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lunes, 21 de diciembre de 2020

La actitud de entretener


 

Se habla poco del Peter Jackson pre-TLOTR, o al menos esta etapa ha quedado, no sé si injustamente, bastante olvidada; y cuando volvemos repentinamente a aquellos primerizos títulos, nos encontramos con un director muy interesante, con un estilo, cierto es, no tan pulido, pero siempre muy personal y libérrimo. Y puede que sea THE FRIGHTENERS, de 1996, la película-puente entre ambas etapas, al contar el neozelandés por primera vez con un presupuesto de enjundia, y por notársele un pie en la profesionalidad y otro en un amateurismo que aún sigue ofreciendo con cuentagotas. Éste fue un proyecto apadrinado por Robert Zemeckis, que fue de los primeros en ver el gran potencial de Jackson, poniendo a su disposición el arsenal de la Universal; comenzando por un Michael J. Fox que, todo hay que decirlo, ya por entonces notaba decaer su extraordinaria fama, pero que aún tenía el tirón suficiente para protagonizar esta historia de fantasmas, con mucho de comedia, pero también de intriga sobrenatural. Lo cierto es que no se trata de un film de terror ni mucho menos, sino de un improbable cruce entre LOS CAZAFANTASMAS o CUENTO DE NAVIDAD, aunque lo más interesante ni siquiera sean aquellos efectos digitales (hoy tremendamente anticuados), o la interminable lista de referencias (de Kubrick a Bergman), sino el ingenioso guion elaborado por el propio Jackson y Fran Walsh, que en sus momentos más delirantes se puede considerar una amalgama de screwball comedy, gore y giros de guion imposibles. Es decir, que de una película pretendidamente espectacular (por lo del espectáculo), y que probablemente era la que rondaba la cabeza de Zemeckis, se pasa al talento de un tipo que, precisamente por dominar todos esos medios, opta por desarticularlos y transformarlo todo en su fiesta particular.
Francamente, podría haber sido una maravilla, pero el tiempo le ha dado tanta razón como se la ha quitado, y algunas partes han envejecido regular.
Saludos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Películas para desengancharse #54



Antes, mucho antes de que Peter Jackson decidiera abordar el tremebundo universo de J.R.R. Tolkien e ingresar para siempre en el imaginario cinéfilo universal, todos le conocimos gracias a la recreación de un suceso que conmocionó a la sociedad neozelandesa en los años cincuenta. No parece gran cosa en un principio, pero a 25 años de su estreno puede afirmarse que HEAVENLY CREATURES contiene mucha de la esencia del cineasta responsable de la trilogía que le catapultó a la fama. Y hablamos de uno de esos trabajos repletos de personalidad, que pueden irritarte o enamorarte, pero no va a dejarte indiferente. La historia de amistad y posterior amor bigger than life entre Juliet Hulme y Pauline Parker, dos adolescentes muy diferentes en su extracción social, pero que se descubren como almas gemelas. Huyendo del elemento escabroso, Jackson se centra en recrear el mundo fantástico que ambas construyen para huir de su cotidianidad, que no acepta su relación, aunque no se puede eludir el motivo principal: el creciente odio de Pauline hacia su madre y el plan que urde junto a Juliet para asesinarla y poder vivir su amor en paz. Es una película extraña, que a veces parece una comedia exagerada y otras adopta un tono sombrío e insano, aunque lo que prima es el loable intento por penetrar en la mente de quien ama por encima de todo y todo lo desprecia, excepto ese amor inalterable. Además, supuso la presentación por todo lo alto nada menos que de Kate Winslet, de la que ya conocemos todo lo que siguió. En este caso, y por extraño que parezca, el único que se desenganchó de esta forma de hacer cine no fue otro que el propio Jackson, porque sólo intentó retomar este camino en THE LOVELY BONES, y todos sabemos cómo terminó aquello...
Saludos.

