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lunes, 6 de noviembre de 2017

Halloween Maratón 2017



Eaten Alive (1976)

La segunda película de terror de Tobe Hooper tras el hit The Texas Chain Saw Massacre (1974) es sobre el dueño de un hotel de mala muerte en Texas, el viejo Judd (Neville Brand), que yace al lado del pantano y tiene de mascota a un cocodrilo que alimenta con los cuerpos de las personas que asesina, una mascota que le ha arrancado una pierna. De Judd se dice que es un viejo loco y retardado, no hay más indicativos de las motivaciones de sus crímenes. El filme se inspira en un asesino en serie real, Joe Ball, llamado El hombre cocodrilo (The Alligator Man). Hooper pone las cosas claras, en un hotel de aspecto sucio y rustico, llegan clientes y Judd los mata sin contemplaciones con herramientas agrícolas, sea una enorme hoz o una gran horca, o los empuja hacia el cocodrilo que embiste. Judd secuestra a una bella mujer interpretada por Marilyn Burns, la famosa scream queen y final girl de The Texas Chain Saw Massacre que se dedica a lo suyo, a desesperarse, asustarse y gritar, aunque hay otra que sale corriendo haciendo lo mismo. Tampoco faltan los desnudos y las clásicas bimbos del terror. Por la pantalla pasan rostros reconocibles, como Robert Englund (Freddy Krugger), quien trabajaría con Hooper en varias oportunidades. Englund hace de chico típico texano, rudo, simple y con la libido alta. Otro rostro reconocible es el de Mel Ferrer quien estuvo casado con Audrey Hepburn por más de una década. También William Finley que trabajó bastante con Brian De Palma y hace de estúpido, como el marido de Marilyn Burns en el filme. Y una irreconocible -por la edad- Carolyn Jones (The Addams Family). El filme es muy básico, pero entretiene, mantiene la tensión y la inquietud todo el tiempo, es intenso y tiene su cuota de histeria, la que está mejor trabajada con la niña que es perseguida hasta por el cocodrilo. Las muertes son fuertes y llevan bastante dramatismo, salen un poco de lo común en cuanto a interpretación. El cocodrilo se deja ver pero el que perpetra todo y domina el escenario es el viejo Judd, que es el extremismo en persona, no disimula en absoluto ni su mal humor.


Candyman (1992)

Se basa en el cuento Lo prohibido (The Forbidden), del famoso escritor inglés Clive Barker. Dirige su compatriota Bernard Rose. Es sobre una leyenda urbana de un afroamericano asesinado por enamorarse de una mujer blanca en el siglo XIX y que fue amputado violentamente de una mano por una turba pagada por el padre de su novia y luego llenado todo su cuerpo desnudo de la miel de un apiario matándole al soltarle las abejas, de esto nace el sobrenombre de Candyman, el hombre dulce, como también significa el hombre de los dulces, que es un eufemismo para comerciante de drogas. Esta dualidad está muy presente en el filme, contextualizado en Cabrini-Green, Chicago, donde mataron a Candyman (Tony Todd). Cabrini-Green tiene una zona de pandillaje, peligro y pobreza, de población afroamericana. La protagonista es una estudiante de posgrado, Helen Lyle (Virginia Madsen), que hace una tesis sobre leyendas urbanas y le atrae la de Candyman. La historia es una mezcla de locura, terror psicológico, y algo sobrenatural, paranormal. ¿Quién mata?, esa es la pregunta, y es como una posesión tras el maleficio de repetir el nombre del monstruo 5 veces frente al espejo, pero también vemos a Tony Todd no sólo como el Candyman del garfio, también como un pandillero de la zona, lo que puede dar a entender que todo es parte de la psiquis enferma. Por el final toma la forma de un nuevo cuento urbano. La parte más interesante es el desequilibrio mental que proporciona Candyman, pero el terror también yace importante en el titiritero vengándose directamente de la humanidad, en éste Freddy Krugger afroamericano.


Don't Look Now (1973)

La pequeña hija de John y Laura Baxter (Donald Sutherland y Julie Christie) muere ahogada en un estanque, en un pequeño pantano, en la casa de campo inglesa del matrimonio Baxter. John sangra y su sangre se mezcla con una fotografía que muestra a alguien con un impermeable rojo en el interior de una iglesia, esto es una profecía encubierta que pronto entenderemos con la película. El filme maneja la idea del doble, representando en aquel impermeable rojo con el que muere la hija de los Baxter y que John suele ver al vuelo y anónimo y se siente atraído por las calles, de la que nace la lectura de que el dolor te persigue hasta destruirte cuando no lo logras manejar, para el caso la muerte de un hijo que es la temática central de la propuesta. El filme produce flashforwards (visiones extrasensoriales del futuro) tanto como flashbacks (fijación en el dolor). Laura por su lado cree en una vidente ciega y su hermana que la cuida, pero el filme de Nicolas Roeg que se mueve en el misterio y el suspenso las pone en constante duda, hasta parecer una especie de brujas (se hace énfasis en la risa y se pone a la vidente como destello en la memoria). Puede sonar ridículo pensar que una viejita luzca tan peligrosa, pero terminada la película habrá que creerlo para salir contento. Al mismo tiempo hay un asesino suelto, aunque todo se ve muy leve, accesorio, aunque aquí tenemos un thriller. El filme maneja distintos caminos, llegando a optar por el terror gore. Pero es bastante un drama, el ver como se reconcilian como pareja y con la vida los Baxter, a ese respecto vemos una candente y famosa –por la censura y creerla real- escena de sexo entre Sutherland y Christie. Roeg hace ver a todos raros y sospechosos, desde el policía (Renato Scarpa) al que llaman por un secuestro, al Obispo (Massimo Serato) de muy cambiante mirada, hasta al propio John Baxter (un perfecto Donald Sutherland en quien brilla siempre la extravagancia). El invierno de Venecia y sus solitarias calles tienen un rol trascendental, la mimetización con la trama, los asesinatos, la desconfianza perenne y el duelo.


The Toolbox Murders (1978) y Toolbox Murders (2004)

The Texas Chain Saw Massacre (1974) marcó un hito, impresionó a muchos, no sólo a espectadores, también a la gente que hace cine, ya que con muy poco presupuesto fue un hit, de ingresos en pocas palabras, por lo que muchos querían tener su éxito comercial, de la misma manera. The Toolbox Murders (1978) fue una de ellas, dirigida por Dennis Donnelly quien siempre se dedicó a la televisión y fue ésta su única película de cine. Ésta propuesta se divide en 2 partes. En la primera aparece un hombre con una caja de herramientas y un pasamontañas y empieza a matar mujeres en un edificio. A cada una la mata con una herramienta distinta, con un martillo, un taladro o una pistola de clavos. El asesino es muy tranquilo y muy seguro, apenas se mueve, muestra gran frialdad. En ésta parte abunda el gore. Uno de los homicidios es todo un acontecimiento. Ésta muerte la interpreta Kelly Nichols, actriz novel que solía posar desnuda para revistas y más tarde se convertiría en actriz pornográfica. Nichols yace masturbándose en la bañera cuando aparece el asesino y ella completamente desnuda empieza a correr por el apartamento perseguida por el lento criminal. La primera parte salvo las muertes en sí son momentos muy poco intensos, o es que se deja todo a la fuerza de los sanguinarios efectos especiales. Tras el comienzo de la investigación, que poco importa, pasamos a la segunda parte. Antes termina con el secuestro de una chica de 15 años, que hace Pamelyn Ferdin, la niña que encuentra al soldado del norte en The Beguiled (1971). Ferdin se dedica a hacer lo mismo que hiciera Marilyn Burns, llorar y tener miedo, pero poco después empieza a manipular a sus captores. Esto es otro punto del WTF de la segunda parte, la identidad del asesino de la caja de herramientas se ve llegar de lejos, pero tiene un “compinche” salido de prácticamente la nada. En ésta segunda parte todo es producto de la locura, no hay mucha coherencia que darle al asunto, pero se hace bastante entretenido así el filme, imperfecto, extravagante y algo absurdo. En la película aparece Cameron Mitchell, actor muy popular por la serie El Gran Chaparral quien en sus horas bajas se dedicó a actuar en películas de terror de todo pelaje, con la dignidad del caso, con más de lo que aspiraban los filmes. The Toolbox Murders (1978) dice haber dramatizado hechos reales.

El remake, Toolbox Murders (2004), lo haría Tobe Hooper y sería completamente distinto. Empieza bien con la participación de Sheri Moon Zombie (Baby, de la familia Firefly, The Devil's Rejects, 2005), aunque no llega a la altura de la memorable escena con Kelly Nichols. Lo de la guapa Sheri Moon Zombie es convencional, además de no presentar polémica alguna. Después el filme se presenta como típico contemporáneo con su gente –inquilinos de un edificio de mal aspecto- entre algo trash y cool y pinta feo como producto, manido. Adam Gierasch interpreta al tipo raro y marginal, del cabello largo tapándole la cara, que arregla el edificio, uno donde suelen llegar aspirantes a actores; también es el guionista del filme –junto a Jace Anderson- y más tarde director de películas de terror. La protagonista es Angela Bettis (May, 2002) y simplemente está bien. Una vez avanzado el filme, ver al pandillero maltratador, a la muchacha fácil y sobrada, al chiquillo mañoso con la cámara web y al dueño del edificio fumando marihuana, la trama crea un poco de misterio, más allá de la existencia del asesino de las herramientas. Nell (Bettis) es curiosa y muy tensa, suele llamar a la policía a cada ruido o griterío que oye, luego de varias falsas alarmas nota que el edificio tiene cosas extrañas y se lanza en pos de descubrir que pasa. De aquí en adelante la película toma ritmo y atractivo y terminamos conociendo a Coffin Baby o al hermano de Darkman (1990).


