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miércoles, 1 de mayo de 2024

Late Night with the Devil

Late night with the devil (2023) de los hermanos australianos Cameron y Colin Cairnes es una película curiosa, exhibida como metraje encontrado, sobre el último programa de un late show de los 70s, y que hace de un mockumentary, pero que no es tan preciso o fiel al cien por ciento al estilo de realismo que requeriría como documental porque se toma ciertas libertades como mostrar detrás de cámaras demasiado íntimos o donde la cámara no es lógico que esté y hace además uso de un complemento narrativo que implica meterse en la psiquis. El anfitrión, Jack Delroy (David Dastmalchian), quiere firmar un jugoso contrato para una nueva temporada, pero se mantiene segundo en el rating y ha preparado un super programa, donde quiere demostrar la existencia del demonio. Para esto tal cual un programa nocturno de entrevistas planea un debate y tratar de impresionar a su público y a los televidentes. Cada cosa del late show está perpetrada al mínimo detalle de realismo que en mucho se siente que estamos viendo el programa en la tv, con toda esa ambientación de los 70s que además otorga un plus a la propuesta. Van saliendo los invitados, la película se cuece lentamente, dedica un buen tiempo a crearse credibilidad como programa. Inicialmente se hace una presentación de quien es Jack Delroy y se le asocia, típico del sensacionalismo farandulero, con una secta satánica. Ésta misma secta puede ser vinculada con una de las invitadas, en sí el filme se divide en varios frentes del terror y se les puede unir si prestamos atención y vencemos su cierta ambigüedad. Una de las invitadas es muy llamativa, se dice que está poseída por un demonio y una terapeuta paranormal la viene cuidando y es la que puede hacer contacto con ese monstruo que lleva en su interior. El filme se adereza más con la existencia de un ilusionista que se dedica a desmentir toda prueba sobrenatural. Cada uno, como es habitual en los programas nocturnos, va mostrando sus habilidades y la razón de yacer invitados, de proponer una noche especial. Es un filme que se avala mucho de su fuerza/realismo como programa nocturno y cada invitado es un espectáculo en sí mismo. Hay tremenda secuencia que pretende fundamentarse en el ilusionismo y el hipnotismo que genera un buen momento de tensión. Pero el plato fuerte llega para el final, donde la recreación de El Exorcista (1973) hasta hace uso de lo cósmico. Es una película realmente sencilla, pero no deja de ser atractiva, sobre todo por el final, o a partir más o menos del momento sucio de la exhibición de la posesión. Es una historia sobrenatural, pero que justifica todo su universo. El anfitrión también alude ser un personaje cínico y sin escrúpulos, demasiado ambicioso para su propia seguridad, pero como es una celebridad y un notable showman es alguien que se gana al público con facilidad. También el relato tiene una fuerte relación con sacrificios humanos y el demonio se escabulle en cada rincón, apreciando que es el real invitado más importante de la noche. Finalmente es un programa que consigue lo que se ha propuesto, pero como así mismo es habitual en el cine de terror nadie vivirá para celebrarlo, sino será la crónica de un despelote anunciado. En ese sentido es más coherente que muchas otras películas del género en cuanto al caos como espectáculo en sí pero al mismo tiempo obteniendo consecuencia. 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

5 Muta: Do you want to go for a drive?, Capilla del diablo y Virus


Foco Kelly Gallagher: Do you want to go for a drive? (2016)
Muta le dedica un foco a la cineasta experimental Kelly Gallagher. Revisando éste foco, la película que más me agradó y hallé más significativa fue Do you want to go for a drive? (2016), título sugerente, que da para bastantes ideas. Se perciben los dos polos, un viaje especial, un viaje rutinario, que en realidad son complementarios, uno antecede al otro. Es el duro camino del error hacia un mejor yo, hacia la autocomprensión y superación. En imágenes vemos los dibujitos experimentales con los que trabaja Kelly, que acompañan descripciones y en especial a la omnipresente luna, que representa la noche y la promiscuidad en particular, la soledad, la melancolía, pero que va tomando matices y cambios. Finalmente llegaremos al viaje en auto, momento clave, momento de liberación, de goce interior, de alegría, tras el sentimiento de rechazo y el hallazgo. Éste corto dura 5 min. 

Latinoamérica 1: Capilla del diablo y Virus
Muta divide sus estudios dedicados o expresados en Latinoamérica en 2; del llamado Latinoamérica 1 rescato o sobresalen 2 cortos. Uno es Capilla del diablo, de Nicolás de Bortoli; el otro es Virus, de Emi Castañeda. Ambos son de Argentina y duran cada uno 8min. Estos recurren al found footage y al archivo familiar.

Capilla del diablo es un cuento de terror. Lorenzo, un inmigrante italiano en Argentina, construyó en agradecimiento por su buen recibimiento en Corrientes una capilla, pero al terminarla, como que perdió la razón. Alrededor de una capilla pequeña y fantasmal oímos una música mística misteriosa, mientras vemos imágenes empotradas que producen terror. Antes vemos la llegada del inmigrante y cómo construye la capilla con fervor. Pequeños detalles trabajan el miedo, un ataúd o una vela. Éste corto recuerda a Amityville (1979). 