sábado, 21 de marzo de 2015

J. R. R. #6



Desconozco si a Peter Jackson le va a dar en un futuro por retomar a Tolkien, por ahí dicen que no. Me da igual, ésta es una saga que se explica sola, pero sólo una vez que ha llegado al final; y si hemos llegado al final, lo único que revela THE HOBBIT: THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES es que el director neozelandés es incapaz de reinventarse a sí mismo. Que hiciera falta reinventar a Tolkien es ya una discusión demasiado larga y farragosa para iniciarla a estas alturas.
Yo puedo hacer dos cosas, hablar del film en sí, lo que es incompleto sin remedio, o echar un cierre a la altura épica de la saga de seis películas. La experiencia me dice que lo primero es refrenar el entusiasmo, y estas tres últimas películas son mucho más significativas en el contexto de la justificación, que poco o nada tiene que ver con la fantasía épica a la que alude, que de la gran puesta en escena, majestuosa, evocadora y, por qué no, ególatra. Mientras en la literatura de Tolkien las referencias se explican solas, a Jackson le cuesta un mundo hacer creíble que no nos esté vendiendo un blockbuster de mamporros más, con elfos y vaginas parlantes, con enanos feos y enanos guapos (y sólo se enamoran los primeros), con dragones fanfarrones y orcos funcionarios, que van sin pensar a su perdición por una obstinación refaccionaria que casi siempre suele acabar trágicamente ¿Pero quién se acuerda de un pobre orco mutilado y sin seguridad social? Nos han enseñado que los hobbits son gente apacible y grata de tratar, pero entre líneas hemos visto cómo se pasan su larga existencia holgazaneando, borrachos y cantando jigas; y para uno que le da por ver mundo (la endogamia severa es otra de sus bondades), cuando vuelve a casa comprueba que se la han desvalijado por incomparecencia.
Una vez visto el final de esta larga saga, lo primero que me vino a la mente es ese "¿y ahora qué?". No porque se me haya hecho corta, sino por ese sentimiento de orfandad respecto a unos personajes que bien pareciera que sólo obtuvieran solaz en el conflicto y el guerreo. No hay una paz que pudiésemos dilatar en beneficio de la historia y su credibilidad, tan sólo una sensación de que la función terminó para que otro la retome en otra parte y en otro lugar.
Y Sauron sin aparecer...
Saludos.

lunes, 24 de marzo de 2014

J. R. R. #5



Es curiosa la relación que ha tomado la saga de The Lord of the Rings, primero, y ahora con The Hobbit, respecto a los premios oscar, pues no deja de tener su gracia que se obvie de una manera tan descarada a la que probablemente sea la única genuina superproducción, enclavándola en apartados tan remotos como "Sonido", "Efectos sonoros" y "Efectos visuales" para, seguidamente, dejarla huérfana de reconocimiento alguno. No es que me moleste especialmente, el impacto de The Hobbit, reconozcámoslo, es mucho menor y admite distintas ondas de frecuencia, yendo tranquilamente hacia la franquicia como banco de pruebas para nuevas técnicas y malabares diversos. Eso es la máquina de hacer dinero, fuera de toda duda; después tocaría enhebrar con consistencia una historia que, sin perder sentido, sí es cierto que su insistencia por tocar todas las teclas la deja en un marco de "ya visto". Hay escenas muy espectaculares en THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG, y Jackson parece haber encontrado en Guillermo del Toro el contrapunto perfecto a su jovialidad (a veces no demasiado bien entendida); el realizador mexicano es capaz de congelar sonrisas con su oscuridad, latente tras cada escena. Y si tuviésemos que organizar un itinerario para resumir dos horas y media un poco demasiado largas, tendríamos que empezar con que (otra vez) hay demasiadas persecuciones, (otra vez) se tiene la sensación de que los orcos son rematadamente tontos para cualquier cosa que hagan y (otra vez también) es bastante desesperante que toda la chicha se deja para la media hora final. Debo reconocer que ese conato de desenlace (porque no lo es) nos deja con ganas de más, y que la recreación de Smaug es acertada porque a su imponente presencia física se le une una perspicacia verbal capaz de competir con el estupendo Martin Freeman; su "enfrentamiento" dialéctico es prácticamente lo único por lo que merece la pena esta larguísima travesía. De qué será capaz el tándem Jackson/del Toro a partir de donde han dejado esta entrega es un tanto que ellos ya se han apuntado, porque es seguro que estaremos esperando hasta entonces.
Saludos.

