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jueves, 12 de marzo de 2020

Hasta luego, Lucas #11



Me dicen, me cuentan, me rumorean que THE RISE OF SKYWALKER clausura la saga de STAR WARS... Y no sé si debería creérmelo, aunque tampoco es que me importe demasiado, porque tampoco tengo los agobios del fan demonizado por los tiempos. El caso es que esta saga se ha desvirtuado por una cuestión muy simple, precisamente esa: el tiempo. Y si atendemos al film tan sólo como una unidad, nos encontramos con una barbaridad de problemas, todos juntos en una película que en un principio no tendría por qué ser aburrida. Ahora bien, no le veo sentido a que el fin de fiesta lo componga un fastuoso aglutinante de viejos recortes, porque eso, y no otra cosa, es este larguísimo y descoyuntado amasijo de Ctrl C/V, al que puntualmente ayudan los efectos digitales a no caer en la autoparodia. Todos sabíamos cómo empezaría, se desarrollaría y acabaría; no, no hay una sola sorpresa, y los guiños de peso están dosificados con racanería incomprensible. Hay, sí, momentos, momentillos más que momentazos. Breves insertos de supuesta genialidad que dejan a las claras que éste es un producto meramente funcional y de nulo calado reflexivo. Quizá sea por eso que nunca me he considerado un gran fan, y quizá por eso me gusten más los episodios marginales, como el dirigido por Gareth Edwards.
No sé, pero no puedo decir ni mala ni buena, sólo que se ve y poco más.
Saludos.

lunes, 20 de junio de 2016

27 en 30



Es paradójico que haya tenido que enterarme de la muerte del actor Anton Yelchin para decidirme a hablar aquí de una saga que me da una pereza tremenda, como es la creada por Gene Roddenberry y que desde hace unos años intenta poner al día (al igual que ocurre con STAR WARS) el inefable J.J. Abrams. Sea como sea, Yelchin, a pesar de su talento, sale poco en una película de metraje interminable y desprecio imperdonable por la lógica narrativa, toda vez que parece increíble que su primera hora, fundamentada en un guion prodigioso, haya captado mi atención, algo que sinceramente no esperaba. Es la segunda, STAR TREK INTO DARKNESS, que se estrenó hace unos tres años y que recuperaba al todopoderoso Khan, un personaje complejo, fuera de las habitualidades de los villanos y al que da vida un portentoso Benedict Cumberbatch, lo mejor de la función sin lugar a dudas. Como he dicho, el guion zarandea al espectador en un juego de apariencias en el que nada es lo que parece, ni los buenos ni los malos, y ahí funciona, precisamente en recoger el espíritu de la serie original, que tenía mejores diálogos que escenas de acción. Desgraciadamente, a partir más o menos del minuto setenta empiezan los fuegos artificiales, los saltos, las patadas y los disloques de volumen insoportable, así que todo queda en su sitio, y los que se aburren cuando les obligan a pensar obtienen su ración de tontuna visual. Qué le vamos a hacer... ¿Y Yelchin?... Pues un tipo con talento, más que el de los protagonistas, de los que no recuerdo el nombre, y 27 años que se han ido en 30 segundos...
Saludos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Hasta luego, Lucas #7



Hace ya algunos años, me decidí a comentar las películas de la serie "Star Wars", puede que movido por la necesidad de dejar constancia de "la saga por excelencia", o más bien por el sentimiento de indignación que me recorría tras ver las muy indignas tres últimas entregas, poco menos que un ejercicio de feliz empacho ergonómico por parte de un padre, George Lucas, al que su criatura ya hacía tiempo que no le respondía. Y este año ha llegado STAR WARS. EPISODE VII: THE FORCE AWAKENS, de la mano del gran revivalista J.J. Abrams y con dos o tres inteligentes aciertos que la convierten en un suspiro de alivio para los fans que habían abandonado toda esperanza mientras seguían intentando ubicar a Yar Yar Binks... No soy de los que comulga con el cine de Abrams, que no sólo no ha inventado nada sino que se ha ido apropiando de las brillantes ideas de otros para rellenar una evidente planicie creadora, lo que le deja, en mi opinión, como un técnico más o menos brillante; sin embargo, aquí Abrams entiende que debe hacerse a un lado y confiar sus recursos visuales a, sobre todo, tres cosas: la significativa y fundamental aportación de Lawrence Kasdan en el guion, que (¡albricias!) con su mano maestra destierra a los personajes esquemáticos e inanes de las últimas entregas; el acertado casting, que además de incluir el regalo de un Harrison Ford en su salsa y Carrie Fisher (y no nos olvidemos de Chewbacca...), no cede a la tentación juvenílica y a los solventes John Boyega y Daisy Ridley les añade tres actorazos como el gran Oscar Isaac, un terrorífico Domhnall Gleeson, que parece estar en todas partes y Adam Driver, al que le toca el papelón de hacer olvidar nada menos que a Darth Vader, y su mérito es hacerlo a cara descubierta. Ahora bien, hablando desde mi posición de no-fan, lo que más me ha gustado es su desarrollo argumental, y eso que debo conceder sus muchas similitudes con el episodio IV, pero aun así, y teniendo en cuenta el grado de desafección que las nuevas generaciones empezaban a mostrar ya con una saga que corría el grave peligro de quedar en antigualla simpática, hay que darle, esta vez sí, el mérito al señor Abrams, que ha contentado a las dos facciones de espectadores, al mismo tiempo que ofrece una de las películas más entretenidas y trepidantes del último curso, que tampoco es poca cosa...
El camino es este, así que esperaremos...
Saludos.