Virus es una película de pesquisas. El padre de la autora del corto muere y Emi halla dos manuscritos suyos tiempo después, durante la pandemia; estos los expone en el corto y queda un misterio en el aire, algo que seguramente nunca se resolverá. Un hombre habla de sueños propios, pero no dice de que tratan, habla de frustración que anida en su vida familiar, su esposa le impone responsabilidad aunque duramente, él llama a ello estafa. Lo que viene después es el destino, aunque se pregunte el documental en incógnita. El padre de Emi era un poeta, pero la vida no tiene en realidad demasiada poesía. Pero sin embargo existe el arte para salvarnos.

jueves, 22 de julio de 2021

Trilogía del CinemaScope

 


La trilogía del CinemaScope le pertenece al austriaco Peter Tscherkassky. Está formada por tres cortos; el primero dura casi 3 minutos y los dos restantes 10 minutos cada uno. Tscherkassky hace cine experimental, trabaja con el found footage, específicamente editando otras películas. La trilogía la forman L'arrivée (1999), Outer Space (1999) y Dream work (2001). El mejor de los tres de lejos es Outer space, que trabaja el found footage con la película de terror The Entity (1982). En The Entity la actriz Barbara Hershey es molestada sexualmente por un demonio, un ser invisible. Tscherkassky, en su corto, distorsiona, manipula a su gusto, el elemento visual, el material con el que vemos el filme y es un viaje nuevo el que fabrica, de sentidos más que de racionalidad o por una narrativa, aunque la tiene en la forma más básica. No obstante Hershey sigue atormentada en el corto, se ve por la casa, como indica el inicio. La mujer entra en un estado de locura, se rompen cosas, hasta que como que el in crescendo explota finalmente y luego se detiene. El filme aumenta el movimiento de las imágenes distorsionadas -no demasiado perceptibles pero sí se entiende algo-, cada vez más; después mantiene un estado intenso, hasta perpetrar un caos sostenido, un espacio de gran tensión, y como subidos en una montaña rusa luego de la adrenalina -y el terror- empieza a calmarse, a ir hacia la salida, la parada, hasta detenerse, mostrando un estado de respiro con lo que se alcanza a ver de la protagonista original, frente a un espectáculo de luz y sombras, duplicados, pedazos rotos, miradas múltiples, destellos o el simple metraje (material fílmico) imitando un corte de tijera o quemadura evolucionando. No es una historia la que nos seduce, es una estética cambiante, en movimiento. L'arrivée es como el primer paso, una prueba, a lo que sería el éxtasis que representa Outer space. L'arrivée en comparación es muy simple, en ésta se manipula la película Mayerling (1968); es la distorsión de la llegada de un tren hasta la bajada de la amada, interpretada por Catherine Deneuve, dándole un beso a un hombre que la espera abajo. La distorsión sostenida -el juego del movimiento y el parpadeo continuo- va hacia la claridad de la imagen, el gran beso final, el gran romance y Fin. Dream work copia Outer space, pero ésta vez en lugar de que la casa sea el mal, la fuente de locura, el mal es la representación de algo más llano, más normal, una pesadilla. Dream work es menos intensa que su predecesora, y tiene otras distorsiones. El cine experimental puede ser interesante, ingenioso, honesto, y otro engañoso, inexpugnable, malo, hay que escoger, como en todas partes. 

miércoles, 7 de octubre de 2020

My Mexican Bretzel

 


El found footage pareciera fuera algo donde no parecen haber muchas posibilidades, algo limitado, si seguimos el manual, o algo banal y vacuo como en gran parte del cine de terror, pero sin embargo se llegan a hacer películas notables. En algunos, como no puede faltar, es una fuente de originalidad. Hay sus trabajos bastante buenos, como el presente, de la española Nuria Giménez. Es una película donde mucho es falso, pero también tiene de verdad, y hasta de trascendencia. El filme abre con una frase que dice que muchas mentiras a veces muestran la verdad en realidad, así tal cual. Las mentiras muchas veces son necesarias, alivian o hacen la vida mejor en muchos sentidos, así de contradictorio es el mundo, así estamos diseñados, pero eso se aprende con el tiempo. El filme recoge material de archivo, videos caseros, hallados en Suiza, pertenecientes a los abuelos de la directora que ha revisado, escogido, resumido, para luego "inventar" la historia que veremos, sobre una pareja que lleva otros nombres, León y Vivian Barrett, que al tener poder adquisitivo los vemos viajando muchas veces y disfrutando de la vida, aunque también se habla del negocio del hombre, sobre un medicamento. En el filme leemos subtítulos, ahí yace la lectura del diario de Vivian quien es quien cuenta la historia que presenciamos. Como podemos apreciar es una mirada femenina la expuesta. Los vídeos caseros que vemos pertenecen a León, el marido, pero es Vivian quien los analiza o les da forma, y tras ella la artífice, la directora, a la vera del found footage y su creatividad. Hay una amalgama perfecta entre los diarios y las imágenes de archivo. León se la pasa posando, mientras su esposa denota estar un poco aburrida de él. León es un hombre realizado, feliz, pero su mujer yace medio disconforme con su realidad, aunque no lo dice directamente. Esto puede sorprender un poco, porque los Barrett se pudren en plata y se dedican a gozar de la vida, a viajar por el mundo. Pero así somos todos los seres humanos, nadie está conforme con nada nunca, a todos nos fastidia algo, en toda vida hay dolor y pena. La felicidad como se puede ver -aunque tendemos a pensar distinto- suelen ser menos momentos que otros. Todo llega a aburrir. León como que de tanta felicidad -sonrisas que vemos a diestra y siniestra- no le presta toda la atención que las mujeres suelen exigir. Vivian tiene un affaire, de aquí el título del filme, con un mexicano. Éste mexicano puede ser un invento de Nuria, o puede que en efecto sea alguna historia íntima familiar. El mexicano yace en fuera de campo, nunca lo veremos, se habla de él únicamente, Vivian habla de él. Más que de Los puentes de Madison (1995) éste mexicano es solo una aventurilla producto del aburrimiento que siente Vivian del marido egocéntrico, a razón de esa atención que falla. A Vivian se le percibe muy formal, algo contenida públicamente, pero cuando la vemos descalza por la playa con sus tacos en la mano podemos notar -fetichistas, eso sí- que ella puede ser una mujer provocadora y sensual sin pretender exageración. Esa mujer también filosofa a través de un gurú indio que es otro invento de Nuria, otra mentira que guarda mucha verdad y trascendencia. Nuria ha dicho que éste gurú nace de lo cotidiano más que de textos en específico. Es su cualidad de directora culta, e inteligente, para pensar por sí misma. Como la manzana de Newton el mundo que nos rodea es una ventana al saber.  