Alone in the Dark (1982)

El filme empieza satirizando la levedad con la que un psiquiatra, Dr. Leo Bain (Donald Pleasence), se refiere y trata a los psicópatas asesinos, esquizofrénicos, con los que se interrelaciona como si todos fueran una comunidad de hippies. Hay un piso especial para estos enfermos y peligrosos asesinos. A la residencia médica del Dr. Bain llega un nuevo doctor sustituyendo a uno muy querido, el Dr. Dan Potter (Dwight Schultz, a un año de convertirse en el loco Murdock de esa genial serie de mi infancia The A-Team), que curiosamente hace de un hombre muy estable, educado y pausado. El problema llega cuando los psicópatas del piso especial creen que el Dr. Potter ha matado en realidad al anterior psiquiatra y quieren vengarlo. Ésta simple idea es el motor para generar toda la película y el terror. Con la ayuda de un apagón general en la ciudad 4 psicópatas escapan de la institución mental y van en busca de la casa del Dr. Potter. Esto sucede a media hora de empezada la película y presenta distintos clímax, intentos, crímenes y apaciguamientos, producto de que el Dr. Potter es algo lento en darse cuenta y reaccionar. Los 4 dementes lo conforman un hombre que se cree predicador pero se toma muchas licencias de interpretación bíblica y es pirómano (Martin Landau, que pone una cara de loco precisa); Ronald Elster, alias Fatty (Erland van Lidth, un ex luchador olímpico de 150 kilos), que es un abusador de niños; un hemofílico que vemos tras una máscara de hockey; y el gran Jack Palance como un veterano de guerra que fue prisionero y es el gestor de la cacería, pero que no vemos nunca matar directamente, sólo sugerirlo llevando él una ballesta. Dirige Jack Sholder y es considerada una película de culto.


Alice, Sweet Alice (1976)

El director americano Alfred Sole se inspira en Don't Look Now (1973) para hacer su película. Se ubica en Paterson, New Jersey, pero con tanta presencia del catolicismo/cristianismo uno duda un poco. El filme gira alrededor de una niña de 12 años llamada Alice (Paula E. Sheppard) que tiene acciones crueles y algunos hasta la consideran desequilibrada. Cuando su hermana menor (Brooke Shields) es asesinada en una parroquia a la que asisten a su primera comunión todo el mundo señala a Alice como la culpable, a pesar de que es un niña. En pantalla vemos al asesino con un impermeable amarillo, zapatos y medias blancas, el uniforme del colegio femenino St. Michael, y la máscara con la que suele jugar Alice. Todo apunta hacia ella, el filme trata de como una niña puede ser una posible psicópata homicida. Alice es muy segura de sí y vengativa, además celosa de la bondad y el cariño que genera su hermana pequeña. Sus padres la defienden pero su tía le tiene miedo, encima su tía es atacada por el mismo asesino y entra en crisis gritando que fue Alice. El filme va agregando cada vez más indicios de que Alice es la culpable. Alice lo niega, pero no deja de mostrarse impasible y dura. La película trata a la niña como a una adulta en muchos casos, incluso la hace defenderse de un posible abuso sexual con suma autosuficiencia y sin trauma alguno, aparte de frialdad y hasta maldad. El filme utiliza mucho la religión, está por todas partes, pero Alice como que vive al margen de su profundización. El filme guarda el misterio, siempre cabe el despiste, nunca muere la duda, pero al ver al asesino baja un poco el interés, la originalidad y el encanto descienden aun con la coherencia de su lado, pero queda la curiosidad de ver la resolución de la trama una vez que todo está expuesto. El filme explota harto la figura de Alice, se hace muy rica su participación, la niña mantiene bastante la picardía y astucia. La película es elegante en gran parte, la religión le da un toque y estética muy familiar y se van arrojando destellos de sordidez.


Alligator (1980)

Ésta historia es una leyenda urbana americana convertida en película de terror. Una niña compra un pequeño cocodrilo y lo tiene de mascota, pero un día su padre se molesta con el animal y decide echarlo por el inodoro. El cocodrilo llega hasta las cloacas, crece y de pura casualidad empieza a alimentarse con unos perros muertos que tiran donde se halla, pero está la particularidad de que estos perros son trabajados científicamente, se agigantan, cuando buscan hacer ganado más grande. El cocodrilo por tanto llega a crecer hasta 10 - 12 metros,  y como se alimenta de lo que tiene cerca esto incluye gente que cae en su zona, con lo que partes humanas desmembradas salen a la superficie. Un policía que tiene mala fama, los compañeros que salen con él terminan muertos, lo interpreta Robert Forster, se obsesiona con el caso del cocodrilo, pero nadie le cree, buscan a un asesino en serie. Forster trasmite mucha simpatía y relajo, y así se luce el filme de Lewis Teague, con guion de John Sayles (director independiente; guionista de Piranha, 1978; y sería co-guionista de Aullidos, 1981). Esto genera que se sume al conjunto humor algo tonto y cierto cariz de cine familiar, pero también hay sus momentos prodigiosos de gore y espectáculo, como cuando el cocodrilo sale a plena ciudad y se mete en un matrimonio y se come a casi todo el mundo, incluyendo a los malvados. El cocodrilo está en su propia fiesta masticando a cuanta persona se le cruza. Con esto se podría decir que la propuesta de Teague mezcla distintos espectadores, al hardcore y al naif. El policía que hace Forster logra la ayuda de una herpetóloga (Robin Riker), que aporta muy poco, es una simple compañera. Forster es el único personaje que brilla (Perry Lang como Kelly, un joven e impávido policía, tiene su gracia, además), aunque por algo el filme lleva ese título. El filme es sencillo, práctico y muy entretenido. Al cocodrilo se le ve en toda alevosía, y aparte de verlo tragar personas y luego ver restos de su comida, tiene varias escenas memorables, como cuando lo observamos moverse enorme sobre una gran pista de Chicago.


Let's Scare Jessica to Death (1971)

Éste filme luce bien independiente, de bajo presupuesto, y no tan programado, se ve algo descuidado o dígase de aspecto espontaneo, pero de esta manera es interesante. El director americano John D. Hancock nos presenta a Jessica (Zohra Lampert), a su marido y a un amigo trasladándose a vivir a una casa de campo en una isla en Connecticut. Para raros llegan en una carroza fúnebre. Jessica siempre anda tensa, suele hablar en su mente, solemos escuchar muy seguido sus pensamientos, cómo trata de no parecer una loca, de comportarse lo más normal posible, de disimular (tal cual lo hacía Norman Bates al terminar en una celda), cuando recién acaba de salir de un instituto psiquiátrico, aunque sonríe y se porta amable con todos. Su amabilidad la lleva a invitar a una mujer que estaba viviendo de polizón en su casa de campo a que se quede con ellos. Su nombre es Emily (Mariclare Costello, la que tiene un cierto parecido con Meg Ryan), y aunque tiene de hippie es una mujer educada. Ella generará seducción en el ambiente y aunque pretende siempre irse es retenida por el grupo. En el pueblo hay mucha gente extraña, los ancianos lucen como salidos de un sanatorio mental, tienden a agolparse hacia los recién llegados. El filme siempre maneja una atmosfera enrarecida, es perenne el suspenso de que algo anda mal o va a terminar mal, provocando expectación y vigilancia, mientras Jessica y compañía tratan de adaptarse a su nueva vida y buscan relajarse entre ellos. Jessica desde el arranque de la historia (un flashforward) nos presenta la disyuntiva si lo que vive es su locura o una verdad sobrenatural, duda que jamás se resolverá, y es donde anida el terror, transparente, básico y muy libre, dentro del terror psicológico, pero el que se toma muchas licencias. El filme alude a una tal Abigail que se ahogó en el lago próximo a la casa de campo y que el folclore local la señala como un vampiro que pasea por la zona, pero su presencia llega a tener muchas expresiones, es un fantasma, una asesina en serie propia de un slasher, un monstruo a lo Jason Voorhees que está dentro del lago y un vampiro e historia que recuerda a la Carmilla de Sheridan Le Fanu. Todo se relaciona a un retrato del siglo XIX de los antiguos dueños de la casa de campo, la familia Bishop. El filme se presenta con un espíritu hippie, muy suelto, pero finalmente toma sentido, de lo alejado y despreocupado del terror que está se convierte en una revolución, una avalancha, de elementos del género.


The Legend of Hell House (1973)

Se basa en una novela del famoso novelista americano Richard Matheson, quien se encarga además del guion. Un millonario le paga a 3 estudiosos de lo paranormal por ir a la casa Belasco, alias La casa del infierno (Hell House), a comprobar la veracidad de la vida después de la muerte; al Dr. Lionel Barrett (Clive Revill), a la médium Florence Tanner (Pamela Franklin) y al estudioso del espiritismo y sobreviviente de Hell House Franklin Fischer (Roddy McDowall). Junto a ellos va la guapa esposa de Barrett, Ann (Gayle Hunnicutt). La leyenda habla de un asesino en serie llamado Emeric Belasco que ha dejado embrujada la casa con sus asesinatos. El filme tiene escenas y sustos bastante buenos, como cuando los objetos enloquecen y son lanzados violentamente por algún espíritu contra el Dr. Barrett. Aquí se prueba la potencia y facilidad con la que pueden matar los espíritus. También es interesante la posesión erótica y sexual, los fantasmas llenan de lujuria y liberalidad a las mujeres protagonistas, y hasta intentan tener sexo con ellas. Una de las muertes con una enorme cruz cayendo encima tiene su encanto. El filme verbaliza mucho por su parte la depravación y las posibilidades. El lenguaje y la investigación tienen un toque (pseudo) científico bastante elogiable. Aunque éste filme es más técnico y serio más tarde Los Cazafantasmas (1984) reinventaran sus usos. Movilizaran la idea del ectoplasma que llegamos a ver, de Hell House como una gran batería y de una máquina para jalar dentro a los fantasmas. A Belasco lo llaman el gigante rugiente (Roaring Giant), para cuando llegue la solución esto y el filme sonará ridículo. Pero el filme de John Hough ya habrá cumplido, nos habrá entregado una buena película de terror.