sábado, 12 de octubre de 2013

J. R. R. #4



... y a Jackson no se le pasó la fiebre... Como era de esperar, por otra parte, así que se embarcó en la adaptación de aquel primigenio libro, verdadero germen de THE LORD OF THE RINGS, que no es otro que THE HOBBIT. A primera vista, AN UNEXPECTED JOURNEY, la primera de las tres partes (la segunda llegará estas Navidades y la tercera en las siguientes), puede parecer más sencilla que sus predecesoras, menos ambiciosa y un poco más relajada si se prefiere. No importa, porque el entretenimiento está asegurado, las técnicas digitales más perfeccionadas y el engranaje bien engrasado; no podemos, por tanto, más que esperar lo mejor para lo que está por venir.
La película en sí es un artefacto de dimensiones bien calculadas, con un argumento cristalino y (casi) todo el peso en los hombros de un excelente actor, el británico Martin Freeman, que me parece el más acertado Hobbit que he visto hasta ahora, y es que los Hobbits no son más que una representación más o menos arcáica de esos campechanos y borrachines irlandeses de fino sentido del humor y gran humanidad, y no una suerte de esquizoides universitarios californianos... Vale, porque Freeman insufla a su Bilbo Bolsón de gran elasticidad conceptual, ni un tontito ni un falso héroe, sino un simple Hobbit que, embaucado por un Gandalf demasiado achacoso (la edad no perdona ni a Ian McKellen), verá su casita literalmente asaltada por una docena (+1) de Enanos liderados por el orgulloso heredero del trono de Erebor, Thorin, con la intención de que les acompañe hasta su reino, situado en la Montaña Solitaria, donde desde hace años mora el temible dragón Smaug, que se apoderó del inmenso tesoro de los Enanos y expulsó a sus habitantes. Lo que seguirá es bastante similar a lo narrado, por ejemplo, en THE FELLOWSHIP OF THE RING, con la partida de los quince expedicionarios que tendrán tiempo de acabar en la cazuela de tres Trolls (como nos contaba el propio Bilbo muchos años después), "visitar" el reino subterráneo de los Trasgos y escapar milagrosamente del ataque de Azog, el gran Orco blanco, cuyo brazo amputado es un recuerdo de su épico enfrentamiento con Thorin. Aunque quizá lo más relevante de esta primera parte (en términos argumentales) sea el tremebundo encuentro de Bilbo con un Gollum aún más real que el que habíamos visto, zanjando la explicación sobre cómo obtuvo realmente el Anillo Único.
En suma, es bastante injusto valorar esta primera parte sin haber visto aún las otras dos, pero a mí me parece una estupenda película de aventuras; además, me niego a entrar en un debate que me parece baldío, como el que enfrenta la idoneidad del continuismo a la posibilidad de que la trilogía de EL HOBBIT respire un aire distinto al de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS.
Hasta ahí llego...
Saludos.