domingo, 17 de marzo de 2019

Just Don’t Think I’ll Scream y Los sueños del castillo


Just Don’t Think I’ll Scream

El francés Frank Beauvais hace una obra con pequeños pedazos de los filmes que vio durante una etapa de depresión y a la vez sumamente apasionada de cinefilia. Son más de 400 películas mostradas muy brevemente a modo de found footage. Estos fragmentos son siempre impactantes o curiosos otorgando novedad, extravagancia y notoriedad. También los fragmentos tienen que ver con la otra construcción del filme formando un vínculo coherente y sugestivo, que es el diario del director, ubicado en el tiempo entre abril y octubre del 2016 y que escuchamos en voz en off durante todo el filme, sin detenerse nunca. Beauvais recién terminaba con una pareja y vivía en una villa en Alsacia y se enfrascó en una cinefilia tremenda –4 o 5 filmes al día durante 6 meses y de exigencia hardcore-, lo cual constatamos con la visión de fragmentos poco identificables en su origen pero llenos de bastante atractivo visual, son imágenes de excepción, suponen las más llamativas de sus respectivos filmes. El diario cuenta el estado de ánimo del director, su reflexión y auto-auscultación, habla de política y de lo social también, se enfoca en algunos eventos de su país, pero sobre todo es un viaje emotivo y racional, muy analítico y preciso, donde revela muy bien su situación de soledad, mostrando sofisticación e intelectualidad. Es una mirada descarnada, honesta de uno mismo, por otra parte. Revela cosas íntimas, como la distancia que tenía con su padre y su convivencia con él por un breve lapso hasta su muerte o sus desequilibrios mentales.

Los sueños del castillo

Documental chileno, de René Ballesteros, que mezcla pesadillas o sueños y una correccional para menores. A los reclusos se les pregunta por sus sueños, parece un método psicoanalítico pero simplemente expuesto, dejado a la interpretación del espectador. En la correccional hablan mucho de apuñalamientos, son unas joyitas también. Pero el filme toma un lado humanitario tratando de comprender ésta juventud criminal. Incluso llega a entrevistar Ballesteros a la novia de un chiquillo criminal; ella muestra todo su amor y comprensión, también cierto dolor por como es. El castillo es la cárcel y tiene un lado de película de terror, ya que gira en parte a historias de ese tipo, como que el castillo no solo está ubicado en el campo, por lo que vemos vacas pasteando, sino que está sobre un cementerio. Directamente un par de educadores cuentan del fantasma de un compañero suyo que ronda el castillo. Se llega a hablar hasta de posesión demoniaca para los actos delictivos que han ejercido algunos. Partes de la correccional, infraestructura, es mostrada a ratos, enseñando un lado frío, duro. Igualmente una niebla ronda por el lugar, mostrando cierto lado siniestro. Los sueños, muchos de ellos, son premonitorios o es hallarse con seres queridos muertos o a punto de morir. Observamos la cotidianidad del lugar, vemos comer a los jóvenes, oír música de hoy, etc. La parte de cine de terror, con cosas a ese respecto, le da distinción al conjunto, abriendo un nuevo espectro de documental, no solo anclado a lo obvio, que sería estar interno, si no sería oír de las mil puñaladas que ha lanzado uno u otro sobre alguien, dicho sin perturbación alguna en el rostro, contado de la manera más natural. Por ello, por extraño que suene, lo sobrenatural nos abre a la idea de trasmitir humanidad, sensibilidad, imaginación, juego, un cierto lado infantil que minimiza la personalidad brusca, seca, bruta de los reclusos; chiquillos, pero duros, violentos, debajo de cuerpos pequeños. Los cuentos de terror son un lado algo arbitrario, pero funciona. Las propias paredes, la torre, los pasadizos, las luces fosforescentes, le dan una visión de cierto misterio, de cierta expectativa al filme, sugiriendo ficción. Y al estar en el campo –aislados- rodeados de vacas es como sacado de una película de género.  

sábado, 22 de diciembre de 2018

The Green Fog


The Green Fog (2017), de Guy Maddin, Evan Johnson y Galen Johnson, es un filme de misterio, mediante el uso del found footage, de volver a interpretar las imágenes encontradas, en éste caso se trata de películas de toda época, que al final veremos en una lista completa. Se hace mucho uso de la ciencia ficción, porque el nuevo filme de Maddin junto a los Johnson es una “historia” de ese corte. Si podemos seguir alguna trama ésta se mueve lógicamente en base a la niebla verde, que puede significar alguna catástrofe apocalíptica, de grandes envergaduras, como si la niebla fuera un especie de veneno o algo por el estilo.

No obstante al final el filme deja ver que todo puede reducirse a las relaciones de parejas, a las rupturas. No hay que olvidar que éste filme homenajea a Vértigo (1958), y el filme de Hitchcock habla de la pérdida. En The Green Fog hay escenas que recrean momentos icónicos de Vértigo, como cuando James Stewart pende de una cornisa o cuando Stewart reencuentra a la mujer amada frente a una pintura o cuando nos deja ver el puente de San Francisco dominando el panorama y el contexto. Esto lo observamos a través de otras películas que producto de la enciclopédica cinefilia de los realizadores dan con la semejanza narrativa.