Hellraiser (1987)

Dirigida por el famoso novelista Clive Barker quien Stephen King llamaría el futuro del terror. Hellraiser se convertiría en una franquicia, con 9 secuelas en su haber. Se basa en la novella The Hellbound Heart (que traducida sería El corazón atado al infierno), del mismo Barker. Es una gran película, una gran historia, pero tiene algunos cabos y ratos imperfectos, como aquel dragón salido del fuego, también aquel monstruo del laberinto está intrascendente, y la desaparición de los enemigos parece más de ciencia ficción cutre que de película de terror. Pero el resto es una delicia para el fanático del género. Un hombre totalmente perverso anclado a experimentar con los límites del sexo llamado Frank (Sean Chapman) compra en Marruecos un cubo de rompecabezas, que es una puerta y llave a otra dimensión y al placer y al dolor, un dispositivo mecánico y místico llamado La Caja de Lemarchand, o La Configuración del Lamento. Esto lo relaciona con los cenobitas y su líder, el icónico en el género, Pinhead, que apenas aparece. Los cenobitas son gente desfigurada, mutilada o monstruosa pertenecientes a un culto destinado al sadomasoquismo que es tanto el cielo como el infierno. Los cenobitas parten en pedazos a Frank en una de sus sesiones extremas, pero Frank regresa a la vida con la sangre que gotea sobre su cuerpo por el piso. Frank vuelve como un cadáver de muy poca piel sediento de más sangre, interpretado aquí por Oliver Smith. Larry y Julia Cotton (Andrew Robinson y Clare Higgins) se mudan a la casa donde está Frank, que es el hermano seductor del obediente y dócil Larry. Frank fue el amante de Julia y ésta no deja de sentir placer y devoción con su recuerdo, con sus encuentros sexuales. Julia se encargará de proporcionarle sangre a Frank trayendo tipos excitados a su hogar y matándolos. Los efectos visuales del filme son tremendos, muy terroríficos, no dejan espacio a la imaginación, tiene un buen manejo del gore y lo grotesco y desagradable. La explicites, estética y potencia de Barker es su mejor marca, aparte de la subyugante y entretenida historia que tiene entre manos.

martes, 8 de noviembre de 2016

Halloween Maratón 2016


Spring (2014)


La dupla Justin Benson y Aaron Moorhead hacen una Antes del amanecer (1995) de género, de terror, una película romántica, ordenada a la juventud de nuestros días, con un relajo de expresiones y gestos comunes y ese querer quedar cool en todo momento que nos invade, sin tampoco evitar la ternura, y bajo la buena educación. Evan (Lou Taylor Pucci) ha tenido una vida dura recientemente, y decide escapar de EE.UU. a Italia, ahí conoce a la bella y exótica Louise (Nadia Hilker). Ella es el amor de su vida, pero guarda un secreto de terror, es una mutante de 2000 años de antigüedad que rejuvenece embarazándose cada 20 años. Ésta conjunción y background puede sonar ridículo en el papel, pero la obra de Benson y Moorhead tiene tan buen tacto que jamás lo parece, ni siquiera lo roza, todo queda perfecto, uniendo con maestría esos dos universos, el terror y el romance. Ésta película no es para fans hardcore del género, pero sí para los que aman el buen cine en general, que de paso resulta un aire fresco en el terror.

Benson y Moorhead ya demostraban mucho ingenio con su debut, Resolution (2012), un filme austero, de notorio bajo presupuesto y pocos recursos visuales, pero sumamente creativo y bastante bueno donde salvar de la adicción y el suicidio a un mejor amigo yonki en una casa y zona con diversos antecedentes, en que se mencionan indios, fantasmas, extraterrestres y asesinatos, da como centro de terror un misterio por resolver que implica ser parte (entenderse dentro) de una historia/película macabra (con la curiosidad de otorgar un toque vintage a los descubrimientos). En Resolution igual que en Spring los referentes del género son abundantes, se crea una cierta indefinición del enfrentamiento, sosteniéndose de lo humano y cotidiano de forma notable y empática, armando una narrativa completa a ese respecto, lo cual no suele suceder mucho en el terror donde uno se convierte en un especie de objeto, de redundancia o de cliché. Spring logra seguir la buena racha, y hasta superar a su antecesora, lo cual hacen de estos dos directores americanos unos creadores a tener muy presentes. Por mí quedan bien anotados.

A snake of june (2002)


Filme erótico, de misterio y thriller con una escena de desnudo en la lluvia y en medio de los flashes de una cámara fotográfica que es de una belleza y sugestión total, en la piel de la apetecible Asuka Kurosawa, quien interpreta a Rinko Tatsumi, una conductora de radio que trata de aconsejar a la gente y se topa con un suicida que quiere que ella se libere de sus represiones, pero el método es doloroso (en una sociedad que guarda cierto pudor social y sigue en buena parte el orden de lo clásico), creándose un viaje de erotismo y sensualidad. Rinko es chantajeada por ese hombre producto de unas imágenes de ella masturbándose. El hombre lo interpreta el propio director del filme Shinya Tsukamoto.

La película está filmada en blanco y negro, y su austeridad resulta ser engañosa, porque el filme es bastante bueno, está muy bien ilustrado. La historia se divide en tres partes. Tiene al marido de aspecto común que la trata como un padre, yace distanciado y no la deja operarse del seno teniendo cáncer. El marido entrará en una pesadilla, en lo surrealista y descubrirá el poder sexual de su mujer, escondida en el pudor y la timidez. Hay escenas de tortura y de voyerismo con lo que el festín freak y de horror está por su lado servido.

El ansia (The Hunger, 1983)


Una elegante vampira, Miriam Blaylock (Catherine Deneuve), viene consiguiendo compañía desde tiempo inmemorial prometiéndoles amor eterno, pero la verdad es que llega un momento en que envejecen de golpe y ella los guarda en ataúdes entre tules y palomas. Una de sus parejas lo interpreta David Bowie que temeroso de no poder seguir al lado de su amada se contacta con una doctora, escritora y científica, Sarah Roberts (Susan Sarandon), que estudia a la muerte como una enfermedad.

El filme da una idea de los vampiros diferente a lo popular, incluso matan a través de cuchillos encubiertos en cruces egipcias, y pueden estar en el día. Lo que trata el filme es de la vejez y la muerte, del amor como cierto parasitismo (de ahí que haya una gran escena con cadáveres pidiendo cuentas). El filme también es una historia de amor lésbico con una escena de sexo muy delicada y cuidada entre cortinas. La película posee una estética y visualidad propia muy atractiva, tanto como una narración atrapante. Sobre todo habla de las relaciones de amor, del enamoramiento y el final, desde el terror.  

El director Tony Scott debutaría en el largometraje con esta obra y no volvería a hacer una película de terror, se especializaría en el cine de acción, al parecer por las malas críticas que recibió en su estreno, pero que el tiempo ha sabido recompensar y catalogar de película de culto. David Bowie hace un pequeño papel y a un tiempo luce irreconocible bajo maquillaje pero muchos le atribuyen una actuación memorable. Lo mismo pasa con la apertura del filme que tiene a la banda británica Bauhaus tocando su canción distintiva Bela Lugosi's Dead (tan apropiada, no solo por mencionar a un ente capital del género, sino por la transformación del concepto del vampiro que presenciamos), mientras la pareja Blaylock en todo aire gótico y de los 80s en Manhattan participan de una juerga sexual que termina en muerte. El filme es muy refinado, Miriam Blaylock y sus amantes suelen ser coleccionistas de arte antiguo y dan clases de música clásica, mientras escuchamos a Schubert y a Bach. Además la ópera Lakmé, de Léo Delibes, sirve como medio de seducción, ocultando una atracción entre ama y sirviente, que es el meollo del filme.

Al interior (À l'intérieur, 2007)


Película capital del New French Extremity, de las más brutales y sanguinarias que he visto en mi vida, con un final gigantesco, impresionante, muy duro. Dirigen Alexandre Bustillo y Julien Maury, es su película debut. La trama es sencilla, una extraña mujer acosa en su casa a una joven embarazada que acaba de tener un accidente automovilístico y ha perdido a su marido. El filme es híper violento con la mujer invasora determinada en una misión personal.  A la casa llegan visitantes preocupados por una llamada de emergencia a la policía, y la propia policía, y esto da pie a una carnicería del gore más desalmado que no se detiene en absoluto. No hay contemplaciones, un filme para estómagos fuertes. La desconocida es interpretada por Béatrice Dalle con severo aplomo y gran credibilidad, parte importante de la película. El lado puesto a prueba y en desarrollo de una defensa y combate de Alysson Paradis está a la altura. El filme de Bustillo y Maury es trepidante, adictivo, y cada vez más rudo y bruto, hasta el cierre redondo.

Trampa para turistas (1979)


Obra de culto que el escritor Stephen King aclamara y llamara a la celebración en particular, dirigida por el americano David Schmoeller, en la que es su ópera prima y película más famosa, una propuesta con múltiples virtudes. El escenario es un lugar abandonado en la vieja carretera, por la que suelen pasar los turistas, donde se halla un museo de maniquíes, en que un hombre de campo, amable, Slausen (Chuck Connors) es el dueño. En lo central de la trama Slausen recibe a un grupo de turistas al encontrar a tres damas desnudas bañándose en el estanque de su parcela. Entre ellas sobresale Becky (la bella Tanya Roberts, quien fuera una Charlie's Angels, en 1980; como también fue parte de la serie That '70s Show, 1998). El filme tiene a un monstruo rondando a los visitantes, a los que tortura, aprisiona y convierte en maniquíes. En las muertes entra una lograda atmósfera de terror generada por los maniquíes al moverse por telequinesis y por mecanismos artificiales. El filme tiene vasos comunicantes con Psicosis (1960), La matanza de Texas (1974) y Carrie (1976), aparte de tener una cierta cercanía a Los crímenes del museo de cera (1953) en una historia autónoma, mucho más extravagante y con estilo propio, con una narrativa de buen suspenso y horror, con un toque fantástico y con muertes originales.

Dellamorte Dellamore (1994)


Basada en el famoso cómic italiano Dylan Dog, de Tiziano Sclavi quien se basó en Rupert Everett para darle su fisonomía al personaje y qué mejor que en la película de Michele Soavi que lo interprete el mismo Everett. Es una película inclasificable en el terror, con mucha irreverencia en su humor negro, en todos esos asesinatos tan alegres que proporciona el protagonista y antihéroe Francesco Dellamorte (Rupert Everett, que le da un gran estilo a la película) cuando pierde cierto ánimo existencial, producto de no poder concretar su amor con la figura de la preciosa Anna Falchi –que regala una buena actuación y no le faltan los desnudos- haciendo de distintas mujeres de las que se enamora Dellamorte tras cada fracaso y ocurrencia, que como dice el título tiene un vínculo (inconcluso) con el amor y la muerte.

El filme se ubica en Buffalora, Italia, Francesco Dellamorte es un enterrador que descubre que al séptimo día de muerto alguien éste regresa como zombie a tocar a su puerta, y la forma de recibirlo es con un disparo en la cabeza. Algunos de los zombies del filme de Soavi pueden comunicarse, no son máquinas de matar, pero aun así suponen algún tipo de peligrosidad. En la trama Dellamorte pierde la cabeza, cuando se comporta como un hombre acabado, mientras el jefe de policía y el destino lo ignoran por completo. La propuesta es loca, original, tornándose cada vez más irreal y fantástica, más descabellada, con un notorio sentido del humor, como con ese compañero medio retardado en el gigantesco Gnaghi (François Hadji-Lazaro) que solo hace un ruido como respuesta y se dedica a comer salvajemente. El filme no intenta tomarse en serio, pero es muy notable y valioso así, con un estilo que parece no respetar regla alguna. 