viernes, 11 de octubre de 2013

J. R. R. #3



Cuando empieza THE RETURN OF THE KING (y sobre todo si se han visto las otras dos partes inmediatamente antes), uno tiene la sensación de que Peter Jackson está obligado a amarrar una barbaridad de cabos sueltos, más por ser fiel a un relato ortodoxo que por sérselo a sí mismo como rendido (y honrado) esclavo de una saga necesitada de tanta fiereza en sus tiempos como sutilidad en las formas. El gran protagonista de esta conclusión es "la batalla", y cada paso dado en su ramificada estructura tiene algo que ver en las razones por las que, inmediatamente después de defender el reino de Gondor, la alianza termina por consolidarse y decide que todos han de marchar frontalmente contra Mordor para desviar la atención de Sauron y dar tiempo a Frodo para destruir el Anillo.
Pero antes de todo esto, a Jackson le faltaban minutos para desarrollar las motivaciones por las que Gondor habría de recela de la ayuda de Rohan, y en la versión extendida esto queda magníficamente resuelto; tengamos en cuenta que en la gran batalla yo fui capaz de contar hasta seis alternancias simultáneas, y sin contar las que ocurrían al margen, como el complicado acceso de Frodo al interior de Mordor o la tenebrosa alianza reclamada por Aragorn como heredero del trono de Gondor al ejército de muertos vivientes que fueron maldecidos por Isildur al negarles su ayuda previamente jurada. Todo esto y la emboscada preparada por Gollum a Frodo y con una "invitada" muy especial; la espectacular acometida de los gigantescos olifantes, con la "famosa" escena protagonizada por Légolas; y por último, una escena recuperada para la versión extendida (que no me cansaré de recomendar) y que tiene su cuota de impresión: aquí precede a la última aparición del ejército de Mordor el enigmático emisario conocido en el libro como Boca de Sauron, que pese a ser una escena estremecedora tiene un fallo de raccord imperdonable y que, sin embargo, no desvelaré.
Sigue sin gustarme, sin embargo, el epílogo a modo de bondades y reencuentros, no porque esto no sea así, sino porque parece un anuncio de papel higiénico. Es algo que ni la versión extendida ha conseguido salvar...
No todo puede ser perfecto, evidentemente, pero THE RETURN OF THE KING es un perfecto colofón para una trilogía que, para algunos más que otros, ha quedado impresa en la retina de millones de espectadores y, lo que es más importante, ha puesto en imágenes un complejo universo creado por J. R. R. Tolkien, una especie de mitología aparte a la que, por fortuna, ya podemos poner rostros tangibles.
Y como esto no ha acabado... saludos hasta mañana...

jueves, 10 de octubre de 2013

J. R. R. #2



Hasta hace muy poco, THE TWO TOWERS no ofrecía discusión para mí; es la mejor, me decía, y con diferencia. Curiosamente, la versión extendida apenas ha cambiado el rumbo de esta excelente segunda parte, quizá porque no había mucho que añadir para mejorarla. Aquí se encuentran algunos de los mejores momentos de toda la saga, los que le dan su empaque y la han hecho perdurar en el imaginario de unos aficionados que ya contaban con el bagaje literario. Una difícil empresa de la que Jackson sale airoso desde su tremendo arranque, la épica lucha entre Gandalf y el temible Balrog en una interminable caída libre; mi escena favorita y uno de esos momentos que quedan grabados por derecho propio. Pero hay mucho más en este intenso ínterin que conecta con pulso la exhaustiva presentación de personajes con la apoteosis final; porque aquí se pone ya de manifiesto la rivalidad entre los caballeros de Rohan y los guerreros de Gondor, vital para entender el porqué de muchas decisiones; además de la caída de Isengard a cargo de los Ents, poderosos árboles parlantes que protagonizan el momento con mayor carga ecológica de la novela original. Pero hay otros dos momentos apasionantes y decisivos en esta película. Uno es la aparición de Gollum, un ser dominado por el poder del Anillo y que será el encargado de guiar a Frodo y Sam nada menos que hasta Mordor, sin sospechar que la verdadera intención de éstos es destruirlo en el Monte del Destino. Interpretado por el actor Andy Serkis, Gollum es uno de los hallazgos de Peter Jackson, un personaje cuya complejidad bipolar entierra los reparos que pudiésemos albergar sobre las técnicas empleadas para darle vida y que poco a poco se va convirtiendo en uno de los baluartes esenciales de la saga, uno de esos personajes destinados a ser antológicos.
Y para terminar, la batalla del abismo de Helm. Dilatado durante casi una hora, supone uno de los puntos más oscuros y terribles de las tres películas. Yo creo que nunca antes habíamos visto un despliegue igual para contar la épica resistencia del pueblo de Rohan ante un ejército veinte veces mayor, y Jackson lo filma con brío, sin resultar confuso (teniendo en cuenta las dimensiones del evento) y sin dulcificar ningún aspecto. La inesperada llegada del ejército de Elfos es uno de esos momentos vibrantes junto, quizá, a la carga final de los Rohirrim liderados por Gandalf.
THE TWO TOWERS es una película que pasa en un suspiro, que aclara multitud de asuntos que quedaban en el aire tras la primera entrega y que preparaba el terreno para un último capítulo que, este sí, necesitaba mayor extensión para no dejar un solo cabo suelto.
Saludos... hasta mañana.