The Green Fog prácticamente no tiene diálogos, apenas una breve voz en off en un único momento y en poder oír algunas voces. El filme hace exhibición de actores populares en su época aunque no consagrados artísticamente como Chuck Norris, Adrian Zmed o John Saxon. También vemos desde a Meg Ryan, Jeff Bridges o Nicholas Cage hasta Rock Hudson o Karl Malden, estos dos últimos por reiteración quedan plasmados en el filme de Maddin y los Johnson como los investigadores de su historia. Vemos escenas reiteradas, lugares abundantes del séptimo arte, como besos, persecuciones o paseos en auto o caídas de grandes alturas.

El filme tiene un lado policial marcado, recurrente, junto a lo sobrenatural que percibimos al ver yuxtapuesta una niebla verde en las películas antiguas que se manipulan, y tiene por su parte su pequeño toque de humor como ver a NSYNC como parte de la investigación y hasta a la imponente inmensidad de Godzilla. Es un filme que como historia se entiende no tiene total coherencia, se comprende en poca medida una trama. No obstante es entretenido ver todas éstas películas reinterpretadas. Tiene un look algo sucio, es decir, tiene muchos baches y huecos, pero es prácticamente imposible no evitar que el corte final sea de ésta manera. Pero hay una manipulación notable, interesante, creando variedad de expresiones, aparte de que es una obra muy cinética, es cine puro, movimiento, aun con estos baches y huecos lógicos.  

viernes, 3 de agosto de 2018

Análisis de sangre azul


Los españoles Blanca Torres y Gabriel Velázquez hacen una película bastante curiosa. No todo es perfecto –hay cierta inverosimilitud narrativa, cierto lado algo torpe-, pero luce interesante como propuesta. Mediante película de 16 milímetros y super 8 hacen un mockumentary (un falso documental). Recrean estéticamente una película como found footage (metraje encontrado). Trata del hallazgo de un hombre en la zona española de Los Pirineos, apodado por sus rasgos físicos como El inglés. Éste hombre al haber perdido la memoria es trasladado por quienes lo hallan a un sanatorio. Quien filma lo que vemos se dice es el Dr. Pedro Martínez quien realiza estudios psiquiátricos al inglés. Después se habla de antropología y de genética en la zona de Los Pirineos. Éste mockumentary hace uso de archivos, de documentales etnográficos de la zona, haciendo el filme más fidedigno. Sin saber nada de ésta película puede hacerte medio dudar, todos los actores están muy bien, aunque hay demasiado material, además de que cuando se habla de la idiotez de algunos pacientes pierde cierta seriedad, aunque de la manera como hablan de la genética suena propio del año a que remite lo que vemos, 1933. Es también cine mudo, con diálogos escritos en la pantalla. A la vez es una película de ficción, una historia que muestra la vida de un personaje, el inglés, un paciente psiquiátrico, que todo señala pertenece a cierta aristocracia, y luego se adjudica ser el dueño del valle de Valdelomar, nombre que remite al director español José Val del Omar, cineasta experimentador y aficionado a la cultura española, al costumbrismo ibérico. La creíble recreación estética, elaborada al más mínimo, y el discurrir de un personaje enigmático que remite a cierta fantasía local hacen de éste filme uno atractivo de apreciar, tanto como arte como por narrativa.

domingo, 18 de marzo de 2018

La película infinita


Se le llama la historia infinita por los fragmentos mezclados de películas argentinas y que pueden seguir añadiéndose y dándoles otro significado conjunto, en la forma de un narrador de cuentos encadenado, tal cual el hambre del amante del cine donde su búsqueda hedonista de deslumbramiento es eterno, una continua sorpresa tras otras. Se usan películas que nunca se terminaron de hacer, las que lógicamente nunca se estrenaron, y ha sido como si nunca hubieran existido. El director argentino Leandro Listorti hace una propuesta nueva y autónoma mediante el found footage, reinterpretando todas éstas películas incompletas.

La edición corre a cargo del colombiano Felipe Guerrero. La historia en conjunto se inclina a mostrar dictaduras militares y a insinuar desaparecidos, pero lo hace de manera en parte divertida cuando incluye la desaparición producto de alienígenas en combinación. Pero el filme no tiene una historia completa tampoco, aunque es el juego de la imaginación, libre. Hay cierta ineludible desconexión, y vamos presenciando pedazos de filmes muy atractivos.

Uno de ellos es El adentro, de Hugo Gil, que cuenta como un fugitivo se refugia en una casa abandonada donde se choca con su pasado, en lo que parece una casa embrujada. Esto puede encadenarse con la introspección de la culpa de haber cometido asesinatos, se ve como aún se guarda un hilo general en la obra de Listorti. Recoge fragmentos muy buenos de ésta película, un hombre ve rastros de cuerpos que lo acechan y como en El ángel exterminador (1962) no puede escapar de ellos; el que parece un asesino ve un hueco en el techo y juega a ser el hombre del Vitruvio, de Leonardo da Vinci; un hombre torturado en una bañera muere y empieza a llover picapica y serpentinas de papel. Es una película extravagante, pero comprensible, aun sólo observando fragmentos. La selección ayuda mucho.  