The Final Girls (2015)


Todd Strauss-Schulson hace un filme ligero y simpático bajo la idea de que Amanda Cartwright (Malin Akerman) es una actriz popular al haber actuado en el slasher de los 80s llamado Camp Bloodbath, una reminiscencia de la saga de Viernes 13 y de Jason Voorhees, tras la leyenda urbana de Billy Murphy, que nadie olvida en el presente, por lo que no puede avanzar en su carrera encasillada de scream queen (idéntico a lo que siente su personaje en el slasher que también está parametrado, y que gracias a la superposición del mundo de lo real logra superar su frustración, en un personaje que está bien resuelto por Strauss-Schulson). Amanda recién comenzada la película sufre un accidente y muere. Su hija Max (Taissa Farmiga), que la adora, la extraña y la recuerda descrita en su entusiasmo por la canción Bette Davis Eyes, de Kim Carnes, es invitada a un homenaje del susodicho famoso slasher y pronto producto de la fantasía más llana ella y sus amigos quedan atrapados en el interior de la película Camp Bloodbath que veían (no pregunten ¿cómo?, en realidad eso no importa), en ello entra el juego del meta-cine en hablar y manipular los lugares comunes de las películas de terror, lo cual se trabaja muy superficialmente, estando ausente la originalidad, que no sea lo básico y funcional. En sí todo el asunto de caer dentro de la historia de una película de terror que hemos visto mil veces es curioso, cautivante, y se presta para entretener, aparte de que tiene buena comedia (con Tina, Angela Trimbur, la chica fácil y tonta; y Kurt, Adam Devine, el chico con ganas de tener sexo con todas). Sin embargo a la hora de los detalles, las audacias y las diferenciaciones el filme no se esfuerza en absoluto, no arriesga en nada, y solo queda como un filme amable y agradable. Tiene una narrativa que te hace disfrutar del metraje, el filme cumple, es cierto, pero es muy poco trascendente al final.

Demons (1985) y Demons II (1986)


El director es Lamberto Bava, el hijo del célebre maestro del horror Mario Bava, éstas 2 películas son su aporte mayor al género, que tienen de El exorcista (1973), The Evil Dead (1981) y los zombies de George A. Romero. Lamberto Bava logra convertirlas en películas de culto, además de películas sumamente entretenidas. Se les puede criticar no tener un argumento sólido o justificado y de ciertas ocurrencias capitales absurdas en las tramas (de lo que de todas formas las películas funcionan, un helicóptero que cae repentinamente del techo o el comienzo de una plaga con un demonio saliendo del televisor), pero toda la diversión que otorgan palia cualquier crítica, porque se trata de goce puro asegurado.

Demons empieza con un hombre joven disfrazado de cyborg (el director de cine Michele Soavi) repartiendo volantes en un metro del Berlín Oeste, para que vayan a ver una película de terror desconocida, quien misterioso parece un asesino típico del giallo. En el cine esperan variopintos personajes, tal es un proxeneta (Bobby Rhodes) con dos prostitutas, una de ellas curiosa y maleducada accidentalmente se corta en el rostro al ponerse una máscara gris de un demonio que yace de exhibición en el cine y da inicio a la primera transformación (con unos efectos especiales grandiosos en la apariencia de los sucios, brutos y desagradables demonios, véase cuando un demonio se desembaraza de su piel humana), al igual que sucede en la historia del filme que han ido a ver dónde unos jóvenes visitan la tumba de Nostradamus. De ahí en adelante estallará un loquerío, puro placer gore y “nauseabundo”, con demonios mordiendo, desgarrando  y supurando baba verde con lo que contagiaran a todo asistente del cine.

Demons emparenta a la película de ficción dentro de ella con lo que sucede afuera, aun cuando el apocalipsis demoníaco está por invadir el mundo, y el escenario de los hechos es solo un microcosmos. Los demonios brindan unas luchas y muertes espectaculares. Además el héroe y su dama, George (Urbano Barberini) y Cheryl (Natasha Hovey) dan tremenda escena, en moto, con una katana y ella abrazada a su cintura dentro del recinto acaban con nutrido número de demonios. El filme no se hace problemas en cuanto de donde proviene todo el mal (hasta suena ridículo pensar en Nostradamus como gestor de todo), solo sabemos que el rol de Soavi es el cómplice central. La bella acomodadora de la sala de exhibición (Nicoletta Elmi) luce extraña, pero es solo una pieza más, irrelevante, en general los personajes no tienen mayor alcance que ir tratando de sobrevivir de los cada vez más numerosos demonios. Por ahí dicen, el cine está maldito, no la película de Nostradamus (la máscara de afuera desaparece del mapa también), pero la invasión del mundo desmiente todo, como si se tratara de una conspiración. Es un filme intenso, emocionante, cargado de escenas gloriosas de gore, y eso es lo más importante.

Las 2 películas las produce Dario Argento que coescribe el guión con Lamberto Bava y con Dardano Sacchetti y Franco Ferrini, y participan sus 2 hijas en el reparto, la mayor, Fiore, con 15 en la primera y, Asia, la menor, con 11 en la segunda en su debut en el largometraje. El primer filme está acompañado de una magnífica música heavy metal, el segundo de -una competente, pero menos gloriosa- new wave. El filme está plagado de una esencia rebelde, en las 2 películas llegan en auto, primero punks drogándose y después amantes de la velocidad.

Demons 2 se ubica en un enorme edificio de apartamentos con una fiesta de cumpleaños con jóvenes celebrando a una arisca, engreída y díscola cumpleañera (Coralina Cataldi-Tassoni), cuando muchos en el edificio ven la televisión, en ésta pasan un documental que habla de que los demonios de la primera película han sido llevados a un lugar aislado separados por un muro donde yacen dormidos, pero al derramar sangre casualmente sobre el cuerpo de concreto de un demonio éste revive en la película dentro de la película y lo que viene después es que se escapa de la pantalla y empieza el pandemónium. El filme mueve hordas de demonios por todo el edificio, que me recuerda a Shivers (1975), peleando contra gente asistente de un gimnasio, comandados por Bobby Rhodes que vuelve en otro papel, total ningún personaje luce en realidad trascendental, el héroe podría ser cualquiera, lo que importa es la acción, aunque implique a alguien convertido en atleta, como ese escape por el ascensor o en rápel por el edificio. Como curiosidad está que un perro –mismo hombre lobo- y un niño se transforman en demonios. Hay mucho estilo a ese respecto, variedad de demostraciones -hasta pormenorizadas- del cambio a demonio en ambas películas. El niño termina como un especie de Gremlins (1984). El filme es pura aventura y harto suculento gore, en una estupenda secuela digna de la primera.

Los crímenes del museo (1933), Los crímenes del museo de cera (1953) y La casa de cera (2005)


La primera es menos conocida para la mayoría y la dirige Michael Curtiz, se basa en el relato y dramaturgia de Charles S. Belden. Es una película interesante y muy buena, laboriosa y algo compleja en su misterio. Tiene hasta tres líneas narrativas centrales para hablar -y culpar- de la desaparición de varios cadáveres de la morgue, habiendo además una pequeña sub-trama con el suicidio de una mujer y un joven guapo y millonario como posible culpable. Todo esto está muy bien enhebrado y no pierde fuerza narrativa, tiene un buen ritmo y es un clásico en toda regla.

Curtiz utiliza bien a Lionel Atwill, éste actor resulta muy competente, como el dueño del museo de cera, donde se perpetrará el terror, un horror que se siente más técnico (cerebral) que práctico y visual, aunque es un filme amable. El museo de cera contiene figuras históricas a las que Ivan Igor les tiene obsesión artística. En la oscuridad un hombre deforme, horrible, roba cadáveres, mientras un hombre de negocios bastante ruin se comporta como un gángster. En la curiosidad del filme está que la heroína es una periodista intrépida y sarcástica de lengua avispada, habiendo diálogos picantes y sugerentes para la época, lo que distingue la propuesta. La periodista Florence Dempsey (Glenda Farrell) está en busca de la credibilidad con su jefe con quien suele discutir y va desesperada en pos de la noticia, con lo que se convierte en un thriller policial a su cabeza. Con ella Fay Wray hace de la mujer que le hace brillar los ojos a Igor que la ve como su mayor obra de arte en la figura de María Antonieta. Hay un subtexto de buscar al hombre correcto, en la lucha entre la mujer ambiciosa y la mujer enamorada y que en la presente termina en un cierre gracioso, típico de cine clásico. Éste subtexto cambiará de lugar en el remake de 1953 y mucho se disolverá. Éste filme fue grabado en dos colores technicolor, previo al color completo y puede verse como una deficiencia para el año 1933, últimos tiempos en usarse, pero no anula su propia grandeza.

Los crímenes del museo de cera (1953) es la película más famosa de las tres, siempre nombrada entre lo mejor del género y dentro de la filmografía de su director André De Toth, su película más mainstream. Esta película fue la primera en grabarse en 3D y usar sonido estereofónico. Ésta propuesta es muy clara y espléndidamente narrada, anula todo lo intrincado, reduce muchas líneas narrativas y personajes, y la vuelve muy dinámica y entretenida. Asume aun misterio, porque sigue siendo un remake y toma muchas cosas de antes, pero la gimnasia y la agilidad se notan, como el poseer escenas más poderosas, véase cuando el hombre deforme y feo sale a perseguir a la heroína por las calles a lo Jack El destripador, a Sue Allen (Phyllis Kirk), una mujer sencilla y pobre pero bella que quiere hallar al culpable de la muerte de una querida compañera de cuarto, una mujer banal y ambiciosa pero aun así con cierta nobleza, en especial hacia Sue a la que ayudaba económicamente, interpretada por Carolyn Jones (especialmente recordada por ser Morticia Adams de la serie La familia Addams de los 60s), la que tenía un cuerpo bien esculpido. Un dato curioso es ver a Charles Bronson como un secuaz bruto y sordomudo, que realmente intimida y que llega a desplegar una lucha muy bien exhibida. Éste filme tiene a Vincent Price en el lugar de Lionel Atwill y es una de sus actuaciones más memorables. Es más que seguro que ésta película de André de Toth es mejor que la de 1933, pero valdrá –sin discusión- ver las dos.

