Mostrando entradas con la etiqueta Charles Vidor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Vidor. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de junio de 2022

Lidiar con la escena


 

El gran dilema, persistente hasta nuestros días, de los cineastas jóvenes, primerizos, que han de foguearse en pequeñas producciones sin apenas presupuesto, siempre ha sido evitar la sensación de "teatralidad". Los espacios únicos, las cámaras estáticas, los actores sin experiencia previa más allá de las tablas. Es el gran reto, el que criba a autores que se sobreponen a cualquier adversidad y los separa de los que no pasan del teatro filmado. A propósito de Charles Vidor, hoy día un nombre mítico del Hollywood dorado, su cine siempre fue más de ideas que de imágenes, pese a ser el artífice de algunas efigies icónicas de ese Hollywood, me detengo en su tercera película, que es mucho decir. DOUBLE DOOR fue una humilde apuesta de la Paramount, para recrear ambientes góticos, y poner en pie una historia que aunaba ambición desmedida, control emocional y el inquietante "tercer elemento", que a la manera de Poe quedaba reflejado en una misteriosa cámara secreta a prueba de ruidos. Vidor sale indemne de la prueba, y consigue filmar un producto pequeño pero digno, con mucho engolamiento y declamación, pero con algunas soluciones diegéticas más que interesantes para 1934. Como gran curiosidad, su protagonista, Mary Morris, perfecta encarnación de la arpía solterona y controladora, que no puede soportar el matrimonio de su hermana pequeña, e idea un diabólico plan para frustrar tanta dicha. El caso es que Morris, que venía del teatro, sólo tuvo este papel en el cine, y además su caracterización de vieja amargada tiene su mérito, al contar con apenas 38 años.
Una películita que se ve en un suspiro, un poco anticuada en las formas, pero que no deja de suscitar admiración por cómo el cine siempre aspiró a separarse del teatro.
Saludos.

domingo, 7 de febrero de 2010

Como un guante

Si ayer hacía mención de mi icono erótico personal, hoy esto mismo pasa de la persona al personaje. GILDA, Rita Hayworth, el culmen de la femme fatale o, si me lo permiten, la calientapollas por excelencia.
Y es que GILDA no es más que eso; los esfuerzos de un arribista y pétreo Glenn Ford por dominarse ante los nada disimulados empellones de su antiguo y tortuoso (suponemos) amor. Luego está la historia del supuesto espía, que si se escapa, que si le dan por muerto, que si vuelve pero no es por nada sino por celos... Vamos a ver, porque si atendemos a GILDA expresamente como película, película de género, cine clásico de estudio, con dos figuras de la época, una trama bien definida y secundarios solventes y carismáticos (el barbero graciosete, el profesor chantajeado), entonces GILDA es una película más, no está mejor ni peor hecha que cualquier otra obra de encargo. Y, sin embargo, Charles Vidor desata las correas y, emulando al Johnny Farrell que lanza los dados en el arranque, se lo juega a todo o nada... y gana. Y gana porque Farrell es un personaje inabarcable, misterioso en la justa medida y avasallador si se ve acorralado, un príncipe mendigo sólo al alcance, quizá, de Bogart o Mitchum. Y gana porque el casino se convierte, por arte de magia, en un espacio mítico donde caben todas las posibilidades de lo trágico, lo fatal, lo lúdico, lo banal... lo humano. Pero evidentemente gana porque Gilda necesita despellejar de celos a Farrell, humillarle ante los borregos que le adulan cada noche, y es entonces cuando GILDA deja de ser cine y se instala en su propia mitificación, que la sitúa más allá del bien y del mal y que obra el milagro, porque GILDA, sesenta años después, sigue siendo una de las experiencias más turbadoras a las que puede enfrentarse un espectador supuestamente "moderno". La volví a ver hace un par de meses y la sensación era la misma ¿Por qué me engancha tanto esta película si cada vez se le notan más las carencias de guión? ¿Por qué sigo esperando ese momento, ese clímax, si ya me lo sé de memoria? Bueno, supongo que en la respuesta a estas cuestiones se encuentra el misterio de la imagen en movimiento, de la penetración en nuestra retina, la violación visual...
Saludos con guantazo.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!