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martes, 26 de febrero de 2019

Ceremonia sangrienta


Ceremonia sangrienta (1973) es un clásico del cine de terror español, dirigido por Jorge Grau, propio de la mejor época del cine de género de su país. Tiene varias ideas de terror en movimiento hasta converger en la leyenda de Erzebeth Bathory, llamada La Condesa Sangrienta, que interpreta Lucia Bosé. Es un filme que intenta hablar/mostrar lo sobrenatural, con el vampirismo, pero se trata en la trama de supersticiones en realidad, tanto como de un asesino en serie. Es un filme que tiene una gran atmósfera, visualmente cumple a la perfección, con aldeanos enojados con antorchas, carruajes con hombres siniestros, juicios de cacería de brujas, un castillo donde de un hueco del techo cae como ducha la sangre de las víctimas o una ama de llaves tan sabandija como la de Rebecca (1940) que le habla a la señora de la vida eterna, la belleza y la juventud, a través de bañarse con la sangre de mujeres. Es una historia como de una banda criminal, con gente influenciada por el entorno y por sus fuertes deseos, pero también de gente con acercamiento natural a lo perverso sin razón alguna, como cuando una vieja anuncia que tal persona es el demonio en persona. Lucia Bosé muestra mucha seriedad, en un porte aristocrático, tiene una faceta dura, pero también en otros ratos lucirá cabizbaja como con las visiones de las muertas, con lo que le persigue la culpa. El final es brutal, desde ese pequeño rato glorioso del terror con el aparato de tortura, tan minucioso, semejante al momento de la quema de una cabeza humana hasta derretirla. Espartaco Santoni hace una escenificación de culto, así mismo la bella Ewa Aulin como una aldeana y una fémina sadomasoquista y ambiciosa debajo de su piel de cordero.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Manchas de sangre en un coche nuevo

Un hombre, Ricardo (José Luis López Vázquez), dueño de una empresa de restauración de arte, un tipo con mucho dinero, recibe de cumpleaños un auto nuevo de parte de su esposa, Eva (Lucia Bosé). Cuando va de regreso a su casa avista un accidente de auto y escucha que alguien le dice que salve a su hijo, a un niño, pero Ricardo, al ver mucha sangre en el brazo del hombre que clama por ayuda, banalmente piensa que va a estropear su carro nuevo y decide irse. Al poco rato el auto del accidente explota, se incendia, mueren los que yacen dentro. Éste es el disparador y eje del filme del español Antonio Mercero, la culpa.

En adelante Ricardo queda traumatizado con el accidente y su falta de escrúpulos, verá unas manchas de sangre imaginarias en su auto a cada rato. A esto se suma otra pequeña fijación y  misterio, el regalo de unas flores amarillas de un anónimo admirador hacia su esposa. Para sumar algo más, Ricardo tiene una bella amante, María (May Heatherly). Éste es un filme muy básico, que toma una pequeña parte de Muerte de un ciclista (1955) para hacer una nueva película –con la misma actriz-, que es cine de género, pero que tiene muy poco de terror, es muy tenue. El tema del filme realmente no es nada del otro mundo, pero resulta coherente al ser capaz de destruir a alguien al obsesionarse y entrar en el ámbito de la locura.

El filme es entretenido, genera atención, aun moviéndose por muy pocos elementos y sin mayores sustos, tanto como por un eje magro. Cierto que la muerte de alguien puede trastocarnos –sobre todo al incluir a un menor-, además de que estaba en nuestras manos salvarles, pero como dice un diálogo del filme, muchos hubieran hecho lo mismo, a ese punto llega nuestra banalidad e indiferencia como humanidad. No obstante María más sensible se pone del lado de entender el desequilibrio de Ricardo. Como sea, se engrandece ese motivo.

Lo que Mercero agrega con las flores puede entenderse como parte de la ambigüedad sexual que circunda por toda la propuesta, pero que no tiene mayor importancia, no mucho por nuestro actual tiempo, aunque para la época pudo sonar más audaz. Igualmente los momentos de miedo propuestos por el viento y la lluvia o la noche en el local con las antigüedades se perciben vacíos, meros efectismos sin profundidad alguna. El filme tiene mucho dramatismo psicológico que avanzado el metraje puede llegar a agotar por su simplicidad y redundancia. Pero esto algo se matiza con la relación sensual con María. Se deja en el aire que Ricardo es una mala persona, un cínico, representando a muchos, pero su consciencia desmiente un poco esto, aunque se le siente indolente en su infidelidad, con una persona que parece contradictoriamente una buena mujer, en comparación a una Eva más superficial, más depredadora.