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lunes, 2 de diciembre de 2013

... ¿Gafapasta tú?...



Existe una raza aparte en esto de ver cine... Ustedes lo saben, porque alguna vez los han visto haciendo cola, una y otra vez; con sus palomitas (o no), sus ropas descuidadas y, claro, sus gafas. Son seres anacrónicos, surgidos al amparo y calor de lo que en tiempos fueron los cineclubs y que han hecho de la asistencia al cine su forma de vida... básicamente porque apenas tienen otra vida. Stephen Kijak y Angela Christlieb realizaron en 2002 un documental basado en estos raros especímenes, algunos de ellos en la ciudad de Nueva York; ellos se explican, se dejan filmar momentos antes y después de sus inamovibles ritos diarios; con orgullos mal disimulado abren las puertas de sus casas para mostrar sus colecciones de carteles, bandas sonoras, recortes, fotos... aunque el diagnóstico se acerque más al síndrome de Diógenes que a la mitomanía compulsiva. Son sólo tres o cuatro, un ejemplo; se reúnen de vez en cuando (raramente, la verdad) y organizan maratónicas sesiones de video, fast food y comentarios que derivan en encendidas discusiones hasta la madrugada ¿Son los verdaderos gafapastas o simplemente un reflejo deformado de los últimos estertores de una exagerada forma de entender lo que una vez fue el séptimo arte y ahora se refugia bajo la leyenda "audiovisual"? CINEMANIA da cuenta de todo ello sin resultar cargante ni dogmática, y si tuviese que achacarle algo sería la insustancialidad de la mayoría de observaciones desprendidas de estos enfermos de la sala de proyección... A menos, claro, que sea usted uno de ellos...
Saludos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El exilio de los dioses



Hay un problema de fondo en un documental como STONES IN EXILE, que intenta recrear el ambiente de ensueño que rodeó a los Rolling Stones en la mansión que Keith Richards alquiló en Villefranche-sur-Mer, una vez sabían que en el Reino Unido la Hacienda pública iba a masacrarlos por no pagar una deuda en crecimiento. Lo primero es que resulta complicado encender un clic en la imaginación, llevarnos de la mano a un lugar que se debatía entre lo sublime y lo caótico, pero no lo es menos empezar el recorrido con Mick jagger y Charlie Watts, convertidos en venerables ancianos que sorben té y charlan amigablemente, y terminarlo con un Keith Richards que posiblemente es el único que sabía la fórmula perfecta para gestar un disco como Exile on Main St., casi con toda seguridad la obra cumbre de los Stones... aunque en esto jamás nos pondríamos de acuerdo.
Es Stephen Kijak un excelente documentalista, poseedor de un pulso encomiable para seguir lo que se nos está contando, pero hay un abismo entre su poderoso acercamiento a Scott Walker y la senda repleta de migas de pan que es este fallido documento, que casi parece más un encargo de promoción que otra cosa. Y Richards lo desvela en el momento más lúcido, cuando con su eterna sonrisa se dirige a sus compañeros (fuera de campo, es evidente) y dice que Exile... no fue un disco, sino la plasmación de varios meses de convivencia completamente al margen de lo que una convivencia se supone que debe ser. Y, sí, también sale Bill Wyman, y Mick Taylor... y un montón de gente más que no se sabe qué leches pinta, pero que rellena.
Mejor escuchen el disco.
Saludos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La honestidad siempre es brutal



Esta semana va a estar dedicada a los mejores documentales que he visto últimamente, los más recomendables; aprovechando un poco la ola de auge que el género está experimentando y resaltando el entusiasmo que provocan unos trabajos que bucean en la realidad para transmitirnos esa otra visión de las cosas al cinéfilo más avisado. Empecemos con uno de 2006 dirigido por el inquieto Stephen Kijak, responsable del más que notable CINEMANIA, y uno de los mejores acercamientos a los Rolling Stones, filmado hace apenas un par de años. Sin embargo, me aventuro a pronosticar que si Kijak ha de ser recordado en un futuro por algún trabajo, posiblemente lo sea por este SCOTT WALKER: 30 CENTURY MAN. Primero por el buen pulso que el realizador demuestra a la hora de conciliar aspectos tan distantes como un pasado del que el propio artista reniega y un presente que de hermético no ha hecho más que agrandar la leyenda de este artista absolutamente único en su especie. Walker fue una auténtica conmoción en los sesenta formando parte de los legendarios Walker Brothers; al poco tiempo inició su andadura en solitario, pero nunca comulgó con las imposiciones de los sellos discográficos. Culto, sensible y con un pie en Jacques Brel y otro en las vanguardias neoyorquinas, publicó una serie de discos cada vez más oscuros e introspectivos, hasta que quedó sumido en el ostracismo a mediados de los setenta y tocar fondo en su incomprendido regreso en los ochenta. Silencio. Pero el artista resurge, impulsado por el sello 4AD (sí, el que descubrió a los Pixies) y recibe el apoyo y libertad necesarios para la que es su etapa más interesante. El documental registra todo esto con una pulcritud y precisión diáfanos, con un punto muy positivo y otro más bien para olvidar. Por un lado (y es algo habitual en este tipo de cine) los "invitados" no es que aporten poco, sino que, siendo coherentes ¿qué demonios tienen que ver Sting, Damon Albarn y ni siquiera David Bowie con un artista totalmente fuera del circuito comercial y que ha cimentado su reputación a base de no venderse con las productoras? Esto es ciertamente irritante, y más en un documental tan logrado como éste, que nos da la oportunidad única de acercarnos a un hombre singular y que no concede entrevistas ni tiene una vida social destacada. Aquí el punto fuerte, pues Walker, en las distancias cortas, es un interlocutor elocuente, amable y con un discurso interesantísimo y sin pelos en la lengua ¿Puede haber sentido del humor en unas sesiones de grabación que incluyen espinazos de vacuno y cajas negras de resonancia?... Vean este documental y compruébenlo de primera mano.
Saludos del siglo XXI.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!