Mostrando entradas con la etiqueta Liu Jian. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liu Jian. Mostrar todas las entradas
lunes, 25 de noviembre de 2019
Jurando en arameo
La susodicha PIERCING I, de 2010, ya adelantaba al cineasta que llevaba dentro Liu Jian. De formas rabiosas, personajes de una pieza y discurso catártico, esta sorprendente ópera prima hablaba de esos perdedores que de repente cobran conciencia de su miseria y se revuelven contra el sistema. "Muy punk", que diría otro, pero no es menos cierto que lo más interesante del cine de Liu Jian se encuentra en la modulación, servirse de las formas del thriller para indagar en las llagas de un sistema herido. Los dos presuntos protagonistas son dos vagos, aburridos de no hacer nada, enfrascados en largos parlamentos que no hacen más que reafirmar su inmovilismo. Así, un suceso inocuo da paso a un inopinado acto de venganza, y esto al descubrimiento de toda una red mafiosa, instalada en el corazón de los mismos servicios públicos. Liu Jian se atreve a destapar las cloacas de una ciudad cualquiera en China, y lo hace con hardcore de fondo, precisamente el movimiento que siempre ha sido tocahuevos por mirar en la dirección que nadie lo hace. Valiente, interesante y aperturista propuesta, cómo no.
Atentos.
Saludos.
lunes, 18 de noviembre de 2019
Eclosiones de la ruptura
Parece una broma mal elaborada, o un giro inadecuado. Pero al pensar en el término "animación china", simple y llanamente, no nos sale nada. Probablemente no lo hayamos pensado lo suficiente, pero puede que esa gigantesca vara de medir, a la que aludíamos semanas atrás, contenga más pistas de las que creíamos. Y el ejemplo más claro es lo que de "representación" tiene el cine de animación; como una representación de la representación, que ayuda a llegar donde la imagen "real" no puede ¿Es posible que a China le haya asustado la posibilidad directa de contar historias desde lo imaginado? A usted, espectador occidental, le parecerá una fruslería, pero no hablamos de un país occidental, ni de un país cualquiera, sino de una inabarcable maquinaria de pensamiento único, que aún en plena era de la tecnología se resiste a desmoronarse como tal. La película en cuestión tiene sólo dos años y fue la gran sensación del festival de Berlín, aunque más por lo insólito de su propuesta que por su calidad intrínseca, que sería motivo para otro debate. HAO JI LE (QUE TENGAS UN BUEN DÍA) continúa el camino inciado (¡siete años atrás!) con PIERCING I, aglutinando las obsesiones de Liu Jian (sexo, crimen, venganza, redención, consumismo...) en una narración muy al estilo tarantiniano, subvirtiendo las líneas temporales y optando por el giro inesperado y el mosaico argumental en una historia de gangsters, perdedores, cirugía plástica y karaokes con fideos. Otra cosa es el apartado técnico, mejorable en la cinemática y uso del color, que no se intuyen deliberados sino impuestos, pero que en conjunto abren la posibilidad a que la animación empiece a florecer en un país que ha quedado incomprensiblemente al margen de este tipo de cine. Estaremos atentos.
Saludos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!