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martes, 14 de abril de 2026

Pasión de gavilanes


 

Que está bien que Jacob Elordi nos la ponga dura, o nos moje sin control. Y Margot Robbie también, aunque ponga cara constantemente de "yo pasaba por aquí". Tampoco hay mucho más material para poner en pie otra adaptación del anticlásico de Emily Brontë que nadie había pedido, más que confiar en que la estética de Danielle Steel haga su trabajo de desconcierto, los secundarios nos convenzan de que cualquier apego a la realidad es un mero artificio y que todo vale si aprendes a quererte en un mundo repleto de ingratos. Este WUTHERING HEIGHTS 2.0 parece la reescritura de un veinteañero que acaba de leer su primera novela, confundiendo maldad con perversidad, pasión con calentón o puesta en escena con "preparado ultracongelado". Nada de lo que aparece aquí es naturalista, lo que no es necesariamente negativo, pero entonces debes demostrar que no sigues directrices, que no te han convencido para dotar de "qualité" la sobresaturada parrilla de la plataforma de turno, o que tienes la personalidad (narices) para escupirle a tu narcotizado público que no tienes por qué darles exactamente lo que ellos mismos se habían formado en su cabeza. Ni siquiera es mala, y Fennell es una diseñadora de interiores cojonuda, como mezclar a Coppola (Sofia) con Winding Refn, que viene a ser echarle mierda dorada a una puta hamburguesa para que cueste veinte pavos. Más que mala es... no me sale la palabra. Bueno, sí, es emperifollada, que es una palabra que me gusta por ambas partes.
Abur.
Saludos.

jueves, 25 de abril de 2024

La casa es nuestra


 

Parece inevitable rastrear (olisquear me parece más correcto) influencias harto evidentes en la supuesta provocación ultratransgresora de SALTBURN, que finalmente se queda en un correcto pero amanerado ejercicio de estilo, de los que dan lustre a una plataforma pero buscan el Ventolín en salas. Por aquí asoma una mijita, poca, del Ripley de Patricia Highsmith, aspira a estilizar lo ya hiperestilizado de Pasolini en TEOREMA, sólo para quedarse en hermana menor de aquella sublimación de lo retorcido que era EL SIRVIENTE, de Losey. En las tres comparaciones el segundo trabajo de Emerald Fennell desfallece, y ni es tan perversa, ni tan impactante, y ni siquiera ajusta su tendencia al formalismo hueco (y hosco), por mucho que la fotografía de Linus Sandgren oscile entre el rigor y la fascinación. Ahora bien, bajándola al suelo y opinándola desde el entretenimiento de calidad, SALTBURN gana enteros y es eso, un film que nos quiere descubrir a esa "directora prometedora" que a lo mejor un día, como el chirriante antiprotagonista interpretado por Barry Keoghan, puede disputar un partido en las grandes ligas. Hasta entonces, la plataforma manda...
Saludos.

lunes, 22 de febrero de 2021

El corazón partío


 

Decía George Orwell que se puede obligar a alguien a que diga algo, pero no a que lo piense. La frase es irrefutable, redonda, como una venganza perfecta, una venganza contra quienes han sido capaces de mantenerse inocentes en sus cabezas, incluso llegando a creerse totalmente inocentes. Sobre esto versa PROMISING YOUNG WOMAN, el retorcidísimo debut en largo de la actriz y guionista Emerald Fennell. Y es que estamos ante una película desconcertante, que igual salta de la comedia romántica al thriller, del sarcasmo a la congoja más hiriente. Parte de ello proviene de su milimétrico guion, que no da puntada sin hilo, y que cuando crees que se amontonan los clichés, en realidad te está llevando al lugar justo donde debes estar para que su truculento final entronque con cada escena anterior. La otra parte hay que anotársela al desgarrador trabajo de Carey Mulligan, que aquí parece haber alcanzado un nuevo estadio de madurez interpretativa. Ella soporta todo el peso de un personaje difícil de ubicar, por muy justificado que esté su camaleonismo. Igual aparece como una devoradora de hombres, una chica retraída, una mujer buscando justicia o golpeada por los desengaños. Y toda su extraña epopeya es narrada fuera de campo, evocando a otro personaje que ya no está, pero que se ha convertido en el único motor y obsesión de esta mujer. Sin caer en las trampas "de cristal" del #Metoo, el film se sirve de cualquier asidero posible para acabar en un punto de no retorno, que lo emparenta significativamente con un subgénero que parecería imposible, el del cine coreano de venganzas. E insisto, la tarea de guion de Fennell me parece titánica, al sortear cada trampa y salir indemne, por mucho que deba resistirme a desvelar demasiado de su sorprendente trama. Sólo añadiré que tiene un final demoledor, a contrapelo, incómodo y al mismo tiempo liberador.
Si no tardase tanto tiempo en descargar toda su intensidad dramática, estaríamos ante uno de los títulos más importantes del año.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!