Otra película entendible, que también se le puede ligar al conjunto creado por Listorti y Guerrero, es Emma Zunz, adaptación del cuento de Jorge Luis Borges. Una mujer merodea por los tugurios de un puerto haciéndose pasar por prostituta en busca de información, luego la misma mujer busca en un cajón y halla un revolver, dispara a través de una pecera, toma venganza, hace justicia. El eternauta, de Hugo Gil, una película de dibujos animados, aporta un toque divertido al grupo, la trama se centra en una invasión alienígena a la Tierra, y hay una resistencia de parte de la población de Buenos Aires. Los desaparecidos pueden ser producto de historias, no sólo rumores, sino de leyendas urbanas, como de algo metafórico.

Hay películas de directores argentinos de cine arte minoritario hoy celebrados también, El ocio, de Mariano Llinás (Historias extraordinarias, 2008), quien sintió decepción de hacerla tras aparecer Mundo grúa (1999) cuando recién comenzaba; o Sistema español, de Martín Rejtman (Silvia Prieto, 1999), intentando hacer su primer largo de ficción el año 1988. Una pequeña novedad es ver un fragmento de un intento anterior de llevar Zama, la novela de Antonio Di Benedetto, al cine, en 1984, en manos de Nicolás Sarquís.

Un tipo y su deambular ponen la nota sensible y melancólica, especialmente cuando pasa tocando a unos caballos en un establo. La Imagen de algún sci fi muestra monstruos frente a un gran fuego donde queman cosas, misma Fahrenheit 451. Un cuarto que parece de interrogación tiene una silla vacía mientras una bombilla se balancea. Hay así muchos elementos que apuntan a una construcción narrativa, aunque más es el ensayo de la imaginación, donde todo puede volverse a interpretar, donde la edición cobra tremenda importancia, donde la identificación cinematográfica es también como plastilina. El filme resulta muy coherente si tenemos en cuenta además que Listorti es curador del Museo del Cine de Buenos Aires, un gran cinéfilo, como lo muestran estos 50 minutos de película.

lunes, 26 de febrero de 2018

Meteors (Meteorlar)

El turco Gürcan Keltek hace un documental muy artístico, muy propio de cine arte, enfocándose en las regiones kurdas de Anatolia del este, donde el gobierno turco desplegó una operación militar contra guerrilleros kurdos. El filme tiene muchas expresiones narrativas, es un collage, una composición de varios elementos, reúne y re-estructura en base a vídeos de pobladores anónimos, sobre el conflicto contra los kurdos, es una película found footage. También compone nuevas historias, no sólo se basa en material de archivo.

Utiliza a la actriz y escritora Ebru Ojen Sahin en diferentes maneras, recurre a su voz en off, también a su imagen y expresión facial, emotiva y sintomática; a su reflexión, a la lectura social y política; a su poesía. Ebru camina por los escombros y la destrucción, señala el miedo de muchos kurdos a poder llevar una vida normal tras la vista de tanques y disparos a la vuelta de la esquina, ante la amenaza de desaparecer barrios enteros, ciudadanos, y desplazarlos.

El filme es la memoria de hechos que no se han documentado, ya que se ha manifestado que el gobierno no permitió documentar periodísticamente gran parte del conflicto, y en ese lugar entra a tallar el documental de Keltek como preservación e historia. Hay breves entrevistas a niños y a mujeres mayores, se oye en ellos una voz general de pacifismo y humanidad, los niños señalan la amenaza y destrucción, sin entenderla del todo, manteniendo por su naturaleza infantil y relajada la alegría natural.

En el inicio vemos la panorámica de cabras salvajes de la montaña, yacen libres, imponentes, pero de pronto un disparo mata a una y huyen todas, se rompe la tranquilidad, la belleza, se da una fricción, esto remite a la naturaleza del ser humano, la violencia, la destrucción. Por el final volveremos a ver a las cabras salvajes, ésta vez peleando entre sí, nuevamente es la visión de la naturaleza humana, que señala la lucha entre los hombres.

Los kurdos también tienen carácter, bravura, se reúnen alrededor del fuego, se oyen disparos y cánticos, les acompañan mujeres hermosas y rurales. A su vez vemos disturbios en el campo y en las calles, pelean por lo que creen, por lo que llaman sus derechos, aunque el filme no especifica demasiado, señala la agresión del gobierno y no todo es miedo, también hay espíritu de combate, como cuando rompen los límites que les quiere imponer el estado.

El documental yace en blanco y negro. De un momento a otro en la zona ocurre un eclipse, una lluvia de meteoros, se podría pensar que es algo místico, los dioses tratan de que los seres humanos sean fraternos, se calmen y no se maten entre sí. Vemos arqueología y restos de la trascendencia espiritual, que tiene mucho de pagana, como que las cabras también pueden significar deidades. Éste filme quiere ser a todas luces una expresión artística, un vehículo de arte, de lírica, no sólo de denuncia, documentación histórica y humanidad.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dragonfly Eyes

Una chica llamada Qing Ting (significa dragonfly, libélula) deja un templo budista donde iba a ser monja, pasa a trabajar a una fábrica lechera, luego a una tintorería donde una cliente de dinero hace que la expulsen, para eso todo el tiempo ha entablado amistad y más con Ken Fan, el hombre se entera del despido y se venga de la mujer, perpetra vandalismo y va a la cárcel. Qing Ting se hace cirugía y se transforma en celebridad de chat en línea, antes es camarera en un restaurante cosmopolita. Ken Fan sale de la cárcel y se convierte en Qing Ting.

A grandes rasgos ésta es toda la trama de la película que suena bastante extravagante, pero tiene aún más curiosidad porque está hecha íntegramente con las imágenes tomadas por cámaras de seguridad; es mediante la técnica del found footage que se reinterpreta la abundancia de lo compilado y el director chino Xu Bing en su debut cinematográfico fabula una historia arbitraria, propia, imaginativa, novedosa y también entretenida. Xu Bing tiene su debut con más de 60 años de edad, pero es un reputado artista, conocido por sus instalaciones artísticas y por ser catedrático en Estados Unidos y China.