La tercera, La casa de cera (2005), contra todo pronóstico es una buena película, injustamente juzgada por muchos de lo contrario, que dice ser un remake, contiene la historia del museo de cera y el terror de los cadáveres usados, pero es toda una nueva creación e invención. El filme tiene su propia historia de donde proviene el mal y su actividad se centra en el terror de matar jóvenes tipo slasher, habiendo su sujeto monstruoso de paso, y duplicando, hasta triplicando, a los perseguidores. También tiene un toque macabro en la hechura del pueblo al que llegan los muchachos, y las escenas de muerte están magníficas, son crudas y crueles, como presenciar el embalsamiento de alguien vivo. Vemos entre los 6 muchachos que caen en este pueblo donde el GPS no indica su existencia a la socialité París Hilton que tendrá una muerte sádica para el gusto de sus detractores. En el grupo está Jared Padalecki que ese mismo año comenzaba con la serie que lo llevaría a ser popular (Supernatural) y la hermosa Elisha Cuthbert (The Girl Next Door, 2004). El director español Jaume Collet-Serra tiene talento, y ya muchos lo valoran en el thriller, habiendo logrado una gloriosa taquilla, inesperada, con Infierno azul (The Shallows, 2016), película que no me entusiasta aunque la sobrevivencia tiene su gracia.

La masa devoradora (1958), Blob - Masa mortal (Beware! The Blob, 1972) y The Blob. El terror no tiene forma (1988)


El remake de 1988 dirigido por Chuck Russell, director de Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (1987) y La máscara (1994), con guión de Frank Darabont, director de The Shawshank Redemption (1994), es la mejor de las tres. Ésta película convierte lo naif y básico en una película que da miedo, evolucionando notablemente, con un gore que le da otro aire por completo, no sólo porque se puede ver que la masa con un ácido disuelve los cuerpos convirtiéndolos en cadáveres y no nada más mencionar que ésta se alimenta de personas y observar algo insípido y anodino en ello como pasaba en las anteriores, sino que vemos que toma forma, ya no solo parece una bola de gelatina que va creciendo (como irónicamente se ve en la actual que come un niño), tiene tentáculos y muestra viscosidad, el filme contiene de lejos superiores efectos especiales, un trabajo que genera la noción de un verdadero monstruo, ya no un cierto aire ridículo, o ser condescendiente pensando que vemos un sci fi de cine B y nos genera una simpatía.

El filme de Chuck Russell es seriedad en el género, aunque la trama tenga mucho estereotipo, y sus lugares amables típicos. Kevin Dillon es Brian Flagg, el joven rebelde de casaca de cuero y moto propenso a volverse criminal y que necesita un lugar en el mundo, lo que resulta de ser el héroe del filme, junto a la cheerleader y bella mujer popular en busca de descubrirse más profunda, Meg Penny (Shawnee Smith). Lo notable del filme es que la masa no perdona mucho la vida de nadie, y se carga a muchos impensados, como incluir a niños en su alimento, desintegrándolos, cosa que llega a lo explícito. Una figura que es un papel muy breve en la película pero que me gustaría sumar es la de la hermosa y siempre dulce Erika Eleniak (de la serie Baywatch y famosa conejita de playboy), el plan nocturno del chico avispado. Un punto que merma un poco el filme es cambiar (agregarle más) a la historia del meteorito con un alienígena no identificado cayendo a la tierra, por un experimento del ejército americano en cuidado de la guerra fría, sin embargo esto sirve para tener más gente que desintegrar y más escenas con sentido, generar más caos y conflicto, como en las predecesoras se hacía público, masivo, y tomaba un aire de catástrofe, de lucha generalizada, y no la broma, locura o la alucinación de unos jóvenes como suele arrancar.

El primer filme, La masa devoradora (1958), es un filme que no es malo, pero es muy chiquito, muy sencillo y medio plano. Empieza con un aire a lo Rebelde sin causa (1955) y luego se torna en la lucha de Steve Andrews (Steve McQueen, en su primer rol protagónico, en una película de la que renegaría) por que le crean y no muera nadie, y no que sea una tontería, una mala broma, que no demora en desmentirse –primero con los amigos- tomando un notorio lado inocente como producto. McQueen toma la posta del joven que exige respeto de los adultos, frente a una autoridad –la policía, salvo el sheriff que es noble- que se siente por encima de la juventud, de la que desconfía, esto convertido en obviedad en el remake de 1988. Lo acompaña como pareja Aneta Corsaut que es más un florero, un adorno, un pequeño soporte moral, ya en 1988 la mujer es de armas a tomar. El filme de Irvin S. Yeaworth Jr. es un clásico del cine de bajo presupuesto, y tiene un encanto, una nostalgia, una cinefilia innata. La masa se posa encima y al rato gritan que el cuerpo ha desaparecido (explican la amenaza ante la carencia de visualidad), todo es muy simple. La obra tiene una connotación de mundo feliz, de unidad entre la gente, de decencia, en la lucha de un héroe y su pequeña comunidad por salvar a la propia gente y al mundo.

Blob - Masa mortal (Beware! The Blob, 1972) es una secuela y no es muy alabable, aunque es algo entretenida, pero sin grandes momentos, está hecha como para cumplir, le falta mucho entusiasmo, aunque se toma en serio, no obstante muchos la ven como en buena parte una comedia, yo no encuentro mucho la broma, no la veo por ahí. Es el único largometraje que dirigiera Larry Hagman (de la serie Mi bella genio, y de la serie Dallas). Tiene mucho de la época hippie (aquí la policía luce corrupta, extremista y abusiva), y no tiene muy buenas actuaciones, también adolecen sus personajes de consistencia, por ratos parece la relación entre Lisa Clark (Gwynne Gilford) y Bobby Hartford (Robert Walker Jr.) salida de alguna película porno, en su comportamiento, no por la explicites que no existe. Gerrit Graham, el cantante loco y extravagante de El fantasma del paraíso (1974) hace de simio literalmente y desaparece pronto. Se suman efectos especiales básicos o poco impactantes, muy poco convincentes, no hay casi evolución, aunque existe mayor presencia de la masa que en la anterior película. Cero nostalgias.

Trilogía Las puertas del infierno (The Gates of hell)


El maestro italiano del género Lucio Fulci tiene un cine muy poderoso y muy bien diseñado, con un gore de primera mano, por algo lo llamaban “El padrino del gore” (the godfather of Gore), sobrenombre compartido con el americano Herschell Gordon Lewis que hacía un cine de terror de bajo presupuesto y marginal. Fulci tiene historias sólidas cargadas de terroríficas escenas, desde lo tradicional hasta lo más ingenioso. Uno muere de susto, exudando fluidos en total incontinencia, o de mano de algún zombie o muerto venido en asesino serial. Sus muertos homicidas rompen el molde, no es que sean zombies necesariamente o es que llevan su marca personal. Pueden confundirse con fantasmas o con demonios. Sus escenas implican ataques y asesinatos laboriosos y bastantes imaginativos, cargados de mucha brutalidad visual, al igual que una gran carga de asquerosidad y repulsión, se lucen hartos fluidos y desechos de todo tipo.

Lucio Fulci genera momentos macabros o bien tétricos y hasta teatrales dentro de una explicites grandiosa para los fanáticos del terror, a ésta no se le escapa nada, la muerte más brutal llegará de su mano con un rotundo gore, el que mantiene aun así en conjunto una cierta elegancia narrativa, hasta el momento de la llegada de los tantos impactos. Suele desplegar además variedad de elementos de terror y muerte como con una invasión de arañas gigantes asesinas o estimular harto desagrado bajo una lluvia de gusanos. Fulci a su gran detallismo suele implicarle una suciedad atroz. La sangre por montón y el asesinato pueden venir casi de cualquier parte, provocando un festín de muertes y sustos con infaltables ruidos, llantos y maldiciones, tal cual pasa con el ataque inesperado de un perro lazarillo a la yugular de su ama.

Su trilogía empieza con Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980) que es la película más cargada de las tres, donde hay sobreabundancia de ataques de terror, la que es una muy buena película. La maldición de un cura, el padre Thomas, guía infernal del ultramundo, quien se suicida ahorcándose de un árbol, abre las puertas del infierno que llegaran a su apogeo el día de todos los santos. Una vidente, Mary Woodhouse (Catriona MacColl, heroína de las tres películas), enterrada prematuramente verá el acontecimiento por venir, y ayudada de un periodista y de un psiquiatra trataran de parar el maleficio en el pueblo remoto de Dunwich, donde las muertes se sucederán vertiginosamente hasta la hora del despertar de los zombies.  

La segunda película es El más allá (The beyond, 1981) y es la más famosa de la trilogía, incluso dentro de la carrera de Fulci, lo cual hallo un poco sobredimensionado, que no quiere decir que no sea redonda, más contenida en el número de las muertes, y tenga una historia más trabajada, pero es menos entretenida, aunque idéntica en lujuriosa perversidad gore, que la anterior. La historia es parecida a su predecesora pero mejor pensada, desplegada y explicada que no quiere decir necesariamente a escenas de terror (que no sea la espectacular explosión de una cabeza, que pongo a la altura del Scanners, 1981, de David Cronenberg y de Los bastardos, 2008, de Amat Escalante). Liza Merril (Catriona MacColl, la que en el comienzo de su carrera interpretara a Lady Oscar, 1979, en la adaptación de Jacques Demy del manga) recibe la herencia de un hotel en Luisiana que tiene la maldición de una puerta del infierno que abre el artista maldito y brujo Schweick que genera una seguidilla de no muertos tras las personas que va matando hacia un universo paralelo encubierto en el sótano del hotel y que ramifica hacia el cuarto numero 36 donde vivía el pintor Schweick y a un libro ancestral que remite a los relatos de H.P. Lovecraft.  Liza con un pretendiente y doctor lucharan contra las fuerzas oscuras de Schweick, mientras cada inquilino, trabajador y criado en el hotel va muriendo y transformándose. Esto llega hasta todo aquel que intenta detener la apertura de la puerta, como en especial a la morgue donde llevan el cadáver putrefacto de Schweick (pensemos que lo ajustician unos 50 años atrás).

La última película de la trilogía, Aquella casa al lado del cementerio (1981), puede considerarse más críptica en cuanto a que tanta injerencia tiene una niña fantasma que aparece a ratos -y los niños en general- con el misterio del Doctor Freudstein, antiguo dueño de la mansión Oak donde el doctor Norman Boyle y su esposa Lucy (Catriona MacColl) se trasladan a vivir, interesado Norman en la muerte de un colega y de su amante que vivieron en la mansión. Vuelve a aparecer un sótano maldito ligado a una tumba en la propia casa. El filme es más misterioso que sus predecesoras pero igualmente termina en un festín gore y con zombie incluido. Se trabaja con una ambigüedad que no vemos antes en la trilogía. El filme es una casa de sustos, como un lugar de asesinatos sin resolver. En todo entra a tallar la falta de los personajes de comprobar bien lo que sucede, que llega hasta el final donde hay una magnifica escena con toda la familia en el sótano. Se implica la noción del asesinato de niños, pero se crea con mucho tacto y cuidado, con una enorme sutileza. Si en la anterior película la trama estaba muy bien estructurada, distribuida y narrada, ahora Fulci y su equipo de guionistas, Elisa Briganti y su esposo, el prolífico Dardano Sacchetti, más Giorgio Mariuzzo, incrementan el sentido del filme, aunque puede verse tranquilamente como las anteriores, enfocándose en una casa maldita y en la acción.