lunes, 22 de agosto de 2011

Los síntomas del soporte



Casualidad de casualidades. Entrada 500 del Indéfilo dedicada al cine norteamericano... y, sin pretenderlo, habría de recaer en la que muchos avispados, resecos sus tanques de mitomanía desde tiempo ha, no han dudado en señalar como, no ya la sensación de la temporada, sino, en un alarde de inconsecuencia, el maná cinéfilo/espectacular que salvaría los cuellos de productores lánguidos, espectadores alienados y, por supuesto, críticos sin ideas. Sí, era ese cine que Steven Spielberg se inventó hace unos treinta y pico años y con el cuál crecimos; la diferencia consiste en que aquel público no es este público, y lo que entonces era una entrega fascinada y fascinante, ahora no es más que la urgencia por rentabilizar una pléyade de recursos visuales que corren el riesgo de no servir absolutamente para nada. En este sentido, SUPER 8 no aporta nada al género "Spielbergiano" que lo mejore o reafirme, máxime cuando el genio de Ohio (curiosamente, el estado donde se desarrolla esta película) parece haber renunciado a sus propias convicciones para intentar filmar de una manera mucho más consecuente, lo que no necesariamente le ha dado sus mejores títulos.
En fin, que de repente nos encontramos en mitad de 1979, con esos personajes megaestereotipados que rezuman integridad y solidaridad por los cuatro costados; loable, pero la integridad del siglo XXI es la misma que la de entonces, solo que ya no estamos dispuestos a tragarnos cualquier cosa porque no nos queda nadie igual de ingenuo a quien contárselo. Hay un bicho, que apenas se ve y que no aporta nada al film; si lo hubieran eliminado a los veinte minutos ni se habría notado. Hay un montón de lugares comunes provenientes de títulos que ustedes conocen igual de bien que yo. Los actores están cada uno en su papel, y nadie reclama el protagonismo, que es lo suyo cuando de solidaridad y buenas maneras hablamos. Pero no hay emoción y sí mucho ripio; nos sabemos de memoria lo que va a salir de la boca de cada personaje antes de que hable, y nos imaginamos las marcas en el suelo, como en una mala obra de teatro que aspira a recrear un clásico. Así, lo mejor es lo que ningún J.J. Abrams de la vida va a atreverse a usar como núcleo duro de una historia bien contada; los delirantes rodajes de ese pizpireto grupete de chavales, una peliculita de zombis en adorable Súper 8, son la auténtica metáfora de la supuesta pérdida de la inocencia en la que han querido embarcarnos. Pero para eso no hace falta que descarrile un tren con un alienígena dentro, basta un beso inocente o la pérdida de un amigo... No hay más...
Saludos nada nostálgicos.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Lo innecesario de repetir una fórmula o "un poco más de colirio, por favor"

El verano, con su vibrante y relajado estar sin tener que estar, es época propicia para menesteres poco agradecidos como, por ejemplo, el visionado de esos títulos en los que todo se da ya por hecho desde antes de su mismo estreno. No crean que se trata de saña por mi parte, ya que, como buen antimitómano, la saga de STAR TREK me emociona tan poco como la de STAR WARS y todas las "stares" interminables y libadoras de un solo flujo: el hipnotismo.
Y es que este tipo de cine (no películas, sino cine) no es entretenido, es paralizante, por lo que la frase: "Te deja pegado a la butaca" no sabe uno cómo tomárselo. Porque aparte de chisporroteos miles, planos inacabables de la bonita maqueta del Enterprise y los de siempre con sus chascarrillos y los malos con sus agobios... ¿se puede saber de qué va esta última entrega de Spock, Kirk y otras cosas de malmeter? ¿eh? Porque yo no me quedé con la copla. Sólo entendí que si pasa algo malo en tu vida pues viajas al pasado, lo arreglas y ya está ¿no? Que te puedes encontrar por el camino contigo mismo, que aunque te salven el pellejo en el último momento siempre hay tiempo para un chistecito... en fin, lo de siempre para acompañar las palomitas. A los que les gusta esto, Abrams les parece el nuevo mesías del entertainment, pero, además de no inventar absolutamente nada, prescinde del genuino carácter adulto de la serie original y, tal y como se lleva haciendo en Hollywood desde hace algunos años, nos convence de que el poder es de los jóvenes, guapos, simpáticos y emprendedores, peinados impecablemente, con habilidades de no se sabe dónde y demás zarandajas de las que les gusta ver a los americanos. Y, francamente, si el cine comercial debe pasar necesariamente por ese filtro autoimpuesto (aunque todos sabemos las ventajas de ampliar el espectro de audiencias) de "High School multiusos", creo que la charlotada está hecha y nos quedará por ver algún "Blade Runner adolescente" o "Alien y sus colegas del insti"... Que dios nos coja confesaos...
Saludos con los deditos separados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!