miércoles, 9 de octubre de 2013

J. R. R. #1



Alguien me dijo a lo largo de este año "Espera a Navidad"... Teniendo en cuenta que la Navidad me la trae floja y que a Peter Jackson aún habría que esperarlo un año más para que complete la trilogía de "El Hobbit", este Octubre me parece un mes tan bueno como cualquier otro para acometer la que probablemente sea la saga cinematográfica más famosa de todo lo que llevamos de siglo, seguro, y de toda la historia del cine, dependiendo de con qué la comparemos. THE LORD OF THE RINGS es, para situarnos, primero un libro dividido en tres, mas otro volumen (que es con el que Jackson está ahora mismo) y una especie de guía, "El Silmarillion", que no tanta gente ha leído y que es totalmente esencial para comprender el "qué" y el "porqué" de esta superaventura que lleva cautivando a millones de personas unas cuantas décadas. Y como no suelo dilatarme mucho en las reseñas, comenzaré con datos subjetivos, pero que me parecen cruciales. He visto la trilogía cuatro veces y sólo me he convencido por completo al ver el "director's cut", más de doce horas de montaje que cobran mucho más sentido que la versión que se nos presentó oficialmente entre 2001 y 2003 ¿El motivo? Se rellenan multitud de tiempos muertos y/o saltos narrativos que raquitizaban la impresionante narrativa original de Tolkien, hay personajes que por fin tienen el peso adecuado a su dimensión en la historia (me acuerdo, por ejemplo, del Rey Théoden y la gran cantidad de adláteres que termina por arrastrar), pero sobre todo porque (y no es cuestión baladí) porque si la primera entrega es una excepcional y muy concisa introducción, lo importante no podía dejarse para la segunda, así que esta nueva versión extendida culmina en todo su esplendor y la tercera entrega es una auténtica obra maestra.
Por el principio, THE FELLOWSHIP OF THE RING es una exhaustiva introducción de personajes, desde los iniciales (e imprescindibles) Bilbo Bolsón y Gandalf, pasando por la cuadrilla de Hobbits, Frodo, Sam, Merry y Pippin, y estallando en múltiples direcciones, al igual que su estupendo sentido de la simultaneidad (algún día alguien establecerá las uniones entre esta saga y STAR WARS...). Desde la primera vez que los vemos, personajes como Aragorn, Légolas, Gimli, Boromir, Arwen... (la lista sería demasiado interminable) se nos incrustan en el subconsciente para permanecer, perfectamente ubicados, en esta clarísima dicotomía entre un bien y un mal que cualquiera identificaría de inmediato con la WWII, con los aliados por un lado y el mal emergente del Este por el otro. Un mal, por cierto, que curiosamente aquí no tiene un rostro identificable, ya que Sauron es más maldad intrínseca (ese ojo que todo lo ve y todo lo controla) y manipuladora; en su lugar, el renegado Saruman (un terrorífico Christopher Lee) será su siervo más destacado, sin olvidar a orcos, trolls, trasgos y los impresionantes Nazgûl, los incansables perseguidores del Anillo y su portador.
La historia, supongo, ya la conocen, y sólo pondré sobre la pista a los pocos (¿aún queda alguno?) que no sepan de qué va esto, que en la Tierra Media se repartieron los Anillos de Poder entre hombres, enanos y elfos, pero Sauron, haciendo honor a su apodo de "Señor Oscuro", forjó en secreto el más poderoso, el Anillo Único, con el poder de gobernar y someter a todo el mundo. Derrotado por un hombre, el Rey Isildur, el anillo le fue arrebatado, aunque se perdió durante dos eras, hasta que por casualidad cayó en las manos de un tipo insignificante y de nombre Sméagol (del que hablaremos abundantemente en los siguientes días) y de éste pasó, también por "casualidad", a un Hobbit de nombre Bilbo... Y ahí comienza la aventura, justo cuando es creada "La Comunidad del Anillo", que emprenderá un gigantesco viaje por toda la Tierra Media para destruir el Anillo antes de que Sauron lo localice...
Saludos... hasta mañana.