Re-Animator (1985), La novia de Re-Animator (1989) y Beyond Re-Animator (2003)


La primera la dirige Stuart Gordon y es la mejor de la trilogía, se basa en el relato de seis capítulos “Herbert West Reanimador”, de H. P. Lovecraft. Se trata de una mezcla entre Frankenstein y zombies, con un doctor loco llamado Herbert West (Jeffrey Combs) que inventa una pócima -un líquido verde fosforescente movilizado en una jeringa- que puede revivir a los muertos, sin embargo estos despiertan fuera de control, enloquecidos y violentos. A West no le importa el gen asesino que despierta, solo concebirse como científico y revolucionar la medicina y su nombre, proponiéndose dentro de una práctica impulsiva.

Cuando el joven amoral y autosuficiente West llega al campus universitario de Miskatonic, en Massachusetts, alquila el apartamento del aspirante a médico Dan Cain (Bruce Abbott) que tiene una vida perfecta y correcta, una novia bella hija del decano de Miskatonic, un prominente futuro profesional y una gran preocupación por la medicina, donde entra a tallar el vencer a la muerte –la marca de su personaje es el uso del desfibrilador, con el que observamos su compromiso y frustración- y West se cuela en su vida transformándola.

Es una película con alta dosis de gore y unos efectos especiales brutales al uso, una obra muy entretenida, a la que llega a colársele una masacre. Estos efectivos efectos especiales permiten ver a la cabeza sola del adversario de West, el neurólogo Carl Hill (David Gale), generando una escena de culto, la de un cunnilingus a la novia de Cain (la musa del terror Barbara Crampton). El filme también posee comedia, pero sin exagerar la nota. Re-Animator cada vez va subiendo la intensidad de su narrativa hasta tornarse un pase de vueltas, la fórmula genera desenfreno y se pone muy bueno el terror a media película. Este primer filme tiene mucho de historia de amor por lo que la segunda parte resulta muy lógica.

La novia de Re-Animator (1989) la dirige el productor de la primera, Brian Yuzna, y está muy decente, es una buena secuela. No participa la actriz Barbara Crampton pero su personaje yace muy presente, se concibe en dos roles afectivos, con uno de ellos se homenajea directamente a La novia de Frankenstein (1935), de James Whale. Esta película tiene toda la esencia de la primera sin copiarla, agregando más entretenimiento y nuevos experimentos, manipulando bien la base, en la que regresa el doctor Hill en papel menor. Tiene el mismo toque loco, y la curiosidad de Herbert West crece, el mismo Jeffery Combs, trabajando ahora más con pedazos de cadáveres y haciendo raras mezclas. Su compañero sigue siendo Dan Cain, Bruce Abbott, habiendo un vínculo más fuerte y aún más permisivo. Cain quien es un Romeo, un seductor, hace de complemento absoluto. El filme toma sus licencias para regresar, pero es más placentero que la tercera parte que recurre a lo lógico, que Herbert West caiga en la cárcel.

Beyond Re-Animator (2003) la vuelve a dirigir Brian Yuzna y ya no es tan buena, pero algo queda. El filme ya solo cuenta con Jeffrey Combs. La española Elsa Pataky tiene un personaje protagónico y hay que decir que lo da todo en sus posibilidades, no siendo una actriz particularmente talentosa, pero le damos cierto crédito por todo lo que pasa. La propuesta adolece de sorpresa, se vuelve repetitiva, recurre a sus lugares comunes. El filme intenta seguir siendo audaz con los efectos especiales y el gore, y no todo es malo, pero pierde mucha gracia. La fórmula verde era en las dos primeras películas algo sumamente básico, sobre todo un efecto, mientras aquí se intenta darle más alternativas y más bien todas naufragan. En la presente se trata también de concretar alguna escena sexual llamativa, cuando le arrancan el miembro reproductor a un personaje y se lo lleva una rata (mamífero que posee gran injerencia, lo que señala, de pasada, el bajón de buenas ideas en la saga), no obstante la irreverencia pasa sin pena ni gloria. Otro punto claro es que el nuevo compañero de West hace extrañar a Cain, aunque tampoco es que Abbott fuera una luminaria, pero tenía mucha más vida y sentido en la historia. El director del penal Warden Brando (Simón Andreu) es el papel del “antagónico” de la presente, tal cual lo fueran el neurólogo Hill (el mejor), y el policía robusto con ansias de venganza de la segunda, y se presta para mucho juego y comedia, lo que tiene un cierto aporte, a pesar de la redundancia.

Trilogía Basket Case (1982, 1990, 1991)


Trilogía de culto del exploitation, de Frank Henenlotter, cineasta dedicado en cuerpo y alma al cine de bajo presupuesto de terror. La trilogía empieza muy bien, aunque con efectos cutres en conseguir darle vida al hermano siamés deforme Belial, el que al ser separado del cuerpo de su hermano Duane Bradley (Kevin Van Hentenryck) clama por venganza hacia los doctores que hicieron la operación para removerlo, lo que irónicamente incluye a una veterinaria, que dará una muy buena escena gore con bisturís. Se da también un ataque sexual de parte de un celoso Belial que recluido en su forma desagradable y mutilada despierta en él el deseo, no es tampoco que sea muy humano, pero el lazo que mantiene con Duane lo hace anhelar momentos humanos, mientras tanto Duane tampoco puede ser normal, aunque lo quiere, lo cual será una constante en la saga, el deseo de que los freaks puedan ser parte natural de la sociedad.

Ambos Bradley llegan a New York, Belial escondido en una cesta de mimbre, y se instalan en un hotel de mala muerte, en sí el filme muestra un New York bastante pobre, de barrio. Una marca típica es que en el hotel la gente se alborota con los ruidos y se aglomera a curiosear en el meollo del problema, formando una turba enloquecida, en estado de protesta, creándose un punto intenso de acción, el proponer tensión y el posible descubrimiento temprano del monstruo, provocando suspenso con poder hallar a Belial que estalla en cólera a pleno día.

El primer filme es el más serio de los tres, el que concibe tener terror y ser -de lejos y de sobra- el mejor del grupo. Las secuelas, que se parecen bastante entre sí, buscan más el humor, sobre todo la última, que es toda una locura, llega a tener una escena como en Alien (1979) en la lucha final de Ripley metida en una máquina con tipo extremidades. De la misma forma al aparecer toda una banda de monstruos y freaks al cuidado de la Dra. Freak o la abuela Ruth (la genial Annie Ross, que hasta se atreve incluso a cantar) recuerda más que a la película de Tod Browning a los alienígenas de la Cantina de Mos Eislay de Star Wars, habiendo un aire de total irrealidad, o ser digno de una mascarada de Halloween, donde los disfraces no tienen mucha credibilidad. Lo que sí mejora notablemente es la figura, los gestos y los movimientos de Belial.

La segunda película es como el anhelo tímido de lo que será la tercera en la cual entra de todo, Henenlotter no se aguanta en nada, de lo que puede resultar o mortificante o entretenido, dependiendo del espectador, a raíz de su falta de límites. Desde luego, la segunda y la tercera película tratan mucho con el ridículo, pierden la vergüenza, sin embargo aún provocan sus escenas apreciables, unas satíricas y “terroríficas”, en hacerse cargo de los enemigos de los freaks, como en la segunda que en un bar los monstruos se adueñan del lugar, lo cual es una escena audaz si se quiere, al exponerse al mundo, cosa que se hará progresivamente hasta lo inimaginable. Una escena con la nieta de la abuela Ruth también recuerda al nacimiento de los Aliens explotando en el tórax humano, que llegará al desborde en la continuación donde Belial llegará a procrear. Otra escena de antología es cuando Belial tiene sexo por primera vez. También está buena la escena en que Belial sueña tener relaciones con dos hermosas mujeres enseñando las tetas. Henenlotter hace lo que le place. Por ahí hasta crea a su propio Jabba the Hutt a su estilo freak.

Si uno quiere ver una película de terror al uso, gore y de bajo presupuesto, encima una de culto, que vea la primera Basket Case, la que cumple con ello y te brinda un buen momento, aunque con ciertas limitaciones en los efectos especiales. Ten presente que tiene sus buenas escenas (hay una en que Belial perpetra toda una revolución para terminar robando la tanga íntima de una vecina, de aspecto común, interpretada por Beverly Bonner), también posee una buena construcción general (hasta llegar a un final poderoso y redondo) y una personificación de caracteres con un estilo lumpen contundente. Si después de esto tienes curiosidad, sentido del humor todoterreno y paciencia, quieres ver algo totalmente irreverente y descocado, como igualmente adefesiero e irrisorio, planeas ver unas películas malas pero con harto feeling, honestidad y autenticidad, atrévete con las otras dos, bajo riesgo de no creer en buena parte lo que ves. Recuerda que el humor se adueña de la trilogía, aunque el gore sigue presente, Belial continua tan salvaje como siempre, arrancando los rostros, y tiene una pandilla y una familia que defender.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Halloween Maratón 2015


¿Quién puede matar a un niño? (1976)


Ésta es una obra de culto, dirigida por Narciso Ibáñez Serrador, que tiene cierta originalidad, en hacer de los niños unos homicidas colectivos dentro de una muchedumbre impersonal. Como apertura e introducción hay una soporífera parte documental de unos 12 a 15 minutos entre créditos que da a entender que la indefensión de los niños puede llegar a trastocarse tras tantas matanzas históricas hacia ellos. Lo único anormal en la trama es que los criminales infantiles asesinan por puro placer, convertidos al mal sin mayores justificaciones (haciéndose cargo con el hipnotismo), en medio de su ternura natural, rostros angelicales y sus sonrisas luminosas que en pantalla quitan harto miedo, y aunque adolecen de mayor perversidad y terror su accionar está decentemente narrado en aquella isla deshabitada de adultos, porque han sido sistemáticamente eliminados por los pequeños diabólicos, tras un arranque de misterio –luego especialmente explicado- en la playa como si se tratara de un ataque de pirañas, con objetos punzocortantes. El filme tiene de guías protagónicos a 2 turistas británicos, una pareja de esposos, que van de la costa de Benahavís (Málaga, España) a una isla llamada Almanzora y se hallan con un ambiente de total abandono, desértico, muy bien tratado. Se percibe cierta ambigüedad del marido, de Tom (Lewis Fiander), que hiciera pensar que algo esconde, porque al inicio no transmite lo que pasa a la dulce Evelyn (Prunella Ransome), pero puede que sea porque ella está embarazada. Es un filme de terror de aire clásico, pero que deja ver cierta precariedad, aunque su historia está contada con bastante fluidez y es muy entretenida. Tiene sus grandes escenas, como cuando Tom armado con una metralleta corta se topa frente a frente con el grupo gigante de niños en las blanquecinas calles, donde haciendo gala de un poderoso dramatismo, aunque seguridad no le falta, como un grato rasgo de personalidad, piensa bien cómo resolverse y termina metido en un remate de liberación y frenesí de cómo se ve el escenario a la vista convencional, en ese duelo que invoca Evelyn, también potente en su histrionismo al tener una mala semilla.  

