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miércoles, 12 de febrero de 2025

Ranas de hoy en día


 

Los príncipes azules ya no son lo que eran. A lo mejor siempre fueron esa mezcla indolente de cuna privilegiada, jaula de oro y tontos del culo, que es en lo que te conviertes si no has movido un dedo para tenerlo todo. El gran valor de ANORA no es su visión, sucia, realista y desencantada de grandes movilizaciones hacia la desemancipación como PRETTY WOMAN o LA CENICIENTA, sino la distancia que toma de todos y cada uno de sus personajes, lo que le permite a Sean Baker realizar una gozosa e hipnótica declaración de amor a la screwball comedy clásica, y en sus mejores momentos al también homenaje de Scorsese en AFTER HOURS. Baker compensa su falta de concisión con la honestidad de su mirada, y sus imágenes no son sólo magnéticas, sino que esconden multitud de intenciones. Repleta de personajes que repelen cualquier tentación arquetípica, ANORA es la historia de un batacazo emocional, un aprendizaje vital exprés, pero tanto o más como una mordaz disección de las clases sociales más elevadas, acostumbradas a rodearse de una legión de cortesanos atemorizados, y que no saben que también se les puede llevar la contraria. Su protagonista (una magnífica Mikey Madison) es la chica que, sin saber cómo, cree haber encontrado un billete premiado de lotería; y en el camino que transita hasta los pedazos diseminados de ese premio, no vemos a una aprendiz de princesa que ha tenido su merecido, ni a una valiente heroína que se agarra a su dignidad como único arma. En realidad, todos podemos traducir su inenarrable odisea como lo único que realmente podría pasar en un caso tan improbable como el suyo, y por ello, al final del camino, todos estaremos un poco más a su lado, que es lo que necesitamos al fin y al cabo. Puede ser en un strip-tease, en un abrazo o en una mirada cómplice: las personas sólo son nada menos que personas...
Saludos.

lunes, 3 de junio de 2019

En la trastienda del sueño



THE FLORIDA PROJECT fue una de las películas más importantes de 2017, uno de esos títulos que debería haber sido ascendido directamente a clásico instantáneo, pero que muy probablemente se hundirá discretamente hacia el pequeño rincón reservado a cinéfilos curiosos. El film funciona como una monstruosa metáfora del tipo de país en el que se ha convertido Estados Unidos, un inmenso parque temático que sólo es mostrado en su vertiente amable, y que en este caso es nada menos que Disneyworld en Orlando. En cambio, Sean Baker, que ya dejó muestras de su talento para el juego de espejos en la también olvidada TANGERINE, da la vuelta al sueño americano por completo y se centra en un complejo de apartamentos, que quizá albergaba hordas de visitantes, pero ahora es un fantasmal refugio para quienes tienen menos recursos. Así, rodeados de atracciones abandonadas y entre fachadas demasiado chillonas para ser hermosas, transcurre la vida de Moonee (créanme, la actuación de esta chiquilla de seis años es inolvidable), que vive con su madre e imagina que todos esos edificios ruinosos son en realidad ese mundo de fantasía al que nunca ha podido ir, aun teniéndolo tan cerca. Vemos esa realidad, hiriente pero también esperanzadora, esa "nueva" América deprimida y sombría, en la que cualquier cosa sirve para ganar unos dólares y pagar una semana más. Y luego está Willem Dafoe, ese actor maravilloso que nunca dejará de sorprendernos, y que interpreta aquí al encargado de los apartamentos, solventando con infinita paciencia unos problemas que parecen imacabables. Ahí, en esa vigilancia condescendiente, que nunca busca amonestar a quien ya de por sí la vida trata regular, está la gran enseñanza de esta increíble película, donde no veremos más que seres humanos derrotados, un poco de vuelta de todo y siempre como mirando la felicidad desde detrás de un cristal empañado.
Magistral. Sus últimos minutos son de una poesía indescriptible y que sólo se nos ofrece en una pantalla en contadas ocasiones.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!