Sus 2 protagonistas, una pareja de enamorados, él mucho más que ella, perviven en el rostro de las miles de caras que pasan por las cámaras de vigilancia con los que se logra plena continuidad narrativa; tomadas las personas a distancia, y en una estética no muy nítida pero no sucia, la especificidad se confunde y toma normalidad y credibilidad, pero ya lo dice una conversación de la trama que expresa que los seres humanos son como las vacas, se creen distintivos pero son todos muy parecidos, proyectando el experimento incluso frente a la dificultad de manejar lo físico, pero que Xu Bing lo hace ver muy fácil y bien articulado.

Dragonfly Eyes (ojos de libélula) hace clara referencia a las cámaras de vigilancia, a los miles de ojos artificiales que se posan sobre nuestra vida diaria y ordinaria, aunque también hay momentos donde brilla lo espectacular. Xu Bing hace uso de la grabación de suicidios también para darle forma a su trama, pero lo hace sin polémica, sino muy suavemente, las imágenes se perciben discretas. El filme hace uso de buenos símiles como con fenómenos naturales y grandes explosiones producto de accidentes de naturaleza grandilocuente para retratar emociones altisonantes. Es medio show las vidas tanto de Qing Ting como la de Ken Fan, buscan salirse de lo habitual de la existencia, lo cual llega a ser nefasto y epifánico. El filme termina donde comienza, tras atravesar lo mundano, la violencia y lo banal, la naturaleza humana (que critica), regresa a lo místico, a lo íntimo y frugal.

La historia puede verse a ratos no tan efectiva producto de que no todo encaja con las imágenes de las cámaras de vigilancia, pero en general es un uso audaz y eficiente, además de que sí contiene una historia, decente, al menos, aunque ligera y marcada, por las imágenes que son mucho como explosiones, sobre todo en momentos claves, provocando intensidad narrativa. Es mucho un viaje de fuertes emociones, con imágenes que impactan, pero que no son morbosas, pero se percibe cierta locura del mundo. Tiene también momentos muertos, que se ven muy funcionales o apenas aprueban o nos son indiferentes y por otro lado otros que son hasta muy simpáticos (el baile y coreografía en el restaurante). La película de Xu Bing tiene de película de espías con la vigilancia computarizada y algo quizá de Matrix (1999). Dragonfly Eyes (2017) se hizo merecedora del fipresci en el festival de cine de Locarno 2017.

miércoles, 5 de julio de 2017

The Road Movie

El presente documental found footage o de metraje encontrado, del director ruso Dmitrii Kalashnikov, recurre a las Dashcams, una pequeña cámara de parabrisas o de tablero de carro, las que están muy difundidas en su país, como medio de que el ciudadano común pueda filmar alguna posible extorsión policial o deslindar culpabilidad por un accidente automovilístico. El joven director Kalashnikov (1986) recopila cantidad de estas filmaciones y muestra el espectáculo en ellas. El documental como conjunto tiene mucha vitalidad, frescura, intensidad y simpatía, distribuye muy bien las distintas posibilidades o sucesos.

No solo ves accidentes impresionantes, que sería lo esperado (como peleas en la calle por desavenencias de conducción), tiene una variedad decente, como ver un tremendo despliegue de seguridad policial contra un vehículo particular con dashcam, una despistada echando gasolina e incendiando su auto, una chica a la que un taxista le roba la maleta de la manera más tonta, o un tipo con problemas mentales trepándose de pronto a un capó, en fin, un montón de situaciones que hacen muy entretenido este documental, donde a veces esperas que pase algo y no pasa nada, o lo que es más recurrente, pasa algo espectacular.

El filme expresa matices, puede ser algo pequeño, muy sencillo, algo mediano y seco, o algo sorprendente. No faltan los choques poderosos, par con alguna tormenta, o accidentes que se sienten muy próximos, como terminar escuchando el dolor de unas personas tras un impacto. El filme también muestra su cuota de humor sin perder tampoco la cabeza, no obstante tratamos con entretenimiento puro y duro, y aunque no se trata de ningún estudio social de Rusia funciona en general, vemos brutos, indiferentes, pendencieros, otros dispuestos a ayudar inmediatamente o hasta preocupados por los animales; personas inocentes, despiertas o lentas; juerga, insensatez y ocurrencia.

Este documental no es nada extraordinario como séptimo arte, es una idea de lo más común, pero tiene una selección, edición y composición que hablan de un director que sabe aprovechar el found footage, aunque no se trate de un uso vanguardista o experimental de la técnica, pero que maneja decentemente la rutina de la concepción formal, otorgando timing, un balance expresivo o picos de entusiasmo, dentro de la exhibición breve, y aunque se presta mucho para lo abrupto -y especial de alguna forma- también tiene ratos de suspenso, simplicidad, tontería o risa llana, y además hay poco relleno.

sábado, 1 de julio de 2017

Stories Our Cinema Did (Not) Tell

La directora brasileña Fernanda Pessoa nos muestra lo que fue un tipo de cine que se hacía mayoritariamente en los 70s, llamado pornochanchada, un cine popular y erótico oriundo de su país, mezcla de comedia ligera y soft porn, que acompañó a la dictadura militar que duraría 21 años a partir de 1964, y que ambas desaparecieron en los 80s.

