart; Mary Astor (que no era muy del agrado de Huston) se reservaría el difícil papel de la resbaladiza Brigid O'Shaughnessy; mientras que el otro plato fuerte venía de la mano de un genial Peter Lorre encarnando al desconcertante Joel Cairo y, sobre todo, la impresionante interpretación de Sydney Greenstreet, un desconocido actor británico que procedía del teatro y que hacía su debut (y vaya debut) con 62 tacos. Esta impredecible amalgama hacía presagiar un sonoro fracaso, pero John Huston era un genio y THE MALTESE FALCON se convirtió en un clásico instantáneo en un año inolvidable para el séptimo arte, donde también debutó un tal Orson Welles. En los oscar, la cosa estaba complicada, benditamente complicada, porque a Bogey ni siquiera lo nominaron, mientras que  Donald Crisp (inmerecidamente, creo) arrebató la estatuilla al enorme Greenstreet y el grandísimo guión elaborado por Huston era ninguneado por la academia. Esta obra maestra e imperecedera se fue de vacío, pero sigue constituyendo, setenta años después, todo un manual de cine negro, con sus giros ineperados, sus personajes cínicos y herméticos, que guardan más de lo que muestran y con esa maravillosa atmósfera de la época, donde cada pieza va encajando no como el espectador pensaba, sino como el director quiere que sea. Ahora es fácil imitar a Huston y refinar la imagen y el estilo, pero hablamos de la película que sentó las bases del cine negro de una vez por todas. Háganse un favor y véanla.
Saludos del material del que están hechos los sueños.

lunes, 14 de julio de 2008

Señoras y señores...

Todavía sigo sin poder ver entera esa cosa que perpetró Baz Luhrmann a base de imágenes digitales y muy poca vergüenza.
Lo he intentado, pero cada vez que veo ese gusto por lo excesivo, sin medida, sin una pausa para contar algo... ¡Ah, claro! Es que hace falta una historia, y aquella era el eterno chico-conoce-chica pasteloso e infumable.
¿Y Lautrec? He ahí el asunto, amiguitos. Toulouse Lautrec, una figura que por sí sola es capaz de llenar y justificar toda una existencia, la del mítico Moulin Rouge.
¿Cómo saltarse a la torera un personaje tan fascinante, tan contradictorio, tan arrollador?
Es por eso que la verdadera película llamada MOULIN ROUGE sea la que en 1952 puso en pie ese genio de lo impetuoso que fue (y es) John Huston.
Cine clásico, sí; pero también el paso definitivo del cine en busca de la armonía en grandes espacios y con cientos de personas moviéndose. Me acuerdo ahora de ese "paso más allá" que comenté hace tiempo respecto de RUSSKIY KOVCHEG y el suicidio formal que emprendió Sokurov.
En MOULIN ROUGE, Huston nos propone una interesante dicotomía entre la fastuosidad del mítico templo del can-can y la íntima introspección del artista en lucha constante entre su desbordante talento y su tara física. Respecto a esto último me gustaría destacar el titánico trabajo de José Ferrer, que tuvo que rodar de rodillas para alcanzar la estatura adecuada.
En este caso, la espectacularidad está totalmente justificada (¿Qué era si no el Moulin Rouge sino puro espectáculo?) y no distrae en ningún momento la atención del espectador, que asiste a todo un juego impresionista de colores y formas, que a veces incluso somos incapaces de separar de la obra pictórica de Lautrec.
Otra vez, bien lo sé, me enfrento a los que sucumbieron ante el videojuego de lujo que hizo Luhrmann, pero ése es el trato ¿no?
Por cierto ¿alguien sabe qué ha sido de su "meteórica" carrera?
Un saludo y un brindis.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!