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viernes, 3 de abril de 2020

¡Viva Cuba!



Cuba es uno de esos países que no debería pasar desapercibido, y menos para nosotros. Controvertido, sí, pero digno de elogio, por sus gentes y su bella idiosincrasia, de la que alguna vez deberíamos aprender los ufanos europeos. Cuba está de actualidad (si es que alguna vez no lo estuvo), por la generosidad que están demostrando, cuando tanto los hemos ignorado. Pero también por el reciente fallecimiento de Juan Padrón, uno de esos tipos entrañables, de los que siempre quieres tener a tu lado para que te cuente las historias que se le ocurran, que eran muchas y muy originales. De Padrón siempre recordaré aquellos vampiros a ritmo de samba, en una Habana que respondía más a un precepto de Michael Curtiz que de una peli de animación. Pero así era Padrón, que aunaba el cine clásico con la transgresión argumental y una imaginación desbordante. En 1983 filmó ELPIDIO VALDÉS CONTRA DÓLAR Y CAÑÓN, que es magnífica para empaparse abundantemente del genio de este cubano, aunque es cierto que los españoles no salimos muy bien parados... ¡Qué se le va a hacer!
Descanse en paz, maestro.
Saludos.

martes, 26 de junio de 2012

Eva en La Habana



De Juan Luis Galiardo, de su extensísima filmografía, no son pocas las producciones extranjeras que se pueden encontrar (llegó a rodar incluso en Inglaterra); y en este sentido, puede que Cuba fuese una tierra en la que el actor gaditano se encontraba especialmente a gusto y donde era admirado como un ídolo. Galiardo colaboró estrechamente con el ICAIC a lo largo de más de dos décadas, y ayudó a la formación de jóvenes valores del país caribeño, aparte del montaje de varias obras de teatro. Uno de los films que rodó allí tenía bastante de todo esto, de teatro y de estrellas incipientes. PAPELES SECUNDARIOS era un farragoso intento por meter una cámara de cine en las tripas de la preparación de una obra ("Requiem por Yarini", de Carlos Rojas, que él mismo rodó una década después). La idea en sí, pese a lo visto, no es desdeñable, sin embargo, el resultado es un rígido achuchón repleto de diálogos inanes, jóvenes contentos y veteranos envidiosos; una especie de ALL ABOUT EVE cubano, pero que está más cerca (lo juro) de FLASHDANCE que de la obra maestra de Mankiewicz. Se salva, cómo no, Galiardo, que interpreta a un zarandeado director que vuelve a La Habana tras varios años; su salvadora, Rosita Fornés, es tan excesiva y melodramática como siempre. En fin, que es una curiosidad exótica, que además dura más de dos horas y que uno sólo aguanta por observar, estupefacto, a un Juan Luis Galiardo ¡doblado al acento cubano!, mientras rechaza los favores de cuanta cubanita se le pone por delante... Sólo para muy iniciados...
Saludos protagonistas.

viernes, 22 de mayo de 2009

Vendo enanitos verdes

Algunas veces, la falta de presupuesto, unida a la falta de prejuicios logra momentos únicos, irrepetibles. Vi VAMPIROS EN LA HABANA prácticamente cuando se estrenó, en un pase por TVE (la de entonces, hará 22 o 23 años) y recuerdo quedarme patidifuso con aquella animación epiléptica, llena de imperfecciones, tan lejos del canon Disney, tan punk ¿por qué no? Y aquella historia absolutamente inverosímil que le daba la vuelta por completo al mito vampírico, con un dicharachero sentido del humor típicamente caribeño que se mezclaba sin pudor con tramas gangsteriles y todo un mosaico panfletista sobre los momentos previos al derrocamiento de Machado.
La trama es un delirio. Resulta que las organizaciones mafiosas, digo vampiras, de ambos lados del Atlántico se disputan el invento de un científico, vampiro asimismo, radicado nada menos que en La Habana. Dicho científico ha estado suministrándole Vampisol (así se llama el brebaje) a su sobrino Joseph Amadeus von Dracula, Pepito para los amigos; un trompetista juerguista, mujeriego y amigo de revolucionarios, todo por la causa. El film, aparte de su trillada trama, merece la pena sobre todo por sus sorprendentes detalles, que la llenan de frescura e imaginación. Es posible que haya envejecido regular, pero sigue siendo objeto de culto entre una inmensa minoría de frikis (nótese el detalle de la curiosa coincidencia entre el nombre del brebaje y una discográfica especializada en música subterránea).
Notable también la magnífica banda sonora a cargo del gran Arturo Sandoval.
Juan Padrón, artífice de esta curiosa película y animador de contrastada carrera, repitió hace cinco o seis años con MÁS VAMPIROS EN LA HABANA, con bastante menos fortuna que ésta, instalada definitivamente en el subconsciente guerrillero de toda una generación.
Una transfusión de saludos.

jueves, 29 de enero de 2009

El muerto al hoyo...

La filmografía cubana, esa gran desconocida en circuitos internacionales, ha vivido diversos momentos de esplendor. Cierto es que sus inicios, coincidentes con los de la revolución, bebía y mucho de los postulados post-68; panfletarios, por supuesto, e ingenuos, entusiastas, como toda revolución.
Mantener un régimen comunista no es fácil, mantener una escuela autóctona de cine es casi utópico. Y uno de los grandes maestros que salieron de esta escuela fue Tomás Gutiérrez Alea. Con una extensa filmografía aún por descubrir, Alea tardó en asomar fuera de la isla, y lo hizo con una película valiente, FRESA Y CHOCOLATE, abundando en el tema de la homosexualidad. Pero me referiré aquí al título que firmó junto a Juan Carlos Tabío y que fue el último, antes de fallecer. En GUANTANAMERA (el título lo dice todo), asistimos a una celebración de la vida en torno a la muerte, algo que en el Caribe es corriente, chocando con los habituales tabúes europeos. Diríase de un último estertor berlanguiano, con multitud de personajes y situaciones; encuentros y desencuentros a lo largo de una road movie imposible, desquiciada. GUANTANAMERA es un film sin complejos, festivo y fúnebre a partes iguales; un trabajo que "se ve de un tirón", ágil y desenfadado, donde también resuenan los ecos de McKendrick y la Ealing. Es decir, un cajón desastre muy bien organizado que sirvió a G. Alea para desmitificar algunos aspectos de la revolución y, de paso, abrir las puertas a algunos grandes profesionales que a día de hoy siguen desarrollando sus carreras en el extranjero con mayor o menor fortuna, como son los casos de Jorge Perugorría o Mirta Ibarra.
Saludos de donde crece la palma.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!