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viernes, 30 de septiembre de 2022

Blonde


El neozelandés Andrew Dominik ha hecho una película en la esencia del cine del austriaco Ulrich Seidl, no tan barata como las que él hace en cuanto a producción, y quizá dentro de otro status social, donde debería existir cierta elegancia, pero al igual que el austriaco donde muestra todo de manera atroz, desagradable, penoso, humillante y sucio o sórdido. La vida de Marilyn Monroe es miserable en todo sentido, desde su ingreso a la industria donde la tratan como una prostituta hasta sus parejas que le pegan, la menosprecian o la usan como simplemente un pedazo de carne bajo las sábanas. Marilyn es una chica buena en el fondo digamos y la vida la trata con un asco que Dominik no tiene nada que envidiar a Seidl. Ana de Armas como buena actriz lo hace prácticamente todo, así como Evan Peters en la bastante notable pero mucho de lo mismo que aguantar, la serie Dahmer -Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, un asesino en serie, necrófilo, caníbal, pedófilo, etc. Éste Dhamer es atroz, como la Monroe de Dominik, trabajos que exigen mucho talento y no son bellos, no generan empatía, sino fastidian, desagradan, incomodan, son retratos horribles, lastimeros y hasta cochinos. Marilyn no parece esto que vemos, aun cuando el filme se basa en la novela de Joyce Carol Oates, una escritora americana quien siempre está cerca de ganar el Nobel. Coge de la biografía del ícono, pero las interpretaciones y los argumentos que plasma son de vergüenza ajena, quizá por la manera de exponerlos en pantalla. Tenemos a JFK obligándola a que le haga sexo oral y toda la escena es muy humillante. En ésta propuesta Marilyn Monroe sentía vergüenza de ser ésta estrella que habían inventado, la rubia hermosa, sexy y tonta, siempre generando deseo. Todo el filme juega con la verdad pero no es exacta, lo hacen ver asqueroso todo, penoso, patético, bajo. Es como tergiversar la verdad y la realidad pero con maña, como para que parezca cierto. En sí el filme inventa mucho, aunque no lo parezca, genera un engaño e ilusión de veracidad, pero todos son interpretaciones y de una mente torcida, corrupta, algo demencial, no sé si es la propia Oates o es el guion de Dominik a los que culpar. Dahmer al menos es ciertamente un hito (secreto), habla especialmente de la homosexualidad, detrás de los asesinatos de Dahmer, lo plasma como pocos lo han hecho, es un retrato totalmente queer, pero lo hace con astucia, lo hacen como si fuera ante todo la locura de un asesino en serie, ahí la mayoría quizá no notan que en realidad están viendo la existencia y toda la esencia de la homosexualidad, aunque se le suma el lado de un desquiciado, como puede que paliativo visual o hacerlo más universal, aunque las muertes pueden ser brutales, él es un golpe certero de le peor brutalidad. Blonde en cambio es todo atroz sin ningún aporte, más bien destruye toda la imagen de Marilyn Monroe, no permite ninguna concesión, todo es vulgarmente penoso, es el horror absoluto, como si Dominik haya pensado en lo peor y lo haya puesto en su película, las peores imágenes sobre su vida. La historia de su padre es cruel (sobre todo al final), la perdida constante de hijos es también cruel, es pornomiseria en toda la palabra. Armas deja todo en la cancha, pero a diferencia de Dhamer no tiene ninguna redención en su retrato, no tiene un sentido mayor, algo rescatable (como exhibir una inclinación sexual en toda fuerza, lo que en realidad es); en Blonde todo es el horror, ¡el horror! Es un filme terrible. Como dicen por ahí en la historia, todo puede ser filmado, pero también requiere arte, no solo estética o ser arty o un autor, el arte va más allá, todo éste retrato es vulgarmente penoso, excesivo, mentiroso. La vida puede ser miserable, pero esto es el colmo, y escogerlo así es digno de rechazo, el cine es más que cualquier tipo de realismo. ¿Dónde están los logros de éste icono?, ¿cómo se convirtió en alguien tan querida? 

domingo, 17 de diciembre de 2017

Blade Runner 2049

Trabajar alrededor de una película tan aplaudida siempre es un riesgo, más allá de la expectativa que genera. La mayoría falla. Pero Blade Runner 2049 (2017) sale victoriosa. No es una película espectacular, pero es una buena secuela. El director Denis Villeneuve junto a los guionistas Hampton Fancher –guionista de la primera Blade Runner- y Michael Green hacen una historia que respeta la original y la complementa muy bien. Incluso Deckard obtiene más respeto que el que tuvo Han Solo en Star Wars: Episodio VII - El despertar de la fuerza (2015), pensando en las actuaciones más populares y admiradas de Harrison Ford.

Ryan Gosling es K, un blade runner que caza replicantes antiguos, pero pronto él renegará de su trabajo cuando se dé cuenta que él también ansía ser muy humano y que los replicantes, seres que ansían la libertad, atrapados bajo el yugo humano, merecen una mejor existencia. El cambio llega cuando los replicantes ya no son construidos, sino pueden reproducirse por ellos mismos, éste cambio hace que se trate de buscar eliminar al primer replicante nacido. K es enviado por su jefe de la policía (Robin Wright, que hace un personaje sólido, que sólo cumple con su trabajo y el que cree su deber) a desaparecer todo rastro del mesiánico replicante.

El filme de Villeneuve tiene una narrativa lenta, vemos como es la vida de K por buen tiempo, K tiene una pareja virtual, un holograma, en la actriz Ana de Armas. Ella trae un sentir de melancolía, aunque ella es una mujer muy sensible, una mujer que solo busca la felicidad de K. La vida de K está dedicada al trabajo, cazar, pelear y matar replicantes viejos, y volver a su casa y tener una vida sin intensidad, apagada. Pero K en silencio guarda un secreto. Quiere ser también humano, aunque siente amor por Joi (Ana de Armas), que es un dispositivo de manufactura, que lo compras. No obstante se alimenta de las experiencias a su alrededor.  

Esta propuesta no contiene mucha acción, pero es interesante, mantiene la atención por su historia. Todo gira alrededor de un descubrimiento obvio, no del todo corroborado. En esto el filme tiene coherencia, y va alimentando su narrativa. Va otorgando más y más forma, aunque lo conozcamos de manera directa y fácil. Esto no está mal, simplemente es una forma de aparente cine amable, de dar arranque a todo lo que vendrá, que es bastante.

Esta obviedad solo es una parte porque las formas son lentas y la película evita el espectáculo en la mayoría de su metraje, que sólo se presenta por espacios muy cortos y sobre todo al final, con la replicante ultra moderna asesina Luv (Sylvia Hoeks), que aunque es de movimientos veloces y gesticulación normal y muestra una cruel inteligencia en sus diálogos recuerda a la máquina femenina de Terminator 3: Rise of the Machines (2003).

Blade Runner 2049 le da mucha cabida a los personajes femeninos, que están muy bien trabajados y presentan variedad, a un lado sensibilidad y al otro mucha fortaleza, aunque es K el protagonista. Dave Bautista tiene un papel pequeño como el replicante Sapper, pero siempre está en ascenso, mejorando, y no le falta una buena performance y es para tenerlo presente. También nada más memorable que entrar en el pasado de la mano de los hologramas que muestran a Sinatra y a Elvis cantando en un abandonado enorme casino y que en ese mismo lugar el blade runner clásico y el nuevo se tomen unos whiskies al conocerse.