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miércoles, 14 de junio de 2017

Una carrera sin meta



Me parece que es inevitable, casi necesario, desgajar las dos películas, las dos historias, narraciones o vertientes que se encuentran en el pulso y corazón de PATRIOTS DAY, la película con la que Peter Berg cuenta el terrible atentado terrorista en el maratón de Boston de 2013, al tiempo que rinde un sentido homenaje a una ciudad que se convirtió en ejemplo de colaboración ciudadana desde el primer momento para dar caza a los terroristas. Ahí, en la construcción formal de este relato expandido, Berg demuestra, una vez más, que está alcanzando cotas de maestría inauditas en estos últimos tiempos, y con la que consigue momentos de brillantez tal que uno no sabe si está viendo imágenes reales (nos consta que algunas hubo insertas) o construcciones ficcionales. Ahora bien, a todo esto le falla la consigna reflexiva, ya que sólo hay una dirección para el discurso sobre el que apoyar la maquinaria, y puede que sea mejor así, puede que sea mejor que alguien que quiere ensalzar los valores de la sociedad norteamericana simplemente lo haga, en lugar de querer quedar bien con todo el mundo. Esto lo manejaban muy bien los grandes maestros clásicos, y su legado lo recogió sin ningún temor Clint Eastwood, con el que Berg comparte su sentido de la dinámica y el no perder nunca la ubicación. Pero es necesario consignar esto y no llevarse a equívocos innecesarios, PATRIOTS DAY es cine de acción con cierto trasfondo histórico, y no al revés, y quienes quieran un discurso más atrevido intelectualmente tienen múltiples ejemplos, pero difícilmente los encontrarán en Hollywood.
Saludos.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cronología de una catástrofe



En relación a las malas sensaciones de la película de ayer, nada mejor que predicar con el ejemplo contrario: un film netamente comercial, sin muchas pretensiones filosóficas y/o autorales, y que sin embargo no engaña a nadie, pues da exactamente lo que promete. Y lo que DEEPWATER HORIZON promete es un brutal crescendo que se va intuyendo en pequeños detalles, hasta desembocar en un tercio final demoledor, puro cine de catástrofes aprovechando inteligentemente las posibilidades del CGI. Y no es que le profese mucha admiración a la trayectoria de Peter Berg, hasta ahora poco menos que un émulo solvente de Michael Bay, pero aquí demuestra, muy en la (acertada) línea de Paul Greengrass, que un guion no tiene por qué enflaquecerse por la sobreexposición a las escenas de acción. La "acción", en este caso, es más complicada de llevar a cabo, primeramente por motivos éticos, ya que la catástrofe de la plataforma petrolífera que da nombre al film conmocionó duramente a la opinión pública y cargó de razón a las voces ecologistas que clamaban contra las malas praxis de estas gigantescas explotaciones, que casi siempre suponen un impacto irreparable en el ecosistema. Ahí es donde el guion debe sortear el panfleto plañidero y sumergirnos de cabeza en el infierno, pues esa es la impresión que da, un horror incontrolable que empequeñece al ser humano y lo confronta con sus errores. el reparto, otro acierto, además de la inefable presencia de Mark Wahlberg, tiene a dos caras de la misma moneda, Kurt Russell y un recuperado John Malkovich, que otorgan categoría sin que su papel sea cargante. Estuvo nominada a mejores efectos sonoros y visuales en los oscar, que no lo ganara es un misterio como el de Beatty & Dunaway...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!