Fernanda Pessoa no niega el lugar de la pornochanchada, la señala como parte de la historia del séptimo arte brasileño y por tanto no se le puede invisibilizar. La pornochanchada era reflejo de la influencia de su época –la libertad sexual- y a su vez del poder –la dictadura-, aunque más tarde su liberalidad narrativa y argumental terminó adaptándose también a un tiempo que invocaba cambio político y mayor libertad. Pero la pornochachada luce a la vez impresentable, vulgar, en su mayoría, y el documental escoge ser cine experimental, mediante el uso de la técnica del found footage o metraje encontrado. 

La directora parece brindar una lectura personal o quizá lo que muestra deja esa sensación o es que se impone transversalmente esa lectura, salida de su edición, fragmentación y yuxtaposición, entendiéndose que la vanguardia en el filme viene a ser la ironía que se percibe de lo que vemos, por el material recopilado –cerca de una treintena de películas-, sobre lo que transmitía y significaba la pornochanchada. Nada de esto es espectacular si conocemos medianamente el cine porno, donde, como sabemos, la argumentación suele ser ridícula y absurda, pero verlo como el cine bandera de una época es como para pensar en un estudio sociológico. No obstante éste documental no pretende tanto. Pero el filme deja una buena idea de lo que es la pornochanchada y es cuestión de pensar por uno mismo para ir más lejos.

La pornochanchada es una máquina de propiciar ironía, sobre todo involuntaria, y entretenimiento, con éste cine que no escatimaba vergüenza alguna en lo que exhibía, lo cual podía llegar hasta lo impensable. En el documental vemos que promulgaban violencia, salvajismo, corrupción, sordidez y suma banalidad, a través de mensajes directos hacia el pueblo brasileño. Uno de ellos muy marcado es el excesivo apego al dinero por sobre la moral, como ver que a las mujeres se les insta a prostituirse por el fin –el dinero- justifica los medios. Estos filmes como se aprecia en éste documental se lo tomaban en parte en serio, no todo era comedia ni el humor justifica todo.

Lo político y lo social es la parte recriminable, la parte erótica puede ser anecdótica (pone a uno frente al mandato de la excitación ciega y absoluta, tal cual el cine porno), aunque resulta algo trágico si lo tenemos como expresión central de cine. No hay casi nada salvable argumentalmente (según lo seleccionado), que no sea reírse de lo extremo, disfrutar de alguna hermosa anatomía o de alguna calentura, pero, como expresa la directora, es parte de su historia y merece un lugar, de esto que tomar el filme de Pessoa por un análisis que ironiza un poco el asunto sea en buena parte algo que cae más natural, aunque también amerita un estudio sociológico y profundizar más en lo histórico.

El filme no explica nada, las imágenes hablan por sí mismas, mediante la repetición de lugares. El documental no enseña mucho los desnudos o las escenas de sexo, no va por ahí, no va por lo fácil, aunque sea un documental sencillo. Pero se esparce en el aire el halo de impresentables de estos filmes y es de no poder creer en parte lo que fueron o donde estuvieron. Como solía decir el genial Jack Palance en su programa de tv.: Aunque usted no lo crea, de Ripley.  

martes, 29 de septiembre de 2015

La visita

Buen número de personas le consideran su retorno al éxito, al buen cine, al respaldo del público y de la crítica, del director indio M. Night Shyamalan, aun con un presupuesto bastante bajo, en un filme de metraje encontrado (found footage) y mockumentary, sobre la visita de dos chicos de 15 y de 13 años a la casa de sus abuelos, a los que nunca han visto ni conocen y quienes yacen distanciados de su madre por fugarse de joven del hogar con un pretendiente, la que separada está pasando una semana de descanso con una nueva pareja, al igual que los chiquillos en una granja en Pensilvania, mientras la adolescente Becca (Olivia DeJonge) graba un documental sobre su visita, con la ayuda de su hermano menor, Tyler (Ed Oxenbould).

Una cosa que engancha rápido con el espectador es la indudable simpatía que trasmiten los dos muchachos, su rapidez mental y audacia, su madurez, alegría e intensidad, de lo que el niño se pone a rapear continuamente, es su hobby, aunque es lo de menos, hasta puede ser molesto en ese sentido, pero en donde se asume cool, desenfadado y mayor. También podemos ver que tienen conflictos propios de su edad y las circunstancias clásicas de disfuncionalidad familiar americanas, como que Becca le tiene resentimiento a su padre por su abandono del hogar (generando un lugar de drama emocional, habiendo más de uno al respecto), y por otro lado no se siente bien consigo misma, mientras Tyler sufre de excesivo cuidado con los gérmenes. Ellos manejan el rumbo del filme, y le otorgan efervescencia, como que Shyamalan le da credibilidad, ritmo y naturalidad a la idea de la cámara entre sus protagonistas.

Sobre lo más importante, si da miedo o no, si funciona, debo decir que el giro central de la propuesta, como a media hora de acabar el filme, tiene de potente sorpresa terrorífica (lo cual es importante no conocer, que irá hacia la lógica interna del artefacto, concluyendo en su redondez narrativa), conteniendo un buen susto, el mejor de la película, fuera de su sencillez argumental, produciendo una grata nueva funcionalidad, entre el desenfreno y el hallazgo, generando suma incomodidad y una peligrosidad palpable, impredecible, en un cambio de figura, donde la comprensión se torna en tensión, lo raro en pánico, estando por encima de la enarbolada desconfianza, de aquel tira y afloja de una hora de metraje discreto y naturalista, en el anido de los consuelos. Véase esa prominente ocurrencia fuera de lugar que no sea lo macabro en meter a la nieta a limpiar en el interior del horno, como en un cuento de brujas, que es parte del físico de la abuela. Después ya no se trata de juegos menores como la persecución debajo de la casa que genera un estado siniestro, justificado con lo cotidiano, ni de solo pequeños hechos freaks, misteriosos o abruptos, aludiendo la longevidad, que yacen calmados por el sentimiento, sino de una amenaza en desbocado in crescendo, partiendo de esa ruptura y llamado del suspenso, cuando marcan las nueve y media de la noche y la abuela Doris (Deanna Dunagan) hasta blande un filoso cuchillo, en una oscuridad e inestabilidad que alude verbalmente, como poseída por el cine de terror nipón, en la forma de un espectro, moviéndose aterradoramente, no siendo todo, porque el abuelo John (Peter McRobbie) es otra fuente de miedo, de sorpresas.