viernes, 28 de mayo de 2010

Mal ejemplo

Reconozco que vi THE LOVELY BONES sin ningún tipo de esperanza o anhelo; sólo mucho tiempo después de su estreno y avalada únicamente por la figura de su director, que a estas alturas es capaz por sí solo de dotar a un cadáver fílmico de la entidad suficiente para ser percibida por el mundo mortal... Y espero que la referencia no haya quedado demasiado burda.
Peter Jackson, director encoñado donde los haya, decidió trasladar a la pantalla el pestiñazo multiventas de Alice Sebold, en lo que el neozelandés entiende por intimismo y que termina como un improbable cruce entre los "evaxperimentos" de la Coixet y un thriller al más puro estilo "carpenteriano". Con estos inexplicables mimbres, Jackson hace la película perfecta para que no le guste absolutamente a nadie. La cosa va de una adolescente que es asesinada y cuyo espíritu nos va narrando cómo es un día en la vida (es un decir) de un ánima bendita. Vemos a los padres desesperados, algunos flashbacks intrascendentes y, entre ensalmos a lo Jorge Bucay y sonrisas Profiden, resulta que hay un actorazo que recrea de manera magistral a todo un asesino en serie que (y ahí está el trabajo de un actor) no lo parece hasta que cambia asombrosamente de registro. Y creo que no debería sorprender esto si hablamos de Stanley Tucci, uno de los GRANDES ACTORES norteamericanos desde hace bastante tiempo, que fue la única nominación a los oscar de este pseudobodrio y que es capaz, por sí solo, de justificar dos injustificables horas y pico. Aunque sólo sea por ver el gran trabajo de Tucci, merece la pena asistir al nuevo batacazo de un tipo que pasó demasiado pronto del Ford Fiesta al Testarossa... así le va...
Saludos deshuesados.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El trono del orgulloso

Y si yo me meto ahora con la adaptación que hizo Peter Jackson de la que (reconocido por él mismo) es su verdadera película fetiche, el que sale perjudicado soy yo... Hombre, tampoco es que me vayan a condenar a un combate de sumo con el neozelandés (chungo asunto), sólo que me tildarán de rancio y desfasado. Da igual, no dejaremos, porque nunca lo hacemos, que los fuegos de artificio cieguen nuestros ojitos.
El título de la reseña no es casual, empecemos por ahí. Jackson lanza un órdago después de arrasar con su maniquea versión de LORD OF THE RINGS; donde otros habrían disfrutado de esas mieles, este tipo prefiere embarcarse en otro embrollo de tintes "psentimentales" que no es más que otra hábil y redonda operación de márketing. Tampoco son casuales sus más de tres horas; Jackson tiene que meter un montón de cosas y su sentido de la concisión ya sabemos cómo anda, por no hablar de todo lo que introduce como "novedades" respecto a la versión original. Seamos nosotros concisos: Peter Jackson no puede ser original porque no sabe serlo; su talento (que no es poco) consiste en poner al día lo que ya ha quedado desfasado. Y éste es un problema insalvable, puesto que no me parece ningún mérito tener mejores efectos especiales que un film hecho setenta años antes, eso se da por hecho; es en las distancias cortas donde se aprecian las costuras. Después de que la chica revolotee como un alfeñique entre dinosaurios, simios y demás bichos, se nos presenta un idílico atardecer que sirve de fondo a un cruce de miradas y gestos (la tranquilidad del montaje según Jackson); llevamos casi dos horas de efectos digitales y tenemos que ver el sentimiento, el trabajo de verdad... ¡tenemos que verlo! En un alarde de esquizofrenia, pasamos de ver Tom y Jerry 2.0 a lo que no necesita más de diez minutos para quedar claro.
Todos los que la defienden argumentan que es muy entretenida; yo ya no quiero entretenerme, estar entretenido no es sinónimo de calidad, sólo de desviación. Si nos desviamos del cine de calidad, si sólo buscamos que golpeen nuestros sentidos hasta quedar insensibles, eso es lo que encontraremos una y otra vez; cambiará el envoltorio, pero el sabor nunca cambia. Pidamos más caramelos.
Saludos pre-navidosos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!