The Keep (1983)


Famoso por sus películas de crimen, thrillers y de aventura, Michael Mann, perpetra una película de terror en sus inicios, solo ésta dentro de su obra conjunta, que tiene a una fortaleza o torreón ubicada en un pueblo rumano como espacio de horror en fuerzas oscuras que buscan salir al mundo, con un demonio de fornido cuerpo humano detrás de unas cruces de plata y un encierro, al que veremos aparecer con pelos y señales y usar su particular forma de matar (quedando perfecta la escena de los cuerpos regados al lado de una tanqueta abandonada). El contexto es la segunda guerra mundial, en 1941, y la invasión de soldados nazis, liderados por el despiadado Kaempffer (Gabriel Byrne) que trata de corregir los supuestos errores de un militar más débil para el régimen y que en el fondo es un secreto disidente, Woermann (Jürgen Prochnow). En ese trance, se hace uso de un investigador judío avejentado sacado de un campo, interpretado por Ian McKellen, acompañado de su hija, dictada por la bella y naturalmente provocativa actriz poco conocida Alberta Watson, que genera un romance como intergaláctico, y en ello el filme tiene un aspecto medio astral, a través de Glaeken (el actor de larga trayectoria, aunque de roles secundarios, Scott Glenn). Es un filme tipo pulp, pero bien narrado, con una neblina omnipresente, y una atmósfera como de sueño, luego pesadilla, evanescente. Tiene su toque de misterio, de sencillo esoterismo, y es particular con un demonio tipo el mutante Apocalipsis de los X-Men, como que la lucha final no excede el ridículo, sino resulta rápida para bien de la película.

Near Dark (1987)


La única película de terror en la filmografía de la famosa directora Kathryn Bigelow, ganadora del Oscar por En tierra hostil (The Hurt Locker, 2008). Estamos ante una historia de vampiros, con el aditivo de tener al sol como gran protagonista, ya que los quema a estos seres míticos, como el uso de transfusiones de sangre como parte trascendental. Se trata de que un cowboy de nombre Caleb (Adrian Pasdar) conoce a una chica como ninguna, resulta una vampiro, enamorándose de Mae (Jenny Wright), surgiendo un fuerte lado romántico que guía la película, contrastado en cierto mismo aspecto con el lado perverso de querer tener a una niña en el grupo, producto de la soledad que reina en este tipo de vidas al borde del límite y estar escondiéndose. Se retrata un estado criminal que yace emparejado con la esencia vampírica, como cuando entra el grupo de vampiros liderado por Jesse (el prolífico Lance Henriksen) a un bar y hace de las suyas. Es la travesía de una especie de juergueros nocturnos que hacen maldades en su libertad tenebrosa y sobrevivencia, al alimentarse de personas, sin que haya nada especialmente grotesco en el filme, sino algo muy comedido, en realidad. Bill Paxton se roba el protagonismo en su rol de un cowboy enloquecido (estamos en el sur de EE.UU.), que es terrible como vampiro, en la figura de un tipo inmaduro, burlón y buscapleitos. El filme no es grandioso, pero se ve curioso, y desde luego, resulta entretenido, dentro de un estilo naif y bastante amable.

Bad Taste (1987), Meet the Feebles (1989) y Braindead (1992)


Todos conocemos a Peter Jackson por la famosa trilogía de El señor de los anillos, premiada por el Oscar (la tercera parte con 11 estatuillas doradas), y que le ha traído un contundente grupo de fanáticos en todo el planeta, acompañada de su nueva trilogía y una continuación de aquel mundo, El Hobbit, pero hay otro Peter Jackson que quizá no todos conozcan, el de sus primeras obras, donde era todo un loco de atar, con una desfachatez e irreverencia de lo más imponente. Era un goce mayor, personalmente me gusta más que el último, aunque se entiende que quisiera pasar a otro nivel, y ese es el cine del Hollywood digamos, si pensamos en un cine con harto poder adquisitivo y muy popular. Pero el Jackson de sus tres primeras películas era terrible en su descaro, en su poderoso gore, o en su realismo sucio, o en el simple goce de una idea de plena juventud cool.

Su debut, Mal gusto (Bad Taste, 1987), es tremenda película en el género, de esas que a temprana edad hay que ver para gozar de su total pureza cinéfila, una de glorioso cine B, siendo la propuesta perfecta para un director lleno de vitalidad y hedonismo que no mide más que el entretenimiento rabioso e intenso que puede brindar, como esa oveja haciendo meh y explotando resulta toda una declaración propia de la edad y su efervescencia. La premisa es sencilla, unos alienígenas quieren hacer de la gente comida de fast food, por lo que atacan un pueblo neozelandés, sin saber que se toparan con un grupo de paramilitares gubernamentales que como unos Rambo harán un combate abierto y descarnado con armamento pesado. Se hace uso de un gore brutal, liderado por el propio Jackson interpretando a Derek (también a un extraterrestre retardado), una mezcla de Harry Potter, un nerd y un combatiente descabellado, todo lo que propiciará la delicia del espectador, retándose a sí mismo cada vez más.

Ese parece ser el sentir de Jackson, de superarse con su siguiente película, y es que el reto crece, no mide límite alguno a la hora de narrar toda la idiosincrasia enfermiza del grupo, de lo que es terrible la corrupción y perversión de ésta parodia de los Muppets, titulada El delirante mundo de los Feebles (Meet the Feebles, 1989), que vez cada cosa en una escala de putrefacción que realmente sorprende su exceso, toda su locura, dentro de un éxtasis de irreverencia, que termina en una matanza alucinante que tiene gran visualidad sucia y exige al espectador mucha tolerancia, si no da de lleno con el que ama la extravagancia y el desenfreno. Los Feebles son drogadictos, inmorales, mujeriegos, glotones, peligrosos, pornográficos, egocéntricos, abusivos, criminales y un etcétera de la peor calaña, en medio de la corrosiva ilustración de un espectáculo de variedades para la televisión, que atañe a la fama y al manejo del negocio, como a todos los integrantes de una escena teatral. El filme prácticamente no da respiro, salvo mediante un pequeño romance entre un erizo o puercoespín aspirante e inocente y una perra lanuda o bella y tonta secundaria de baile, ya que el protagónico es de una morza, productor y gángster, llamado Bletch, y un hipopótamo y cantante principal de grandes proporciones de nombre Heidi, que son una relación de interés económico y artístico por un lado y por el otro una dependencia del maltrato y la infidelidad. Aunque no es propiamente del género del horror es grotesca y encaja perfectamente en otro tipo de terror.

Pero si esto no fuera poco el siguiente trabajo de Jackson logra lo imposible, superar a sus predecesoras. Éste filme es una larga continua orgía de gore, apabullante e increíblemente salvaje, en perpetua novedad, donde el ingenio de la propuesta se luce demasiado poderoso e incansable, en los desmembramientos, transformaciones y agresiones que sufren unos zombies en aumento, tras las víctimas de una fiesta. El protagonista, Lionel Cosgrove (Timothy Balme), los enfrenta, en especial con una cortadora de césped, con la que hace mil destrozos de cuerpos y un baño de sangre por donde patinar. Todo a partir de que éste hijo de mamá, sojuzgado por ella, ve que su progenitora es mordida por un exótico y macabro mono rata, que la convierte en una muerta viviente, y la hace un germen que contagia a muchos otros, provocando el caos y la anarquía absoluta. El momento del cura practicando kung fu con los zombies es de antología y mucha risa. Lionel no sabe cómo solucionar tantos ataques y contagios, pero el pobre Lionel asume toda la responsabilidad de contenerlos. Muchos de estos zombies yacen deformes y son desagradables, se portan como niños traviesos e hiperactivos siempre hambrientos, o hasta pretenden copular entre ellos. Lionel lo hace producto de aun reconocer amor por su madre desfigurada, sacrificando incluso su amor idílico por Paquita (Diana Peñalver). El filme se centra en lo imparable del asunto, provocando hilaridad ante su desborde cada vez más audaz, hasta la llegada del monstruo final como en un sádico y entretenido videojuego.

The Addiction (1995)


Película de terror de corte filosófico y existencial sobre el vampirismo como estado de drogadicción, dirigida por Abel Ferrara, donde la protagonista, Kathleen Conklin (una estupenda Lili Taylor), mientras piensa su tesis para un doctorado en filosofía, tras algo imprevisto va poniendo en práctica toda la reflexión intelectual que va surgiendo producto de un cambio físico, descubriendo la naturaleza del mal y su relación con el vicio, entre otras ideas que va recurriendo a la mención de importantes pensadores, en blanco y negro, en un notable cine arte articulando el género del horror de forma profunda, con citas rimbombantes pero funcionales a los hechos que presenciamos, cuando la esencia de matar(nos) nos hace sentir culpables, pero nos descubre quienes somos en verdad, como con esa pregunta obligatoria de rechazar la agresión, enfermedad o invasión entre manos con una decisión firme, que no ocurre por cobardía, aceptando la sentencia, esa que nos lleva hasta desear el suicidio, perder nuestra identidad, y errar por el mundo, ser simplemente, la nada, esa adicción. Ni un espectacular y sabio rol de Christopher Walken como un vampiro redimido, un especie de pastor de la calle (luego llegará el oficial), puede doblegar un abismo asumido, una caída violenta hacia la dependencia absoluta (de ahí esa inscripción en la tumba, y ese fantasma en que nos convertimos). Ésta es una película con sus momentos de acción, de entretenimiento directo, aunque austeros, pero yace más sumida en el lenguaje del mejor arte pensante que toma pretextos e imaginación para plasmar ideas mayores, todo en un empaque de sensualidad, música hip hop, modernidad, urbanidad y su toque indispensable de ordinariez para paliar la grandilocuencia intrínseca de la pasión por lo culto.  