La visita es un pequeño punto de inflexión positivo en el cine de Shyamalan. Observemos su recorrido, está la gloria y máximo logro, con su obra maestra, El sexto sentido (1999); su segundo reconocimiento de talento en El protegido (2000), las que simbolizan su mejor momento creativo; su etapa discutible pero aún rescatable, a un punto de culto, con Señales (2002) y El bosque (2004), donde muchos vemos ridículo donde otros hallan genialidad; su estado de caída tras La joven del agua (2006), tratando de sobrevivir a la lucha entre el odio y el amor hacia su séptimo arte, hasta llegar al rechazo masivo con Airbender, el último guerrero (2010), y After Earth (2013), de lo que hoy nos llega su humilde rejuvenecimiento, no espectacular como para celebrar efusivos, como no lo es el trance futbolero del niño venciendo una tara risible, pero sí una propuesta decente en general. 

martes, 11 de septiembre de 2012

V/H/S

De un colectivo de nueve realizadores, David Bruckner, Glenn McQuaid, Joe Swanberg, Ti West, Adam Wingard y un grupo denominado Radio Silence, nos llega éste filme de terror muy contemporáneo y bastante fresco, compuesto por una historia central de la que derivan luego otras libres, unos jóvenes adultos alrededor más o menos de los treinta perdidos en sus travesuras de delincuencia menor que suelen filmar tienen el “trabajo” de ir a buscar un vídeo a una tenebrosa casa, una vez dentro se encuentran con que existen varias grabaciones sin poder identificarlas, inquiriendo por la que creen debe ser la cinta pedida, visionan algunas y se dan 5 espeluznantes relatos más, mientras les acaece sucesos extraños, son parte de la misma aventura que los define, promocionar vídeos extravagantes.

El tiempo está dosificado en partes equitativas y la media docena de tramas tienen independencia aunque desprendiéndose de una de ellas, empero todas llevan la característica principal que se mueven alrededor de ser vistas como si fueran grabadas por los mismos personajes, los actores son contemporáneos a los directores de los que además algunos actúan. El filme lleva un ímpetu rebelde, moderno, desenfadado; las escenas son chocantes pegadas al gore pero no gratuito sino en el momento culminante, juegan a sorprendernos y versan sobre puntos primarios como fantasmas, lugares malditos, vampiros o serial killers, pero ostentando fusión y creatividad, no son predecibles, siendo cuentos entretenidos, en el género -valga la redundancia- de la eterna juventud, del goce más sensorial, el miedo al servicio de las pasiones.

La calidad quiere ser precaria por decisión propia, sacándole la vuelta a la misma realidad, se pliega a la sensación de espontaneidad que domina el conjunto. La cámara se mueve mucho y hay que acostumbrarse, se apaga por ratos, hay cortes visibles, va a negro, hay fallas visuales, copia la noción de unos aficionados, pero entendiendo que proviene de una visión de perfecto control y exhibición justificada,  es solo una técnica ya que denota en el fondo profesión, sonando audaz ya que se desligan de errores al estar bajo el concepto de novatos; más cuando luce como un filme que parece de bajo presupuesto, los efectos especiales no son abundantes ni impresionantes pero se bastan muy bien en la imaginación puesta en práctica, las locaciones son sencillas, hotelitos, un lugar turístico a campo abierto, un bosque, los actores no son populares, son desconocidos y algunos gestos están demás o pueden ser no tan logrados pero no desentonan como para desmerecer el producto, eso sí presenta su cuota de desnudos femeninos.

En corto tiempo se hace compacto cada relato, no falta contexto aunque son finalmente simples, llegan a concebir personalidad llevando vasos comunicantes generales a pesar de la libertad que han tenido en sus respetivos espacios ya que difieren de si en cuanto a determinado aspecto de horror si bien lo físico es de lo que van (muertes explicitas de quienes descubren el mal), son un terror visceral, visual, y no presenta necesidad de ideas sofisticadas, sino van directas a la yugular, no se guardan de mostrar. Tiene de road movie, hay una infaltable noche de brujas, los acontecimientos se dan bajo los rasgos de la edad y de la aventura, buscar chicas, divertirse, viajar, veranear, acampar, es esencialmente próxima, relajada, y de ahí cada fatalidad se hace como el castigo de cualquiera, al estar con la persona o en el lugar equivocado, aunque se difiere incluso planificando el destino de otros, azar y karma se entremezclan. Cinco historias siguen el desenlace fantástico, pero se circunscriben mayormente a lo ordinario en apariencia, lo cotidiano se vuelve fatídico, habiendo solo una completamente realista.

Un filme chico, que no ganará el cariño de la crítica ni es de los que se premian con regularidad en festivales o en galas mundiales, lo mismo que pasa en general con la comedia o la acción, pero que son tres grupos cinematográficos  a los cuales todos siempre volvemos, a esa etapa más salvaje o más intima, y que es parte de ese espectador común que llevamos todos en el interior, el que busca emociones fuertes,  sobresaltos básicos, sentimientos universales, en una propuesta que no tiene más ínfulas que entretener, haciéndonos sentir que es verdaderamente infaltable de vez en cuando.