Ceremonia sangrienta (1973) es un clásico del cine de terror español, dirigido por Jorge Grau, propio de la mejor época del cine de género de su país. Tiene varias ideas de terror en movimiento hasta converger en la leyenda de Erzebeth
Bathory, llamada La Condesa Sangrienta, que interpreta Lucia Bosé. Es un filme
que intenta hablar/mostrar lo sobrenatural, con el vampirismo, pero se trata en
la trama de supersticiones en realidad, tanto como de un asesino en serie. Es
un filme que tiene una gran atmósfera, visualmente cumple a la perfección, con
aldeanos enojados con antorchas, carruajes con hombres siniestros, juicios de
cacería de brujas, un castillo donde de un hueco del techo cae como ducha la
sangre de las víctimas o una ama de llaves tan sabandija como la de Rebecca (1940)
que le habla a la señora de la vida eterna, la belleza y la juventud, a través de
bañarse con la sangre de mujeres. Es una historia como de una banda criminal,
con gente influenciada por el entorno y por sus fuertes deseos, pero también de
gente con acercamiento natural a lo perverso sin razón alguna, como cuando una
vieja anuncia que tal persona es el demonio en persona. Lucia Bosé muestra
mucha seriedad, en un porte aristocrático, tiene una faceta dura, pero también
en otros ratos lucirá cabizbaja como con las visiones de las muertas, con lo
que le persigue la culpa. El final es brutal, desde ese pequeño rato glorioso del
terror con el aparato de tortura, tan minucioso, semejante al momento de la
quema de una cabeza humana hasta derretirla. Espartaco Santoni hace una escenificación
de culto, así mismo la bella Ewa Aulin como una aldeana y una fémina sadomasoquista
y ambiciosa debajo de su piel de cordero.
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martes, 26 de febrero de 2019
miércoles, 30 de mayo de 2018
Manchas de sangre en un coche nuevo
Un hombre, Ricardo (José Luis López Vázquez), dueño de una
empresa de restauración de arte, un tipo con mucho dinero, recibe de cumpleaños
un auto nuevo de parte de su esposa, Eva (Lucia Bosé). Cuando va de regreso a
su casa avista un accidente de auto y escucha que alguien le dice que salve a
su hijo, a un niño, pero Ricardo, al ver mucha sangre en el brazo del hombre
que clama por ayuda, banalmente piensa que va a estropear su carro nuevo y
decide irse. Al poco rato el auto del accidente explota, se incendia, mueren
los que yacen dentro. Éste es el disparador y eje del filme del español Antonio
Mercero, la culpa.
En adelante Ricardo queda traumatizado con el accidente y su
falta de escrúpulos, verá unas manchas de sangre imaginarias en su auto a cada
rato. A esto se suma otra pequeña fijación y
misterio, el regalo de unas flores amarillas de un anónimo admirador
hacia su esposa. Para sumar algo más, Ricardo tiene una bella amante, María (May
Heatherly). Éste es un filme muy básico, que toma una pequeña parte de Muerte
de un ciclista (1955) para hacer una nueva película –con la misma actriz-, que
es cine de género, pero que tiene muy poco de terror, es muy tenue. El tema del
filme realmente no es nada del otro mundo, pero resulta coherente al ser capaz
de destruir a alguien al obsesionarse y entrar en el ámbito de la
locura.
El filme es entretenido, genera atención, aun moviéndose por
muy pocos elementos y sin mayores sustos, tanto como por un eje magro. Cierto que
la muerte de alguien puede trastocarnos –sobre todo al incluir a un menor-,
además de que estaba en nuestras manos salvarles, pero como dice un diálogo del filme, muchos hubieran hecho lo mismo, a ese punto llega nuestra
banalidad e indiferencia como humanidad. No obstante María más sensible se pone del lado de entender el
desequilibrio de Ricardo. Como sea, se engrandece ese motivo.
Lo que Mercero agrega con las flores puede entenderse como parte de la
ambigüedad sexual que circunda por toda la propuesta, pero que no tiene mayor
importancia, no mucho por nuestro actual tiempo, aunque para la época pudo sonar más
audaz. Igualmente los momentos de miedo propuestos por el viento y la lluvia o la noche en
el local con las antigüedades se perciben vacíos, meros efectismos sin profundidad
alguna. El filme tiene mucho dramatismo psicológico que avanzado el metraje puede
llegar a agotar por su simplicidad y redundancia. Pero esto algo se matiza con la
relación sensual con María. Se deja en el aire que Ricardo es una mala persona,
un cínico, representando a muchos, pero su consciencia desmiente un poco esto,
aunque se le siente indolente en su infidelidad, con una persona que parece
contradictoriamente una buena mujer, en comparación a una Eva más superficial,
más depredadora.
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