The Green Inferno (2013)


Todas las películas de mi lista de terror de éste año apuntaban a la curiosidad, no tanto a la excelencia, eran obras a revisar y a ver con qué me encontraba, luciendo atractivas a priori por sus motivos propios y particularidades, por lo que había posibilidad de hallar películas de mala calidad o pésimas a secas, acotando que la delicia de todo cinéfilo está en su apetito por los descubrimientos, dicho esto hay que agregar que The Green inferno tenía críticas adversas por cantidad, por lo que su estreno en EE.UU. se prolongó, llegando incluso después de Knock Knock (2015), que sin ser maravillosa es mejor película que ésta de caníbales, que es un subgénero del terror, y que tiene su tótem o máximo tope en Holocausto Canibal (1980), una película brutal, salvaje, legendaria, polémica, con un gore realmente contundente (hay un desmembramiento pormenorizado que es un goce mayúsculo para los fanáticos de éste estilo explícito) y muerte de animales en toda naturalidad y detallismo que a más de un animalista ha de torturar, tanto como si la película la viera un indigenista, ya que hay ritos de índole sexual que los hacen ver dignos de la  peor barbarie y atraso cultural. No obstante, la propuesta también acomete contra la misma supuesta civilización, en aquellos exagerados documentalistas que se divierten con el dolor de los indígenas, en una lectura que resulta muy infantil. Holocausto Caníbal es para estómagos fuertes, una película bastante dura y descarnada que puede afectar sensibilidades, pero que siendo precursora del metraje encontrado y ostentando un grado de horror muy alto, mediante una contundente honestidad, dentro de su precariedad, suciedad y descaro, es una obra justamente destacada del terror, por más faltas que uno le quiera encontrar, es un prominente goce para amantes del género, y del subgénero de canibalismo en la selva. No solo provoca más bien hablar de ella, sino de Knock Knock, más que de The Green inferno, que es un filme con actuaciones deplorables, en ello hasta podríamos hablar de homogeneidad, de lo que la protagonista, la chilena Lorenza Izzo, más tarde esposa del director, siendo limitada como actriz llega a sobresalir, aunque en lo particular me quedo con otro chileno, con Ariel Levy, que hace de un líder activista desgraciado que es tan falso e inmisericorde que el contraste entre sus luchas sociales y políticas por la jungla y su subrayada hipocresía no solo es otra calamidad del guion, sino que de lo extremo se hace involuntariamente simpático, teniendo gracia su caricaturización, como la de un lugarteniente caníbal distintivo calvo que lleva siempre un hueso como de quijada de burro en la mano y que es profundamente bochornoso. Ni siquiera la líder caníbal interpretada por nuestra compatriota Antonieta Pari se salva de darle dignidad terrorífica al grupo de indígenas, los que a cada rato se ríen infantilmente de sus maldades y voraz hambre, en lo que pudo ser una comedia de lo ridícula que es, pero como va en serio, uno no puede más que rascarse la cabeza con cada tontería que va mostrando Eli Roth. Es a todas luces un filme de muy baja categoría, uno del montón, con efectos especiales poco cautivantes, tanto como un gore para muertos o principiantes, salvo por una parte en el choque del avión y unos cuerpos que perecen en el tránsito, después todo está desprovisto de algún tipo de audacia, habiendo un suicidio salido de una mente ingenua y harto ociosa en su imaginación, como que aquellas hormigas carnívoras puestas como castigo y los empalamientos yacen desprovistos de la más mínima magia. Hay un desmembramiento con robo de pierna amputada de por medio, por un niño, en que cada ocurrencia es peor que la anterior, como que se haga un preparado de carne humana mientras los demás caníbales esperan su parte como quienes aguardan por el repartidor de pizza. The Green inferno es realmente mala, incluso de las que no llegan ni ahí pero de esa manera entretiene. Mejor ver Knock Knock, que aunque no infringe miedo y uno no compra la lectura de no aguantarse a la metáfora de la pizza gratuita, entretiene en esa idea formal de una malacrianza perversa, de lo que Lorenza Izzo y Ana de Armas funcionan mejor vistas de esa manera, ya que no son Ingrid Bergman, mientras Keanu Reeves luce harto profesional dejando todo de sí sin ser ninguna luminaria. Como dice una de las pintas de las chicas sensuales y torturadoras, dejadas en la casa: el arte no existe, y a eso se aboca Eli Roth en ésta pieza, o sea, a dar un pequeño entretenimiento que no se toma en serio, pero que tiene una buena factura, bastante, para lo que es, en un trabajo tratado con mucha mayor atención, ingenio y delicadeza que The Green inferno.

What We Do in the Shadows (2014)


Mockumentary, de Jemaine Clement y Taika Waititi, sobre la vida cotidiana de 5 vampiros que viven en Wellington (Nueva Zelanda), la que es una comedia de terror de mucha simpatía, con bromas buena onda, en tono ligero pero cuidado, que tiene sus audaces ocurrencias en humanizar la imagen del vampiro, y burlarse de los lugares comunes de éstos seres míticos aplicando una figura de reinserción social a lo contemporáneo. Se divierten en sana ironía, versando en el típico soltero cuarentón, dentro de un grupo de simpáticos, seductores, cool, graciosos, extravagantes, hiper-sensibles, engreídos, camaradas, y uno, Viago, más remilgado de la cuenta (que tiene su propia historia a lo Titanic, 1997, cómica). Estos compañeros de vivienda irán desentrañando a la cámara su particular forma de vida, como invitar tallarines a su víctimas por preámbulo y hábito, practicar la tortura o escenificar bailes a los amigos (así, en el mismo saco), seducir a humanos para que sean sirvientes a cambio de promesas de eternidad, ver por la popularidad (véase la sub-trama de La Bestia) o ir a fiestas y discotecas a divertirse, en alegato de integración entre especies de horror, enfrentando a los hombres lobo de paso. Conviven con la humanidad, a la que no desprecian, pero deben lidiar con sus apetencias y sobrevivencia, más marcada en el milenario Petyr que luce como Nosferatu (1922).

Enterrando a mi ex (Burying the Ex, 2014)


Comedia de terror ligera, pequeña y simpática, del maestro del terror Joe Dante, que tiene obras memorables como Aullidos (The Howling, 1981) y Gremlins (1984) que si uno espera fuegos artificiales en una película suya mejor volver a verlas que ver ésta. De muestra dos escenas legendarias: ese hangar con toda la tropa de hombres lobo del lugar a punto de salir enfurecidos de cacería contra sus descubridores; y la de toda la pandilla de los Gremlins en una sala de cine disfrutando frenéticos de Blanca nieves y los siete enanos. Enterrando a mi ex es una propuesta más bien humilde, que entretiene lo justo únicamente, en la historia y leitmotiv irónico de no saber terminar con una pareja, aquí convertida en zombie tras una promesa de amor eterno hecha de momento, casualmente escuchada por un objeto demoníaco cumplidor de deseos. La ligereza es formal en el filme, no solo estructural, sino argumental y en su lectura cómica, pero consiguiendo ser bastante fluida y bien contada, mediante protagonistas básicos. Max (Anton Yelchin) que atiende en una tienda de juguetes de terror y es amante del cine del género deberá lidiar con la resurrección de la autoritaria y exigente Evelyn (Ashley Greene) que es una ambientalista, de lo que Dante se mofa haciéndola antipática en su fijación hacia la salud, a comparación del amor ideal que representa la dulce, relajada y cool Olivia (Alexandra Daddario) que vende malteadas híper calóricas y lo único que busca es estar con alguien agradable y común sin mayores problemas, en la que es un ente de juventud pura y llana, como pretende toda la película. Vemos hasta a Max movilizarse en una patineta con timón que lo hace ver medio nerd. Es una historia con poco terror, pero tiene de filme bien cinéfilo, de culto al cine B de horror. Max no sabe qué hacer con su ex, ella no entiende terminada la relación, aun muerta, ni siquiera Evelyn está del todo consciente de su posición de zombie y de su extrañeza en el mundo, aun cuando se tiene por una grata persona, aunque suelen dejarla por imponer sus reglas, aun teniendo un plus de que es muy sexual, por lo que hay varias bromas al respecto. Es una película para reírse, en tono tranquilo. Dante perpetra ocurrencias con gran oficio.

Tales of Halloween (2015)


Ésta es una antología compuesta por 10 cortos con un máximo de 10 minutos de duración cada uno, de los que hay que decir que tienen cohesión como grupo, en cierta notoria similitud narrativa y hasta argumental en medio del truco o trato y del contexto del suburbio americano, una buena factura y sobre todo en contener mucho sentido del humor e ironía bajo el espíritu del hombre medio, en la mezcla de jovialidad juvenil y la madurez en las formas. El mejor relato es Friday the 31st, de Mike Mendez, donde un Jason Voorhees o un asesino del hacha monstruoso halla su némesis en un pequeño y risible extraterrestre ofendido, surgiendo un festín gore. Le sigue This Means War, de John Skipp y Andrew Kasch, que es audaz como premisa, aunque la ejecución es pedestre, en la lucha de dos vecinos que tienen su propio estilo de conmemorar Halloween, exhibido en su patio y en la decoración por la celebración, uno es la conjunción del heavy metal y el gore, el otro todo lo que conlleva lo clásico, de lo que el fastidio mutuo se apodera de ellos. Entre los integrantes del conjunto hay tres nombres famosos, digamos, Darren Lynn Bousman (Saw II, III y IV), Lucky McKee (May, The Woman) y Neil Marshall (The descent), pero sus historias no son particularmente especiales. The Night Billy Raised Hell (Bousman) presenta al diablo mismo representado en un vecino poco querido quien se encarga de escarmentar a un niño travieso, de lo que en realidad es más mala suerte que castigo justo. En Ding Dong (McKee) una bruja interpretada por la seductora Pollyanna McIntosh (The Woman), de amplios e ineludibles pechos (a cada rato se los acomoda), quiere un niño, pero sus intenciones no son probas con éste, y al no tenerlo tortura a su heroico marido que se cuida de no complacerla en dicho pedido, habiendo una lectura muy sarcástica, y estilística, más que un cuento entretenido. Bad Seed (Marshall) hace que un experimento traiga como consecuencia que una calabaza se vuelva una homicida, para lo que una detective bastante seria, como el estilo narrativo, se encarga de las pesquisas. La antología peca de imperfecta, como de nadar en aguas conocidas, tener cierto background ñoño o poseer algún remate poco digno o nada original dentro de su composición, pero cada relato a la vez tiene su gracia y encanto, con los que muchos se han entusiasmado.